viernes, 12 de marzo de 2010

Subiendo como un sol la escalinata. Biografía de José A. Echeverría Bianchi.

En ocasión de commemorarse mañana el 53 aniversario de la caída en combate del líder estudiantil cardenense José Antonio Echeverría, eterno presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), regalamos a los internautas integramente nuestro libro Subiendo como un sol la escalinata, que acaba de publicar la CASA Editora Abril de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba.
Ernesto Álvarez Blanco.
Historiador de la Ciudad de Cárdenas


SUBIENDO COMO UN SOL LA ESCALINATA.
Biografía de José Antonio Echeverría Bianchi)
Autor: Ernesto Aramis Álvarez Blanco.
Historiador de la Ciudad de Cárdenas
2009

“VUELVES
ARMADO DE TÚ LÁPIZ
HACES TU POSTA EN LOS AMANECERES
SUBIENDO COMO UN SOL LA ESCALINATA:
¡QUE NO TE ASESINARON NUNCA,
QUE NO PUEDEN CONTIGO LOS COBARDES,
¡QUE NO TE HAN HECHO NADA!
PORQUE NADIE HA SABIDO DETENER EL ALBA..”
CARILDA OLIVER LABRA.

A Madelayne, Maydelis, y Miriam, con amor.
A Mimi, a Nelma y a Hugo Quevedo Díaz, in memoriam.
A las Sras. Aurora Góngora Martín y Carmen Roig, y a sus respectivas familias, por todo cuanto han hecho desde Cataluña, España, por mí y por los míos.
A Eduardo Ramos y Aliacer Cortina, primero, y a Jorge Luis Arias Zamora (Chuchi) y José Martínez Pérez (Pepitín), después, por su oportuna asistencia técnica.
A Roberto Bueno Castán (Cárdenas, 1933 - 2002), periodista, historiador y amigo muy querido que nos brindó siempre su consejo oportuno y su generosa y desinteresada contribución a este libro al igual que Lucrecia Pérez Roldán, su viuda, el Dr. Alfonso Cirera Santasusana, Roberto Echevarría Expósito y Daysi García Gutiérrez.
El autor

A Manera de Proemio:

Desde que en 1989 leí los libros “José Antonio”, escrito por su amigo y compañero de luchas Julio García Oliveras y “Un corazón de oro cargado de dinamita” del profesor Eusebio Reyes Fernández, este último gracias al profesor Jorge Juan Lozano, Asesor de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba, quién nos obsequió un ejemplar de la obra; comprendí que los investigadores teníamos aún una deuda con el destacado líder estudiantil: rescatar del olvido y de las trampas de la memoria de sus contemporáneos otros detalles de su vida y su obra.
Las páginas que leerán ustedes a continuación, son el resultado de una búsqueda incesante de más de 15 años en archivos y bibliotecas, en publicaciones seriadas y periódicas y en la memoria de quienes le conocieron, para intentar presentarles al José Antonio niño, adolescente y adulto; sin mistificaciones ni aureolas que dañen la imagen que de él que nos proponemos mostrar.
Inestimable fue la colaboración que nos brindó durante años el desaparecido poeta, periodista e historiador Roberto Bueno Castán (Cárdenas, 1933 - 2002), quién como resultado de varias décadas de fructífera labor periodística salvó para la posteridad valiosos testimonios de quienes estuvieron cerca del héroe durante las diferentes etapas de su vida.
También ha sido muy oportuna siempre la ayuda ofrecida por los directores, museólogos e investigadores del museo Casa Natal de José Antonio Echeverría así como la del compañero Jorge Luis Álvarez Mesa, Presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Cárdenas, quien nos permitió disponer del tiempo necesario para poner punto final a este libro. Las últimas páginas de esta biografía fueron escritas gracias al impulso brindado a mi modesta labor investigativa por los prestigiosos escritores cubanos Adys Cupull y Froilán González así como por mi esposa, ángel tutelar de mi obra historiográfica.

Ernesto Álvarez Blanco.
Historiador de la Ciudad de Cárdenas.
9 de abril del 2006.

I
A nadie debe extrañar que en la década del 90 del siglo XIX, un joven inmigrante español originario de El Berrón , Sinforiano Echeverría y de la Arena, trate de abrirse paso en el mundo mercantil y comercial de la ciudad cubana de San Juan de Dios de Cárdenas; puesto que este núcleo urbano, fundado el 8 de marzo de 1828, ofrece aún en esta época a los forasteros, la posibilidad de triunfar en los negocios. No obstante, muy lejos están ya los días en que el territorio era una de las principales regiones productoras y exportadoras de azúcares de la Isla.
Para lograr sus propósitos, Sinforiano Echeverría contaba con 32 años y con un módico capital, el cual le permite adquirir en 1895 la fábrica de aguardientes que poseía la firma comercial “Carlos Díaz y Cía.” en la calle de Garnica, muy cerca del litoral cardenense.
El 13 de noviembre de este mismo año, Echeverría solicitó al Ayuntamiento de Cárdenas la licencia correspondiente para explotar su nuevo negocio, establecido bajo la razón social de “Echeverría y Cía.”. Casi un año después, y ante el incremento del volumen de sus operaciones, la firma solicita otra licencia a las autoridades locales, en esta ocasión, con objeto de edificar un almacén de mampostería en la manzana comprendida entre las calles y avenidas de Progreso, Garnica, Phinney y el mar. El Ayuntamiento no puso ningún obstáculo a esta petición, según se desprende del Acta Capitular correspondiente a la sesión efectuada el 9 de septiembre de 1896.
A pesar del incremento de las acciones bélicas en el territorio, con motivo de la incorporación en 1896 de varios cardenenses, encabezados por Carlos María de Rojas y Cruzat, al Ejército Libertador; la refinería y destilería propiedad de Sinforiano Echeverría sigue incrementando sus ganancias. Las mismas, le permitirán a su dueño construir, casi con su peculio particular – aporta 189 pesos de los 289 que cuesta la obra – un fortín en las inmediaciones del almacén de su propiedad. De este modo, la “Echeverría y Cía.” se suma a las obras de fortificación y defensa que el gobierno local ejecuta en 1896 en la ciudad, con objeto de proteger la zona comprendida entre el fuerte nombrado “El Jagüey” y la costa.
Consolidada su fortuna, Sinforiano decide formar familia. Por tal motivo, se compromete por esta época con la joven cardenense Juana Olalla González Estopiñán, de 24 años de edad e hija legítima de Francisco González y González, de profesión Albéitar , y de María Estopiñán González, naturales ambos del sitio conocido como “El Ingenio” en Islas Canarias. El 27 de noviembre de 1897 se efectúa la ceremonia nupcial, oficiada por el párroco Antonio Pacín, en la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción de Cárdenas.
En el acto actuaron como testigos los comerciantes españoles radicados en la Ciudad: José del Campo y Argo, natural de Faedo , en la provincia de Oviedo , y José María Fernández y Fernández, natural de San Martín de Pusa , poblado situada también en la mencionada región ibérica. Como padrinos fungieron los padres de los contrayentes y la madre de la novia.
Gracias a los documentos conservados en el Libro 10 B. Matrimonios. 1894 - 1903 del Archivo de la mencionada iglesia parroquial, se ha podido saber, además, que Sinforiano había nacido en la región española de Burgos , en 1863 y que era hijo legítimo de Juan Bautista Echeverría y Aranzabe, natural de Eldua , provincia de Guipúzcoa , de profesión labrador y vecino de “El Berrón”, y de Jacinta de la Arena Arzuaga, natural, al igual que su hijo, del referido Valle, la cual había ya fallecido en la fecha en que se realiza el matrimonio.
Prueba del desarrollo comercial que experimenta la “Echeverría y Cía.” durante el transcurso del año 1897, es la solicitud que hace al Ayuntamiento local Calixto Artaza Gasteiz, en representación a la misma; con objeto de que se le concediera la licencia necesaria para edificar un nuevo almacén en el litoral cardenense. La construcción fue autorizada por el Consistorio el 15 de diciembre de 1897.
Al término de la Guerra de Independencia, durante el transcurso de la Intervención norteamericana en la Isla y aún, en los primeros años de la Seudo república, Echeverría logra mantener a flote sus negocios, vinculados esencialmente a la fabricación de aguardientes a partir del azúcar de caña, al mismo tiempo que incursiona en otras actividades económicas.
A partir de 1900, los productos de la “Echeverría y Cía.” ganan justa fama, como consecuencia del reconocimiento que reciben en la Exposición Universal celebrada ese año en París . Cuatro años después, en 1904, Sinforiano adquiere 200 pesos en acciones del Ferrocarril del Sur de Cárdenas, las cuales le reportaran durante años importantes dividendos.
En medio de la prosperidad económica que rodea al matrimonio Echeverría – González, les nace en 1906 su único hijo: Antonio Jesús Librado Echeverría González, el cual se convertirá con el tiempo en el heredero de los negocios familiares.
La Sociedad “Sinforiano Echeverría y Co. S en C”, nombre con el cual gira la compañía en los primeros años del siglo XX, alcanza en 1916 el punto más alto de sus operaciones comerciales. Lo anterior fue consecuencia directa de la diversificación de sus negocios, política que habían tenido que poner en práctica para resistir la competencia.
Gracias a esta inteligente decisión, los ejecutivos de la firma se habían convertido, en menos de una década, en banqueros, comerciantes, importadores de víveres y consignatarios de buques. La Compañía, cuyas oficinas estaban situadas en la calle de Pinillos No. 64, llegó adquirir en este período tanta importancia, que el número especial que la revista cubana Bohemia dedicó a Cárdenas en 1916 calificó a sus directivos de: “... comerciantes acreditadísimos dentro y fuera de Cárdenas. Su casa, que a más de girar en víveres, ostenta la representación, como consignataria, de una compañía naviera, dedicándose también a negocios bancarios” .
La estabilidad y la sólida reputación económica que obtiene Sinforiano, le permiten adquirir en 1909 la casa marcada con el No. 162, luego 240 (actual 560) de la calle de Jenez . La edificación, uno de los ejemplos más notables de la arquitectura cardenense de la segunda mitad del siglo XIX, fue edificada a un costo de 50. 000 pesos oro español en 1873 – según Oscar M. de Rojas, fundador y primer Director del Museo y Biblioteca Pública de Cárdenas – junto con la vivienda contigua a ella (hoy sede del Comité Municipal de la UJC), por el comerciante local Bonifacio Díaz Liaño .
La fecha de construcción de la casa, que fue sede desde su terminación y hasta 1891 de la Administración local de Rentas Terrestres y sus oficinas, puede ser verificada por los investigadores, en los libros del Registro de la Propiedad de Cárdenas y en la bellísima reja que existe en el zaguán de la casa. El inmueble es una:

“Sólida construcción de mampostería / sillares o bloques de piedra caliza muy abundantes en la región, presentes en la mayoría de las construcciones cardenenses / se inscribe estilísticamente dentro de la arquitectura neoclásica / en este caso con rasgos peculiares de monumentabilidad en sus espacios exteriores / conformadora urbanística – arquitectónica de la fisonomía de la ciudad. Este estilo neoclásico, puede considerarse más exactamente como eclecticismo de base neoclásica. En la casa existen elementos de sabor clasicista / la fachada, y algunos salones interiores /, y otros más primitivos, reflejo de la persistencia de tradiciones constructivas del siglo XVIII, presentes en la arquitectura doméstica de la mayoría de las ciudades del interior de la Isla. Otros elementos como los falsos techos de tabloncillos en las habitaciones, la monumental escalera de caracol que comunica ambos pisos de la casa, son abundantes en las construcciones de ciudades del siglo XIX, producidas bajo la influencia de la arquitectura norteamericana, ya presente en Cuba en la segunda mitad del siglo”

Antes de ser propiedad de Sinforiano, la edificación tuvo otros propietarios. El primero que la adquirió mediante compraventa a su constructor y primer poseedor, fue Matías Rosadilla y Alvarado, natural de Santander, España; el cual la vendió a su vez al presbítero catalán Antonio Faus y Cerqueda , quién asentó su posesión sobre la misma en el Registro de la Propiedad de Cárdenas el 23 de abril de 1883. En 1891, al producirse el deceso de Faus y Cerqueda en Barcelona, España, sus sucesores alquilaron el inmueble a Arturo Fernández Llebrez, quien estableció en el mismo el Colegio El Siglo . El 18 de febrero de 1909 los sucesores del presbítero Faus vendieron la casa a Sinforiano Echeverría en 4.500 pesos oro español.
El 28 de diciembre de 1919 ocurre el deceso de Sinforiano . A los pocos días, su viuda y su hijo, al no existir constancia de que este hubiera otorgado testamento u otra disposición final, iniciaron las diligencias de declaratoria de herederos. Casi de inmediato, la casa; varios almacenes importadores de víveres, dedicados a la venta al por mayor, generalmente a los establecimientos comerciales de diversos centrales azucareros comarcanos, y un buen número de casas de alquiler pasaron a ser propiedad de ambos.
Muy pronto, Antonio Jesús Echeverría González ocupa el puesto reservado a su padre en la sociedad cardenense de la época. Prueba de ello, resulta el hecho de que el 24 de febrero de 1919, invitado por el Ayuntamiento, asista al banquete – homenaje que el Consistorio local ofrece este día al Dr. Fernando Méndez Capote, destacado galeno local que fundó en Cárdenas en 1894 la primera Clínica Ginecológica cubana.
A pesar del valor intrínseco que poseían los bienes heredados por Antonio Jesús y su madre, la familia Echeverría González no escapa a los efectos desastrosos que causó a la economía cubana el crac bancario que conmovió a la nación cubana en 1920. A ello se sumó, además, el incorrecto manejo que hicieron de sus actividades financieras y económicas, lo cual motivó la quiebra de los almacenes familiares; ante la imposibilidad de cobrar los numerosos créditos que habían concedido en el período. Este hecho hizo que se agravara aún más la situación económica familiar hacia 1930.
A partir de este momento, comienza una larga cadena de hipotecas, de las que no se salvan ni la vivienda familiar, ni los almacenes ni la mayoría de las casas de alquiler que regenteaban en la ciudad; las cuales irán perdiendo poco a poco.
Lo anterior no fue un obstáculo, para que Antonio Jesús contrajera matrimonio el 17 de enero de 1931, a los 25 años de edad, con María de la Concepción Teresa de Jesús Lucrecia Pastora del Carmen Bianchi Tristá, natural de Santa Clara y vecina de Cárdenas. La novia tenía 24 años y era hija legítima de José Bianchi Bustengo y Pastora Tristá Pérez , naturales de Cárdenas y Santa Clara respectivamente.
María de la Concepción Bianchi Tristá había nacido en Santa Clara el 15 de marzo de 1907 y fue bautizada en la Iglesia Catedral de esa misma Ciudad . Sus abuelos paternos eran José Bianchi García, natural de La Habana y Fausta Bustengo Brugreda, nacida en Olot, actual ciudad de la provincia de Girona, Cataluña, España, mientras que, sus abuelos maternos fueron el Dr. Rafael J. Tristá Valdés y Concepción Pérez Tristá, naturales ambos de Santa Clara. Fueron sus padrinos sus tíos, el Dr. Joaquín Tristá y Pérez, quien vivió en Santa Clara en la calle Tristá No. 15 (antiguo), y Carmen Pérez Tristá, hermana de su abuela materna.
Durante la ceremonia nupcial, oficiada en la Iglesia Parroquial de Cárdenas por el párroco local Venancio Novo, actuaron como testigos los ciudadanos españoles Juan Fernández, natural de Oviedo, Asturias, y Enrique Arias Fortes, nativo de Málaga, y como como padrinos: José Bianchi Bustengo y Pastora Tristá Pérez, padres de la novia.

II

Consumado el matrimonio, Antonio Jesús Echeverría y su esposa fueron a residir en la casona familiar de la calle Jenez No. 240. En este lugar, en el que vivieron hasta su salida definitiva del país en 1961 , les nació el primero de sus hijos el 16 de julio de 1932 a las 3:00 p.m.
El niño fue bautizado ese mismo día por el presbítero Prudencio Lorena, Párroco Encargado de la Iglesia Parroquial de “La Purísima Concepción” de Cárdenas; quién le puso por nombre: José Antonio Jesús del Carmen Echeverría Bianchi. En la ceremonia actuaron como padrinos sus abuelos maternos José Bianchi Bustengo y Pastora Tristá Pérez.
Por cierto, los Tristá, familia severa, rígida y muy conservadora, tuvieron en la antigua provincia de Las Villas una destacada participación en la Guerra del 95, aspecto este del cual se sentirá siempre orgulloso el primogénito del matrimonio. Por este motivo, nunca perderá la oportunidad de hacer “... múltiples referencias a esta herencia familiar”.
Otro de los Tristá – el primo Iván - llegó a ostentar el grado de Mayor del Ejército Rojo, institución armada que le otorgó 11 condecoraciones por su destacada y heroica participación en la Gran Guerra Patria librada por los soviéticos contra el fascismo. Este Tristá participó también en la Guerra Civil Española como miembro de las Brigadas Internacionales.
En varios momentos de su vida, el mayor de los hijos de Antonio Jesús Echeverría contó más de una vez a sus compañeros de lucha: “... la extraordinaria historia de su tío materno (...) Para él, la tradición revolucionaria de la familia se hacía sentir con más fuerza en la destacada trayectoria de Iván Tristá, paradójica muestra de la vinculación de las ideas revolucionarias”5
El nacimiento del niño fue registrado, además, en el Tomo 95, folio 102, de la sección de nacimientos del Registro Civil de Cárdenas por el Dr. Ismael Fausto Quintero Palomino, Juez Municipal, y por Joaquín Hernández Vitier, Secretario del Registro.
De la certificación de nacimiento, fechada en Cárdenas el 13 de octubre de 1932, se desprende que el padre del recién nacido aún se dedicaba por esta época al comercio y que su abuela paterna, Juana Olalla González Estupiñán había fallecido ya en esta fecha.
A producirse el nacimiento de José Antonio; Cárdenas, como todo el país, atravesaba una profunda crisis económica y social. Se hallaba al frente de la Alcaldía Municipal Humberto Villa Carrerá, el cual renunció en el mes de agosto de 1932 para ceder el gobierno local a Enrique Busto Caso.
Ambos, gobernaron en un municipio que se debatía entre los estertores de un pasado económico próspero y floreciente y los vaivenes políticos de un período matizado por el recrudecimiento de la represión política y social en el país debido a la tiranía implantada por el Dictador Gerardo Machado.
A lo anterior se sumó, el ciclón y ras de mar que en el mes de septiembre de 1933, poco después de cumplir el primer año de vida el niño, azotó a Cárdenas para completar lo que la crisis económica cubana, los turbios manejos de los gobiernos locales de turno y la imposibilidad de llevar a vías de hecho el dragado del puerto local, habían logrado durante las primeras décadas de la Seudo república.
Del mes de abril de 1933 data la primera fotografía que se conserva de José Antonio. Muy pronto, el niño que ahora nos devuelve el retrato, el cual se conserva en el museo cardenense que lleva su nombre, en el interior de un corral, aprenderá a explorar con pasos rápidos y mirar escrutador la enorme mansión de los Echeverría.
La casa que recorre en sus primeros años de vida – hipotecada más de una vez por su padre para hacer frente a los descalabros financieros – reunía en su interior un valioso y abigarrado conjunto de objetos entre los cuales no faltan sillones y muebles antiguos, cuadros, espejos, lámparas de variadas formas, un piano y un bello columpio, ubicado en el amplio zaguán y que muy pronto hará las delicias de él y de sus hermanos.
Impresionaba, además, al visitante las pinturas murales que decoraban las paredes de las habitaciones y el lujo con que se hallaba adornado el salón principal de la casa, el cual denotaba a las claras el gusto por lo francés que siempre acompañó a uno de sus primeros propietarios, el sacerdote catalán Antonio Faus y Cerqueda.
El 20 de marzo de 1934 nace el primero de los hermanos de José Antonio: Sinforiano de Jesús Echeverría Bianchi; el cual fue bautizado en la Iglesia Parroquial de la ciudad el 25 de marzo de 1934. Tres años después, el 18 de marzo de 1937 le nace el tercer hijo al matrimonio: Alfredo de Jesús Echeverría Bianchi, quien fue bautizado el 16 de abril de este mismo año. Con este último, José Antonio mantendrá siempre una relación muy especial, la misma que llevará a Alfredo a secundarlo en sus actividades revolucionarias.
Junto a los niños y a sus padres, a quienes José Antonio demostró siempre un acendrado cariño, convivió hasta 1939 su tío materno José Bianchi Tristá, el cual fijó su residencia en el referido año en una casa de la calle Laborde, la cual tenía comunicación por el fondo con la casa de los Echeverría.
De los primeros años de la infancia de José Antonio, el museo Casa Natal que lleva su nombre conserva en sus fondos dos objetos de singular importancia: el canastillero de mimbre que utilizó desde su nacimiento y los primeros zapatos que calzó6. Estos últimos fueron recubiertos con un baño de metal a la usanza de la época.
Durante el transcurso de su infancia, el futuro líder estudiantil se caracterizará por ser un niño de “... carácter afable, alegre, inquieto, comunicativo y respetuoso (...), lo que le valió que fuese muy querido tanto por sus familiares como por personas ajenas a su casa”.7
Poco a poco, unas veces solo y otras acompañado de alguna criada o de sus padres, irá conociendo el entorno urbano que rodea a la casa, la ciudad, el litoral cardenense 8, Varadero y otros poblados cercanos.
Centro preferencial de sus juegos infantiles y los de sus hermanos será el parque “Tomás Estrada Palma”9, que hoy lleva su nombre. En este espacio urbano, situado en las inmediaciones de su casa, aprende a convivir y a relacionarse con otros niños, complaciéndole mucho prestarles sus numerosos juguetes, entre los cuales no faltaban un par de patines y una bicicleta, a los que como él jugaban en ese sitio.
De esta época, data la anécdota que cuenta que: “Estando un día en el parque jugando le rompió la camisa a otro niño, preocupado por esto, lo trajo a su casa e hizo que su mamá le diera una camisa de él. Después acompañó al niño a su casa para que no lo regañaran y explicar por qué tenía una camisa distinta”.10
Este no fue el único gesto de este tipo que tuvo con los niños que jugaban con él en ese parque y más de una vez, Manolo del Cueto5, destacado líder del movimiento obrero y revolucionario cardenense, lo vio prestar generosamente su bicicleta a un niño negro que acostumbraba a jugar en aquel lugar 11.“Y pobre de aquel que tratara de maltratar de obra o de palabra a alguno de sus compañeritos, pues aunque fuera mayor, José Antonio se le enfrentaba decididamente”.12
Uno de los guarda parques del lugar, que acostumbraba a conversar mucho con Manolo del Cueto, le dijo en una ocasión, refiriéndose al pequeño: “Ese niño es muy bueno, pero sí alguien trataba de cometer una injusticia delante de él explota como una fiera. ¡Es un corazón de oro cargado de dinamita!”.13
A pesar de la difícil situación política y económica por la que atraviesa el país, la infancia de José Antonio transcurre sin grandes sobresaltos. Sólo el asma, enfermedad que padeció desde los dos años y a lo largo de toda su vida, hará su aparición de vez en cuando, para obligarlo a suspender sus juegos y demás actividades infantiles. Su lucha contra esta enfermedad fue siempre tenaz, ardua y violenta. El consolador asmático jamás abandonó los bolsillos de su pantalón. No obstante, nunca fue obstáculo para que dejara de hacer una vida similar a la de cualquier niño de su edad.
Como parte del reconocimiento que va haciendo del mundo que le rodea, descubre pronto la existencia de niños sin zapatos o con ropas en mal estado. Al respecto, quienes le conocieron en esta etapa de su vida, cuentan que más de una vez acudió a su madre, para solicitarle que le permitiera regalar a los desprovistos de todo, algunas de sus pertenencias.14
Muy pronto, Varadero se convertirá en una de los sitios más frecuentados por él durante su infancia. Aunque la familia Echeverría - Bianchi poseía una residencia de veraneo en el balneario, la cual estaba ubicada en la Segunda Avenida entre las calles 48 y 49; José Antonio acostumbraba a pasar las temporadas de verano en la casa de Carmen Bianchi Bustengo, tía de su madre, la cual vivía en la Primera Avenida entre las calles 22 y 23.
En 1938, a los seis años de edad, ingresa en el Kindergarten del Colegio Champagnat, establecido en Cárdenas en 1934 por la congregación religiosa de los Hermanos Maristas en una antigua casona neoclásica de dos plantas, ubicada en la calle de Ayllón esquina a la de Industria; la misma en la cual había nacido varios años antes Carlos Miguel de Céspedes y Ortiz15.
Este Colegio impartía la enseñanza primaria elemental (de primero a sexto grado) y la enseñanza primaria superior (de séptimo a octavo grado), autorizada esta última por un Decreto de la Secretaría de Educación de la República de Cuba, fechado el 11 de mayo de 1938. Además, organizaba un curso preparatorio dedicado especialmente a los candidatos a realizar exámenes de ingreso para acceder a la Segunda Enseñanza.
José Antonio asistía a clases en el Champagnat de lunes a viernes. El horario escolar se hallaba dividido en dos sesiones: una, de 8:00 a 11 a.m. y la otra, de 1:00 a 4:00 p.m.. El sábado era día de asueto pero el domingo los alumnos estaban obligados a ir, al igual que los días festivos, a escuchar misa en la Iglesia Parroquial de la ciudad, ya que la educación que brindaba el plantel estaba basada en la religión católica.
Coincidiendo con el término del curso escolar 1938 – 1939, nace en Cárdenas su única hermana: Lucía (Lucy) Olalla de Jesús Aleyda Echeverría Bianchi, la cual fue bautizada como el resto de sus hermanos en la Iglesia Parroquial de Cárdenas el 26 de junio de 1939.
Del curso escolar 1939 – 1940 data la primera prueba documental de la presencia de José Antonio en el Champagnat. Se trata de una foto, en la cual aparece el futuro líder estudiantil en compañía de varios de sus condiscípulos de kindergarten, primer y segundo grado. La fotografía fue reproducida en el folleto titulado Colegio Champagnat. H. H. Maristas de Cárdenas publicado durante el transcurso del curso escolar 1939 – 1940 por cortesía de la Compañía Licorera de Cárdenas. De esta época, se conserva también una hermosa instantánea realizada por un fotógrafo local, fechada en 1939, en la que se le ve montado sobre un burro.
Del período en que fue alumno del Champagnat se guardan en el museo Casa Natal que lleva su nombre, junto a varias fotos y documentos relacionados con el colegio, la pequeña maleta utilizada por él para llevar la merienda. Este sencillo objeto, el cual fue utilizado más tarde para guardar documentos de su interés, permaneció siempre sobre la mesa de noche de su cuarto y fue donado a la institución por Nora Abelairas, una cardenense que fue muy amiga de la familia.
En 1939 Ignacia González Campos16 se empleó como doméstica en la casa de los Echeverría - Bianchi. Desde entonces, se encargará cada tarde, entre otras tareas, de llevar a los hermanos al parque “Estrada Palma”. Allí, mientras ella cuidaba a sus hermanos menores, José Antonio disfrutaba de sus patines o de su bicicleta, juguetes que ella le vio prestar más de una vez con agrado a sus amiguitos del barrio.
En aquella época, según sus propias palabras, era un niño: “Fuerte, siempre con algunas libritas, su cara era toda bondad y la sonrisa tan fresca como sus años infantiles”.17 Además, era “... cariñoso y tierno”18 hasta con las criadas; tenía obsesión con sus hermanos y siempre mantenía organizados su cuarto, sus libros y sus juguetes. Su “... gran pasión a los 7 años era pasarse horas enteras estudiando las lecciones para jugar luego en el parque”.19

“Le gustaba leer y siempre estudiaba en un catrecito o en el patio de la casa – recordaba Ignacia González – y sí era hora de yo limpiar, (...) al moverlo de lugar me decía: ¡Ay, Ignacia, usted me cuida como a su hijo!. Claro, mi vida si toda mujer es madre de los niños, recuerdo que le respondía.20

En otras ocasiones, las sesiones de estudio eran realizadas por el niño en las habitaciones altas del fondo de la casa, y a ellas asistían también, algunos de sus condiscípulos del Champagnat, con los cuales mantenía excelentes relaciones al igual que con el personal doméstico. Sobre estos últimos, opinaba que debían ganar un sueldo mayor que el que les pagaba su padre, el cual era de 5 pesos mensuales.
Ilustrativa de sus buenos sentimientos, resulta la anécdota que afirma que en una oportunidad, al ir a pedirle una trabajadora de la casa un adelanto de dinero a su madre: “... para comprarle al hijo un automóvil de juguete similar al de José Antonio, pues el de este lo tenía deslumbrado (...) tomó su maquinita y se la entregó a la empleada para su hijo.”21
En junio de 1940 José Antonio concluye el primer grado con varias menciones honoríficas22, recibidas durante el curso como premio por su aprovechamiento escolar, su intachable conducta y adelanto, a pesar de que las frecuentes crisis de asma le impedían muchas veces asistir a clases.
Entre 1939 y 1941, sin que hayamos podido precisar la fecha, se le infestó una inyección, motivo por el cual sus padres le compraron un catrecito, en el que tenía que permanecer acostado boca abajo y con fomentos. Ignacia González Campos fue la doméstica encargada de cuidarlo y de cargarlo cada vez que había que cambiarlo de lugar. Motivo constante de la preocupación del niño durante toda la enfermedad fue el estar seguro que ella “... podía con él”23, lo cual le preguntaba con insistencia y cariño constantemente.
José Antonio, cuando no estaba estudiando, gustaba de realizar dibujos, pues otra de sus grandes aficiones fue siempre la pintura, por lo que dedicaba muchas veces sus ratos libres a “... pintar caricaturas que veía en revistas, periódicos y otros folletos, estas pinturas constituían parte de sus juegos, ya que por lo regular les situaba nombres de compañeros de clases, con lo cual se divertían todos” 24 sus amigos.
Su afición por el arte también lo condujo a tomar lecciones de pintura, música y guitarra, estas últimas con la profesora cardenense Perlita Moré, ya fallecida, y al fascinante mundo del coleccionismo, especialmente de la filatelia, afición que: “... le gustaba grandemenmente (...) se pasaba horas enteras pegando sellitos en su cuaderno (...) era un insaciable coleccionista”. 25 Prueba de este amor por los sellos, es su libreta de direcciones filatélicas, la cual se conserva en el museo Casa Natal que lleva su nombre.
En junio de 1941 concluye sus estudios de segundo grado con calificaciones de Sobresaliente26. Por entonces, era “... un niño inquieto, de un temperamento rebelde, intranquilo, que se manifestaba (...) al participar activamente en el aula, donde discutía mucho, destacándose por su clara inteligencia”. 27
De la década del 40 se conservan varias fotos de nuestro biografiado en compañía de sus familiares y/o de sus hermanos. En ellas, se nota como la familia Echeverría – Bianchi ha ido perdiendo buena parte de sus recursos económicos en medio de la profunda crisis social y económica que padece desde hace décadas la Isla.
Quien revise con detenimiento estas fotos podrá observar “... a los niños muy modestamente vestidos, jugando en el patio de una casa que (...) refleja en sus paredes la falta de reparación y pintura”28. Al parecer, es por esta época, en que Antonio de Jesús Echeverría se ve obligado a emplearse en Departamento Económico del central “Progreso”, luego “José Smith Comas”, ubicado en las inmediaciones de Cárdenas; con objeto de hacer frente a las necesidades económicas familiares. En este central trabajará “Niní” Echeverría hasta poco después del triunfo de la Revolución..
Durante el transcurso de la década del 40, José Antonio:

“ ... crece rápidamente y muy pronto alcanza una estatura que lo hace sobrepasar ligeramente a otros muchachos de su edad. Rasgos característicos son su brillante pelo lacio, peinado con raya a la izquierda, y su casi permanente sonrisa. Según pasan los años, cierta corpulencia, reflejo de su físico bien desarrollado por el deporte, va a ser parte integrante de su personalidad”.29

Sobreponiéndose a las frecuentes crisis de asma que padece, se interesa en el Colegio Champagnat por la práctica sistemática de diversos deportes, por lo que participa de manera regular en los campeonatos anuales que se organizaban en el plantel así como en las clases de Educación Física y en las actividades deportivas que tenían lugar en el mismo los días de asueto.
Durante el transcurso del curso escolar 1942 – 1943 se produce un importante cambio en la estructura del colegio, pues ante la carencia de personal docente, los Hermanos Maristas deciden ausentarse de Cárdenas; motivo por el cual se hacen cargo del mismo en diciembre de 1942 el arquitecto Julio Hernández Escalada, el Dr. Julio C. Torras Cabarrocas, José Hernández Pérez y el Dr. Gerardo Fernández30. Este último, quien asume la dirección del plantel el 20 de diciembre de 1942, declaró a la prensa en más de una ocasión, que José Antonio se destacó siempre en el Colegio por ser:

“... uno de los primeros alumnos, estudioso, inteligente, pero sobre todo, muy disciplinado desde pequeño. Muchas veces, en los grados inferiores, cuando la profesora tenía que ausentarse del aula por algún motivo (...) se quedaba al cuidado de la disciplina (...) sus compañeros (...) lo respetaban y ejercía cierto control sobre ellos.
(...)
Algunos rasgos característicos de su personalidad en esos primeros años de vida (...) eran el carácter alegre y un poco ingenuo de muchacho franco y bonachón, junto a una esmerada corrección en su comportamiento. Desde pequeño fue muy respetuoso.
(...)
Mientras estudiaba la enseñanza primaria, no hay en él inquietudes políticas (...). Pero ya hay en él algunos rasgos de líder porque es querido y respetado por sus compañeros. Es, además, un estudiante modelo en calificación y disciplina”. 31

En 1943 José Antonio concluyó el cuarto grado con notas de Sobresaliente y 2 premios: el primero de Religión y un tercero de Aplicación. Este último era entregado a los alumnos de cada grado que obtuvieran durante el año el mayor número de puntos en las lecciones y tareas escolares.
Ambos premios le fueron entregados durante un acto convocado al efecto por la dirección del Colegio; el cual tuvo lugar en el palacete local de la Asociación de Caballeros Católicos, edificio ocupado actualmente por el cabaret – restaurante “Las Palmas”. El acto fue presidido por el Padre Lucio Yaldevere, en representación del Obispo de Matanzas; el Dr. Gerardo Fernández, Director del Colegio y otras personalidades locales y contó con la presencia de la Banda Municipal de Cárdenas, la cual amenizó la ceremonia.
En el curso 1943 – 1944 Mireya Sánchez Toledo32 funge como una de las maestras de quinto grado de José Antonio. Con ella establecerá una especial relación cargada de afecto y cariño. Mireya conservó durante años fotos, documentos y otros recuerdos – como el mechón de pelo que le cortó al concluir el sexto grado – de su alumno predilecto; muchos de los cuales pasaron luego a formar parte de los fondos del museo cardenense que lleva su nombre. Mireya fue también su profesora durante el curso 1944 – 1945.
En ambos cursos, le impartió clases de español, lectura y escritura; sin embargo, descubrió muy pronto que aunque lograba excelentes notas en todas las asignaturas, “... era un amante fervoroso de las matemáticas, materia que dominaba a su antojo”.33 Además, el contacto cotidiano con él le permitió darse cuenta de que por entonces ya:

“... sus compañeros le seguían; ese espíritu rebelde que le acompañó siempre, se manifestaba contra todo lo mal hecho, tanto de una parte como de otra. Ante un regaño dirigido hacia un compañero de aula y que él considerara injustificado, había que convencerlo. Igual actitud asumía cuando los alumnos provocaban alguna indisciplina. De ahí que toda esa masa de estudiantes adolescentes, tan difícil de controlar, le siguiera con un respeto increíble”.34

En el aula era, según la maestra, un niño: “...inquieto, de un temperamento intranquilo, tenía que pararse, tomar parte en la clase. Era rebelde, discutía mucho y a la vez era el mejor alumno del aula, siempre se llevaba premios y medallas; además, hacía muy buenos exámenes (...) como los demás muchachos se fajaba y tiraba taquitos en la clase”35.
Aunque, durante el transcurso del curso escolar 1943 – 1944 y del siguiente, tuvo que faltar muy a menudo a clases por las abundantes crisis de asma que padecía, continuó siendo en estos grados “... un magnífico alumno, un niño muy estudioso (...)”36 que siempre se esforzaba y obtenía calificaciones altas. Además de su rebeldía poseía “... serenidad y modestia. No era tímido y sí capaz de desarrollar una increíble actividad. Su conversación interesaba, pero tenía la cualidad de saber escuchar”.37
Muestra de la preocupación de José Antonio por el correcto desenvolvimiento del proceso docente – educativo, lo constituye la siguiente anécdota narrada por su maestra Mireya Sánchez en 1970:

“Con Rosita, una compañera maestra que sustituía a los que faltaban, los alumnos eran muy indisciplinados. Él, preocupado por esto, nos llamó un día para discutir el asunto y ver que medidas se podían tomar. A iniciativa suya establecimos estímulos: llevar los que mejor se portaran al cine38 los domingos.
(...)
Por otra parte él se encargó, personalmente, de discutir con los más revoltosos. Los cambios pronto se notaron y Rosita pudo trabajar mejor”.39

Como parte del reconocimiento que el niño hace a diario del ambiente que le rodea y a pesar de estudiar en un colegio privado, muy pronto se da cuenta de la difícil situación social y económica en que continúan viviendo por esta época, las clases más desposeídas de la ciudad y el país. Al respecto, se afirma que estando cursando el quinto y el sexto grado, comentaba con frecuencia a sus familiares y personas más cercanas a él “... que los pobres le daban lástima, porque había personas que comían y otras no, se lamentaba de esto en la casa a la hora de las comidas”.40
Durante los últimos años de estancia en el Colegio, se destacó como deportista. Por esta época, practicaba de manera sistemática el básquet y la natación, deportes a través de los cuales representó al Champagnat en varias competencias deportivas. Además, participó junto a sus condiscípulos en numerosos desfiles y peregrinaciones patrióticas efectuadas en la ciudad.
El 25 de junio de 1944, pasadas las 5:00 p.m., se efectuó en el edificio de la Asociación de Caballeros Católicos de Cárdenas la entrega de los premios escolares correspondientes al curso 1943 – 1944. Durante el acto, José Antonio recibió, además de la calificación de Sobresaliente, los premios de Aplicación, Ciencias, Inglés y Asistencia; por lo que resultó ser uno de los mejores alumnos de quinto grado del Colegio.
Seis meses después, el 3 de diciembre de 1944, mientras en Europa se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, participó en la Solemne Verbena local de la Paz y el Catecismo, la cual sirvió, además, para llevar a cabo la ceremonia de coronación de Mimí Larrauri García y Sotero Figueroa Alberti como reyes locales infantiles de la Paz, a los cuales sirvió de Alabardero. Ambos actos, efectuados en el edificio de la Asociación de Caballeros Católicos de Cárdenas, se realizaron a iniciativa del párroco cardenense Pedro Carbonell, el cual impartía las clases de Religión en el Champagnat desde 1942.
Los primeros seis meses del año 1945, José Antonio dedica buena parte de su tiempo libre a los estudios, con objeto de prepararse para obtener buenas calificaciones en los exámenes de ingreso del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas. Lo ayudaron en el empeño, el Dr. Gerardo Fernández, Director del Champagnat, el cual le brindó las lecciones preparatorias de español, y la profesora Hilda Pérez Lamar, que le impartió las de ingles. Estas últimas, le eran dadas por ella en su residencia de la Avenida de Céspedes casi esquina a la calle de Cristina.
Según la Dr. Pérez Lamar, el adolescente que ella repasó era: “... muy inteligente, amaba la filatelia, tenía un álbum de sellos que era una maravilla, era religioso y muy buen hijo (...) siempre estaba en todas las actividades y (...) junto a su entusiasmo daba sensación de madurez y responsabilidad ”.41
En el mes de junio de 1945 concluyó con la notificación de Sobresaliente sus estudios primarios en el Champagnat. Dejaba de vestir para siempre el uniforme del Colegio – camisa azul prusia, corbata blanca con los galones correspondientes a cada grado y pantalón largo de dril crudo – para disponerse a ingresar en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas.
En el recuerdo de sus profesores del Champagnat, como fue el caso, por ejemplo, de Gladys Hernández, su profesora de Geografía, Lectura e Historia de sexto grado, quedó para siempre la imagen de alumno ejemplar que supo ganarse por ser un estudiante “... inteligente, cuidadoso e investigador (...) como era asmático (...) cuando llovía sí no iba a la escuela por la mañana, por la tarde ya estaba en clases. No le gustaban las notas bajas, peleaba por los puntos”.42
En resumen, podemos expresar que los aspectos que más sobresalientes de su personalidad, en esta etapa de su vida, fueron: “... su carácter alegre, su amor al estudio y una esmerada corrección en su comportamiento, porque fue caballeroso y respetuoso desde pequeño”.43
III
El 11 de junio de 1945 José Antonio verificó los exámenes de ingreso en la Segunda Enseñanza, obteniendo la calificación de Notable. En septiembre de este mismo año, se matricula en el curso 1945 – 1946 del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas . Por esta época, el plantel ocupaba la planta alta del edificio ubicado en la Avenida de Céspedes No. 27 (antiguo) entre las calles de Cossío y Pinillos, el cual compartía con el hotel – restaurante “La Aragonesa”.
Las condiciones del Instituto, en opinión del Dr. Gerardo Fernández, quien fue su Director desde 1946, eran:

“... espantosas para el estudio. No había un aula que sirviera; los muchachos estaban hacinados en los locales sin ventilación y con la posibilidad de que un día nos cayera encima el edificio.
Sobre todo teníamos un grave problema: los libros. Por una parte no había, pero al mismo tiempo tampoco había dinero, y los muchachos no sólo tenían que pagarse la matrícula, sino también las conferencias, que eran mimeografiadas en el centro para mejorar en algo la situación que había con los libros.
¡Tenían que pagarse hasta la graduación y todo lo que tuviera que ver con los estudios!. Se hablaba de mejorar el presupuesto para mejorar la enseñanza, pero esto nunca se vio materializado.
(...)
La biblioteca que tuvimos nosotros en el Instituto la hicimos pidiendo libros a la gente, haciendo de vez en cuando un acto para adquirirlos o escribiéndole a los amigos que tenían posibilidades de comprarlos, porque el estado no nos los mandaba”.2

En medio de esta desastrosa situación, José Antonio se integra a la vida del Instituto y se incorpora a un sector particularmente sensible de la sociedad: el del estudiantado de la Segunda Enseñanza. Al mismo tiempo, se consagra a los estudios, pues su principal meta en este momento será la de ingresar en la Universidad de La Habana. Sin embargo, muy pronto se verá inmerso en las protestas estudiantiles que se suceden en Cárdenas entre 1945 y 1950, como respuesta a la política que pone en práctica por esta época Aureliano Sánchez Arango, el cual fungía por entonces como Ministro de Educación de la República de Cuba.
En este período, el joven Echeverría toma parte también de la lucha que se libra en estos años para dotar a la institución de un edificio propio, para la construcción del cual no había ni presupuesto ni materiales. Por tal motivo, las obras fueron obstaculizadas más de una vez, a tal punto que, en 1948, cuando parecía que al fin iban a comenzar las acciones constructivas en el terreno destinado a ese fin, no se iniciaron las mismas debido a que dos personas se establecieron en el lugar y pleitearon con el estado.
El Instituto fue escenario, en el período en que José Antonio fue alumno del mismo, de numerosos reclamos estudiantiles pro mejoras en las condiciones de estudio y más de una vez las calles aledañas al viejo edificio soportaron el peso de los pupitres, que en señal de protesta, eran lanzados desde la segunda planta del inmueble.
A pesar de estar comprometido con la lucha estudiantil que se libraba, José Antonio no descuidó jamás sus estudios de Bachillerato, obteniendo durante los cinco años en que permaneció en el Instituto calificaciones de Sobresaliente, Aprovechado y Notable en todas las asignaturas. A mismo tiempo, se sumerge en el mundo de los deportes, a los cuales se había aficionado desde su estancia en el Champagnat.
A pesar de que según Manolo del Cueto3, quién fue su entrenador, no tenía las condiciones físicas ideales para practicar deportes, nuestro biografiado jugó baloncesto y football rugby, nadó y remó. En el caso del baloncesto, acostumbraba a decirle a Cueto, que le gustaba porque tenía una gran aplicación en la vida cotidiana pues enseñaba “... a trabajar en colectividad. Un equipo que no sepa trabajar en conjunto no puede ganar (...)”.3 Este principio, aplicado a la lucha revolucionaria, es realmente muy importante. Por otra parte, con respecto a la natación, solía decir: “Me gusta porque es una meta que yo me propongo, una lucha titánica contra otros”.4
A pesar del criterio de su entrenador, el cual coincide con el de otros de sus contemporáneos, se destacó en el deporte “... por su entusiasmo y porque ponía un gran interés en aprender las técnicas del baloncesto”5; por lo que como miembro del equipo del Instituto representó al plantel en numerosas competencias deportivas.

“... sí yo no hubiera conocido a José Antonio – solía decir Manolo del Cueto – y me lo ponen en un grupo de jóvenes entre los cuales hay que seleccionar varios para un equipo, quizás lo hubiera pasado por alto, porque no reunía las condiciones físicas óptimas como deportista”.6

Gracias a la amistad que existía entre los padres de ambos7, establece a finales de la década del 40 del siglo XX una sólida amistad, en la que la afición por el deporte, especialmente por el básquet y el baloncesto, jugó un papel muy importante, con Renato Guitart Rosell, luego mártir del Moncada; el cual ingresó en 1946 en el colegio presbiteriano local “La Progresiva”.
José Antonio, quién era asiduo concurrente al campo deportivo de “La Progresiva”, conocerá también en este lugar a José A. Naranjo (Pepín)8 y a Marcelo Fernández Font9, los cuales secundaran rápidamente su actividad estudiantil y revolucionaria. Con ellos y con Renato, asistirá desde entonces, con relativa frecuencia, a las actividades, encuentros deportivos y fiestas que organizan los progresivistas.
Centro de su actividad recreativa y deportiva será también, entre 1946 y 1950, Varadero; al que viaja con asiduidad para asistir, en compañía de sus amigos y compañeros del Instituto, los cuales lo distinguen por su clara inteligencia y “... por sus relaciones con todos los compañeros, así como por su caballerosidad con las muchachitas”10; a numerosas fiestas y actividades organizadas por particulares o por los clubes existentes en el balneario, especialmente por el “Náutico” y el “Arechavala”.
Estas cualidades lo hacen ser muy querido y respetado por sus condiscípulos, los cuales lo eligen en varias oportunidades para ocupar diversas responsabilidades en la Asociación de Estudiantes del plantel. Cumpliendo las mismas, y sin descuidar sus obligaciones estudiantiles y deportivas, participa en numerosos actos patrióticos locales y en las acciones pro edificio propio, las cuales se incrementan hacia 1948.
Como parte de estas actividades, los estudiantes toman el Instituto en el mes de junio de 1947, realizando 8 de ellos una Huelga de Hambre que duró 64 horas. Unos años después, Teonila Arias Díaz, quien fue profesora de Ciencias Biológicas del joven, relató a la prensa que ese día, aunque él no estaba entre los que protagonizaron la huelga, llegó:

“ ... al laboratorio de Ciencias Biológicas donde yo me encontraba. Estaba serio, despeinado, agitado. Me dijo: Hemos tomado el Instituto, todos los profesores deben abandonarlo.
Por temor a lo que pudiera ocurrirle a aquellos muchachos con José Antonio al frente, le manifesté: ¿Y sí viene la policía?. Me respondió: Sí vienen como único podrán sacarnos es muertos, y del edificio sólo encontraran cenizas y humo, siempre y cuando el gobierno no se comprometa a construirnos un edificio nuevo. Lo decía con tanta determinación que era imposible dudar de sus palabras.” 11

Como consecuencia de estos esfuerzos, las actividades docentes del Instituto recesaron durante cuatro días. Como consecuencia de esta acción, el Consejo de Ministros del gobierno de Carlos Prío Socarrás concedió, finalmente, un crédito de 100.000 pesos, con los cuales se iniciaron las obras del nuevo edificio, cuya construcción se paralizó varias veces por falta de recursos, lo cual hizo que se demorara considerablemente su terminación.
Los alumnos no abandonaron su lucha y las protestas continuaron sucediéndose “... cada tres o cuatro meses (...) y con ellas se logró años después que se construyera el nuevo edificio”12, el cual comenzó abrió sus puertas en 1953. En la actualidad radica en el inmueble la Secundaria Básica José Smith Comas.
En el Instituto, pese a su natural liderazgo, José Antonio se manifestaba como un estudiante “... muy sencillo, ayudaba a los profesores y se reunía con los alumnos y les repasaba las clases”.13 A veces, le pedía las llaves del laboratorio de Ciencias Biológicas a la profesora Teonila Arias Días, ayudante del mismo desde el curso 1948 – 1949, “... y se quedaba con otros alumnos estudiando, aplicaba la colectividad, quería lo mejor para su centro, para sus compañeros”.14
Al finalizar el curso 1948 – 1949 José Antonio le obsequió a la profesora Teonila Arias, a nombre de todos los alumnos de su aula, 2 pequeñas negritas de adorno. Ese día, se apareció en el aula, recordaría después la profesora:

“... con una caja grandísima: era mi regalo. Lo abrí y dentro había una caja más pequeña; después otra y así sucesivamente hasta que, por último, una más pequeña, muy bonita, amarrada por una cinta: dentro estaban las figuras. Aquello fue de risas para todos. Después me obsequiaron una caja de dulces y un corte de tela azul”.15

En la época en que José Antonio estudiaba en el Instituto, fungía como Bedel del plantel Ángel Fernández, el cual lo recordaba siempre con afecto por ser un joven muy tratable. Por entonces, ya le decían “... Manzanita, porque siempre tenía roja a la cara (...) siempre estaba hablando de que había que reorganizar y renovar el Instituto. Era muy sencillo y campechano, siempre estaba jaraneando”.16
Estas características, unidas “... un físico saludable y vigoroso (...) produjo una natural inclinación hacia el sexo opuesto”17, que lo admiraba y disfrutaba de su compañía en las fiestas de quince, bailes, cenas y otras actividades estudiantiles y recreativas celebradas en Cárdenas y Varadero por esta época; así como, en las excursiones que realizaban los estudiantes del Instituto a otros lugares de la Isla.
En las libretas de Bachillerato de este período – muchas de las cuales se conservan hoy en el museo Casa Natal que lleva su nombre – los contenidos de clase, especialmente en las asignaturas de composición y gramática, química, física y sicología, “... están expuestos con organización y limpieza, a partir de una redacción coherente y de trazos firmes”18, aspectos estos que denotan su seguridad e inteligencia. Así mismo, quien revise en la mencionada institución el Expediente Académico de esta etapa, comprobará que era sobresaliente en las asignaturas de Economía Política, Historia de Cuba y Matemática.
Durante su estancia en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, el cual era llamado por él con frecuencia “La Casa de los ratones”19, en franca alusión a las pésimas condiciones del plantel, hizo valer en numerosas ocasiones su autoridad moral; la cual obligaba a sus compañeros a seguirle “... fuera cual fuera la naturaleza de la acción que emprendiera, lo mismo una huelga que una actividad cultural o una broma, porque era muy alegre”.20
“Un compañero en apuros, – según Deysi de la Arena, quién ingresó en el Instituto en el mismo curso en que él se graduó de Bachiller – con algún problema personal o de otra índole, tenía en José Antonio un apoyo y un sostén, porque nunca rehuyó dar la mano a quién la necesitara”.21
La defensa de algunos de sus condiscípulos del Instituto le costó no “... pocos disgustos con algunos profesores que lo tenían como una persona rebelde”.22 No obstante, continuó cultivando ampliamente la amistad de sus compañeros, a muchos de los cuales acostumbraba a repasar en las habitaciones altas del fondo de su casa.
Entre ellos, se destacó:

“... por su compañerismo – afirmó siempre su compañera de aula Desdémona Haedo23 -. Para él todos sus compañeros eran iguales, pues no miraba ni su posición económica ni el color de su piel, y sí tenía alguna preferencia era por los más humildes, a quienes prestaba sus libros. Él sabía que las condiciones de esos compañeros, su falta de recursos, les impedían adquirirlos, ya que en aquella época todos los materiales, desde el lápiz hasta los libros había que comprarlos y valían bastante caros.
Él nos hacía ver la situación del país, los abusos que se cometían por el Gobierno y manifestaba que los estudiantes tenían que hacer algo y aseguraba que algún día todo cambiaría”.24

Otra de sus condiscípulas, Paula Haydee González, Dra. en Farmacia, lo recuerda con frecuencia:

“... por su carácter alegre, era muy alegre, muy divertido. Jugaba mucho, pero tenía ciertas características especiales que lo distinguían. Era muy humanitario, un verdadero compañero.
En aquella época los estudiantes eran de diferentes niveles económicos. Él era un muchacho de buena posición económica comparado con nosotros que pertenecíamos a la clase bastante pobre; sin embargo, él no tenía distinción alguna y trataba por igual a todos, a los pobres y a los negros. Era amistoso y siempre trataba de ayudar en todas las cosas que podía”.25

Todos los que lo conocieron durante esta etapa, coinciden en afirmar que era muy justo y que constantemente solía decir, refiriéndose a las malas condiciones del inmueble que ocupaba el plantel:

“... en Cuba hay muchos millones para que nosotros estudiemos en esta Cueva de ratones y (...)lo repetía en donde quiera que estuviera – sostenía con firmeza la profesora Teonila Arias Díaz – así como el desprestigio que había con algunos maestros que cobraban su sueldo completo sin ir a trabajar, lo cual no quitaba que, cuando se cometiera una injusticia con un profesor, lo defendiera como podía defender a un condiscípulo (...)”.26

Durante el Bachillerato, José Antonio continuó cultivando su afición al dibujo e incursiona en la pintura al óleo. Prueba de ello, es el cuadro realizado por él que se conserva en su Casa Natal. Fechado en 1946, al dorso del mismo puede leerse la siguiente inscripción escrita de su puño y letra: “El primer cuadro que pinté en mi vida”27. Otras obras similares adornaron en esta etapa las paredes de su casa.
La Dra. Ada Carballo fue profesora de José Antonio durante los cursos 1947 – 1948 y 1948 – 1949; explicándole, durante el transcurso de los mismos, Cívica y Economía Política. Jubilada desde hace algunos años, la Dra. Carballo ha dicho a más de un periodista e investigador que como alumno era:

“... muy inteligente y despierto. Discutía y sometía a análisis todas las cuestiones esenciales de la asignatura, participando mucho en la clase. Su estilo era directo, preciso, medular. En muchas ocasiones escuché de él frases de condena a la desigualdad de riquezas existente en el país. Expresaba a menudo que no era justo que unos tuvieran mucho y otros carecieran de todo, que a unos les sobrara la comida y otros padecieran hambre”.28

Durante una de las clases de la Dra. Carballo, José Antonio ofreció a la profesora y a sus condiscípulos detalles acerca de:

“... un sistema de explotación en cadena que existía en los puertos. En cierta oportunidad habló de los caballos del puerto y nadie le entendió. Narró entonces que esos eran hombres que en los muelles, alquilaban su plaza por la mitad del salario a otros hombres. Y que muchos de estos a su vez, hacían lo mismo después; lo cual era posible por el desempleo”.29

Al decir de la Dra. Carballo, José Antonio era:

“... un estudiante ejemplar (...) poseía un carácter jovial y asequible. Siempre estaba entre los primeros expedientes del curso. Sus intervenciones en los seminarios de economía constituían verdaderas joyas.
(...)
Era un verdadero líder. Se convertía en centro espontáneamente.
¡Tenía cada cosas!
(...)
Cierto día convocamos a un examen en la materia de Economía Política. José Antonio estimó que uno de los puntos señalados en la prueba no podía ser objeto de examen, pues no estaba en el programa. Entonces, lideró una protesta e impidió que los alumnos de los grupos de ese año entraran a las aulas. Y efectivamente, Los Documentos Mercantiles, que era la pregunta de discusión, no estaba recogida en el programa de la asignatura. Llamé a Echeverría y le expliqué que el asunto había sido tratado de forma práctica en clases, pero accedí a eliminar el punto de la prueba... Después me reía sola, por el lío armado por el muchacho”.30

La profesora – según el Dr. Gerardo Fernández, Director del Instituto – se dirigió a él, muy alarmada, para decirle que el joven:

“... le había boicoteado la clase, que los muchachos no querían entrar en el aula.
Llamamos a José Antonio a la dirección para resolver el problema que ya se estaba haciendo en el Instituto y él nos dio la siguiente explicación:
Mire Doctor, nosotros no fuimos a clase porque entendemos que en este momento en Cuba no es para que se esté hablando de bancos ni de acciones; aquí de lo que hay que hablar es de reforma agraria y de los problemas económicos que tenemos en nuestro país”.31

En 1948 aumenta su interés por la práctica de los remos. Sin embargo, se mantiene como principiante, junto a varios de sus amigos, hasta 1950; pues nunca llegó a formar parte de las tripulaciones oficiales del Club Náutico de Varadero32.
Durante los entrenamientos, primero con un equipo de tierra que tenía en Cárdenas para aprender los movimientos técnicos, y luego, en las aguas de Varadero, José Antonio, que no tenía el biotipo ideal para ser remero, salvó esta dificultad a fuerza de disciplina, coraje y entusiasmo. Al respecto, acostumbraba a decir – según Orlando Lanza33, quién comenzó a practicar este deporte en 1948 motivado por él – “... que la cuestión no era utilizar la fuerza bruta sino la técnica y la inteligencia”.34
En el transcurso de las prácticas de remos, manifestó una gran admiración hacia Julio Antonio Mella, el cual fue remero entre 1922 y 1925. No era raro entonces, escuchar de sus labios la frase: “Algún día seremos como él”35; dirigida a aquellos compañeros que se desanimaban o se sentían cansados y aburridos, por desconocer las técnicas de este deporte. A todos ellos, les profetizaba continuamente que llegarían algún día a ser campeones de remo como Mella y algunos lo lograron, como es el caso del ya citado Orlando Lanza.
La admiración e identificación que sintió siempre José Antonio por Mella, según la autorizada opinión del profesor Jorge Lozano, Asesor de la Oficina del Programa Martiano, se debió sobre todo a que “... eran profundamente martianos; ambos se unen ideológicamente para acudir a la misma fuente”.36
Según Orlando Lanza, en aquella época Echeverría se caracterizaba por ser:

“... un gran compañero, no era individualista, siempre estaba presto a ayudar a los demás; recuerdo que el primer short que me puse, él me lo prestó, lo que también hacía con sus ropas, pues mi situación económica era bastante precaria. Gracias a él y a su interés poco después pude conseguir un trabajo mejor. Era extraordinariamente humano y valiente”.37

Durante el período en que cursó sus estudios de bachillerato en el Instituto, José Antonio fue un asiduo concurrente a las Regatas Nacionales de Remos que cada año tenían lugar en Varadero; estimulando siempre con su presencia y su carácter alegre y entusiasta a las tripulaciones del Club Náutico del balneario, de las cuales formaban parte varios de sus amigos más cercanos.
En el curso 1948 – 1949 se convierte en asiduo colaborador del Vocero, periódico estudiantil del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas; cuyo primer número circula a partir del 28 de enero de 1949. Casi un año más tarde, en el curso 1949 – 1950 es elegido Secretario de la Asociación de Estudiantes del Instituto, designación que demuestra el afecto y respeto que le profesaban sus condiscípulos con los cuales era muy “... jovial, comunicativo. Mantenía tales relaciones humanas que todos los compañeros lo querían. Nunca andaba solo”.38
Durante el transcurso del curso 1949 – 1950 asiste, en septiembre de 1949, a la coronación de la Miss Varadero de ese año y viaja, en compañía de sus compañeros de estudio, a La Habana y a Camagüey. De estas excursiones, en las que toma siempre parte activa, se conservan varias fotos fechadas en 1950 en Camagüey, ciudad en la que se celebró ese año un torneo intercolegial de béisbol, y en el Cacahual, sitio habanero en el que cayó el Lugarteniente General Antonio Maceo, figura por la cual sintió una profunda admiración y respeto. Además, participa en el tradicional desfile que cada 28 de enero organizaban las escuelas de la ciudad hasta el Parque Martí39, con objeto de rendir homenaje al Héroe Nacional cubano
En esta ocasión, el desfile – que tuvo carácter de Parada Escolar – estuvo dedicado al Centenario de la Bandera cubana y concluyó con un acto, en el que se interpretaron varios himnos patrióticos y usaron de la palabra oradores de la talla del Dr. Fernando Betancourt Godoy, Presidente del Ateneo de Cárdenas y del Dr. Miguel Ángel de la Campa, Presidente de la Sociedad Colombista Panamericana.
Fiel a la fe católica que profesaban él y su familia, José Antonio es confirmado en la Parroquia local el 5 de marzo de 1950, poco antes de obtener el título de Bachiller en Ciencias.
El 19 de agosto de 1950 se efectúa, a partir de las 9:00 p.m., en el Cine – Teatro Cárdenas40 la solemne investidura de grado del curso 1949 – 1950 del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas. Durante el acto, todos sus compañeros pudieron lucir el anillo de graduado, que tenía que ser costeado por los bachilleres, gracias a su iniciativa de organizar un bataclán estudiantil – actividad en la que se disfrazó junto a otros estudiantes de mujer y se presentaron variados números culturales – con objeto de recaudar fondos para comprar las sortijas de aquellos cuya situación económica se los impedía.
Como reconocimiento “... a sus preocupaciones, a su labor y a su actitud destacada”41 sus compañeros de curso lo eligieron para que pronunciara el Discurso de Graduación, “... designación que se hacía siempre – según el Dr. Gerardo Fernández – sobre el compañero que los estudiantes consideraban distinguido y de arraigo entre ellos”.42
El acto de graduación contó con el siguiente programa43:

Introducción
1 – Presentación de los graduados.
Primera parte.
1 – Himno Nacional
2 – Apertura del acto por el Director del Instituto Dr. Gerardo Fernández.
3 – Imposición de los Atributos de Grado.
4 – Juramento.
5 – Entrega de Títulos.
6 – Palabras de despedida por el alumno graduado José A. Echeverría Bianchi.
7 – Entrega de Diplomas.
8 – Discurso por el Dr. Antonio M. Maicas.
9 – Himno del Instituto.
10 – Desfile de Graduados.
Segunda Parte

1 – Recital de versos por Eduardo Casado
a) 19 de mayo de Rubén Martínez Villena.
b) Plegaria a Dios de Plácido.
c) Versos Sencillos de José Martí.
2 – Selección musical a cargo de la Banda de Música de la Logia Perseverancia de Cárdenas.
3 – a) Balada del Sainete Póstumo de Rubén Martínez Villena
b) La lágrima infinita de Hilarión Cabrisas.
d) Poema de la despedida de José Antonio Buesa.
e) Canción de cuna para dormir a un negrito de Emilio Ballagas.
4 – Cuadro Apoteósico homenaje a la Bandera en su Centenario.
5 - Himno Invasor.

Poco antes de realizarse este acto, al terminar el último día de clases:

“... salimos – recordará unos años más tarde su condiscípula, la Dra. Paula Haydee González Torres – de las aulas muy contentos por haber terminado y pasó el padrino de él44 que le pregunta ¿qué pasa? y él le dice que terminamos, hoy somos Bachiller, y entonces le dio cinco pesos, y no se los guardó en el bolsillo, fue con nosotros a la esquina, y allí invirtió el dinero en refrescos para sus compañeros”. 45

El Título de Bachiller en Ciencias46 le fue expedido a José Antonio el 22 de agosto de 1950. Estaba rubricado por el Dr. Gerardo Fernández, Director del Instituto, y por Aureliano Sánchez Arango, Ministro de Educación.
Concluye así sus estudios de Segunda Enseñanza, al mismo tiempo que se prepara para emprender, con el ingreso en la Universidad, una nueva etapa de su vida. De esta época, datan las siguientes palabras dirigidas por él al Dr. Gerardo Fernández, las cuales resumen, al mismo tiempo, su proyección futura y el agradecimiento que sentía hacia sus profesores del Champagnat y del Instituto: “Uds. nos han enseñado muchas cosas, pero nosotros también les vamos a enseñar muchas cosas a Uds.”47 

IV
El 23 de septiembre de 1950, luego de disfrutar de unas merecidas vacaciones, en la que no faltan frecuentes viajes a Varadero para disfrutar de las bondades del balneario, José Antonio se matricula en la Universidad de La Habana para cursar la carrera de Arquitectura. Según la solicitud de matrícula, la cual se conserva en su Expediente Académico , identificado con el No. 5022, matriculó en esta oportunidad las asignaturas: Análisis Matemático, Geometría Analítica, Trigonometría Plana, Geometría Descriptiva Aplicada, Dibujo a Mano Alzada (Primer Curso), Dibujo Arquitectónico (Primer Curso), Sombras, Inglés Tecnológico, Introducción a la Arquitectura, Gráficos 2 (Sombras), Gráficos 1 (Proyecciones) y Dibujo Arquitectónico.
En la solicitud de matrícula, al lado del nombre de las asignaturas Geometría Descriptiva Aplicada, Dibujo Arquitectónico (Primer Curso) y Sombras, aparece un cuño gomígrafo con la leyenda Sin validez. Asimismo, las tres últimas asignaturas que aparecen en la lista de las matriculadas no se hallan escritas, como el resto, de su puño y letra, sino que aparecen enunciadas mediante un cuño similar. En el acto de formalizar la matrícula lo representó su padre, el cual declaró hallarse residiendo con él en La Habana, al parecer de manera temporal, en la calle Monte No. 511.
La solicitud fue inscrita el 21 de octubre de 1950 por el Secretario General de la Universidad de La Habana, en el Libro correspondiente, con el número 1193. Con igual fecha, el referido Secretario General hizo notar que el nuevo alumno había matriculado 9 asignaturas en la forma dispuesta, con un total de 35 y ½ horas semanales y 3 asignaturas sin validez académica. Además, certificó que había recibido el carné que lo acreditaba como estudiante de la Universidad y que había pagado el segundo y tercer plazo de la cuota de inscripción convenida.
Con posterioridad, José Antonio se trasladó a una Casa de Huéspedes3 ubicada al lado del antiguo hotel Vedado (luego hotel Victoria) y poco después, se procuró alojamiento en la que poseía la Gallega Manuela, la cual estaba situada en la calle L No. 459 entre 25 y 27 en el Vedado. Por esta época, según su amigo y compañero de luchas Faure Chomón Mediavilla:

“... El Gordo - que es como nosotros le decíamos atendiendo a su estatura y corpulencia – se dio a conocer primeramente por su sensibilidad artística y su aplicación a los estudios. Le gustaba pintar cuadros, y era asiduo a la cafetería de L y 27, donde organizaba una peña4 para hablar de estos temas con sus amigos”.5

Más tarde, apunta Julio García Oliveras en su libro “José Antonio Echeverría: La lucha estudiantil contra Batista”6, estas animadas tertulias nocturnas se trasladaron a la esquina de la calle L y 21, en la misma zona del Vedado. Este sitio, conocido como “Las delicias de Medina” tenía, según el ya citado García Oliveras:

“... más nivel, ya que las casas de huéspedes cercanas eran más caras. En sus alrededores se encontraban algunos hospedajes de muchachas estudiantes que constituían puntos de atracción, entre ellos el conocido como La Bombonera, por razones obvias. Durante estos años, Echeverría se haría novio de una estudiante7 que residía en esa casa. Las tertulias de los jóvenes en esas esquinas servían para discutir la situación universitaria, y en ellas se estrecharon muchas amistades revolucionarias”.8

Muy pronto, se introducirá desde la Asociación de Estudiantes en la intensa actividad política que se realiza dentro y fuera de la Universidad. Al mismo tiempo, en opinión de su compañero Julio García Oliveras, quien había llegado a la Colina Universitaria un año antes que él y lo había visto por primera vez en el curso 1950 – 1951, durante una congregación de estudiantes de arquitectura, “... comienza a manifestar su preocupación por la situación del país agobiado por los gobiernos auténticos”.9
Gracias a su resuelta y atractiva personalidad, José Antonio logró reunir a su alrededor, en muy poco tiempo y con el fin de actuar políticamente, a un valioso grupo de estudiantes de Arquitectura y de Derecho, así como de otras escuelas, provenientes en su gran mayoría de su ciudad natal, Matanzas y Camagüey.
A Luis Blanca10 y a José Venegas, por ejemplo, los conoce en una Academia particular de la calle Ronda, a donde acude a repasar con frecuencia para sortear con éxito la “... dura prueba de los primeros años universitarios, cargados de gran cantidad de asignaturas, entre ellas tres de matemática superior, terror de los novatos (...). Con Manuel Alepuz y otros estudiantes se preparaba para los exámenes. Él les repasa las asignaturas de matemática a los compañeros, mientras que recibe ayuda en dibujo técnico”.11
Con sus nuevos amigos, conversará con admiración y muy a menudo, acerca de la compleja situación de la Universidad y del país así como, de la tradición revolucionaria existente en la Colina y del papel desempeñado por los estudiantes de la alta Casa de Estudios durante la lucha revolucionaria de la década del 30 del pasado siglo.
En octubre de 1950 se encontrará por primera vez con Fidel Castro Ruz, convertido ya en un destacado dirigente, en las manifestaciones de protestas que los alumnos de la Universidad organizan contra la sangrienta represión desatada por las autoridades norteamericanas, para sofocar el levantamiento insurreccional que se produce en la hermana Isla caribeña de Puerto Rico. Durante las protestas apoyó, junto a Fidel y a otros compañeros, la acción de los revolucionarios puertorriqueños pertenecientes al Partido Nacionalista, dirigido por el destacado patriota independentista Pedro Albizu Campos12, quienes habían intentado eliminar al presidente norteamericano Truman.
Desde los primeros momentos de su estancia en la Universidad, José Antonio se destacó por ser un buen estudiante. Sergio Albio González, quien ingresó también en el curso 1950 - 1951 en la Universidad y fue su compañero de aula, ha afirmado que lo que más llamaba la atención de sus condiscípulos de entonces, era su “... extraordinario don de gente (...) era muy simpático, muy honesto y tenía un gran prestigio aún entre los que no compartían sus mismas ideas (...)”13. Además, poseía una gran:

“... afición por el dibujo y cierta facilidad para las matemáticas. ... yo sé que él pintaba (...) en su casa (...) vi ciertos cuadros que había pintado y que tenía en el comedor. Su vocación por la carrera de Arquitectura fue técnica - artística.
(...)
... era un individuo extraordinariamente simpático, siempre tenía una frase de aliento, una frase de jarana para todo el mundo y todos sus compañeros lo estimábamos porque nos hacía sentir su calor humano.” 14

Gracias a estas y otras muchas cualidades, es electo en las primeras elecciones estudiantiles en las que participó, efectuadas en la Colina en enero de 1951, Delegado de Asignatura, lo cual le permitió relacionarse con el candidato a Presidente de su Escuela y apoyar, junto a un numeroso grupo de estudiantes, la candidatura de Álvaro Barba para Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Este último, aunque no resulta electo, ya que las elecciones este año fueron ganadas por Enrique Huertas15, Presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina, por una mayoría de siete votos, integró como Tesorero el ejecutivo de la FEU.
Durante el curso 1950 – 1951 José Antonio viaja cada vez que puede a su ciudad natal, con objeto compartir los días de asueto con sus padres y sus hermanos. Casi siempre, llevaba consigo, con objeto de mostrárselos a su madre, los duplicados que hacía con este objetivo de sus trabajos de arquitectura. La ocasión era propicia para que, aprovechando el rico caudal arquitectónico de la Ciudad Bandera e incluso los detalles constructivos y decorativos de su propia casa, realizara nuevos dibujos de cornisas, aleros, pretiles y otros elementos presentes con profusión en la arquitectura local.
En 1951, en vísperas de la temporada veraniega, solicita y obtiene el ingreso en el Balneario Universitario “Gustavo A. Mejía”. Por tal motivo, se le expide un carné para que pudiera disfrutar en dicho lugar de los baños de playa, a los que era muy aficionado desde la infancia.
Al terminar, con buenos resultados académicos, el primer año de la carrera de Arquitectura, regresa a Cárdenas para pasar unos días en compañía de sus familiares y amigos. Desde allí, viaja con frecuencia al Central “Progreso”, luego José Smith Comas, en cuyas oficinas trabaja su padre y a cuyo inicio de zafra asiste habitualmente16, y a Varadero, en donde participa en numeras fiestas y en actividades deportivas y recreativas. Por entonces, este joven de 19 años llamaba mucho la atención de las muchachas por su estatura y por ser “... muy fuerte, muy alegre, con un gran carisma y una atracción personal indefinible”. 17 Así lo recuerda Talía Laucirica Gallardo, quien precisamente lo conoció en Varadero en el verano de 1951:

“Simpatizamos. Casualmente - afirma en una entrevista concedida en 1997 al periódico Juventud Rebelde – una hermana de él (Lucy) iba a ingresar ese año en la Escuela del Hogar de Matanzas, donde mi madre era catedrática, y conversamos sobre eso. Le dije que yo quería estudiar Arquitectura cuando concluyera el bachillerato. Desde entonces nos vimos con frecuencia... ”.18

El 27 de septiembre de 1951 realiza la solicitud de matrícula para cursar el segundo año de la carrera de Arquitectura en la Universidad de La Habana. En esta ocasión, declara que continuaba residiendo en la Casa de Huéspedes ubicada en la calle L No. 459, entre 25 y 27, Vedado, y matricula las asignaturas: Análisis Matemático (Álgebra Superior) (condicional); Geometría Analítica; Dibujo Arquitectónico, primer curso; Análisis Matemático (Cálculo Diferencial e Integral); Mecánica Aplicada para Arquitectos, primer curso; Composición Arquitectónica, primer curso; Perspectiva; Dibujo a Mano Alzada, segundo curso; Francés Tecnológico; Historia de la Arquitectura, primer curso; Dibujo Arquitectónico, segundo curso, Dibujo Arquitectónico y Gráficos 3 (Perspectiva).
Estas dos últimas asignaturas, a diferencia de las anteriores, no aparecen en la solicitud escritas de su puño y letra sino que fueron agregadas con un cuño gomígrafo. El documento fue inscrito el mismo 27 de septiembre por el Secretario General de la Universidad de La Habana en el Libro correspondiente con el No. 2032. A diferencia de la solicitud formulada por él para ingresar en el curso 1950 – 1951, en esta, no aparece consignada ninguna persona como su representante legal.
En el documento, el Secretario General de la alta Casa de Estudios hizo constar el 28 de septiembre de 1951 que José Antonio había matriculado 10 asignaturas en la forma dispuesta con un total de 36 horas clases semanales y 3 asignaturas sin validez académica. También anotó que había recibido el carné que lo acreditaba como estudiante del plantel y que había pagado el segundo y tercer plazo de la cuota de inscripción convenida.
Durante el curso 1951 – 1952 la actividad política de José Antonio se incrementa a partir de la fundación del GARE (Grupo Arquitectónico de Renovación Estudiantil), el cual tenía como objetivo primordial apoyar la elección de un candidato para ocupar la presidencia de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura. Desde los primeros momentos, el GARE logró reunir a estudiantes de la talla de Manuel Alepuz, José Venegas, Reinaldo Estévez y Osmany Cienfuegos19 así como, controlar la presidencia de la Asociación.
Como consecuencia de la actividad del GARE y del respeto que se había ganado entre sus condiscípulos, es reelegido en las elecciones estudiantiles del curso 1951 – 1952, en las que sale electo Presidente Álvaro Barba20, quien era a su vez el Presidente de la Asociación de Alumnos de la Escuela de Agronomía, como Delegado de Asignatura. También, es designado por sus compañeros como Delegado de Curso y como Vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura.
A finales de 1951, el Gordo participa en la manifestación que hasta el Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, organiza Fidel Castro Ruz. La misma, tenía el propósito de solicitar al Presidente Carlos Prío Socarrás apoyo para los patriotas puertorriqueños, los cuales habían atacado la Fortaleza de San Juan, sede de la administración de Muñoz Marín, gobernador pro yanqui de Puerto Rico.
La idea de convocar a esta protesta, una de las primeras manifestaciones públicas en que la que participó José Antonio como estudiante de arquitectura, la sugirió el joven abogado en las palabras pronunciadas durante un acto convocado en el anfiteatro del hospital Calixto García con objeto de apoyar nuevamente a los revolucionarios de Puerto Rico y del que también el Gordo tomó parte.
La manifestación, en la que participaron, además, varios de sus compañeros de Carrera, tomó por la calle Ronda, en donde fue interceptada por una perseguidora que atravesó las filas de estudiantes tocando la sirena. Este hecho desató la indignación de los estudiantes, los cuales comenzaron a lanzar piedras contra el vehículo policial. Uno de los tripulantes del auto descendió del mismo y disparó su ametralladora con objeto de atemorizar a los manifestantes.
Sin embargo, lejos de disolverse, la protesta cobró más fuerza. Este hecho dio lugar a un violento enfrentamiento entre Fidel y el General Uría, Jefe de la Policía del gobierno de Prío, la cual fue divulgada, sobre todo a través de varias fotografías del hecho, en la prensa de la época. José Antonio tomó también parte en el encuentro que se produce este día, como consecuencia de estos hechos, entre los manifestantes y la policía.
Por esta época logra, con su participación en esta y otras acciones y, sobre todo, con su honesto actuar cotidiano, fortalecer no sólo sus vínculos con los dirigentes de la FEU sino también, incrementar el apoyo a sus ideas políticas entre el estudiantado de la Escuela de Arquitectura, especialmente dentro del colectivo de los alumnos de los primeros años de esta Carrera.
Al inicio del mes de enero de 1952, luego de pasar el fin de año en su ciudad natal, José Antonio continua sus estudios en la Universidad de La Habana. Por entonces, residía en una Casa de Huéspedes ubicada en la calle 21 entre L y M, en el Vedado.
Poco tiempo después, el lunes 10 de marzo, se produce en horas de la madrugada, el golpe de estado que propina Fulgencio Batista. Aunque al momento de ocurrir este hecho aún se hallaba en Cárdenas, aprovechando un breve receso de las actividades docentes, al conocer la indignante noticia21 a través de Manolo del Cueto22, quien también se encarga de hacérselo saber a Pepín Naranjo23, el cual se encontraba en Cárdenas, parte en horas muy tempranas en ómnibus hacia la capital de la Isla24. Inmediatamente, se dirige a la Universidad, sitio en el que se han congregado ya, de manera espontánea, numerosos estudiantes; a pesar de que una de las primeras medidas tomadas por Batista, fue la de suspender todas las actividades universitarias, con el propósito de evitar que los estudiantes manifestaran su repudio al Golpe.
Uno de ellos, Osmel Francis de los Reyes, compañero de luchas de José Antonio, recordará años más tarde, que al producirse el golpe se dirigió a la Universidad: “... como a las seis de la mañana. Al llegar, ya había muchos compañeros que después con el tiempo nos identificamos en la lucha contra la tiranía batistiana. Entre ellos se encontraba José Antonio. Así lo conocí”.25 Otro de los presentes, Julio García Oliveras, ha comentado, más de una vez, que aquel nefasto día le oyó decir con gran decisión: “Hay que morirse aquí”.26
De inmediato, los estudiantes demandaron armas al gobierno de Carlos Prío Socarrás para contrarrestar el Golpe. Con este propósito, se trasladó en horas muy tempranas de la mañana al Palacio Presidencial27, una Comisión de la FEU, encabezada por Álvaro Barba, su Presidente. Sin embargo, Prío, abatido, indeciso y vacilante, luego de escuchar las propuestas de los estudiantes y como una manera de deshacerse de ellos, les prometió que esa misma tarde enviaría las armas que le pedían a la Universidad.
Poco después de concluido el encuentro, el depuesto Presidente se refugiaba en la Embajada de México en La Habana y huía cobardemente con sus más cercanos colaboradores y familiares, asilándose en los Estados Unidos de América. Por supuesto, las armas prometidas a los dirigentes de la FEU, con quienes se encontró José Antonio a la salida del Palacio ya que, enterado de la entrevista, había decido seguir los pasos de la Comisión, nunca llegaron a la Universidad, la cual permaneció cerrada desde entonces.
A partir de este momento y durante más de 15 días, los estudiantes instalaron a ambos lados de la escalinata que da acceso a la alta Casa de Estudios, recordará Osmel Francis de los Reyes: “... altoparlantes por donde denunciábamos a la tiranía naciente. Repartíamos proclamas dentro de los ómnibus. Hacíamos actos de calle. Pintábamos las paredes con consignas. En todo ello participaba José Antonio”.28
La respuesta de los sicarios del régimen no se hizo esperar y mientras la bandera cubana ondeaba en la Colina a media asta, en señal de duelo por la ofensa cometida por los militares a la soberanía de la Patria, y la FEU acordaba en una rápida sesión plenaria, decretar un paro indefinido como parte de la resistencia al golpe castrense:

“Fuerzas combinadas del Ejército y la Policía, se mantenían alertas, prestas a sofocar cualquier revuelta estudiantil. Decenas de perseguidoras prohibían el acceso de vehículos a la Universidad. No obstante este despliegue militar en torno al alto centro educacional, desde altoparlantes situados en las terrazas laterales, dirigentes estudiantiles (entre ellos José Antonio) llamaban al pueblo a luchar por la defensa de la Constitución. Cartelones y telas de condena engalanaban algunas áreas del edificio. Así, el Alma Máter se convertía en baluarte de oposición al dictador desde el mismo 10 de marzo”.29

A pocos días del Golpe, el 14 de marzo, la FEU hace pública una Declaración de Principios, contentiva de 11 puntos, la cual es firmada por José Antonio en su carácter de Delegado de Curso y de Asignatura así como de Vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura, en la que indicaba:

“Nuestra limpia y vertical actitud en horas aciagas para Cuba, nos permite levantar la voz en nombre del pueblo. Somos, otra vez, los abanderados de la conciencia nacional. Las dramáticas circunstancias que atraviesa la Patria nos impune duros y riesgosos deberes. No nos hemos puesto a medir la magnitud de las consecuencias. Estamos prestos a cumplirlos serena, responsable y firmemente. La colina universitaria sigue siendo bastión y esperanza de la dignidad cubana.
( ...)
No cederemos ni ante la fuerza ni ante la dádiva...
( ...)
No podemos restituirnos a las labores académicas mientras no estén garantizados los derechos de la ciudadanía. La libre y sosegada vida de la cultura es incompatible con la violencia característica de un régimen castrense. No nos pidan respeto a las leyes quienes las han conculcado sin miramientos de ninguna clase.
(...)
Combatimos el golpe militar del 10 de marzo por haber derribado lo que constituye la esencia y razón de ser de la República en etapa de su desarrollo. La estructura democrática establecida en la Constitución que el pueblo se diera en 1940 por propia determinación consagrada en las urnas. Veinte años de sacrificios, desvelos, y esfuerzos han sido cercenados de un solo tajo”.30

También, en el número 11, correspondiente a los meses de marzo y abril de 1952, de la revista “Espacio”31, publicación bimestral de los alumnos de la Escuela de Arquitectura, administrada por José Antonio, su fundador, desde 1951 y hasta su desaparición, aparece un Manifiesto de la Asociación de Estudiantes de esta Escuela firmado, entre otros estudiantes, por él32, en el que se condena valientemente el Golpe de Estado dado por Batista, al que califican de “... traición a la patria”.33
Aunque de carácter eminentemente técnico, también se insertaban en esta revista temas políticos y de actualidad. Prueba de ello, además del Manifiesto ya citado, resulta la inclusión en este mismo número del artículo titulado “Universidad y Nación”, en el que se condena valiente y enérgicamente el Golpe de Estado propinado por Batista.
En la Universidad de La Habana no solo permanecieron durante varios días, para repudiar el golpe, los estudiantes del plantel sino que también, se incorporaron al grupo que se quedó al amparo del Alma Máter, estudiantes y jóvenes procedentes de otras escuelas y lugares de la Isla. Entre estos últimos, estuvo Renato Guitart, futuro asaltante al Cuartel Moncada, quien al conocer que se había constituido en la Colina un foco activo de resistencia al Golpe, se trasladó por tren desde Santiago de Cuba hasta la capital junto con Juan Miguel Frías Rodríguez, el cual había sido integrante de la Joven Cuba, organización fundada por Antonio Guiteras en la década del 30 del pasado siglo.
Durante su estancia en la Universidad, Renato Guitart tuvo la oportunidad de contactar con líderes estudiantiles y dirigentes políticos de prestigio así como de reencontrarse con José Antonio, Rolando Cubela34 y otros amigos y condiscípulos, a los cuales había conocido durante su estancia en el Colegio Presbiteriano La Progresiva de la Ciudad Bandera35. Según Juan Miguel Frías Rodríguez, durante la visita pudieron comprender:

“... que todos los presentes estábamos en disposición de luchar, pero no había un plan, por lo que nos reunimos en la FEU, después en el Stadium Universitario y por último nos dirigimos a la Escuela de Agronomía en la Quinta de los Molinos (...) allí se hizo un análisis exhaustivo de los acontecimientos llegando a la conclusión de que el golpe estaba consolidado, lo que echó al piso un plan terrorista ya que de ejecutarlo se aumentaría la vigilancia, la represión y nos impediría nuestra movilidad, factor que nos era imprescindible para luchar contra la tiranía castrense”.36
En estos encuentros, en los que tomó parte activa José Antonio, enriqueciéndolos con sus ideas y puntos de vista, participaron Rafael García Bárcenas, reconocido profesor universitario; Justo Carrillo, abogado y economista, que fue Director del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC); Enrique de la Osa, destacado periodista; Álvaro Barba, Presidente de la FEU; Danilo Baeza y Manuel Carbonell Duque, entre otras personalidades políticas y del ámbito estudiantil cubano.
Sabemos, además, sin que hayamos podido precisar la fecha exacta, que el Gordo viajó en 1952 a Santiago de Cuba en compañía de Rolando Cubela, y que se hospedó durante varios días en la casa de Renato Guitart, ubicada en la calle Santa Lucía. Aunque, según Jorge R. Ibarra Guitart, biógrafo del mártir del Moncada, “.... no existen referencias de cuales eran sus planes, lo cierto es que estos encuentros evidencian el interés de Renato por colaborar con aquellos universitarios que propendían a una lucha frontal contra la tiranía”.37
Otros autores, como es el caso del periodista Mario G. del Cueto, relacionan la visita de José Antonio y de Cubela con la fundación en el segundo semestre de 1952 de la filial santiaguera de Acción Liberadora38, organización política creada en junio de este mismo año en La Habana para combatir el Golpe de Estado. A este grupo, que estaba bajo el liderazgo de Justo Carrillo, se habían adherido Álvaro Barba, Presidente de la FEU, Danilo Baeza y otros líderes estudiantiles.
Durante el transcurso del mes de marzo de 1952 y como parte de las acciones de la FEU en contra del Golpe de Estado propinado por Batista, José Antonio viajó también a Matanzas, en una fecha que tampoco hemos podido precisar, junto a otros dirigentes de la organización estudiantil universitaria. Una vez en la Ciudad de los Puentes, los dirigentes estudiantiles distribuyeron impresos en los que se exhortaba a la ciudadanía a defender y a jurar la Constitución de la República39 y a pronunciarse en contra de los Estatutos oficialistas.
Echeverría y sus compañeros, respaldados por el movimiento estudiantil local, convocaron para ese mismo día un acto en el parque de la Libertad; pero cuando los jóvenes se disponían a colocar una ofrenda floral ante la estatua de José Martí existente en el lugar, fueron dispersados violentamente por las autoridades policiales.
Varios de los promotores del acto, entre los que se encontraba José Antonio, fueron detenidos pero gracias a la rápida movilización de los estudiantes matanceros, quienes enviaron varias denuncias del hecho a las redacciones de los periódicos locales, se logró la rápida excarcelación de los prisioneros. De inmediato, los dirigentes universitarios, secundados por los de la Segunda Enseñanza de la Atenas de Cuba y de Colón, participaron en una manifestación de repudio al régimen nefasto instaurado por Batista, la cual fue disuelta por la policía, que detuvo y mantuvo prisioneros por unas pocas horas a algunos manifestantes.
El 2 de abril, se reunieron en una finca del Wajay, en la provincia de La Habana, las figuras más connotadas del régimen de Batista:

“... con objeto de discutir los estatutos constitucionales que le darían el tiro de gracia a la maltrecha Constitución de 1940.
Así, en aquel ambiente saturado de adulaciones al General y después de horas de discusiones intrascendentes nacieron de un parto forzado los Estatutos Constitucionales, a los que Fidel Castro calificó como engendro grotesco en La Historia me Absolverá. Los Estatutos daban cobertura legal a los golpistas y la presidencia a su progenitor, Fulgencio Batista.”40

La respuesta ante este indignante hecho de la FEU, cuyos miembros habían iniciado paralelamente una Campaña por la Constitucionalidad, no se hace esperar. En la mañana del mismo 2 de abril se inició el velorio de la Constitución de 1940. Durante 4 días, el pueblo acudió de manera masiva a la escalinata universitaria, testimoniando así su repulsa al régimen, para velar el cadáver constitucional, representado simbólicamente por un ejemplar de la Ley Fundamental de la República, el cual introdujeron en un ataúd.
El domingo 6 de abril, a pesar de las presiones y amenazas de los esbirros de la tiranía, se llevó a cabo el entierro simbólico de la Carta Magna. Enterados de que las fuerzas policiales pretendían disolver la manifestación, los dirigentes de la FEU decidieron adelantar la hora de salida de la misma.
Llegado el momento, el pueblo y los estudiantes se mantuvieron expectantes. José Antonio, junto a Álvaro Barba, Presidente de la FEU, y Fructuoso Rodríguez41, marchó al frente de la manifestación, la cual encaminó sus pasos hacia la Fragua Martiana, luego de recorrer las calles de San Lázaro e Infanta hasta 25 y Hospital.
A pesar de hallarse apostadas en Infanta y San Lázaro, las fuerzas represivas no se atrevieron a atacar a los manifestantes, entre los que se encontraban Raúl Castro Ruz, quién portaba nuestra enseña nacional, Armando Hart Dávalos, Juan Pedro Carbó Serviá, Faustino Pérez, Léster Rodríguez, Manuel Carbonell Duque y otros destacados revolucionarios, los cuales pudieron llegar sin tropiezos a la Fragua Martiana. En este histórico lugar se extrajo del ataúd, frente al busto de José Martí, el documento; el cual finalmente, se trasladó a la Universidad, sitio en el que fue depositado en una urna de cristal, acordándose que se extraería de allí solo cuando volviera a tener plena vigencia en la Isla.
Con posterioridad a este hecho, que sirvió para definir la postura de los estudiantes universitarios frente al régimen, la calma regresó a la Universidad, la cual se mantuvo cerrada por orden del Dictador desde el golpe y hasta finales del mes de abril. Sin embargo, nuevas acciones se planearon en el interior de la Alta Casa de Estudios; sobre todo, al finalizar el referido mes de abril de 1952, en que los estudiantes comenzaron a jurar la Constitución ante el Alma Máter.
Como consecuencia de este movimiento, en el que José Antonio tuvo una destacada participación, en los carnés de los estudiantes quedaron grabadas estas palabras: “Le juro lealtad a la Constitución de la República de Cuba de 1940. FEU”.
Con posterioridad al Entierro simbólico de la Constitución, poco a poco:

“... la calma comenzó a restablecerse en el seno del estudiantado universitario. La acción inicial contra la dictadura, sin embargo, había servido para que muchos compañeros se conocieran y empezaran a agruparse en pequeños núcleos. Estos primeros contactos determinarían el incremento de futuras acciones contra el Déspota.”42

Con posterioridad al Golpe de Estado, se van nucleando alrededor de la figura de José Antonio y de otros líderes estudiantiles, un grupo de estudiantes conocido como “La Claque”, los cuales se van destacando en el ámbito universitario por su proyección revolucionaria y radical, al mismo tiempo que, sin ser dirigentes formales de la FEU, se van ganando la confianza y el apoyo de la mayoría de sus compañeros. Entre ellos se destacan: Juan Pedro Carbó Serviá, Manolo Carbonell Duque, José Machado (Machadito), Faure Chomón Mediavilla, el “Jabao” Durán, Fructuoso Rodríguez, Luis Blanca, Osmel Francis de los Reyes, René Anillo Capote43, Cheo Silva, José Venegas, Camachito, Miguel Ángel Domínguez, Pedro Martínez Brito, Tavo Machín, Raúl Díaz Argüelles, Pepín Naranjo y Manuel Alepuz, entre otros.
Como bien apunta Julio García Oliveras, este valioso grupo de estudiantes estará presente en los días siguientes al 10 de marzo de 1952, en:

“... todas las reuniones de la FEU en que se discutiera la situación y se tomaran acuerdos sobre el movimiento estudiantil. Sus intervenciones individuales o la agitación colectiva serían una influencia decisiva para radicalizar la tónica de aquel. Muchos de los dirigentes de la claque llegarían a ocupar cargos dirigentes de la FEU junto con José Antonio Echeverría.
(...)
... otros, como Léster Rodríguez, Pedro Miret y Raúl Castro (...) hasta el ataque al Moncada, hicieron sentir sus opiniones revolucionarias y combativas en el Salón de los Mártires de la FEU, donde habitualmente se celebraban las reuniones”.44

Poco después de que transcurrieran los 45 días de receso de las actividades docentes universitarias, decretados como consecuencia del Golpe, José Antonio viajó a su ciudad natal, con objeto de pasar unos días en compañía de sus padres y hermanos. Allí sostiene un breve encuentro con su amigo, el revolucionario cardenense Manolo del Cueto, quien le preguntó sobre la situación en la Capital. Según Cueto, el joven le explicó: “... que los estudiantes fueron a buscar las armas que Prío quedó en mandarles, pero nada, y que después lo vieron en el periódico jugando billar en una embajada”.45 También le dijo:

“Mira, veterano – como me llamaba por el tiempo en el deporte – hay que hacer un movimiento aquí y yo no sé quien lo va a dirigir pero lo que sí hay que hacer es un movimiento, porque a Batista no lo vamos a tumbar ni con votos, ni con papeles, ni con mítines; hay que hacer todo eso para levantar la conciencia, pero también hay que hacer algo grande para acabar con Batista.
En la conversación coincidimos en los criterios. Al final me habló de un movimiento que estaban organizando para jurar la Constitución, era algo así como un desagravio. Quedamos en organizar esto en Cárdenas (...)”46

Al regresar a La Habana, consciente de que el único camino para derrocar al tirano era la lucha armada, el Gordo se reúne en la Casa de Huéspedes en donde se hospeda con los compañeros que, desde los primeros momentos del Golpe, habían comenzado a movilizarse junto a él y a otros dirigentes de la FEU con el objetivo de rescatar el movimiento revolucionario estudiantil. Durante el encuentro, les planteó, según Julio García Oliveras, la necesidad de:

“... comenzar las actividades insurreccionales. Para ello – señala – la única vía es continuar en la política universitaria y alcanzar la dirección de la FEU. Comentaba que él se había dedicado a escuchar las opiniones de mucha gente opuesta al cuartelazo, y sólo veía una solución: el camino de la lucha armada. Por tanto, les comunicaba su decisión de dedicarse por completo a esta tarea.
Analizando la situación, hacía severas críticas a los auténticos que habían huido cobardemente y de los cuales nada podía esperarse. Tampoco se podía esperar nada del Partido Ortodoxo, dada la floja actitud de sus dirigentes. Según él, la palabra partido había quedado desprestigiada ante nuestro pueblo con la politiquería del período auténtico y con el golpe de Estado. Señalaba que en la Universidad la Juventud Ortodoxa no tenía mucha fuerza. El estudiantado no se inclinaba hacia las organizaciones políticas tradicionales. En vano habían esperado todos una reacción de la ortodoxia. En realidad, la resistencia a la dictadura batistiana atravesaba una etapa inicial compleja. Había que comenzar desde cero, diría Echeverría”.47

Además, planteó que el objetivo fundamental de la lucha debía ser el de: “... buscar resultados en un enfrentamiento decisivo, antes de que la tiranía se consolidara. Argumentaba que Batista tenía gran parte del Ejército, pero que no todos estaban con el dictador”.48
Sin descuidar sus estudios, la actividad revolucionaria de José Antonio en estos meses va en aumento. Una prueba de ello, es su activa participación el 8 de mayo en el acto efectuado en la Universidad con motivo de conmemorarse un aniversario más de la caída de Antonio Guiteras Holmes, en el que usa de la palabra Juan Pedro Carbó Serviá. Este acto se convirtió una nutrida manifestación de repudio al régimen, ya que tomaron parte en el mismo cientos de ciudadanos, los cuales recibieron sus certificados de asistencia.
Por esta época, no solo era bien conocida por sus condiscípulos de la Universidad su participación en las actividades contra la Tiranía sino que también, muchos de ellos, comenzaron a identificar ciertos rasgos que definían su personalidad como revolucionario: su decisión de sacrificarlo todo por sus ideales y su carácter, muy violento y arrojado, frente a los sicarios del régimen.
Este último rasgo de su carácter motivó, en los meses que siguieron al Golpe, la siguiente anécdota narrada por su compañero de luchas Julio García Oliveras:

“... en una ocasión al llegar a la esquina de L y 27, donde habitualmente se reunía por las noches con sus compañeros, uno de los presentes hubo de dirigirle un chiste ironizando su guapería. La respuesta de José Antonio fue expresada con tanta convicción que dejó una huella imborrable en los presentes: No te equivoques conmigo que yo voy a estar en la historia de este país”.49

El 20 de mayo de 1952, en ocasión de conmemorarse el cincuentenario de la República de Cuba, el Gordo asiste al acto que la FEU convoca para conmemorar el acontecimiento y denunciar, una vez más, al régimen golpista. Durante el encuentro, del que toman parte unas 30. 000 personas, habla Álvaro Barba, Presidente del máximo órgano estudiantil, quien anuncia el inicio de una campaña encaminada a organizar la Jura de la Constitución a lo largo y ancho de todo el país.
Estos actos, organizados en cada una de las provincias y municipios de la Isla 50 por los dirigentes de la FEU, tenían como objetivo primordial despertar, ante la fragante violación cometida por Batista de los derechos constitucionales, la conciencia revolucionaria del pueblo cubano.
A José Antonio le tocó atender la provincia de Matanzas y – en opinión del ya citado Manolo del Cueto – “... veía esta acción como un medio de penetración para ir alertando al pueblo”.51 Además, más de una vez, comentó a sus compañeros que esos actos estaban bien como una táctica para combatir a la tiranía, aunque afirmaba: “Yo creo que la proyección de nuestra lucha y sus objetivos tienen que ir más mucho más allá de las conquistas plasmadas en ella (se refiere a la Constitución), ya que el sacrificio y la sangre que habrá que derramar así lo exigirán”.52
Según Cueto, al conocer estas ideas, le dijo:

“Bueno, Gordo ¿después de esto, qué?. Firmamos la Constitución y se limpian con eso.
Él contestó: Sí, se limpian, pero ya estamos comprometiendo a esa gente en una lucha futura. Eso que te luce que no tiene sentido, ese fermento, lo vamos a utilizar; porque algo viene y nos sirve como base y se alerta al pueblo de que se está pisoteando la Constitución”.53
Para cumplir la misión que le había sido encomendada, Echeverría se trasladó a Matanzas en los primeros días de junio de 1952, con objeto de organizar los actos de la Jura de la Constitución en toda la provincia. Durante su estancia en la Atenas de Cuba, se hospeda en los hoteles “Verdura”54 y “Las Delicias”55, sitios en los que recibe la visita de varios dirigentes de organizaciones obreras y políticas del territorio opuestas a la dictadura.
De singular importancia, fue la reunión que sostuvo en el local de la dirección del Partido Ortodoxo en Matanzas, ubicado en la calle Bonifacio Byrne (Contreras) entre Jovellanos y Ayuntamiento. A la misma asistieron, según el investigador matancero José Ramón González56, varios dirigentes y líderes políticos, obreros y estudiantiles. Entre ellos se encontraban: Pedro Toledo, de la Sección Obrera del Partido Ortodoxo; Ricardo y Gilda Parejas, de la Juventud Ortodoxa; Pedro Ezequiel Rodríguez y Evaristo Evelio Montes de Oca.
De este encuentro, salieron las instrucciones para la realización de los actos de Jura de la Constitución en Matanzas y otras ciudades de la provincia; poniéndose de manifiesto en todo momento “... la autoridad y decisión de José Antonio, que descollaba como un genuino líder no sólo de los estudiantes sino de las masas del pueblo ”.57
Muy pronto, la actividad de José Antonio y de otros dirigentes estudiantiles universitarios se hizo sospechosa para los agentes del régimen en Matanzas. Por tal motivo, el 11 de junio de 1952, en horas de la noche, fueron detenidos, acusados de repartir proclamas sediciosas en la esquina conformada por las calles Milanés y Magdalena, a 3 cuadras del Parque de La Libertad, José Antonio, Andrés Rodríguez Fraga, Cecilio Martínez Ortega, Ángel Díaz Francisco y Benigno Hernández, estudiantes todos de la Universidad de La Habana.
Poco antes, la policía había detenido a varios alumnos de otros planteles en el citado Parque por haber participado en un mitin celebrado esa misma noche en defensa de la Constitución. Todos fueron trasladados al Vivac Municipal y puestos a disposición del Tribunal de Urgencia.
Los sueltos que les fueron ocupados a los detenidos, los cuales también habían sido lanzados al público que asistió por estos días a las funciones programadas en el Teatro “Sauto”, afirmaban: “Matanceros: Únete a la Invasión Constitucional. Te invitamos a que jures la Constitución de 1940 y concurras a los actos que se celebren en tu provincia. Viva la Constitución de 1940. Abajo los Estatutos. FEU”.58
La detención de José Antonio y sus compañeros provocó, la inmediata protesta de los estudiantes matanceros. A nombre de ellos, varios dirigentes del Directorio Estudiantil Revolucionario del Instituto de Matanzas (DERIM), acudieron el 12 de junio a la redacción del periódico matancero “El Imparcial” para hacer patente su condena a este hecho.
El mismo 12 de junio, por no existir, según el Tribunal de Urgencia, “... indicios racionales de delitos de su competencia”59, los detenidos fueron puestos en libertad. No obstante, a pesar de habérseles abierto por la Audiencia de Matanzas la Causa 110 de 1952, continuaron ejecutando, como si nada hubiera pasado, la misión que les había encomendado en Matanzas la dirección de la FEU.
El 13 de junio de 1952, el periódico matancero “El Imparcial” hizo pública una exhortación, firmada por la Federación de Estudiantes de los Centros de Segunda Enseñanza de la ciudad de Matanzas, mediante la cual se invitaba a la ciudadanía local a que concurriera a las 7:00 p.m. del siguiente día al Parque de la Libertad con objeto de Jurar la Constitución.
En la nota, firmada por los dirigentes de la Escuela Normal, el Instituto de Segunda Enseñanza y la Escuela de Comercio, se expresaba: “Los estudiantes amantes de una Cuba mejor sin tiranías ni dictaduras con libertad y democracia invitamos a toda la ciudadanía a que se una a la Invasión Constitucional que realizan en esta provincia los cívicos dirigentes de la gloriosa Federación Estudiantil Universitaria”.60
El 14 de junio, pasadas las 8:00 p.m., hicieron su entrada en el Parque, cantando el Himno Nacional de Cuba y el Invasor, varios dirigentes de la FEU, encabezados por José Antonio, y numerosos representantes del estudiantado matancero. Llevaban consigo una mesa cubierta con la bandera cubana, la cual situaron frente a la Estatua de José Martí existente en esta Parque. Sobre ella, colocaron en una urna de cristal un ejemplar de la Constitución de 1940 de la República de Cuba.
Al finalizar aquella noche, el líder estudiantil tuvo que sentirse satisfecho de la labor realizada por él y sus compañeros, pues varios centenares de matanceros acudieron al Parque para jurar la Constitución, a pesar del lógico temor que muchos de ellos sentían, ante las posibles medidas represivas que podían tomar en su contra las fuerzas policiales. Aunque la Jura de la Carta Magna continuó realizándose en Matanzas en los días subsiguientes, José Antonio no pudo estar presente, pues se requería su presencia en otros sitios de la provincia.
La organización de la Jura de la Constitución en Cárdenas le fue orientada a Manolo del Cueto por Echeverría, en una entrevista sostenida por ambos con ese objetivo. Durante la misma, acordaron que se celebraría el 16 de junio de 1952 en el Parque Martí. Cueto contó con el apoyo de José Smith Comas, más tarde Capitán de la Vanguardia del yate Granma, y de otros estudiantes y miembros de la Juventud Ortodoxa cardenense.
Fueron ellos, precisamente, los que organizaron el mismo día del acto y previo a la llegada del Gordo y sus acompañantes, un mitin en la cafetería “Modernista”61, ubicada en la Avenida de Céspedes entre Calzada y Coronel Verdugo, en las inmediaciones del cine de igual nombre, para invitar a los cardenenses a tomar parte en el acto. Así mismo, aprovechando que aún no se había implantado ningún tipo de censura en los medios de comunicación, se divulgó ampliamente por la emisora local CMGE62, actual Radio Ciudad Bandera, las razones por las cuales resultaba imprescindible hacer este acto.
Sobre las 4:00 p.m. de este día, José Antonio se trasladó desde Colón a Cárdenas junto a otros dirigentes universitarios y líderes ortodoxos, entre los que se encontraba Álvaro Barba, Presidente de la FEU. Los visitantes, habían sido detenidos con anterioridad en esa ciudad matancera, por tomar parte en una manifestación organizada para invitar al pueblo colombino a que jurara la Carta Magna en el l parque principal de esa localidad.
Los dirigentes estudiantiles, quienes viajaban en tres automóviles, fueron recibidos en el Fuerte Rojas, ubicado en una de las entradas de la Ciudad, por un grupo de cardenenses, los cuales habían llegado hasta este lugar, a bordo de dos camiones y varios autos, gritando por las calles “¡Hoy juramos la Constitución!”63.
La pequeña pero ruidosa caravana recorrió la Avenida de Céspedes hasta la calle de Pinillos, con objeto de llegar a las puertas de la antigua fábrica José Arechavala S. A64 en el momento en que se produjera, tal como había sido previsto por Cueto y el Gordo, el cambio de turno de los obreros.

“Cuando ya se acercaba la hora y la gente estaba reunida y se nos estaban sumando cada vez más, – afirmó en una ocasión Manolo del Cueto - él me dijo:
Veterano, yo quiero que tú me presentes. Pero como todo el mundo allí conocía a José Antonio, yo le respondí:
Gordo, tú no necesitas presentación; a ti en Cárdenas todo el mundo te conoce. Pero nada, él insistió (...) ”.65
Poco después, bajo una pertinaz lluvia y agrupados frente al desaparecido Monumento a Narciso López, General anexionista de origen venezolano que tomó el poblado de Cárdenas el 19 de mayo de 1850 e hizo ondear en ella, por primera vez en Cuba, la bandera que luego sería nuestra Enseña Nacional, unos 450 trabajadores de la fábrica escucharon las palabras de Manolo del Cueto: “... ¡Compañeros! : voy a presentarles a quien no necesita presentación, al gran líder del estudiantado cubano, nuestro gran José Antonio Echeverría, quien tiene que decirles algo...”.66
Emocionado, el dirigente estudiantil comenzó su discurso diciendo: “Cubanos, ustedes saben que nuestra Constitución ha sido manchada por la bota militar...”67. No pudo continuar. Miembros de la policía y el ejército irrumpieron en el lugar y detuvieron a los organizadores de acto, los cuales fueron conducidos por el Capitán Jiménez68 a la Jefatura de Policía “4 de septiembre”69.
Una vez en el recinto militar, los 5 detenidos, especialmente Manolo del Cueto, quien se encontraba muy inquieto y había proferido ya varias frases insultantes en contra de la tiranía, protestan enérgicamente por el atropello de que son objeto. No obstante, José Antonio, “... dando muestras de una profunda sicología, le expresa a sus compañeros: A esta gente ahora tenemos que ganarle con inteligencia; con la fuerza le ganaremos después”. Y pregunta: ¿Me dejan llevar la voz cantante?”.70 Él, contaba después Manolo del Cueto, nos decía “... que había que estar serenos, porque ellos tenían las armas y nosotros no teníamos ni un limpia - uñas”.71
Una hora después, aproximadamente, arribó a la unidad en donde se hallaban los prisioneros Alberto Triana Calvet, Jefe de la Policía de la provincia de Matanzas, quien se hallaba de visita en Cárdenas. Durante la entrevista que sostuvo en el despacho del Capitán de la policía local con Manolo del Cueto y con el Gordo, este último, luego de:

“... imponer al oficial de lo que pretenden y alegar los derechos que consideran válidos para ello, inesperadamente le pregunta: Chico, ¿de qué parte tú estás, de la justicia o de la injusticia?, a lo que el militar responde: Yo, de la justicia”.
La inteligencia se había impuesto. La esperada respuesta es hábilmente aprovechada por José Antonio, quien dice: ¡Ah!, entonces no hay problemas (...)”72

Rápidamente José Antonio, tomando del brazo a Manolo del Cueto, le dijo: “Vamos veterano”73 y salió al pasillo en donde lo esperaban sus compañeros. Una vez allí, les dijo: “... vamos muchachos, que esta noche firmamos la Constitución en el parque Martí”.74
De esta ingeniosa manera, los prisioneros pudieron salir por la puerta de la estación “... con la cabeza en alto y nadie se metió con nosotros, – relató con posterioridad Cueto – aunque tampoco no nos habían dicho que no nos fuéramos. Incluso, en el camino (...) me dice: No te apures, porque se van a dar cuenta de todo ”.75 Una vez en el exterior del edificio, el Gordo le dijo, riéndose, a Manolo del Cueto, quien iba a su lado: “... No mires para atrás, que me parece mentira estar en la calle. (...) Atrapado en las redes de sus propias palabras, el militar tiene que conformarse con ver cómo el grupo abandona el local y es aplaudido a su salida del recinto, frente al cual se había congregado un numeroso público”.76
Aquella noche, a pesar de la presencia en los alrededores del lugar de varios representantes del régimen – algunos de ellos vestidos de paisanos – centenares de cardenenses77 se congregaron en el Parque Martí para Jurar la Constitución y condenar mediante su firma al régimen dictatorial, ante una mesita78 engalanada con nuestra Enseña Nacional y la presencia vigilante del Apóstol. Al término del acto, fuerzas represivas de la tiranía detuvieron a 43 participantes, los cuales fueron puestos en libertad esa misma noche.
Durante el acto, José Antonio dio una lección de caballerosidad a Manolo del Cueto, quién quizás por la tensión de estar rodeados de esbirros, trató de firmar primero, relegando a un segundo plano a su esposa que lo acompañaba. Inmediatamente, el Gordo lo requirió diciéndole: “Las damas primero”79, por lo que Cueto cedió el lugar a su compañera.
A propósito, según varios testimoniantes, asombró a muchos de los presentes en el acto “... la gran cantidad de mujeres que asistieron y firmaron el documento”.80 Los organizadores – afirmó Manolo del Cueto a la revista cubana “Verde Olivo” – no sabían “... sí había más mujeres que hombres, porque ese día, en la historia de Cárdenas, la mujer dio un paso al frente”.81 Con posterioridad al acto, Manolo del Cueto, José Smith Comas y otros revolucionarios locales continuaron recogiendo en Cárdenas, durante varios días, firmas en apoyo y en defensa de la Constitución.
A mediados de 1952, obsesionado por la idea de obtener de los auténticos el tantas veces prometido, pero nunca entregado, armamento, que le permitiera al estudiantado realizar nuevas acciones contra la Tiranía; José Antonio, acompañado de Álvaro Barba, Presidente de la FEU, y de otros estudiantes, viajó a Varadero con objeto de entrevistarse con Sergio Mejías y Diego Vicente Tejera, representantes del depuesto Presidente Carlos Prío Socarrás, quien se hallaba, supuestamente, en la clandestinidad. La entrevista no pudo realizarse ya que ni Mejías ni Tejera se personaron en el balneario.
El 15 de septiembre, Echeverría llenó su solicitud de matrícula para cursar el tercer año de la carrera de Arquitectura. Por entonces, residía en la Casa de Huéspedes ubicada en la calle J No. 559 esquina a la calle 27. El Gordo matriculó las asignaturas: Dibujo a mano alzada, tercer curso; Historia de la Arquitectura, segundo curso; Comprensión arquitectónica, segundo curso; Mecánica aplicada para arquitectos, segundo curso; Materiales de construcción; Proyectos arquitectónicos, primer curso; Diseño preparatorio; Análisis Matemático (Cálculo diferencial e integral) y Mecánica aplicada para arquitectos, primer curso.
A pesar de la inteligencia natural del Gordo y de su interés por el estudio, en la solicitud de matrícula de este curso se hizo constar que llevaba como arrastre las asignaturas Diseño preparatorio, Análisis Matemático (Cálculo diferencial e integral) y Mecánica aplicada para arquitectos (primer curso), lo que justifica su inclusión en las asignaturas matriculadas. Este hecho fue consecuencia directa de la intensa actividad política y estudiantil llevada a cabo por él, durante los dos cursos anteriores de la Carrera.
En el documento se hizo constar, además, con fecha 8 de diciembre de 1952, que las 8 asignaturas inscritas para este curso representaban un total de 23 horas semanales con validez académica y una sin la referida validez, según anotación hecha en la propia solicitud de matrícula. Dos días más tarde, el 10 de diciembre, recibió el carné que lo acreditaba como estudiante y las boletas de pago del segundo y tercer plazo de la matrícula.
Al iniciarse el curso escolar 1952 – 1953 José Antonio se integra nuevamente a las actividades estudiantiles que con frecuencia se organizan en el ámbito de la Universidad. Así, por ejemplo, está presente el 30 de septiembre de 1952, aniversario de la muerte de Rafael Trejo, en las manifestaciones que se efectúan este día. En esta ocasión, correspondió a Fructuoso Rodríguez pronunciar las palabras del acto central conmemorativo organizado por la FEU.
Estas y otras actividades similares, que se desarrollan durante el transcurso del año 1952, fueron escenario propicio para que el Gordo junto a Fructuoso Rodríguez y otros dirigentes estudiantiles universitarios, conminaran a los estudiantes a manifestar su repulsa al régimen de Batista. De este modo, se logra con eficacia la radicalización de la lucha estudiantil al mismo tiempo que:

“... la Colina se va convirtiendo en el centro de la oposición a Batista. La idea de evitar que el dictador se consolide en el poder estará siempre en Echeverría, quién, además, se percata de que era necesario lograr una cohesión ideológica y organizativa dentro del movimiento estudiantil. Por tal motivo, estuvo alerta con respecto a los elementos gansteriles introducidos en la Universidad por el tirano con el propósito de dividir a los estudiantes. Los sujetos probatistianos tampoco escaparon de la preocupación del prestigioso dirigente”.82

A finales del mes de octubre de 1952 se celebró en México un Congreso de Estudiantes de Arquitectura. La dirección de la Universidad de La Habana logró reunir el dinero necesario para enviar una Delegación de estudiantes de su Escuela de Arquitectura. Entre ellos, se encontraba José Antonio, a quien le fue concedido el Pasaporte No. 2297983, el cual lo acompañará desde entonces en los viajes que realizó a diversos países latinoamericanos y asiáticos para prestar su ayuda internacionalista, entrevistarse con Fidel Castro Ruz o asistir a congresos y reuniones internacionales de estudiantes.
El 15 de octubre, la Embajada del país azteca en La Habana le otorgó la visa No. 5979,válida por seis meses, haciéndose constar en la misma que no era “... suficiente para ser admitido en México, pues los inmigrantes deberán, además, sujetarse al examen de las autoridades de Migración y sanidad las que resolverán sobre este particular”.84 En la misma página del pasaporte donde aparece la referida visa, se halla también un cuño de admisión al país fechado en Miami, Florida, el 17 de octubre de 1952, lo cual indica que posiblemente entró a México vía Estados Unidos de América.
Como parte de su participación en el Congreso, el Gordo propuso a los delegados de América que asistieron al evento la creación de la Asociación Latinoamericana de Estudiantes de Arquitectura; idea que fue aprobada por los representantes de Argentina, Chile, Perú, México y otras naciones latinoamericanas. Manuel Alepuz, amigo y compañero de José Antonio desde que ambos ingresaron en la Universidad, fue designado para estar al frente filial cubana de la referida Asociación, iniciativa que no prosperó de inmediato.
Adelantándose a un grupo de miembros de la FEU que habían viajado a México, utilizando la cobertura del Congreso, para entrevistarse con el depuesto Presidente Carlos Prío Socarrás; Echeverría logra visitarlo en compañía de otro estudiante. Durante el encuentro, discutió fuertemente con el expresidente, quien lo recibió junto al economista Pepín Álvarez Díaz, el cual ocupó un cargo de Ministro en su Gabinete, y le criticó la pasiva actitud con que había aceptado el Golpe de Estado que le había propinado Batista.
Según Julio García Oliveras, los representantes de la FEU que visitaron con posterioridad a Prío, relataron que el expresidente “... se encontraba nervioso y enojado (...)”85 y señaló, en forma cínica, que al Gordo “... se le hinchaban las venas del cuello, lo que indicaba con seguridad que era un muchacho muy honesto”.86 A pesar de los esfuerzos realizados por José Antonio y los compañeros de la FEU durante los encuentros sostenidos con Prío, no lograron que este les entregara las armas que le demandaban.
El interés del líder estudiantil por entrevistarse con Prío en México, sus relaciones con varios sectores ligados al mismo y la decisión tomada por él, al regresar del Congreso de Arquitectura efectuado en el país azteca, de unir al movimiento conocido como Triple A87 a los estudiantes que se habían agrupado alrededor de él en la Universidad; no fue entendida por muchos de sus más cercanos amigos y seguidores. El motivo fundamental de este rechazo a integrarse a las filas de la organización priísta era la preocupación que muchos estudiantes, sobre todo los más radicales y revolucionarios, tenían de verse asociados con:

“... los representantes del autenticismo corrompido y, sobre todo, con los elementos gansteriles utilizados por la Triple A con el pretexto de su valor personal y experiencia con las armas. En repetidas ocasiones – recordará más de una vez Julio García Oliveras - planteamos nuestras dudas a Echeverría, quien una y otra vez insistía en la necesidad de no dejarles el campo libre a dichos elementos. Nos señalaba que aunque era difícil esta asociación, no por eso resultaba menos necesaria. En esto se manifestaba muy claramente: ¿Tú te imaginas si esta gente da un golpe y nosotros no hemos tirado un tiro, lo que va a ser de este país?. Y vuelve sobre su obsesión: Tenemos que tener los hierros ante cualquier cosa que pase”.88

En el mes de noviembre, Echeverría es citado con objeto de que compareciera ante los tribunales por su participación, el 11 de junio, en las actividades de la Jura de la Constitución en Matanzas. Este juicio, amparada por la Causa 110 de 1952 abierta a José Antonio y sus compañeros, fue suspendido y pospuesto en varias oportunidades. En este caso, la citación coincidió con la estancia del Gordo en el Congreso de Estudiantes de Arquitectura que se estaba celebrando por esos días en México.
De regreso a La Habana, José Antonio convocó a una Asamblea en la Escuela de Arquitectura con objeto de tomar medidas contra los que, en vísperas del Congreso en el país azteca, habían servido de instrumento al Gobierno de Batista; al aceptar volar a México en el avión militar que el Dictador había puesto con ese fin a disposición de la Universidad de La Habana.
Durante la Asamblea, sin precedentes en los predios universitarios, los estudiantes que habían traicionado el sentir colectivo de repulsa al régimen, fueron denunciados y criticados fuertemente, al mismo tiempo que, por decisión de la dirección estudiantil revolucionaria, eran expulsados de la Asociación de Estudiantes de la Escuela.
Al término de la reunión, que transcurrió de una manera muy agitada, los estudiantes más honestos y revolucionarios trataron, exaltados, de castigar a los traidores. Por tal motivo, se produjo un fuerte enfrentamiento entre los presentes, durante el cual le propinaron a José Antonio, a traición, un banquetazo en la cabeza, resultando seriamente herido89.
Unas semanas más tarde, en vísperas de un nuevo aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, fecha que a partir de este año se convierte, según Osmel Francis de los Reyes “... en obligada efeméride de lucha contra la tiranía batistiana”90; se realiza, organizada por Echeverría, quién se había repuesto ya de la herida recibida en la cabeza, la primera protesta pública contra el régimen protagonizada por los miembros de la FEU. El lugar escogido fue el Estadio del Cerro, sitio en el cual estaba previsto que se realizara, en la noche del 26 de noviembre de 1952, un juego de pelota entre los equipos Almendares y Cienfuegos.
El día anterior a la celebración del encuentro, el Gordo y Fructuoso Rodríguez se entrevistaron en la Universidad con los estudiantes que habían seleccionado para participar en la acción, con objeto de conocer su disposición de tomar parte en la misma. Uno de los primeros en ser llamados fue Osmel Francis de los Reyes, a quién, por estar identificado con los ideales de ambos dirigentes estudiantiles, debido a su participación en otros actos, se le hizo el planteamiento sin muchos rodeos:


“... mañana vamos a ejecutar una acción en el Estadio de pelota. Hay que estremecer la Universidad, los factores que representan la línea de no enfrentamiento dentro de la FEU, están prevaleciendo y esto afecta el proceso de lucha contra la tiranía. ¿Estás dispuesto?. De inmediato, les respondí que sí. Bueno, nos encontraremos mañana aquí mismo a las siete de la noche. Me encarecieron, no hables de esto con nadie.”91

El 26 de noviembre, a la hora señalada de antemano, el dirigente estudiantil y sus acompañantes, unas 12 personas en total92, salieron en dos automóviles desde la Plaza Cadenas de la Universidad rumbo al Estadio. Convenientemente envuelta, llevaban una tela de varios metros de largo con la consigna “Abajo la Dictadura. FEU”.
Según el ya citado Osmel Francis de los Reyes:

“Al llegar al Estadio nos pusimos dubitativos. No precisábamos el lugar por donde debíamos tirarnos al terreno. En estas circunstancias se hizo patente el temple y la decisión de José Antonio ante la posibilidad de que pudiéramos ser detectados antes de realizar la acción. Nos conminó a todos a que lo siguiéramos. Ya era el Jefe natural. Nos encaminamos hacia una de las entradas del terreno del Estadio que coincidía con la primera base. De inmediato una nueva orden del gordo (nos conminó) a desplegar la tela. Corrimos hacia el palco de la primera almohadilla y nos fuimos tirando para el terreno. Por cierto, no habíamos calculado la altura y al caer nos resentimos, pero a ello se impuso la conciencia revolucionaria del hecho y nuestra juventud (...).”93

Ante el inusitado acontecimiento, los peloteros, el público y hasta los policías presentes quedaron atónitos. Sin embargo, unos segundos después, mientras los estudiantes corrían por la segunda base con la tela desplegada, comprendieron rápidamente el propósito que los animaba. La respuesta de los presentes no se hizo esperar. “Los espectadores, – recordará Osmel Francis de los Reyes en 1989 – con sus gritos y aplausos respaldaban el desafío de aquellos estudiantes a Batista. Se sentían los gritos de ABAJO LA TIRANÍA, VIVA LA FEU. Se escuchaban las voces como olas ensordecedoras ”.94
Las fuerzas represivas destacadas en el Estadio, aunque se desconcertaron inicialmente, se abalanzaron poco después, contra las estudiantes, quienes habían logrado llegar hasta la zona del jardín central y avanzaban de frente rumbo a la tercera base. El enfrentamiento con la policía y los esbirros vestidos de civiles presentes en el Estadio fue inevitable. No obstante, ni las ametralladoras ni las pistolas y clubes (toletes) que portaban atemorizaron a los estudiantes, quienes – fortalecidos por los gritos de respaldo del público – respondieron a la agresión con puñetazos y patadas.
En medio de aquella batalla campal, un grito viril y enérgico frenó un instante la acción de la jauría policial: “Basta, yo soy la autoridad en el terreno y no permito que se continúe golpeando a estos jóvenes”.95 Era la voz del umpire Roberto Amado Maestri Menéndez96, quien con su valiente y decidida actitud paralizó la despiadada acción represiva de los sicarios del régimen. Gracias a esta acción, que tuvo una amplia repercusión en la prensa nacional97, recordará el ya citado Osmel Francis de los Reyes:

“Nos detuvieron y trasladaron para la Décima Estación de Policía, situada en la Calzada del Cerro. Después de varias horas de encierro fuimos puestos en libertad. Así se cerraba el primer y más sobresaliente capítulo que ejecutará la FEU bajo la dirección de José Antonio en rechazo a la tiranía recién entronizada”.98

En los meses finales de 1952, Echeverría comenzó a organizar en la Universidad grupos, de unos 20 o 30 estudiantes, con el objetivo de entrenarlos para futuras actividades insurreccionales. Para conformarlos, se auxilió de sus compañeros y amigos más cercanos, a cada uno de los cuales le encomendó la creación de uno de estos grupos para formar un destacamento de 100 o 150 estudiantes preparados para tomar parte en cualquier acción contra la Tiranía.
Desde el primer momento, orientó a sus compañeros que había que reunir a todos aquellos que estuvieran dispuestos a luchar y estratégicamente dispuso que había que:

“... trabajar con todo el mundo. Aunque existían contradicciones con algunos grupos por la posición política vacilante de éstos o por otras causas, él insistió en que se tratara de captar a todo el que estuviese dispuesto a combatir, a fin de alcanzar con el apoyo de ellos la dirección de los estudiantes universitarios.
En la primera etapa, es decir, en los meses finales de 1952, la labor principal se centró en hablar con la gente y tratar de nuclearla” . 99

Como consecuencia de este proceso y gracias a la labor desarrollada por él con la ayuda de Faure Chomón Mediavilla, Juan Pedro Carbó, José Machado (Machadito), Manuel Alepuz, José Venegas, Luis Blanca, Orlando Pérez y Cheo Silva, entre otros de sus más cercanos amigos y colaboradores, se crearon los primeros grupos en las Escuelas de Derecho, Arquitectura, Ingeniería y Medicina. La principal limitación para llevar adelante esta tarea fue la falta de armamento; no obstante, se comenzaron los entrenamientos bajo la dirección de Léster Rodríguez, Pedro Miret, Faure Chomón Mediavilla y otros compañeros que tenían algún conocimiento militar y armamentístico.
Desde entonces, la búsqueda y adquisición de armas, “... los hierros, como comentaba jocosamente con sus compañeros”100, fue una de sus preocupaciones constantes. Sin embargo, esta tarea no era completamente nueva para él, ya que, como es sabido, desde que Batista propinó el Golpe de Estado, concentró su atención en este asunto. Recordemos, por ejemplo, que en una de las visitas realizadas a su ciudad natal, en el primer semestre de 1952, logró contactar a través de uno de sus familiares con una figura del autenticismo, cuyo nombre desconocemos, que prometió entregarle algunas armas.

“En esos días – como bien apunta Julio García Oliveras en su libro “José Antonio: La lucha estudiantil contra Batista – se tenían esperanzas de rescatar parte del abundante armamento del que habían dispuesto los pandilleros políticos. A su regreso a la Universidad comentó entusiasmado el asunto con sus compañeros. Esta primera promesa, al igual que muchas posteriores, nunca llegaría a materializarse”.101

Mientras se concretaban los planes para emprender una acción de peso en La Habana, una de las primeras tareas encomendadas a los grupos organizados por José Antonio y sus compañeros, fue la de chequear las estaciones de policía de la capital para determinar el número de hombres que tenían cada una, su armamento, horarios y otros detalles.
También, se discutió mucho por estos días, la manera en que debía coordinarse el apoyo de los sectores obreros a la acción que se gestaba y a la que comenzó a llamar, jocosamente, “La Gloriosa” alertando a sus seguidores que seguramente “... no iban a quedar muchos de ellos vivos”.102. Por esta época, no era raro verlo transitar por la plaza Cadenas de la Universidad: “Con su sonrisa amplia y carismática personalidad, ponía la mano sobre el hombro de algún compañero y acuñaba su frase: Cuídate, que de los buenos quedamos pocos”.103
En diciembre de 1952 el Gordo despide el año en Cárdenas junto a familiares y amigos. En esta ocasión, lo acompaña su novia María Esperanza Muñiz, una de las más bellas habitantes de “La Bombonera”, Casa de huéspedes para señoritas ubicada en los alrededores de la Universidad y que era muy famosa entre los estudiantes universitarios por la belleza de las muchachas que se hospedaban en ella y por su ambiente monástico. El momento es propicio para que se haga tirar por el fotógrafo cardenense Haro, el 31 de diciembre, una foto junto a ella104. Con anterioridad, durante el transcurso de 1952, se había tirado en su compañía, en la capital del país, otras fotos, entre ellas una muy hermosa y tierna en el ámbito de la ya citada Bombonera105.

V
1953 fue un año muy significativo para el movimiento estudiantil cubano. Se conmemoraba el Centenario del natalicio del Héroe Nacional Cubano y aunque parecía – como expresó Fidel Castro Ruz en su alegato conocido como La Historia me Absolverá - que el Apóstol iba a morir en el Año de su Centenario y que su memoria se extinguiría para siempre, tanta era la afrenta; los estudiantes universitarios, codo a codo con los jóvenes de la llamada Generación del Centenario, no dejaron morir sus ideas y pensamientos más radicales, antiimperialistas y revolucionarios.
A la vanguardia de este proceso marcha José Antonio, quien de regreso a la Universidad, luego de las cortas vacaciones navideñas, continuará la labor emprendida por él y otros compañeros durante el transcurso de 1952 para lograr, mediante las acciones de protesta y la lucha armada, derrocar al Tirano.
Por tal motivo, se intensifican a principios de 1953 los entrenamientos con armas, a partir del mejoramiento de las relaciones existentes entre el Gordo y Aureliano Sánchez Arango. Este hecho concita la preocupación de varios estudiantes, quienes no ven con buenos ojos los lazos que se establecen por esta época entre el futuro Presidente de la FEU y elementos poco honrados de la Triple A.
Por tal motivo, el dirigente estudiantil trató de convencer de inmediato a sus alarmados compañeros, de que el quid de la cuestión estaba en impedir que estos sujetos fueran a realizar solos alguna acción insurreccional contra Batista, por eso era importante estar cerca de ellos, para que el futuro de Cuba no cayera en sus manos.
Una de las primeras actividades organizadas por la FEU en 1953 fue la conmemoración, el 10 de enero, del 24 Aniversario del asesinato en México de Julio Antonio Mella. Para la ocasión, se acordó por el Comité 10 de enero2, creado en la Universidad a fines de 1952, colocar un busto de yeso del destacado luchador comunista - donado por un escultor de la calle Galiano - en la zona de parqueo existente en la Plazoleta de San Lázaro, frente a la Escalinata universitaria.
Aunque la soldadesca trató inútilmente de disolver el sencillo acto, el busto finalmente fue emplazado. Durante la conmemoración, a la que asistieron, entre otros, Raúl Castro Ruz, Conchita Portela, Léster Rodríguez, Fructuoso Rodríguez y cerca de un centenar de estudiantes, se cantó por los presentes el Himno Nacional y usaron de la palabra José Antonio; Álvaro Barba, Presidente de la FEU y otros dirigentes estudiantiles.
Cinco días después, el miércoles 15 de enero, los primeros estudiantes que encaminaron sus pasos hacia la Colina, hallaron que el busto había sido profanado en la madrugada de este mismo día. Al conocerse la noticia de que el monumento había amanecido manchado de tinta y chapapote, la ira se expandió por los predios universitarios.
La mayoría de los estudiantes, entre ellos, por supuesto, Echeverría, se incorporaron a la protesta dejando las aulas vacías. A media mañana, todas las actividades universitarias se hallaban paralizadas. Muy pronto, la FEU organizó un pequeño acto de desagravio en el que hablaron, entre otros dirigentes estudiantiles, José Antonio.
Poco después, hizo su aparición la policía en las inmediaciones de la Universidad. Como respuesta a la provocación, coincidiendo con el ululular de las sirenas de los carros policiales, brotó desde el Alma Máter una lluvia de piedras, latones, botellas, etc.
La policía, mientras ocupaba posiciones, cerró con un nutrido cordón la intersección de las calles Infanta y 23; a pesar de que los obstáculos puestos por los estudiantes hacían imposible el cruce de vehículos por todas las calles aledañas a la Colina. Así mismo, se levantaron barricadas con latones de basura, gomas incendiadas, desechos, etc., se pusieron cables de poste a poste y se viraron, se lanzaron a la calle y se quemaron los barriles con chapapote que se hallaban almacenados en las cercanías de la Universidad y que estaban destinados por el Ministerio de Obras Públicas al arreglo de la calle San Lázaro.
El primer choque del día entre los estudiantes y la policía no se hizo esperar. El mismo se produjo como consecuencia del arriesgado, pero valiente acto de los estudiantes, de colgar en el semáforo existente en la esquina de 23 y L, en las mismas narices de las fuerzas policiales, un muñeco con un letrero que decía: Batista, asesino. Este muñeco, que por supuesto representaba al dictador, fue quemado poco después. Según el testimonio de Faure Chomón Mediavilla, uno de los participantes en este hecho:

“La policía sorprendida, trató de parlamentar siendo rechazada por la masa estudiantil.
A las 12 la policía comenzaba a disparar desde 23 y L, avanzando hacia 25 contra la concentración en L y 27.
Cinco heridos de bala fue el saldo de la mitad de la jornada en esta esquina ”.3
Juan Nuiry Sánchez4, quien vio por primera vez al Gordo durante el transcurso de esta protesta, ha escrito que:

“La pelea fue bastante desigual pues el seco tableteo de las ametralladoras era respondido con piedras y botellas...
No pasarían minutos y hubo que correr loma arriba llevando un herido que fue conducido al Calixto García. Pero ya eran cientos los estudiantes que participaban. Se nutrieron las fogatas. Desde las azoteas y balcones arrojaban – como ayuda – toda clase de utensilios.
A las tres de la tarde la situación era insostenible. Alguien llegó con la noticia que la policía iba a entrar en el recinto Universitario violando la Autonomía.
¡A la calle!. ¡A la calle! Resonó al unísono la masa estudiantil”.5

Inmediatamente, varios estudiantes presionaron a la dirección de la FEU para que orientara a las fuerzas estudiantiles, reagrupadas en la Colina, salir en manifestación, en señal de protesta por el ultraje de que había sido objeto el busto de Mella, hasta el Monumento erigido a la memoria de los estudiantes de medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871 en la explanada de La Punta. La idea, además, serviría para llevar la rebeldía estudiantil hasta el mismo centro de la Ciudad.
Como bien ha testimoniado Faure Chomón Mediavilla, la presión que ejercieron los estudiantes sobre la dirección de la FEU para que la protesta rebasara los marcos de la Universidad, sin que hubiera necesidad de acordarlo en una reunión convocada al efecto, tenía como objetivo fundamental “... hacer estallar definitivamente aquella dirección vacilante y entreguista”.6
No obstante: “Se reunieron. Sobre las tres de la tarde consideraron que ya era suficiente lo que se había hecho. Fueron callados por el clamor estudiantil y voces que los llamaron traidores. Cuchichearon que había que aprobar la manifestación o serían barridos”.7
Alrededor de las 5:00 p.m., recordará en 1966 Juan Nuiry Sánchez, “... la inmensa y compacta manifestación se desbordaba hacia la calle. En primera fila la dirigencia de la FEU con su presidente Álvaro Barba. A la vanguardia de la columna un mocetón alto y recio con un jacket de cuero alzaba la bandera de la estrella solitaria, con irresistible fuerza y empuje”8. Era José Antonio.
La masa estudiantil había ocupado su puesto en las primeras filas y “... arrancó. Empujó a boquiabiertos dirigentes. San Lázaro abajo marchó la manifestación”9. Dejemos que sea el ya citado Nuiry Sánchez, testigo y participante directo en los hechos, quien nos narre con su acostumbrada maestría y excelente dosis de emoción, los acontecimientos que siguieron al momento, en que de los balcones cercanos a la escalinata dejaron de caer cosas sobre las cabezas de los asombrados policías y brotaron aplausos.
Según Nuiry, al bajar la escalinata se oyeron, cantadas por todos los presentes, las notas de nuestro Himno Nacional. De pronto, se escuchó:

“... como un torrente coreados por todos: ¡Abajo la dictadura!. ¡Abajo Batista!. Repitiendo toda aquella masa al unísono:
¡La cabeza de Batista, la cabeza de Batista!...
Al paso de los manifestantes los comercios cerraban. Había sido tal el empuje de aquella manifestación que la fuerza pública no pudo hacerle frente en Infanta.
Por la calle San Lázaro, brazo con brazo, lo que bajaba era una ola humana incontenible. La manifestación llegaba hasta Cárcel, a sólo unos cien metros del Mausoleo de la Punta.
De pronto una barrera de policías, soldados, marineros, carros de bomberos...
¡Atrás, atrás, sí no se disuelven disparamos, atrás!...
Se alzó la bandera aún más y la manifestación continuó.
¡Abajo la dictadura!. ¡Adelante!, fue la respuesta.
El carro de bomberos abrió paso al agua lanzando chorros a gran presión.
El agua tampoco detenía a nadie.
Y entre la cortina de los gases lacrimógenos y la cortina de agua se entabló una espectacular pelea.
En cuestión de segundos se oían las ráfagas del recio tiroteo.
Algunos ya se arrastraban penosamente alcanzados por las balas o derribados por los golpes.
Era un momento inenarrable cuando aquel grupo se abría paso por entre la fuerza pública, entre el fuego de las balas, el chorro del agua y los gases lacrimógenos, desafiando a los esbirros con los puños continuando con la bandera en alto su marcha hacia el Prado.
El cuadro era desastroso: una impresionante exhibición de cabezas rotas, camisas manchadas de sangre y empapadas de agua, brazos fracturados y ojos hinchados por las lágrimas provocadas por los gases.
Un estudiante es sacado en hombros, está gravemente herido.
Los que habían cruzado el cordón quedaron atrapados por los esbirros ”.10

El saldo de aquella heroica jornada fue de varios detenidos, entre ellos, se encontraban José Antonio, quien volvió a enfrentarse nuevamente a los sicarios del régimen cuando, puesto en libertad al caer la tarde, regresaba a la Universidad, Fidel Castro Ruz, José Machado (Machadito), Juan Pedro Carbó Serviá y Álvaro Barba, Presidente de la FEU.
Numerosos estudiantes también fueron golpeados y heridos, entre ellos Barba, el Gordo y Rubén Batista Rubio, este último de extrema gravedad. Batista Rubio, estudiante de Arquitectura, falleció veintinueve días más tarde, el viernes 13 de febrero11. Su sepelio fue precedido de un gigantesco desfile hasta el cementerio, al que no faltaron – formando filas detrás del cortejo fúnebre - José Antonio y otros miembros de la Claque, los cuales iban armados por sí la policía se atrevía, aunque no lo hizo, a reprimir el entierro.
Se convertía Rubén de este modo en la primera víctima estudiantil del periodo 1952 - 1958. El pueblo cubano asumió como algo muy suyo el duelo por la muerte de este joven de 21 años, cuyo féretro - cubierto con la bandera cubana - fue velado en el Aula Magna de la Universidad. Terminado el entierro, en el que estuvo también presente el joven abogado Fidel Castro Ruz, el regreso del cementerio se convirtió a todo lo largo de la calle 23 – sin que las fuerzas represivas hiciera nada por evitarlo – en otra manifestación de protesta.
Entre los estudiantes que se enfrentaron con más valor y denuedo a las fuerzas policiales durante los sucesos del 15 de enero se hallaba el Gordo, quien se enfrascó – en opinión de Juan Nuiry – “... en una lucha cuerpo a cuerpo, con tal decisión, arrojo y valentía como jamás había visto a nadie”.12
Faure Chomón Mediavilla, ha recordado en una entrevista concedida al periódico Juventud Rebelde, que como consecuencia del violento choque con la policía que se produjo en la calle Prado, todos los manifestantes se hallaban:

“... golpeados, empapados en agua, pero los de la bandera nos abrazábamos fuerte para que nunca cayera al suelo. De pronto sentí que me levantaban por el aire, y alguien me metió en una cafetería: era José Antonio. Te van a matar, me dijo él y yo me sorprendí: A él también ¿no?, y a todos los que estábamos allí... Entonces se da cuenta de mi turbación y me explica: te estaban apuntando”.13

Se ponía así de manifiesto, en medio de aquella refriega, otro de los rasgos sobresalientes de la personalidad del líder estudiantil, su preocupación constante por el cuidado y preservación de la vida de sus compañeros. Sorprende, además, como “... mientras daba y recibía puñetazos, (...) tuvo el dominio de observar que el enemigo amenazaba a un compañero, que ni siquiera era de los más cercanos hasta ese momento, y corrió a salvarlo a riesgo de su vida”.14
Renato Guitart envió desde Santiago de Cuba el 23 de enero a Rolando Cubela, quien residía con Echeverría en la casa de huéspedes de la calle J No. 559, un telegrama urgente que decía: “Quisiera pasar fin de semana con ustedes. Avisa familia15. Digan sí no hay inconvenientes. Contesta urgente. Renato”.16 Durante la corta estancia del joven en la Capital, este se entrevistó – como eran sus propósitos - con José Antonio, Rolando Cubela y otros compañeros, compartiendo con ellos sus criterios e ideas políticas.
Cuatro días más tarde, en la noche del 27 de enero, vísperas del Centenario del natalicio de José Martí, la dirección de la FEU, conminada y apoyada por los estudiantes más radicales y revolucionarios de la Universidad, entre los que se encontraba el Gordo, decidió rendir homenaje al Héroe Nacional cubano. Por tal motivo, se decidió marchar en horas de la noche, portando simbólicas antorchas, hacia la Fragua Martiana, sitio ubicado en las antiguas canteras de San Lázaro, en las que José Martí sufrió los rigores del Presidio.
Contrariamente a lo que se pensaba, la policía no reprimió la manifestación, quizás por un posible entendimiento con las fuerzas represivas de algún dirigente estudiantil, como sospecharon José Antonio y otros compañeros o, tal vez, para no dar una mala impresión a la prensa y las personalidades extranjeras que se hallaban en la Capital del país participando en los actos del Centenario17. No obstante, los estudiantes – como bien rememoró Léster Rodríguez, dirigente universitario y combatiente del Moncada, en un encuentro con varios participantes en esa Marcha, efectuado en 1998 en el Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana - “... a los palos de las antorchas les habíamos puesto clavos para defendernos”.18
La FEU adquirió la brea, la estopa y todo cuanto era necesario para confeccionar las antorchas y sumó a la Marcha a los delegados al Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud, evento que sesionó en La Habana el 26 y el 27 de enero de 1953, a varios trabajadores y a numerosas integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas. Aquel día, el pueblo de la Capital tuvo también la oportunidad de ver por primera vez, desfilando organizados, a los futuros asaltantes del Cuartel Moncada.
“Se juntaron todos – recordará 25 años después Léster Rodríguez - bajando por la parte derecha de la Escalinata; dentro de la algarabía de la juventud allí reunida, se veía el grupo de Fidel compacto, con una disciplina militar fruto de los entrenamientos.”19
Cerca de la medianoche, miles de estudiantes y de hombre y mujeres del pueblo, a pesar de la campaña de mentiras desatada por el régimen para evitar la participación de la población en los actos convocados por la FEU desde el 26 de enero, comenzaron a descender de la Colina para – como dijera uno de los participantes en aquella histórica Marcha, el Dr. Armando Hart Dávalos, Director de la Oficina del Programa Martiano – “... ascender al pueblo y tomar el cielo por asalto”.20
El desfile lo encabezaba una gigantesca bandera sostenida por varias estudiantes universitarias y de los institutos de Segunda Enseñanza, seguida del ejecutivo en pleno de la FEU y las mujeres martianas. “Una visión a distancia – recordará en 1998 Jesús Montané Oropesa, uno de los jóvenes que desfiló junto a Fidel Castro Ruz – posibilitaba apreciar un río de lengüetas de fuego que, cerca de las 11: 30 de la noche, comenzó a avanzar por San Lázaro hasta la calle Espada”21. Los gritos de Revolución, Revolución, coreados por todos los asistentes a la marcha, pronto se convirtieron, en opinión de Aída Pelayo, nacida como José Antonio en Cárdenas y que fue Presidenta del Frente Cívico de Mujeres Martianas, en “... un torrente atronador que hizo más espectacular la nutrida e impresionante manifestación”.22
En el mes de febrero, en vísperas de la celebración de los tradicionales carnavales habaneros23, los grupos formados en la Universidad en 1952 por iniciativa de José Antonio y con la ayuda de otros compañeros, fueron citados por él y por otros dirigentes estudiantiles para impedir el éxito de las festividades.
A cada grupo seleccionado se le asignó un día determinado y se le dio la misión de regar en las calles por donde transitaría el paseo, puntillas y tachuelas con objeto de ponchar los neumáticos de los vehículos que tomaran parte en el mismo. Como consecuencia de estos hechos, que fueron muy comentados por la prensa de la época, fueron detenidos varios estudiantes, acusados de entorpecer el buen desenvolvimiento de los festejos. Por su participación en estos hechos Echeverría fue golpeado por las fuerzas policiales.
Durante el transcurso del mes de marzo, se realizaron las elecciones para conformar el ejecutivo de la FEU. En esta ocasión, gracias a las sucias maniobras de los politiqueros universitarios, fue derrotado Álvaro Barba, quien apoyaba la línea insurreccional, y electo Presidente del máximo organismo estudiantil Joaquín Peláez, el cual había sido designado poco antes Presidente de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura. José Antonio, quien había sido elegido nuevamente en este curso como Vicepresidente de la mencionada Asociación de Estudiantes rechazó enérgicamente las maniobras orquestadas para derrotar a Barba, cortó los vínculos con Peláez, el cual llegó incluso a viajar a Miami para entrevistarse con Carlos Prío Socarrás, quien buscaba por esos días un acuerdo electoral con Batista, y se enfrentó a los políticos oportunistas que rondaban la Universidad.
A partir de este momento, desarrollará diversas acciones encaminadas a lograr la eliminación en las filas del movimiento estudiantil de los elementos seudorevolucinarios y a radicalizar el enfrentamiento del estudiantado revolucionario con las fuerzas del Dictador.
El 10 de marzo, fecha que fue declarada por la FEU Día de Duelo Nacional al cumplirse el I aniversario del nefasto Golpe de Estado dado por Batista, los estudiantes universitarios salieron nuevamente a las calles de La Habana24, organizando una manifestación que terminó en un violento encuentro con la policía. Como consecuencia de este hecho, José Antonio y 21 estudiantes más fueron detenidos y conducidos a la Novena Estación de Policía. Así mismo, tres participantes resultaron heridos por armas de fuego en la esquina de L y 23. Finalmente, los detenidos fueron puestos en libertad.
Unos días después, el 15 de marzo, luego de pasados varios meses de que se le radicara al Gordo y a otros compañeros la causa No. 110 de 1952 por el Tribunal de Urgencia de Matanzas, debido a su participación el 11 de junio de ese año en las actividades de la Jura de la Constitución en la Atenas de Cuba; es detenido en La Habana el líder estudiantil, en esta ocasión, por miembros del Buró de Investigaciones. Con posterioridad, teniendo, además, como agravante que no haberse presentado a varias citaciones judiciales, es trasladado a la Prisión de Matanzas, ubicada en el colonial Castillo de San Severino, sitio en el cual ingresa a las 12: 15 p.m. del día 16 de marzo.
En carta al Tribunal de Urgencia, escrita en Matanzas el mismo día 16 y que se conserva en el Archivo Histórico Provincial en el Expediente de la Causa 110/52, el Gordo aclaró su situación, indicándole a las autoridades:

“Que de modo alguno mi falta de asistencia al Juicio se debió al incumplimiento de la orden de la Audiencia que tiene todo mi acatamiento y respeto, sino que el hecho se debió a no haber llegado a tiempo oportuno la cédula de citación.
Y hallándome en período de exámenes en la Facultad de Ingeniería y Arquitectura en la que estoy matriculado, me supone un grave quebranto esta prisión provisional y más cuanto me estimo inocente de todo delito, y el hecho acusado, en sí mismo, es intrascendente y carente de toda violencia, razón de más para pensar que nunca pude proponerme rehuir la comparecencia ante el tribunal y que mi prisión debe cesar”.25

Enterados de que el líder estudiantil se hallaba detenido, el propio 16 de marzo se trasladaron a Matanzas para investigar su paradero, Álvaro Barba y otros dirigentes estudiantiles universitarios. Gracias a las gestiones realizadas por ellos en la Audiencia de Matanzas, el 17 de marzo el Gordo fue puesto en libertad. Unos días más tarde, el 6 de abril, se celebró el juicio, siendo absuelto por el Tribunal.
El día anterior al proceso judicial, un grupo de revolucionarios había sido detenido en La Habana, acusados de participar en el frustrado intento de tomar la base militar de Columbia, acción que había sido encabezado por Rafael García Bárcenas, fundador del Movimiento Nacional Revolucionario creado en la Universidad el 20 de mayo de 1952.
En el hecho, que contaba - según las declaraciones oficiales del gobierno de Batista – con el apoyo de varios militares, participaron Armando y Enrique Hart Dávalos, Manolo Carbonell, Faustino Pérez, Joe Westbrook y otras figuras indisolublemente vinculadas a la Universidad; a pesar, de que José Antonio había aconsejado a sus compañeros que no se sumaran a la conspiración, pues le preocupaba la participación en ella de miembros del Ejército batistiano. Además, sabía que la escasez de armas con que contaban los conspiradores no garantizaría el éxito de las acciones ni sus resultados.
El 15 de junio solicitó matricula gratis en la Universidad de La Habana, para estudiar en su Escuela de Ingeniería Agronómica y Azucarera, José Smith Comas, destacado líder estudiantil cardenense y futuro expedicionario del yate Granma. Desde entonces, Echeverría, quien conocía la actividad revolucionaria desarrollada por él en su ciudad natal, le encomendará numerosas tareas. Entre las más importantes cumplimentadas por este destacado revolucionario, estuvo la creación de núcleos estudiantiles en la provincia de Matanzas para combatir al Tirano y la de ponerse en contacto con los sindicatos obreros matanceros.
En el verano de este año, una parte del cual – sobre todo los fines de semana - pasa en compañía de sus familiares y amigos en Cárdenas y Varadero, sorprende al Gordo la noticia del asalto al cuartel Moncada protagonizado por Fidel Castro Ruz y un grupo de jóvenes de la llamada Generación del Centenario. Entre ellos, se hallaba su amigo Renato Guitart, quien cayó heroicamente en esta acción.
Según Julio García Oliveras, en la madrugada del domingo 26 de julio “... una persona conocida, una mujer, llamó a José Antonio y le dio la noticia sobre los hechos que se desarrollaban en Santiago de Cuba”.26 Inmediatamente, el líder estudiantil se reunió en horas de la mañana de ese mismo día con varios de sus compañeros en el hospital universitario “Calixto García”.

“Allí – afirma García Oliveras, quien estuvo presente en el encuentro – comenzaron a intercambiar informaciones y a tratar de apreciar el desarrollo de los acontecimientos. La certeza de que se trataba de una acción de Fidel y sus compañeros se definió desde el inicio. La ausencia de algunos conocidos, a los que se trató de localizar, confirmó el pronóstico. Se discutió sobre qué medidas tomar, pero la información era escasa y tratándose de un domingo, día de receso de las actividades universitarias, se hacía difícil actuar. Por la televisión se transmitían las regatas que se efectuaban en Varadero, y en las pantallas apareció la imagen del dictador entregando los trofeos a los vencedores27. La señal era preocupante”.28

Según el ya citado García Oliveras, fue testigo de:

“... la conmoción que sacudía a José Antonio y su frustración por no participar en aquella heroica acción revolucionaria. El Moncada dejó profundas huellas en Echeverría que siempre recordaba la acción en sus discursos revolucionarios. La muerte de Renato (...) se convertiría en un sagrado compromiso ”.29

Desde entonces, más de una vez y hasta el final de su vida, El Gordo se lamentó de no haber participado en este hecho, como consecuencia del cual fue cercada la Universidad, y se le oía repetir con frecuencia: “¡Ni mi amigo Renato Guitart me lo comunicó! ”.30 Desde entonces, bien ”... en Cárdenas o en las casas de huéspedes donde residió en La Habana, tuvo una foto de Renato Guitart en su habitación (...)”.31
En los días que siguieron a los sucesos del Moncada, marcados por la suspensión de las actividades docentes32, con el apoyo del Presidente de la FEU, quien consideró la medida prudente para evitar problemas en la Universidad, institución que fue rodeada por un cordón de policías con armas largas; José Antonio conversará con frecuencia con sus compañeros, acerca de la necesidad de organizar otra acción como aquella, aún a costa de su propia vida. Así mismo, al analizar los detalles de este hecho y valorar la reacción criminal del régimen frente a cualquier acto liderado por las fuerzas de oposición señalaba:

“... que el hecho del Moncada había demostrado que el único camino por el que se podía combatir a la dictadura era el de la lucha armada. Desde la Universidad de La Habana, movilizaría a todo el estudiantado bajo esta consigna. Estimó que había llegado el momento de aspirar a presidente de la FEU, ganando previamente la presidencia de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura. Movilizó a los compañeros que se reunían en torno a él bajo este plan y fijó también el objetivo de conquistar el triunfo en otras Escuelas, a fin de asegurar su elección a la máxima dirección estudiantil”.33

El 1 de septiembre, el Gordo realiza su solicitud de matrícula para el curso 1953 – 1954, la cual es asentada con igual fecha en el Libro Registro correspondiente de la Universidad de La Habana con el número 510. Por esta época, continuaba residiendo en la Casa de Huéspedes de la calle J No. 559 en el Vedado. En esta ocasión matriculó las asignaturas: Proyectos arquitectónicos, segundo curso; Construcciones arquitectónicas; Ornamento y decoración interior; Acuarela; Teoría del Hormigón Armado y Agrimensura (Curso para Arquitectos).
En el documento se hizo constar que llevaba dos asignaturas como arrastre: Proyectos Arquitectónicos, primer curso y Mecánica Aplicada para Arquitectos, segundo curso, así como que había matriculado condicionalmente la asignatura de Análisis Matemático (Cálculo Diferenciado Integral). Además, se da cuenta de que de las asignaturas matriculadas por él en este curso, tres, con un total de 24 horas semanales, tenían validez académica, mientras que 6 no poseían esta característica.
El curso 1953 – 1954 se inició en la Universidad de La Habana el 9 de noviembre. Poco después, se comenzó en los predios universitarios el proceso eleccionario, el cual tendría su culminación el 23 febrero del siguiente año. Desde entonces, José Antonio, quien había lanzado su candidatura a la presidencia de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura; Julio García Oliveras y otros compañeros participaron activamente en este proceso con objeto de “... expulsar de la Universidad - como ha afirmado el propio García Oliveras - a los elementos integristas y serviles de la dictadura y, sobre todo, llevar a la dirección de la FEU a verdaderos representantes de los intereses de los estudiantes”.34
Para lograr estos propósitos, a finales de 1953 se comienza en las diferentes escuelas que conformaban la Universidad, como bien ha explicado Julio García Oliveras:

“... un trabajo profundo con la masa estudiantil para explicar la situación y las tareas de la lucha revolucionaria, llevando adelante una gran movilización de los estudiantes. Ya la masa se acercaba a José Antonio, Fructuoso, Barba, Silva y otros que representaban la línea insurreccional contra Batista. En los meses pasados, durante las manifestaciones y actos habían conocido el valor y decisión de estos dirigentes frente a las fuerzas represivas. Sus nombres ya eran respetados y queridos dentro del estudiantado. José Antonio impresionaba a sus compañeros estudiantes por su carácter alegre, que contrastaba con su gran responsabilidad y decisión de lucha”.35

En los días finales del mes de diciembre de 1953, el Gordo viaja a Cárdenas para pasar en compañía de sus padres y hermanos el fin de año. No tenemos noticias sí en esta ocasión lo acompañó, como el año anterior María Esperanza Muñiz, su novia, a la cual dedica el poco tiempo libre que le dejan los estudios y su intensa actividad revolucionaria. La ocasión es propicia para reunirse con varios de sus amigos, algunos de los cuales se hallan muy comprometidos con la lucha que se libra a lo largo y ancho de todo el país para derrocar al Tirano.

VI
El 4 de enero de 1954, al reincorporarse a las actividades docentes, José Antonio y sus más cercanos compañeros, sin descuidar los estudios, que cada vez se tornan más complejos y difíciles, reinician en la Universidad las actividades encaminadas a obtener, en las elecciones del 2 de febrero de este mismo año, la presidencia de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura para, una vez ocupado este cargo, aspirar el día 23 de igual mes a la de la FEU. De este modo, el Gordo se oponía a las aspiraciones de reelección de Joaquín Peláez , quien había sido elegido el pasado curso como Presidente de la FEU y de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura
Con objeto de impulsar la campaña electoral a favor de Echeverría, se movilizan inmediatamente a los grupos revolucionarios que se hallaban constituidos ya en las Escuelas de Arquitectura, Medicina y Derecho y se nombran activistas en las otras. Entre los objetivos primordiales de estos grupos y activistas estaban: el apoyo a los candidatos designados por el movimiento revolucionario estudiantil para presidir las Asociaciones de Estudiantes existentes en la Colinas; así como, trabajar de común acuerdo en todas las Escuelas.
Durante las semanas que antecedieron al día señalado para las elecciones estudiantiles, los estudiantes que apoyaban la candidatura de José Antonio llevaron a cabo, como bien ha afirmado Julio García Oliveras, una:

“... intensa campaña de propaganda y agitación para asegurar su triunfo en Arquitectura. Muchachas estudiantes de medicina y de otras Facultades se trasladan a la Escuela de los arquitectos para movilizar a sus compañeros a fin de que apoyen a José Antonio. Pintan carteles humorísticos a favor de su candidato, y con ellos cubren virtualmente las paredes del centro docente. ”.2

Agregando en otra de sus obras sobre el líder estudiantil y la lucha contra Batista:

“Los compañeros, además del trabajo de explicación sobre los fundamentos de la lucha y de la captación de los estudiantes, se dedican a realizar trabajo voluntario para resolver algunas necesidades del estudiantado. En aquellos momentos era seria la escasez de libros de texto. Los compañeros de Echeverría, trabajando noches y madrugadas, logran reproducir los libros más importantes de la carrera, los cuales distribuyen gratuitamente. Los conspiradores de otros momentos pasan largas horas tras la palanca del mimeógrafo trabajando para asegurar el triunfo. Se distribuyen materiales de dibujo, obtenidos como propaganda de casas comerciales, entre los más necesitados. Nunca antes en la Escuela y en la Universidad se había visto un despliegue tan amplio y entusiasta a favor de un candidato. Y sobre todo, Echeverría, con su atractiva personalidad, su honradez revolucionaria y su entrega completa a la lucha, va ganando adeptos frente a un candidato que domina los años superiores y que representa a la FEU”.3

Para la propaganda de la candidatura se aprovechó el sobrenombre de Manzanita, que José Antonio se había ganado, por sus cachetes rosados, entre “... los menos allegados, la masa estudiantil que lo admiraba, lo seguía...”4, recordó en 1997 la Dr. Talía Laucirica, una de las jóvenes que trabajó incansablemente para lograr que el Gordo ocupara la presidencia de la FEU.
Usamos – afirmó con orgullo - “... las manzanas como símbolo de la frescura, de la lozanía, tanto de su propia cara, de esa aureola muy personal suya, de su corazón, como de los propósitos y objetivos que perseguía”5. La ocasión fue propicia para regalar a las muchachas de la Escuela de Arquitectura, sobre todo, a las de nuevo ingreso, un pañuelito blanco6 adornado con manzanitas rojas pintadas al óleo.
Quizás este hecho motivó que aún hoy, muchas personas llamen a José Antonio con el sobrenombre de Manzanita, denominación con cual nunca ha estado de acuerdo su compañero de luchas Julio García Oliveras, quien en 1963 expresó en este sentido:

“Eran aquellos tiempos cuando alguien comenzó a llamarle Manzanita. El nunca se disgustó.
Pero después, cuando lo veíamos avanzar a la cabeza de las manifestaciones, hacia los golpes, los manguerazos, los palos y los tiros; cuando lo vimos caer una y otra vez, su cuerpo ensangrentado, para levantarse nuevamente con más vigor, cuando lo vimos, junto a René Anillo Capote, darle el contenido antiimperialista de que carecía hasta ese momento la lucha universitaria contra Batista, su figura se fue agigantando en nuestros corazones. (...) se ganó un respeto filial, en ningún momento reñido con la camaradería. Entonces ya nadie se atrevía, por inconsciente autocensura, a llamarle Manzanita. Aunque se le continuara llamando cariñosamente El Gordo. Por eso, cuando veo algunas publicaciones, cuando leo algunos versos, cuando oigo a algunas personas que no lo conocieron, llamándole Manzanita, me causan cierto disgusto”.7

Por cierto, en entrevista concedida en 1996 a la periodista Alina Perera Robbio del periódico Juventud Rebelde, René Anillo Capote confesó que los amigos y compañeros de luchas de José Antonio le decían el Gordo, “... pero en verdad no era tan gordo. Más bien era alto y de complexión fuerte. Seguro que ese apodo era porque él pesaba unas 180 libras, mientras casi todos sus amigos estábamos demasiado flacos”. 8
Armando Carbonell Busto, compañero de José Antonio en la Escuela de Arquitectura, recordó en 1982 que cuando Echeverría decidió aspirar al cargo de Presidente de la Asociación de Estudiantes de ese plantel se hizo:

“Tremenda divulgación (...).
Carteles y caricaturas con su figura por casi todas las partes de la escuela. Hicimos resúmenes de las asignaturas para los estudiantes de primer y segundo años donde la matrícula era superior, y al final: ¡Voten por José Antonio!. Cualquiera de nosotros se paraba sobre las mesas y pronunciaba un discurso para que votaran por el Gordo. Era la realidad de la etapa; pero, cabe señalar que efectuamos una propaganda sana, basada en la alegría juvenil que siempre ha caracterizado a los universitarios. Y con un objetivo honesto”. 9

Como parte de la campaña electoral, José Antonio, quien se halla al frente de un grupo denominado “Pro Reforma Universitaria”, lanza su programa, en el que se contemplaban las pautas fundamentales a seguir en las luchas universitarias. Además, propone trabajar en pro de un nuevo edificio10 para la Facultad de Arquitectura, la cual se hallaba por entonces ubicada en el local de la Escuela de Ingeniería; demanda la modernización del plan de estudios, con objeto de adecuarlo a las nuevas corrientes de la especialidad; propugna la discusión amplia en las asambleas de estudiantes de los problemas que obstaculizan el buen funcionamiento de la Escuela y define, en el único punto de carácter nacional que aparece en su programa, la firme oposición de los estudiantes de la carrera, quienes apoyan con entusiasmo y en todas sus partes el documento, al régimen de Batista.
El 2 de febrero, tal como estaba previsto, se desarrollaron en la Escuela de Arquitectura las elecciones, en medio de un excelente clima de entusiasmo y camaradería, resultando electo José Antonio como Presidente de la Asociación de Estudiantes. El primer paso para ganar la presidencia de la FEU había sido ganado. Aquel fue un día de fiesta para el Gordo y sus compañeros de luchas, pues estaban conscientes de que ahora sí se haría sentir con más fuerza en la Colina y en el resto del estudiantado cubano, la influencia del movimiento revolucionario.
A mediados de febrero, poco después de su designación como Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura, el Gordo participa en la organización en la Universidad de un Comité, el cual integra, para protestar e impugnar la orden dictada por el régimen de trasladar al Presidio Modelo, ubicado en la Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud, al estudiante Abelardo Crespo, quien había sido gravemente herido durante el ataque al Cuartel Moncada. También, participa activamente en los actos estudiantiles y de protesta que se suceden en este período.
El 23 de febrero se constituyó en el rectorado de la Universidad el Colegio Electoral11 para elegir al ejecutivo de la FEU. Por tal motivo, una gran masa estudiantil se concentró ese día en este lugar y en los alrededores de la Plaza Cadenas, para seguir con atención los resultados del proceso eleccionario, el cual despertaba expectación en todo el país y constituía noticia de primera plana en los medios de comunicación, puesto que este era seguido con atención, no solo por el estudiantado, sino también por la buena parte de la población.
Aunque Echeverría contaba con el apoyo de varios presidentes de las asociaciones de estudiantes, se orquestaron varias maniobras encaminadas a impedir el triunfo eleccionario del movimiento estudiantil revolucionario. En la primera votación que se efectúa este día, el Gordo obtiene 6 votos y 6 Greig, Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Ciencias Comerciales. Ante el empate, un Presidente se abstiene y hace un llamamiento a la unidad, tomando parte de este modo en las triquiñuelas preparadas por la oposición.
José Antonio propone a los presentes acogerse al llamado a la unidad. Se realiza una segunda votación y la totalidad de los votos van a parar a Germán Moré12, Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Pedagogía, quien resulta electo de este modo Presidente de la FEU. El Gordo, quien forma parte por primera vez del ejecutivo de la máxima organización de los estudiantes universitarios, es elegido Secretario General de la máxima organización estudiantil. A partir de este momento, como bien afirma su compañero de luchas Julio García Oliveras, será él “... quien oriente la línea de lucha de los estudiantes contra Batista”.13
De este modo, el movimiento universitario cubano entra:

“...en la etapa más importante de la lucha. Sus acciones han de pasar a la historia de nuestra Revolución. La memoria de Mella y de Guiteras será rescatada por el estudiantado revolucionario, que, bajo la dirección de José Antonio y Fructuoso, se lanzará al combate frontal contra la tiranía. El vacío dejado por los heroicos combatientes del Moncada se llenará con la ofensiva estudiantil. La Isla se estremecerá de Oriente a Occidente con las valientes y repetidas acciones de los universitarios y de los estudiantes de la enseñanza secundaria, de Artes y Oficios, de las Escuelas Normales, e incluso de las escuelas privadas”.14

El 5 de marzo se publica El Mundo y en otros periódicos de la capital del país un manifiesto de la FEU con la firma del Gordo, en su carácter de Secretario General de la FEU, en el cual se fija la postura que asumirá la nueva dirección de la organización estudiantil, se patentiza la inmoralidad de las instituciones represivas, se ratifica, una vez más, la firme oposición del estudiantado cubano al golpe de estado propinado por Batista el 10 de marzo de 1952 y se presenta un pormenorizado análisis de la crisis en que estaba sumido el país.
Dos días más tarde, el 7 de marzo, la revista Bohemia publica una de las primeras entrevistas concedidas por José Antonio a la prensa cubana. En sus declaraciones a esta leída publicación, Echeverría reafirmó su convicción de que la FEU tenía la ”... moral para exigir reformas a cualquier gobierno futuro, porque desde el 10 de marzo ha estado luchando en la calle, derramando sangre de estudiantes, como la de Rubén Batista”.15
El 13 de marzo José Antonio asiste junto a sus compañeros de carrera a la inauguración del edificio de la Asociación de Estudiantes de Arquitectura, acto que, en medio de la campaña electoral que se libraba en el país, tenía evidentes rasgos demagógicos. El acontecimiento fue presidido por el Dr. Clemente Inclán, Rector de la Universidad; Joaquín Peláez, presidente de la FEU y de la mencionada Asociación, y otras personalidades. Durante la actividad, Peláez le concedió la palabra a Echeverría, quien reaccionó con rapidez y se refirió, a diferencia de los políticos que hablaron antes que él, a la lucha que era necesario librar contra la dictadura.
Por estos días, aprovechando la celebración en La Habana de los tradicionales carnavales, cuyos paseos eran presididos por las más destacadas figuras del gobierno, se organiza por El Gordo y sus compañeros de luchas una nueva acción de protesta contra el régimen, la cual se decidió realizar el domingo 28 de marzo. Por este motivo, el día anterior, José Antonio citó a varios de sus compañeros con objeto de informarles que ejecutarían una operación para denunciar la farsa electoral que preparaba Batista y para exigir la amnistía de los presos políticos.
En las primeras horas de la tarde de la fecha acordada, Álvaro Barba, Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, Osmel Francis de los Reyes, René Anillo Capote, Luis Blanca, Echeverría y otros dos compañeros, se reunieron en los alrededores de la Universidad, frente al camión de volteo que habían alquilado previamente16, al que adornaron con ramas de los árboles. Una vez allí, el líder estudiantil les explicó lo que harían al pasar frente a la tribuna presidencial.
Pocas horas después, al cruzar el camión frente a la presidencia, en la cual se hallaba disfrutando del Paseo carnavalesco Marta Fernández, esposa del Dictador, José Antonio y sus compañeros, quienes se habían puesto antifaces para no ser reconocidos17, frente a las cámaras de televisión y:

“Sin vacilar un momento – como afirma Julio García Oliveras – sacan una tela con lemas contra la dictadura y comienzan a gritar consignas revolucionarias. El efecto es fulminante. En la tribuna, después de algunos segundos de sorpresa, se forma un tremendo correcorre, durante el cual figurones del régimen y damas encopetadas se atropellan para escapar de una supuesta agresión. Los esbirros de la policía y del Servicio de Inteligencia Militar que protegen a las figuras del gobierno, se lanzan sobre el camión, y a lo largo del paseo – recuerdan algunos participantes en la acción – una mancha azul de agentes corre a rodear el vehículo. Cuando los agentes tratan de subirse al volteo, sus manos son golpeadas y aplastadas por los pies de los estudiantes que, de ese modo, se defienden del intento. El chofer es sacado violentamente del vehículo y molido a palos. Fallándole todos los intentos de subir y apresar a los revolucionarios, la policía decide voltear la cama del camión sobre la que se hallan los manifestantes. Es así como logran capturar a los estudiantes, que resbalan hasta el suelo”18
Durante el traslado de Echeverría y sus compañeros hacia la Tercera Estación de Policía19, ubicada muy cerca del lugar de los hechos, los esbirros se ensañaron con ellos y les propinaron una soberana paliza. Mientras les tomaban las declaraciones a los estudiantes, un batistiano enfurecido gritó que estos habían ofendido a Marta Fernández de Batista. Por este motivo, son apaleados y reprimidos nuevamente, en esta ocasión por el Coronel Conrado Carratalá y el Comandante Rey Castro. Los detenidos fueron arrojados a un calabozo, desde donde intercambiaron numerosas ofensas e improperios con los policías.
Poco después, los esbirros tratan de separar a Juan Pedro Carbó Serviá del grupo, alegando que era muy viejo – tenía 28 años – para ser estudiante universitario. Los prisioneros tratan de impedir este hecho y de nuevo se produce un violento enfrentamiento con los policías. José Antonio concentra su atención en la defensa de Carbó, al cual le han enrollado en el cuello los sicarios la tela enarbolada por los estudiantes frente a la tribuna y amenazan con ahogarlo. Según René Anillo Capote, uno de los participantes en este hecho, Carbó miró a José Antonio como si no pasara nada y le dijo: “Mira Gordo, qué jodedores, me quieren ahorcar...”.20
Quien revise las fotos que se conservan de este suceso, podrá darse cuenta inmediatamente que esta fue una de las golpizas más violentas que recibieron el líder estudiantil y sus compañeros durante la lucha contra la Dictadura. La acción trascendió y demostró, sobre todo, el carácter que el líder estudiantil pretendía dar al enfrentamiento directo con las fuerzas del régimen batistiano.
Echeverría y sus compañeros fueron conducidos al Castillo del Príncipe, en cuyo hospital tuvieron que guardar cama como consecuencia de las fracturas de huesos y los golpes recibidos. Mientras el fiscal de la Sala Quinta del Tribunal de Urgencia de La Habana solicitaba les fuera impuesta la pena de seis meses de cárcel, José Antonio valoraba con profundidad el significado que podía tener para la FEU y la Universidad que se les mantuviera presos hasta el 28 de septiembre de 1954.

“No se trataba solo – recordó en el 2000 desde las páginas de la revista Alma Máter René Anillo Capote – de que nosotros fuésemos a perder el curso de estudios, sino de algo más importante: la crisis en la dirección de la FEU se acentuaría y se pasaría a un nuevo curso académico bajo circunstancias más desfavorables. Para evitar tal coyuntura, no podíamos salir de la prisión mediante la fuga, sino por medio de un recurso no menos riesgoso desde el punto de vista personal, familiar e incluso político: la huelga de hambre. Este modo extremo fue observado con todo rigor por los estudiantes presos, quienes pedían que se fijase una pronta fecha de realización del juicio, pues entendíamos que la dilación del asunto conllevaría que el fiscal acercara la pena al tiempo por él solicitado, justificado en el período de prisión preventiva ”.21

Para sorpresa de los detenidos, a las 48 horas de iniciada la Huelga de Hambre, el General Dueñas, Jefe del Penal, comenzó a preocuparse por el estado de salud de los prisioneros, debido a la actitud seria y digna asumida por ellos y a que los estudiantes universitarios y los de los diversos centros de Segunda Enseñanza presionaban desde las calles de la capital y desde otros lugares del país.
Además, los abogados de los estudiantes, titulares de Derecho Penal de la Escuela de Derecho de la Universidad: “... se movían - al decir de René Anillo Capote - entre el Tribunal y el Consejo Universitario que, en la persona del rector Clemente Inclán, avalaba ante nosotros que el juicio se celebraría en abril, y nos pedía que, para tranquilidad de la Universidad y de nuestras familias, cesáramos en la huelga de hambre ”. 22
Durante la huelga, José Antonio desenmascaró en un documento que redacta en la cárcel, la componenda que rodeaba a los comicios que Batista quería realizar así como a los principales actores de la farsa electoral. En el Documento Privado a la Federación Estudiantil Universitaria, que firman sus compañeros de prisión, el Gordo indica:

“Nuestro acto fue encaminado a combatir la farsa electoral ya que enarbolamos una tela que decía Abajo la farsa electoral; probando en el salvaje atropello perpetrado en nuestro cuerpo, la situación de Cuba, carente de garantías y libertad.
”Considerando: Que en estos momentos la labor primera de la Federación Estudiantil Universitaria y la acción inmediata de todos los ciudadanos honrados, es combatir la farsa electoral que se avecina, ya que de realizarse esta, se consolidará el régimen de fuerza, ultraje e ilegalidades que padecemos hace dos largos años.
Por tanto: Sugerimos: La FEU redacte, con la mayor urgencia, un manifiesto al país, denunciando a todos esos politiqueros que traicionaron el juramento prestado a la Constitución en la escalinata universitaria y aceptaron públicamente la Solución Nacional planteada por la FEU, y hoy se conforman con que les dejen aspirar, traicionando así los postulados que dijeron defender (...).” 23

Gracias a la valiente actitud asumida por los estudiantes habaneros y por los de varias provincias del país, y a la movilización a favor de sus compañeros de la opinión pública, el juicio se celebró en el mes de abril. Afortunadamente, la causa por subversión se transformó en una acusación por desorden público, motivo por el cual fueron condenados por el Tribunal de Urgencia de La Habana a sólo 31 días de cárcel. No obstante, el Gordo y sus compañeros se convirtieron de este modo en “... los primeros sancionados políticos por desorden público, tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, hecho que fue reflejado en la prensa nacional: la revista Bohemia, la de mayor circulación, así lo consignó”.24
Durante su estancia en prisión, Echeverría conocerá con orgullo los detalles de la destacada participación de su hermano Alfredo, quien estaba muy identificado con sus ideales, en la manifestación que protagonizan el 21 de abril los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, con objeto de protestar por el fallo dictado por el Tribunal de Urgencia de La Habana.
Esta protesta concluyó en la calle de Céspedes y Tenería con un violento enfrentamiento entre los estudiantes y la policía. Como resultado de este hecho fueron detenidos 3 manifestantes, entre ellos Alfredo. Poco después, los estudiantes del Instituto cardenense protestan nuevamente, en esta ocasión por el arresto de sus compañeros, de los cuales solo es liberado el hermano del Gordo, por ser menor de edad.
El 29 de abril, José Antonio y el resto de los participantes en la acción protagonizada durante la celebración de los carnavales habaneros, fueron puestos en libertad. Según René Anillo Capote, el líder estudiantil:


“ ... sonriente, nos dijo a todos: ahora los puedo invitar al primer Festival Universitario de Arte, proyecto que él había impulsado con el propósito de oponerlo a la Segunda Bienal Hispanoamericana de Cultura, auspiciada por Franco y acogida con beneplácito por Batista. Más de uno entre los estudiantes excarcelados respondió bromeando: ¿tú crees que mi novia me va a dejar un minuto después de 31 días de ausencia y con los huesos rotos? ; además va a querer cuidarme. José Antonio, abarcando a todos con su mirada, nos recordó las célebres palabras martianas: para ser libres es preciso ser cultos”.25

Luego de cumplir la condena, el Gordo trabaja arduamente, con la ayuda de La Claque, para lograr que se reinicien las clases en la Universidad, la cual había sido cerrada por la dictadura batistiana con objeto de liquidar el movimiento revolucionario existente en la Colina. Así mismo, impulsa, con la especial colaboración de Joe Westbrook, el lanzamiento de la convocatoria al III Congreso de Estudiantes Secundarios y impulsa el homenaje que se rinde a Antonio Guiteras Holmes el 8 de mayo.
Pocos antes, el propio día en que fueran liberados el Gordo y sus compañeros, la FEU había citado al Congreso de Estudiantes Secundarios. Resulta necesario destacar, que como bien ha recordado recientemente Gustavo Robreño Dolz, uno de los participantes en este evento, el hecho de que como muchas asociaciones de estudiantes de la Segunda Enseñanza:

“... habían sido arbitrariamente clausuradas por el régimen batistiano o gobiernos anteriores, no resultó fácil lograr la coordinación que posibilitó una representatividad amplia y garantizó los objetivos del encuentro, como tampoco fueron escasas las dificultades materiales para el traslado y alojamiento de delegados, todo lo cual requirió del esfuerzo, el sacrificio y el desinterés característico del movimiento estudiantil”.26

Gracias a estos factores, el encuentro pudo celebrarse en la Universidad el 7 y el 8 de mayo. Durante las sesiones, algunas de las cuales presidió José Antonio, en su carácter de Secretario General de la FEU, tuvieron una destacada participación su amigo y coterráneo José Smith Comas27, representante del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas y futuro expedicionario del yate “Granma”; Pepito Tey28, por los estudiantes orientales; Joe Westbrook y Niño López, dirigente del Movimiento 26 de julio creado por Fidel Castro Ruz.
Resulta interesante destacar que el 2 de mayo, previo a la celebración del Congreso, la revista “Bohemia” menciona ya a José Antonio, en un comentario aparecido en esta edición, como un destacado líder estudiantil.
Durante el transcurso del encuentro, se abordó por Echeverría y por otros delegados, la necesidad de coordinar y de encadenar todas las acciones del estudiantado contra la tiranía y se aprobaron varias resoluciones relacionadas con los problemas agrarios que aquejaban al país y con la imperiosa necesidad de instrumentar reformas en la enseñanza. Además, se evidenció el hecho de que, a pesar de que la composición de los grupos de estudiantes que participaron en la reunión era heterogénea, los identificaba un objetivo común: la lucha contra la Dictadura. Así mismo, se selló el compromiso de incorporar a todos los Institutos de Segunda Enseñanza del país, en coordinación con la FEU, a la misma.
Por eso, en opinión del ya citado Gustavo Robreño Dolz, este Congreso:

“... mostró el prestigio y la autoridad ganados por la FEU con respecto al movimiento estudiantil en su conjunto – incluidos no pocos colegios privados – puso de manifiesto la decisión y el ansia de lucha de la heterogénea muchachada de la segunda enseñanza, que engrosaba habitualmente de forma combativa las demostraciones estudiantiles en las principales ciudades de todas las provincias, no solo en la capital; contribuyó a proyectar nacionalmente la figura de José Antonio Echeverría como futuro líder de la masa estudiantil, que recibió allí sus palabras enérgicas y serenas con el fervor que anuncia los grandes momentos.
Ellas pudieran resumirse en cuatro puntos: deber de combatir a la dictadura aún a riesgo de la propia vida; vincular todas nuestras acciones a los demás sectores populares; ser buenos estudiantes que predicaran con el ejemplo académico; liquidar todo tipo de vacilación, componenda o acercamiento con los personeros de la tiranía o con la politiquería tradicional”.29

Durante las sesiones del Congreso, cuyas comisiones sesionaron en varios locales universitarios, se aprobaron también un grupo de documentos que tenían un significativo carácter progresista, radical, revolucionario y antiimperialista. Tampoco faltaron, las demandas de amnistía para Fidel y los combatientes del Moncada encarcelados en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud; la condena unánime y resuelta a la falsa electoral que pretendía realizar Batista a finales de 1955 ni la identificación con los sucesos acaecidos en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953.
El 8 de mayo, día en que se cumplía el 19 aniversario del asesinato del líder antiimperialista Antonio Guiteras – se aprobó la declaración final del evento, el cual “...no pudo ser ignorado por la prensa de la época y diarios y noticieros reflejaron, siquiera discretamente, su realización; fue el acontecimiento organizativo y político más trascendente para el estudiantado de la Segunda Enseñanza a lo largo de todos los años de la tiranía”.30
Desde el inicio de 1954 se habían intensificado en la Universidad la actividad de los elementos corruptos y gansteriles que pululaban en la misma. Por tal motivo, José Antonio, quien los combatía desde su ingreso en 1950 en el alto Centro de Estudios, aprovechó su presencia en el ejecutivo de la FEU para atacarlos sin descanso; ya que con anterioridad se había visto obligado a permitir que sé auto denominaran miembros de la oposición.
Como consecuencia de unas detonaciones que se producen el 18 de marzo en varias instalaciones estudiantiles ubicadas en el recinto universitario, estos elementos – aunque prestaron alguna resistencia - fueron expulsados de la Universidad en pocos meses31, gracias a la labor de los estudiantes revolucionarios encabezados por el líder estudiantil, quien personalmente los enfrentó, en más de una ocasión, desarmado y con valentía.
Abanderados de esta lucha sin cuartel, fueron también sus amigos y compañeros Fructuoso Rodríguez y Faure Chomón Mediavilla, a quienes se sumaron por esta época Frank País32 y Jorge Ibarra, ex Presidente este último de la Federación Estudiantil Universitaria de Oriente. Ambos, habían sido expulsados de la Universidad en Santiago de Cuba por oponerse a la politiquería de algunos profesores y se hallaban en este período residiendo en La Habana, en donde estrecharon sus lazos de amistad e intercambiaron con frecuencia ideas con el Gordo. En esta etapa de la lucha desempeñaron también un papel decisivo Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado, Machadito.
El 20 de mayo, aniversario de la instauración de la República Mediatizada en Cuba, se celebra un mitin en los predios universitarios, en el cual usaron de la palabra para fustigar al régimen, Echeverría y Andrés Silva, Presidente este último de la Asociación de Estudiantes de Derecho. Poco después, tal como lo habían planeado el Gordo y otros dirigentes estudiantiles, se efectúa en la Colina el primer Festival Universitario de Arte. Durante la celebración del mismo, el líder estudiantil expresará con acierto el día 22, despertando la admiración y el respeto de quienes lo escuchaban atentamente:

“... escoltados por Mella en el 23, Guiteras en el 27, Trejo en el 30 y Rubén, Renato, Gómez, García y Boris Luis en el 53, la FEU de la Universidad, guarda entre sus muros los restos de Varela, quien, desde las Ciencias Sociales, proclama que no hay ciencia sin conciencia, y los restos de Felipe Poey, quien, desde las Ciencias Naturales, nos dice que no hay inteligencia sin moral ”.33

Diez días más tarde, el 30 de mayo, ocurre en la Universidad de La Habana un encuentro a tiros entre varios gángster y otros elementos similares, los cuales habían hallado refugio, acogiéndose a la Autonomía Universitaria, en la Colina, luego de los sucesos del 10 de marzo de 1952. Durante estos hechos, muere uno de ellos a manos de Evaristo Venereo34, otro personaje que había logrado colarse en la policía particular del plantel.
Según Julio García Oliveras, Evaristo era un: “Típico personaje gangsteril, después de este hecho asesinará todavía a otro miembro de la policía universitaria de militancia revolucionaria. Con posterioridad será expulsado de la Universidad por Echeverría, quien se enfrenta a él desarmado, en episodio inolvidable.”35 Al respecto Juan Nuiry Sánchez ha contado acerca de este hecho lo siguiente:

“Salimos del aula al oír detonaciones; la plaza36 estaba conmocionada y, centenares de estudiantes, se agitan y hablan; atravesamos la plaza y llegamos al Rectorado donde un hombre en el suelo yace sobre un charco de sangre, acribillado a balazos.
- ¿Qué pasó?.
- Evaristo asesinó a este hombre y si no es por José Antonio que se le abalanzó y le arrebató la pistola, aún estuviera disparando.
- ¿Dónde está José Antonio?. ¿Dónde está Evaristo?.
- José Antonio en el Rectorado; Evaristo se escapó; pero a ese no le pasa nada, pues se conoce que es chivato de la dictadura.
Otra vez se ponía de relieve en la propia plaza Cadenas la secuela de las luchas y rencillas gangsteriles del pasado, las cuales José Antonio Echeverría con su prestigio había eliminado; como siempre se evidenciaba el valor personal del joven estudiante de Arquitectura, al caminar en dirección a los tiros y arrebatarle la pistola al traicionero y asesino teniente de la policía universitaria (...)”.37
La extraordinaria condición de líder de Echeverría se pondrá de manifiesto nuevamente en el mes de junio de 1954, al producirse el día 16 la invasión yanqui a Guatemala con objeto de aplastar el régimen progresista encabezado por Jacobo Arbenz. Este hecho, provocó la repulsa de los estudiantes, los cuales protestan desde la Universidad el 18 de junio. Cuatro días más tarde, el 22, la FEU organiza a las 11:00 a.m., con la participación decisiva de José Antonio y otros compañeros, un acto de masas en la escalinata universitaria. Este encuentro fue prohibido oficialmente por el régimen, según indicó el Ministro de Gobernación, quien acusó de comunista a la dirección de la FEU.
Por este motivo, en la fecha señalada para la celebración del acto, las fuerzas represivas rodearon la Universidad y se batieron con los estudiantes, entre ellos con el Gordo. Como consecuencia de este suceso, fueron detenidos algunos compañeros y se produjeron varios tiroteos intensos durante el transcurso del día y de la noche.
Como consecuencia directa de este hecho se suspendieron de nuevo las clases y se acusó a los estudiantes de enarbolar consignas comunistas. No obstante, los universitarios lograron manifestar su apoyo al gobierno de Arbenz, al fijarse la posición del estudiantado junto a Guatemala, recogerse firmas de adhesión al hermano país y reclutarse jóvenes para formar las brigadas Antonio Maceo y Rubén Batista para la defensa del pueblo guatemalteco. En días posteriores, se decretó por la FEU, un paro de protesta estudiantil. Como respuesta a estos acontecimientos, la policía violó una vez más la Autonomía Universitaria, al penetrar en la Escuela de Medicina en busca de armas.
Coincidiendo con estas acciones, en junio de 1954, aprovechando que una delegación universitaria viaja a la ciudad de Miami, con motivo de haber sido designado Rector Emérito de la Universidad de la Florida el Dr. Clemente Inclán, Rector de la Universidad de La Habana; José Antonio se traslada a esa ciudad norteamericana y se entrevista, por última vez, con el Dr. Carlos Prío Socarrás, con objeto de que este le entregara de una vez el armamento que tantas veces le había prometido.
La gestión fracasa, por lo que el Gordo se convence definitivamente de que del expresidente no se podía esperar ningún apoyo. A partir de este momento, las relaciones de los estudiantes universitarios más radicales y revolucionarios, encabezados por Echeverría, con la Triple A, se reducirán al mínimo.
De regreso a la Isla, el líder estudiantil se enfrasca, junto a otros miembros del ejecutivo de la FEU, en la organización de la llamada “Contra Bienal en respuesta a la Segunda Exposición Bienal Hispanoamericana”, evento este último organizado por Batista en coordinación con el gobierno falangista del dictador español Francisco Franco. Esta antibienal, que incluyó trabajos de Pintura, Escultura y Cerámica, se opuso en todo momento a la utilización mezquina del arte por parte de la dictadura. En la Contra Bienal, organizada por la Secretaría de Cultura de la FEU, que encabezaba Luis de la Cuesta38, con la colaboración de Raulito Roa y Manolo Corrales, participaron destacados pintores, músicos y artistas cubanos.
El 23 de julio, José Antonio entrega, en un acto convocado al efecto, los premios Rubén Martínez Villena de literatura y Fidelio Ponce de artes plásticas, auspiciados ambos por la FEU.
En el verano de este año, como es costumbre en él, el Gordo pasa unos días en Cárdenas y en Varadero en compañía de sus padres, hermanos y amigos. De regreso a La Habana, firma, junto con Fructuoso Rodríguez y Álvaro Barba, una denuncia – publicada el 23 de septiembre por el periódico habanero El País – en la que se acusa públicamente de malversar los fondos municipales a Justo Luis del Pozo, Alcalde de La Habana impuesto por el golpe militar del 10 de marzo de 1952. Esta denuncia tenía como objetivo fundamental, demostrar el carácter ilegal y ambicioso de los candidatos oficiales a las elecciones gubernamentales que preparaban Batista y su camarilla.
El 30 de septiembre se realizan en el parque Eloy Alfaro, como cada año, los actos en recordación de Rafael Trejo, primer mártir estudiantil caído durante la dictadura de Machado. La ocasión es propicia para que Fructuoso Rodríguez, impidiendo a los elementos de la tiranía elegir mediante prácticas gángster hiles al máximo representante de la FEU39, proclame, revolucionariamente y de manera sorpresiva, en plena calle Infanta, en el parque Eloy Alfaro y frente al monumento a Trejo, subido en los hombros de un compañero, como nuevo Presidente a José Antonio, quien sabía ya de antemano que le tocaba asumir esta responsabilidad40. Sorprendido, pues se había acordado que el anuncio se haría formalmente en el acto que se realizaría este mismo día en el Aula Magna de la Universidad, el Gordo tuvo que hablar, “... diciendo que llegaba a la presidencia justo a los 24 años del asesinato de Trejo, como quien intuía que esa suerte también podía ser la suya”.41
Como no podía faltar en un momento como este una acción de calle contra el régimen, se decidió como parte del acto, arrancar y destruir los carteles electorales colocados en la zona, pues los estudiantes no concebían que las calles de La Habana estuvieran llenas de la propaganda electoral de unas elecciones que tenían a Batista como árbitro y en las que él mismo era candidato; mientras Fidel Castro Ruz y los Moncadistas se hallaban aún encarcelados en el Presidio Modelo y las cárceles de toda la República se hallaban repletas de presos políticos. Esa misma noche, el destacado líder estudiantil será el orador principal del acto que con motivo de la fecha se realiza en el Aula Magna de la Universidad. Estos sucesos tienen una amplia repercusión en la prensa de la época.
Según Faure Chomón Mediavilla, su entrañable amigo y compañero de luchas, por esos días vio en el local de la FEU por primera vez a José Antonio: “Cuando lo vi con su amplia sonrisa, con su rostro inocente y juvenil, con sus cachetes rosados, confieso que cometí una vez más el error de formar un prejuicio. Este niño nos va a presidir – pensé -, creo que no dará la talla. Sin embargo bien pronto El Gordo me hizo arrepentirme de haber pensado así”. 42
José Antonio llega a la presidencia de la FEU por sustitución reglamentaria pero, sobre todo, como consecuencia de una serie de acontecimientos que se suceden entre noviembre de 1952 y septiembre de 1954, entre los que se destacan los sucesos del estadio del Cerro y su detención y la de varios de sus compañeros como consecuencia de la protesta realizada durante la celebración de los carnavales habaneros. Estos y otros hechos similares provocaron una decidida repulsa estudiantil al régimen y desencadenaron, en opinión de René Anillo Capote, un:

“...proceso tensionante en virtud del cual el que era presidente de la FEU cuando José Antonio ocupaba el cargo de secretario general, renunció. El vicepresidente primero lo hizo unos meses después. Y Fructuoso, ante la crisis por la que atravesaba la dirección de la FEU, se encargó de presentar a José Antonio como el nuevo presidente”.43

De este modo, La Claque, con la ayuda de numerosos estudiantes universitarios, logró – al decir de Osmel Francis de los Reyes, uno de sus miembros más destacado - que:

“... su jefe escale la máxima dirección de la organización estudiantil mancomunado con Fructuoso. La concepción de la línea dura comienza a prevalecer en el medio universitario. Los timoratos, los tributados, se repliegan: son acallados, aplastados. Ahora no sería como durante la protesta del Estadio en noviembre de 1952 o la de los carnavales en marzo de 1954 (...). Acciones a contrapelo de la cúpula de la FEU de entonces. Ahora era la FEU de José Antonio, la misma de su fundador Julio Antonio Mella”.44

El propio 30 de septiembre, la revista Semanario recoge unas valientes declaraciones del Gordo, en las que se evidencia una proyección política que va más allá de su labor como dirigente estudiantil, al reafirmar su convencimiento de que: “Sólo una Revolución salvará a Cuba de la dictadura, a ella iremos... Tarde o temprano el pueblo se convencerá de que es la única solución”.45
Unos días más tarde, el 3 de octubre, declarará al periódico habanero El Mundo: “Mi gratitud a los compañeros que honrándome han hecho posible mi exaltación a la rectoría del máximo órgano estudiantil”46; agregando: “Asumo la presidencia de la FEU en momentos muy difíciles (...). La encrucijada ante la cual se encuentra la República desde el 10 de marzo no admite otra actitud que la lucha masiva del pueblo”.47
A partir del momento en que José Antonio asume la Presidencia de la FEU se hacen cada vez más evidentes sus innatas condiciones como líder, las cuales venían formándose y manifestándose desde la infancia. Juan Nuiry, una de las personas que más cerca estuvo de él en este período y hasta su muerte, comentó más de una vez que, como dirigente, El Gordo:

“... sabía encaminar a la gente a su alrededor, designarlas para las funciones en que podían ser más útil, y esto revela cultura, una concepción ideológica. Incluso en los momentos más álgidos de la lucha, en medio de un período tan corto y agitado, se preocupaba por la superación cultural de todos nosotros. Y también por el deporte, porque era un joven alegre y ansioso de vida”.48

El 8 de octubre, fue dada a conocer, en Conferencia de Prensa efectuada en el Salón de los Mártires de la Universidad, una declaración de la FEU referida a las elecciones que pretendía realizar Batista el 1 de noviembre. José Antonio fue el encargado, en su carácter de Presidente de la FEU, de leer las opiniones del máximo órgano estudiantil revolucionario.
Durante sus declaraciones, llamó al pueblo cubano a no concurrir a las urnas, reiteró la condena del estudiantado al golpe militar del 10 de marzo de 1952 y criticó a los líderes políticos que se prestaban al juego de Batista y sus colaboradores, incluyendo al expresidente Ramón Grau San Martín y a los que lo seguían, así como, a algunos sectores vacilantes de la ortodoxia.
Para concluir sus declaraciones, reafirmó su convicción de que: “... en el pueblo hay un gran sentimiento de rebeldía y que en consecuencia la FEU se dispone a combatir las elecciones y las fórmulas electorales”.49. Además, convocó a los cubanos a producir una revolución cívica, mediante la instrumentación en toda la República de una campaña en contra de las elecciones; indicando, además, que aunque esa era el único tipo de Revolución que era posible en esas circunstancias “... iremos a donde tengamos que ir”.50
Con el objetivo de evitar, en las cercanías de las elecciones, los choques entre la policía y los estudiantes, el Consejo Universitario decidió suspender las clases en la Universidad, las cuales no fueron renovadas hasta el 15 de noviembre. No obstante, como consecuencia de las declaraciones formuladas por la FEU el 9 de octubre y de que las masas populares se hacen del llamado de esta organización estudiantil, se produce en el país, en vísperas del 1 de noviembre, fecha señalada por Batista para efectuar las elecciones, un gran movimiento de abstención, el cual hace fracasar las aspiraciones del Tirano de legalizar su régimen dictatorial.
Consumado el fraude electoral, en unas elecciones que el pueblo repudió y en las que Batista no tuvo contrincante, José Antonio atacó el 19 de noviembre, a través de unas declaraciones publicadas por el periódico El Mundo, los intentos de Batista de vestir a la dictadura con el ropaje del constitucionalismo.
Unos días después, el 27 de noviembre, encabezó la manifestación que, con motivo del 83 aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, se dirigió hacia el monumento erigido en la explanada de La Punta a estas víctimas del colonialismo español. Allí hizo uso de la palabra y fustigó con dureza al régimen. A pesar de los gritos de ¡Abajo la dictadura! y ¡Revolución! y de los pronunciamientos en contra del gobierno que se hicieron durante el acto y la manifestación, la cual se detuvo largo rato en el lugar donde cayó mortalmente herido Rubén Batista Rubio, la policía no intervino.
Este mismo día, el Gordo fijó con voz firme y enérgica la posición de la Federación Estudiantil Universitaria, en el acto solemne que se realiza en el Aula Magna de la Universidad para conmemorar la efeméride, al afirmar: “Los integrantes de la FEU saben el camino que tienen trazado y lo seguirán para la liberación de Cuba, no obstante tengan que caer como aquellos mártires del 71”51, terminando su discurso “... con frases calurosas de exhortación a la generación de los pinos nuevos para que cumplan su papel histórico”.52
Poco antes, demostrándose de este modo la estrecha vinculación que tenía ya la FEU con el movimiento obrero cubano, había sido enviado el estudiante guantanamero Osmel Francis de los Reyes, responsable de asuntos obreros de la máxima organización estudiantil universitaria, a la zona donde está enclavado aún el más odiado reducto del imperialismo yanqui en nuestro país, la Base Naval de Guantánamo; con el objetivo de apoyar las justas demandas de los trabajadores cubanos que laboraban en este lugar, los cuales intentaban organizarse en un sindicato. Esta aspiración provocó el despido de más de 400 trabajadores de la Base.
El 15 de noviembre, en carta a Francis de los Reyes, Echeverría, demostrando su confianza en la labor que realizaba este compañero en el lugar de los hechos, le expresó: “Tú que estás de lleno y de cerca en el problema de la Base, conoces el asunto mejor que nadie, cualquier sugerencia o cualquier actitud que tú tomes será respaldada por nosotros así, hermano, hazlo saber al Secretario del Sindicato de la Base y demás compañeros obreros vejados”.53
A partir del 12 de agosto de 1954, fecha54 en que se dicta la Ley Decreto No. 1618 autorizando a abrir el pretendido Canal Vía Cuba55, el Gordo tomará también parte activa en las primeras protestas que contra este engendro se llevan a cabo por parte de varios sectores de la población cubana. Prueba de ello, son las declaraciones que hace la FEU, bajo su dirección, en un Manifiesto convocando a un Forum “... en defensa del prestigio nacional”56 y para debatir el tema de la apertura del Canal. El documento indicaba además, que: “No pretenda Batista hacer creer que es una obra nacionalista y cubana”57, desenmascarando de este modo la esencia de esta maniobra pro - yanqui y anticubana. Al respecto el documento apuntaba:

“Partido el espinazo de la República por el 10 de marzo, pretenden ahora los marcistas partir el territorio nacional. La descomposición de la nación parece ser el único objetivo que se persigue... La dignidad nacional no podía permitir la separación de la Isla de Pinos. ¿Cómo ha de permitir que se le reste un pedazo de la nación?.
(...)
La soberanía aunque le haya sido secuestrada al pueblo, al pueblo pertenece. Nadie es dueño de Cuba. Ningún hombre puede vender la soberanía, la integridad territorial, que están sobre todo y con todos. ¡No permitiremos la entrega!”.58

El 18 de diciembre la revista Bohemia, el periódico El Mundo y otros órganos de prensa de la Isla se hacen eco de esta combativa declaración y anuncian la celebración del mencionado Forum nacional para los días 17, 18 y 19 de enero del año próximo. Cuatro días más tarde, el 22 de diciembre, la FEU denuncia, como parte de la labor orientada por José Antonio de movilizar a las masas y de elevar la conciencia popular acerca de las violaciones que a la soberanía, la legalidad y los derechos del pueblo realiza con frecuencia la tiranía, las maniobras que se preparan para mecanizar las labores productivas, con el consiguiente aumento del desempleo, en la fábrica de tabacos habanera H. Upman.
Algunas de las más importantes ideas contenidas en esta declaración, fueron reafirmadas por Echeverría en una entrevista concedida a la revista Prensa en la Universidad. Aparecida en esta publicación universitaria el día 30 de diciembre, bajo el valiente título de La dictadura sigue siendo ilegal, en la entrevista se define la línea política trazada por José Antonio desde que asumió la presidencia de la FEU, al afirmarse por parte del líder estudiantil:

“Estamos organizando un forum en pro de la soberanía nacional para los días 17 y 18 de enero.
Estarán representados en él todos los sectores afectados por la pretendida e irresponsable medida del régimen de facto de construir el canal Vía – Cuba. Naturalmente, los directamente afectados, porque indirectamente lo está todo el país en el orden económico y moral.
La FEU ha estado siempre junto al pueblo. Su lugar de lucha ha estado con los grandes intereses de la nación, por eso defiende los intereses conculcados por la dictadura y por eso defiende los derechos de los obreros, las conquistas sociales que el régimen está aboliendo. Comprendemos las necesidades de las clases trabajadoras preteridas por la actual dictadura y traicionadas por sus líderes nacionales en la CTC; y nos aprestamos a una amplia movilización en pro de los derechos que legítimamente la República había concedido a los obreros tras largos años de lucha.
La FEU solo conoce un camino hacia la paz cubana: la Revolución. No ha de creerse que el 10 de marzo se hizo legal el 1 de noviembre. ¡Si han tenido que cambiar las mismas leyes que ellos hicieron para convalidar las elecciones del 1 de noviembre!. La llamada ley Remache nos da la razón. La dictadura sigue siendo ilegal y los regímenes de fuerza sólo pueden derrocarse por la fuerza. Claro, la fuerza no es necesariamente militar. Ya lo hemos dicho muchas veces, la Revolución no es solamente la insurrección.”59

Desde la inauguración en 1954 del bar Colina, ubicado en las cercanías de la Universidad, este se convirtió, con la anuencia del ciudadano español José Fernández Alonso, su propietario, en un sitio utilizado con frecuencia por José Antonio y sus compañeros para conspirar contra el régimen de Batista. Según Eloy Fernández Sánchez, quien fue cantinero del lugar desde el mes de octubre de 1954 y conoció al Gordo posiblemente en el mes de diciembre de ese mismo año, cuando este visitó el establecimiento, quizás por primera vez, en compañía de Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Serviá; a partir de este momento, Echeverría, José Rebellón, Faure Chomón Mediavilla, José Venegas, Humberto Castelló y José Asef, entre otros, venían al bar:

“... como en busca de un refugio donde podían conversar e intercambiar sus ideas y planes más libremente, en confianza.
(...)
Incluso algunos de ellos venían aquí para oír detonar las bombas que ellos mismos ponían en lugares cercanos. Yo me di cuenta de eso sin que me lo dijeran, porque eran jóvenes discretos y ninguno alardeaba nunca. Tenían esa confianza en uno y jamás los defraudamos. En realidad, nosotros ayudábamos a nuestra manera, con nuestro silencio y ellos nos trataban con afecto, porque éramos jóvenes también.
Un día un cantinero nuestro fue apresado al salir del bar y lo pasearon en una perseguidora por distintos lugares para que sintiera miedo, al parecer para que contara lo que sabía, pero no dijo nada y lo soltaron. Quizás pretendieron atemorizarlo y lograr lo mismo con los demás cuando él lo contara”.60

Como parte de este valioso testimonio, Fernández Sánchez afirmó también que José Antonio era:

“... un joven cariñoso, afable, seguro de sí mismo, educado y respetuoso, sin dejar de tener un carácter firme, convencido de lo que hacía.
Él llegaba y me decía: Dame una cervecita. Si tomaba dos era mucho; era alegre y se reía conmigo, sobre todo cuando yo estaba ocupado y él me pedía: Eloy, dame un puñadito de maní, anda, que tú sabes que a mí me privan”.61

Por otra parte, José Fernández Alonso, propietario del bar hasta 1966, año en que el mismo pasó a ser propiedad del estado, recordó más de una vez que la policía de Batista no se atrevía a entrar en su establecimiento:

“... por temor a los estudiantes. Era un tremendo respeto, como si el bar fuera de los jóvenes y sabían bien que los muchachones tenían pantalones largos y no creían en nadie, como se dice.
Echeverría y los demás muchachos se sentaban en mi bar muchas veces para despistar. Aunque yo nunca me pegaba al lado de ellos cuando estaban conversando, sabía que estaban conspirando contra el gobierno.
(...)
Todos ellos eran jóvenes de una conducta limpia. Venían, se tomaban un par de cervezas, se saludaban con afecto, hablaban de sus cosas, escribían papeles y nunca vi entre ellos una bronca, porque eran como hermanos. Siempre he pensado que mi establecimiento era una prolongación de sus aulas o del portal de sus casas, pero con el nombre de bar, donde ninguno jamás se emborrachó.
Nunca tuve problemas con ellos (...)”.62

Con respecto a la actitud de la policía batistiana hacia el bar, Fernández Alonso afirmó: “Ellos llegaban a otros bares de La Habana, se llevaban tabacos sin pagar y cajas de cigarros, pero al Colina... ¡ni hablar! porque mi bar era prácticamente de la FEU y ellos temblaban ante esa palabra”.63
Durante el curso 1954 – 1955 José Antonio se inscribió en el estadio Caribe de la Universidad con objeto de realizar prácticas de fútbol rugby tipo intercolegial americano. En la planilla de inscripción, que le llenó el Dr. Guillermo Barrientos, declaró que no fumaba ni ingería bebidas alcohólicas y que le gustaba remar y medir la resistencia física.
A pesar de que muchos de los que entrenan junto a él se preocupan por los frecuentes ataques de asma, que lo asedian en las noches y en las madrugadas, teniendo que usar constantemente el atomizador, el Gordo trata de calmarlos diciéndoles: “No importa (...) el deporte me ayudará a vencer el asma”.64
Pocas semanas después:

“El sol se ríe de las espaldas en el parque de los Caribes. Los hombres son búfalos al sudar en la picúa. José Antonio detiene la ofensiva contraria una y otra vez. En los inicios era demasiado lento, de movimientos torpes. Ahora, ganó en preparación física, se desenvuelve mejor. Por su corpulencia, gente para el choque.
¿Qué sucede allá abajo?. La práctica ha sido detenida. Alguien se ha lesionado. Es Echeverría.
- Veo fea esa mano. ¡Qué lástima, cará!. Hubiera sido regular en la línea de la selección novicia dirá el entrenador (...).
No se equivocó: su pupilo no pudo actuar en el campeonato de fútbol rugby por culpa de un pulgar fracturado”.65

El 15 de diciembre José Antonio realiza la solicitud oficial de matrícula en el curso 1954 – 1955. En esta fecha se había trasladado ya a la Casa de Huéspedes que poseía Virginia Secades, madre de su amigo Rolando Cubela, en el apartamento No. 6 de la calle 25 No. 411 entre J y K, en el Vedado. Allí vivían también, por esta época, sus hermanos Alfredo y Sinforiano, quienes se habían trasladado a La Habana con objeto de ingresar en la Universidad, y sus amigos Pepín Naranjo, Raúl Gómez, Roberto March y Rolando Bezos Secades, quien no solo fue su compañero de cuarto sino también su Jefe de Despacho en el período en que el Gordo ocupó la presidencia de la FEU.
Desde entonces, esa casa se transformó en el centro de sus actividades revolucionarias y estudiantiles hasta que pasó definitivamente a la clandestinidad. Virginia, quien fue testigo “... de su desarrollo en la lucha estudiantil, del interés y cariño de hermano que sintió por todos sus compañeros y del respeto que los mismos le tenían”66, se convirtió para él en muchas ocasiones en la sustituta de la madre ausente, sobre todo cuando lo atacaban las frecuentes crisis de asma.
“Era (...) – recordará en 1965 Virginia, en una entrevista concedida a la revista Alma Máter– un joven de gran entereza, de gran carácter, jamás lo vi flaquear ni aún en los momentos más difíciles, su valor era incalculable”.67 Agregando que, siempre debía recordársele “... con la sonrisa en los labios, pues hasta en los momentos más difíciles sonreía”.68
En la solicitud de matrícula de José Antonio para el curso 1954 - 1955, el Secretario de la Universidad hizo constar que este había matriculado las asignaturas con validez académica: Proyectos arquitectónicos, primer curso; Proyectos arquitectónicos, segundo curso; Construcciones arquitectónicas; Acuarela, Teoría del Hormigón Armado; Agrimensura (Curso especial para Arquitectos) y Arquitectura de Ciudades.
El documento fue inscrito en el folio 444 del Libro Registro de la Universidad de La Habana y en el se aclara que no había matriculado ninguna asignatura sin validez académica. Al parecer tenía proyectado iniciar su Tesis de Grado, pues esta aparece marcada en la planilla, a pesar de que se halla ubicada, en el currículo docente, en el grupo de asignaturas a vencer en el sexto año de la Carrera.
A pesar de las indagaciones realizadas, no sabemos con certeza sí a finales de este año, como era habitual en él, se trasladó a Cárdenas para esperar el arribo de 1955 en compañía de su novia y de sus familiares más cercanos.

VII
La FEU organizó el 5 de enero de 1955 una repartición de juguetes en la Escalinata de la Universidad, con el propósito de contrarrestar los alardes de Marta Fernández, esposa del dictador Fulgencio Batista, la cual convertía cada año el Día de Reyes en una oportunidad para dar bombo y platillo a su prefabricada fama de benefactora de los pobres. Treinta y cinco años después, Lilia Figueroa, compañera de luchas del Gordo y una de las protagonistas de aquel hecho sin precedentes, contó al periódico Granma que se pusieron altoparlantes callejeros desde los que se anunciaba continuamente: “¡La Universidad regalando juguetes para los niños pobres!”.
Según la propia Lilian Figueroa, los estudiantes, bajo la égida de José Antonio, que se mantuvo al tanto de cada detalle organizativo del reparto, quisieron hacerlo mejor que Marta Fernández de Batista, por lo que, con mucha ilusión y entusiasmo, confeccionaron unas tarjetas rosadas y azules, e inscribieron en ellas a innumerables niños pobres de la capital del país.

“El Día de la entrega – afirmó Lilian a la periodista Iraida Calzadilla - en el descanso principal de la Escalinata, pusimos un mostrador gigante y fuimos entregando los juguetes, a la vista de una cola inmensa.
Viene el padre de Juan2 y me dice: Cuando esto se acabe, la gente que no alcance los va a matar. Y se acabó todo. Un compañero cogió el altoparlante y explicó al pueblo que la FEU, en su deseo de llevar una pequeña alegría a los niños pobres, había hecho más suscripciones de las que podía y se autocriticaba por ello.
¿Y sabe que pasó?. La cola entera se fundió en un aplauso y en ¡Viva la FEU!. ¡Viva la Universidad!. José Antonio estaba allí con nosotros como uno más repartiendo juguetes y recibiendo aquel respaldo popular de los humildes”.3

Cuatro días después, el 9 de enero, la leída revista Bohemia presentó a José Antonio como uno de los jóvenes más destacados de 1954, tomando en consideración las acciones desarrolladas por él contra Batista y el proyectado Canal Vía Cuba así como, su designación – el 30 de septiembre de 1954 - como Presidente de la FEU.
Al pie de la caricatura realizada por Viera, un periodista, utilizando solo sus iniciales (E. D.) afirmó: “La movilización nacional contra el Canal Vía – Cuba ha comunicado singular relevancia a las actividades de José A. Echeverría, alumno de Arquitectura y presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. En estos instantes, la FEU organiza una gran demostración de repulsa al proyecto que, sin duda, devolverá a la histórica escalinata su perfil multitudinario de antaño”.4
Al día siguiente, el 10 de enero, el Gordo presidió al tradicional acto de homenaje a Julio Antonio Mella y en vísperas de la realización del Forum, convocado por la FEU para realizar un severo análisis del proyecto del Canal Vía - Cuba, concedió una entrevista a la revista Bohemia. En el reportaje, aparecido el 16 de enero e ilustrado con varias fotos del líder estudiantil solo o en compañía de algunos de sus más cercanos colaboradores, José Antonio fijó nuevamente la posición de la FEU respecto al proyecto de construcción del Canal, el cual calificó de:

“... agresión directa a nuestra soberanía. No existen razones históricas, económicas y morales que justifiquen este engendro. Por más de 30 años el pueblo de Cuba luchó por liberarse de la Enmienda Platt, y ahora el régimen del 10 de marzo pretende imponernos esa nueva Enmienda Platt. Ningún gobernante, hasta hoy, se había atrevido a impulsar este plan cuyos orígenes datan de 1912. En estos momentos en que Egipto reivindica sus derechos sobre Suez y en que Panamá reclama una revisión del status del canal, es cuando a los usurpadores se les ocurre dividir la Isla en beneficio de intereses extraños”.5

Además, recordó que:

“La ausencia de una discusión pública (...) la forma evasiva, oculta en que se mueven los artífices del Vía - Cuba, no ha permitido conocer exactamente el alcance del proyecto. Unos invocan razones económicas y otros hablan de motivos estratégicos. En el fondo, es evidente que se trata de una turbia maniobra, de un negocio escandaloso montado con fines de aprovechamiento personal o para convertirlo en una gigantesca estafa, como lo denunció Orestes Ferrara, nada sospechoso, por cierto, de oposicionismo sistemático o inclinaciones comunistas.
(...)
Han pretendido hacer creer que el canal es una obra nacionalista y que la empresa concesionaria es cubana por el solo hecho de estar establecida aquí. Nadie puede ser tan ingenuo como para tomar en consideración esos argumentos. No es un secreto que esa fantástica inversión de 500 millones de pesos sólo puede ser afrontada por el capital extranjero (...)”.6
Agregando, su convicción de que todos los factores del país quedarían afectados con las regulaciones de la concesión, especialmente:

“Los obreros (...) limitados en sus derechos sindicales, los portuarios, azucareros y del transporte amenazados por el hambre y la miseria; los profesionales con sus honorarios recortados; los comerciantes, situados frente a un caso de competencia desleal; los campesinos que serán desalojados de sus tierras, que por otra parte quedarán inútiles por la infiltración salina (...)”.7

Como parte de la entrevista, José Antonio anunció la celebración el 28 de enero de “... un extraordinario desfile hasta el Parque Central en protesta por el Canal”8. Así mismo, dio a conocer que la FEU había invitado al Forum que se preparaba contra el proyecto a:

“... los colegios profesionales de ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, a numerosas instituciones; masones, católicos, veteranos, rotarios y leones, del comercio y de la industria. Contamos con el aporte de las juventudes y de los sectores obreros y vamos a realizar un análisis severo, exhaustivo, del proyecto, desde todos sus ángulos. Serán presidentes de honor del Forum, el rector Clemente Inclán y el doctor Cosme de la Torriente”.9

Por último, el Presidente de la FEU denunció que la más reciente táctica del régimen consistía en el silencio:

“Están intentando echar – acotaron él y sus compañeros – una cortina de humo sobre el plan para brindar la engañosa apariencia de que ha sido desechado. Pero no hay lugar al engaño. El decreto está vigente y la concesión oficializada. Es preciso insistir en el llamamiento a todas las fuerzas de la nación, al margen de sectarismos políticos, para denunciar y combatir responsablemente el aborto del Vía - Cuba”. 10

El 17 de enero, tal como estaba previsto, se inició en el Aula Magna de la Universidad, bajo la presidencia del Dr. Miguel A. Fleites, Decano de la Escuela de Ciencias Comerciales, el Forum convocado por la FEU a finales de 1954 sobre el proyectado Canal Vía - Cuba. Durante el evento, que se extendió hasta el día 20 de enero bajo el lema: En defensa de la soberanía y la integridad nacional, se logró el apoyo popular a la firme oposición de la FEU y de su máximo dirigente a este engendro. De este modo, el encuentro, ampliamente divulgado en los órganos de prensa de la época, se convirtió en una victoria estudiantil y revolucionaria.
Entre los acuerdos tomados en el cónclave universitario estuvo:

“... el de ir en contra de los Decretos –Leyes (...) que dieron vida legal a la iniciativa de construir el canal. El punto que suscitó mayor oposición en el Forum universitario se relacionaba con los obreros que laborarían en su construcción, que pasarían a ser miembros de la reserva naval, privándolos de todos sus derechos electorales, así como los de fomentar huelgas dentro de la correspondiente concesión. También consideró que la soberanía nacional sería profundamente afectada por la forma en que estaba reglamentada la obra que se pretendía ejecutar, que solo beneficiaría a intereses capitalistas extranjeros y nacionales”.11

Por esta misma época, el Gordo participa - en una fecha que no hemos podido precisar, aunque la mayoría de las fuentes consultadas afirman que fue en el mes de enero - en el Radio Mitin que se efectúa en la emisora CMGE (actual Radio Ciudad Bandera) de su ciudad natal, para condenar la construcción del Canal. Durante la trasmisión, en la que la FEU jugó un papel decisivo, se dirigió a sus coterráneos y les alertó sobre el peligro que significaba su apertura para la integridad física del territorio nacional.
Destacó, además, como una parte de la Isla quedaría en manos de los Estados Unidos de América, ya que se pretendía hacer un desfavorable contrato sobre la jurisdicción del territorio que sería vendido por el gobierno de Batista a los yanquis.
Durante el Radio Mitin, que concitó el interés de los cardenenses y dio lugar a que un numeroso público se aglomerara en la cabina de trasmisión y ante las bocinas instaladas en plena calle, se denunció con mucha fuerza la actitud de los gobernantes y las clases más pudientes de la localidad, las cuales propugnaban la apertura del Canal, aduciendo que este proporcionaría mayor desarrollo económico al Municipio. Con esta campaña, fuertemente vapuleada por José Antonio y otros participantes, se pretendía lograr que los sectores más humildes de la población pensaran en la ejecución del proyecto como una posible fuente de empleo.
En el Radio – Mitin efectuado en la CMGE participaron representantes de varias organizaciones políticas y sociales de Cárdenas, especialmente del Colegio de Abogados, el Colegio Médico, el Club Rotario, el Club de Leones, la Juventud Ortodoxa y el Partido Socialista Popular. Entre los oradores, estuvo su amigo, el joven revolucionario cardenense José Smith Comás, futuro expedicionario del yate “Granma”.
En los fondos del museo Casa Natal de José Antonio Echeverría, se conserva una foto12 de este Radio – Mitin, realizada por el fotógrafo local Ramón Cué, en la que José Antonio aparece usando de la palabra rodeado de varios jóvenes, entre los que se destacan, Arnaldo Pérez Mirabal, locutor de la CMGE y combatiente de la lucha clandestina, quien habló a nombre de la Juventud Ortodoxa, de cuya dirección municipal era miembro, y los dirigentes estudiantiles Félix y Armando Pérez.
A partir de este momento, el líder estudiantil se convertirá desde los micrófonos de la CMGE, especialmente durante su frecuente participación en el programa “Vanguardia Juvenil Ortodoxa”13 y en entrevistas y declaraciones concedidas a otros medios de prensa, sobre todo nacionales, en un firme defensor de la idea de que el Canal Vía - Cuba dañaría sin remedio nuestra integridad física y la soberanía nacional.
Del 20 al 27 de enero, bajo la acertada dirección de la FEU, se efectuó con éxito en la Universidad, como parte del programa cultural puesto en práctica por esa organización estudiantil desde la designación de Echeverría como presidente de la misma, la Semana Sinfónica Universitaria de música clásica, popular y folclórica.
Como parte de la misma, actúan en el Aula Magna y en otros recintos de la Universidad la pianista Berta Shulman, Ernesto Lecuona, Esther Borja, el Orfeón de Cuba, alumnos del Conservatorio Peyrellade, la Banda Municipal de La Habana dirigida por el Maestro Gonzalo Roig y la Orquesta Típica de Belisario López. El día 22 de enero, la Orquesta Filarmónica de La Habana, bajo la dirección del maestro Manuel Dúchense Cuzán, ofreció un concierto en la Plaza Cadenas de la Universidad.
También, formando parte del programa de la Semana, fue ofrecida por Odilio Urfé la conferencia La historia del danzón, se exhibieron películas y se presentó la música sagrada de los ritos africanos y el Cuarteto de la Sociedad de Música de Cámara.
El 28 de enero, al conmemorarse el 102 aniversario del natalicio de Nuestro Héroe Nacional José Martí, José Antonio y el resto de los compañeros que integraban la dirección de la FEU organizaron en homenaje al Maestro un extraordinario desfile hasta el Parque Central en protesta contra el proyectado Canal; porque como bien había expresado el Presidente de la FEU en entrevista concedida a la revista Bohemia a inicios de este mes: “Ningún tributo mejor a Martí que concurrir a la vera de su estatua a ratificar nuestra decisión de lucha en defensa de la integridad y la soberanía de la patria”.14
En el mes de enero, al producirse el día 11 la agresión encabezada por el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, asesino del General Augusto Cesar Sandino, al hermano pueblo de Costa Rica, varios miembros de la vanguardia del movimiento estudiantil revolucionario, encabezados por José Antonio, Fructuoso Rodríguez, Pepín Naranjo y Juan Pedro Carbó Serviá, se disponen a marchar hacia San José, costeándose sus pasajes, para defender “... la libertad donde quiera que se le ofenda o se le conculque”.15
Uno de los primeros en llegar a suelo costarricense fue Pepín Naranjo, quien fue seguido por Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Serviá. Con posterioridad, el 19 de enero, el Gordo, quien se había presentado poco antes en el Consulado de Costa Rica en La Habana16 para manifestar su deseo de ir a combatir a ese hermano país centroamericano, fue detenido por la policía de Batista cuando intentaba reunirse con sus compañeros.
Finalmente, pudo salir de Cuba el 20 de enero, de madrugada, utilizando los contactos revolucionarios que la FEU poseía en el aeropuerto de La Habana, gracias al dinero que le facilitó para adquirir el pasaje Rolando Bezos Secades17. Según Rolando Cubela, participante directo en los hechos, José Antonio se les apareció en las cercanías del frente de Guanacaste en los últimos días del combate:

“... a Pepín Naranjo, Carbó Serviá, Fructuoso, Figueredo, Hidalgo Peraza y a mí, que hacíamos gestiones para trasladarnos al frente. Los compañeros de Costa Rica nos pidieron que no vistiéramos el uniforme ni portáramos armas.
El Gordo dijo que no; que queríamos expresarles nuestro apoyo con las armas. Recuerdo que José Antonio se puso una canana y cogió un rifle. Pero como aquello duró poco, no tuvimos oportunidad de pelear. Aunque Carbó y yo dijimos que iríamos como médicos. Así pudimos llegar al frente, pero, para decir la verdad, no tuvimos ningún encuentro, porque el conflicto duró como una semana más o menos”.18

La presencia del líder estudiantil y la de otros compañeros en Costa Rica no solo tenía el objetivo ayudar al pueblo a contrarrestar la agresión sino que también, tenía el propósito de solicitar al gobierno del presidente José Figueres, en caso de que se obtuviera la victoria, las armas que necesitaban para combatir a Batista.
Además, la incorporación de los estudiantes universitarios cubanos al frente de batalla les sirvió de entrenamiento militar para futuras acciones en Cuba. La oportunidad fue propicia para que El Gordo realizara, conjuntamente con Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó y Pepín Naranjo, prácticas de tiro, lanzamiento de granada, etc. En algunas de las fotos que se conservan de aquellos días, José Antonio aparece portando una subametralladora M – 3 mientras que Fructuoso y Carbó llevan un fusil M – 1.
La actitud internacionalista de estos jóvenes, sirvió de ejemplo y acicate a la masa estudiantil cubana y a quienes en la Isla consideraban que el único camino para derrocar al Tirano era el de la lucha armada.
Durante su estancia en Costa Rica, José Antonio conoció en una trinchera, en el sitio conocido como Puercos, a Daniel Oduber, importante dirigente del partido del presidente José Figueres.. Con posterioridad, Oduber fue elegido también primer mandatario de esa nación latinoamericana.
Además, el Gordo se entrevistó, poco después de derrotada la agresión, con el propio presidente Figueres, a quien entregó, en compañía de Pepín Naranjo y otros compañeros, un gallardete con la leyenda “CUBA” y la bandera cubana. Aunque durante el encuentro, el mandatario les expresó su gratitud por la simpatía y la ayuda recibida de Cuba, el líder estudiantil sólo consiguió del mandatario una promesa de asistencia futura.
De regreso a Cuba, José Antonio y Fructuoso Rodríguez, señalados ya como enemigos mortales del régimen de Batista, fueron detenidos el 27 de enero en el aeropuerto de La Habana por el Buró de Investigaciones con objeto de ser interrogados, motivo por el cual fueron enviados a la prisión existente por entonces en el matancero Castillo de San Severino, hoy sede del Museo de la Ruta del Esclavo.
En un aparte con la prensa, José Antonio, Fructuoso y otros combatientes, declararon que habían viajado a Costa Rica para defender el régimen democrático existente en ese país, motivo por el cual habían participado en numerosas acciones de infantería contra los invasores.
Unos días antes, aprovechando la estancia de los principales dirigentes de la FEU en Costa Rica, El Gordo, Fructuoso y Álvaro Barba, habían sido acusados por las fuerzas represivas de realizar acciones terroristas, a pesar de que la organización estudiantil había denunciado en varias ocasiones esta forma de combatir el régimen.
José Antonio y Fructuoso Rodríguez fueron conducidos el propio 27 de enero al cuartel Goicuría de Matanzas, en donde comparecieron ante el Coronel Pilar García, Jefe del Regimiento de la Atenas de Cuba; el Teniente Coronel Alberto Triana Calvet19, Inspector Territorial de la Policía y el Capitán Jiménez Martínez, Jefe de la Sección de Policía.
Los jóvenes habían sido acusados, durante el proceso judicial20 que se le seguía en Matanzas a Miguel Ángel Díaz Pardo e Isalgué, Presidente de la Federación Estudiantil del Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas y a Gregorio Iglesias, alumno de la Escuela de Comercio de la Atenas de Cuba, de formar parte, junto a otros implicados, de un supuesto plan de insurrección contra Batista. Los dirigentes estudiantiles negaron los cargos que se les hicieron, motivo por el cual tuvieron que ser puestos en libertad. “Este hecho – como bien ha apuntado Julio García Oliveras – quedará ante los compañeros de Echeverría como una señal de que el tirano se propone actuar sin escrúpulos en el futuro”.21
Como recuerdo de su viaje a Costa Rica22, José Antonio adquirió para su madre un costurero confeccionado en madera. Este valioso objeto se conserva desde 1983 en el museo cardenense que lleva su nombre, gracias a la donación de las profesoras Clara y Perlita Moré23. Fue exhibido en la Muestra del Mes de julio de 1988 junto a una foto y a una fotocopia de su pasaporte, documentos que testimonian la estancia del Gordo en el hermano país centroamericano.
Durante la visita que José Antonio realizó a sus padres y a sus hermanos, luego de su viaje a Costa Rica, se encontró con su amigo Manuel del Cueto, quien luego de interesarse por la situación existente en el país latinoamericano y conocedor de la mentalidad política de los mandatarios de la época, le preguntó:

“Gordo, ¿tú crees que Figueres merezca la pena que tú y el resto del grupo de ustedes fueran allá a jugarse la vida?”.
La respuesta de José Antonio no se hizo esperar: ¿Tú ignoras que allí existe un pueblo?. Yo no fui allá por Figueres, yo fui por el pueblo de Costa Rica”.24

El 13 de febrero, fecha en que se cumplía el segundo aniversario de la muerte de Rubén Batista Rubio, la FEU organizó, como era tradicional, una manifestación estudiantil que debía dirigirse hasta el Monumento a los Estudiantes de Medicina existente en la explanada de La Punta, la cual fue interceptada por las fuerzas policiales. A consecuencia de este hecho se produjo un enfrentamiento entre los policías batistianos y los estudiantes que participaban en la conmemoración. Como resultado de la lucha cuerpo a cuerpo numerosos manifestantes resultaron heridos mientras otros, eran detenidos. Durante el enfrentamiento José Antonio fue golpeado salvajemente, sobre todo en la cabeza, y cayó inconsciente al pavimento.
Inmediatamente, la FEU protestó por la agresión policíaca perpetrada contra los manifestantes así como por las lesiones graves inflingidas a su Presidente. Este acontecimiento tuvo una gran repercusión entre los estudiantes y en la opinión pública nacional, a tal punto, que todos los periódicos nacionales publicaron informaciones sobre el tema.
El propio 13 de febrero, día en que se producen estos hechos, el Diario Nacional había publicado bajo el título Debemos ir a la fase industrial, un grupo de interesantes ideas del Presidente de la FEU acerca de varios puntos neurálgicos de la economía cubana. Entre los planteamientos esbozados por José Antonio en este periódico habanero se destacan, por su importancia, los referidos a la necesidad de consolidar la economía cubana como tarea principal y a la imposibilidad de resolver la crisis económica sin dar solución primero a la crisis política. Además, planteó como el Golpe de Estado propinado por Batista había limitado las posibilidades de desarrollo de la nación, determinando la agudización de la crisis económica al reducirse por parte de los Estados Unidos de América el monto de la cuota azucarera.
El líder estudiantil aprovechó la ocasión para criticar a quienes en Cuba confiaban en la ayuda que darían los norteamericanos para resolver los problemas económicos de la Isla e hizo un llamado a la opinión pública para que reclamara del imperialismo yanqui un trato justo. Por otra parte, enfatizó en la necesidad de diversificar la industria cubana, planificando la economía nacional sobre la base de los capitales cubanos y un comercio exterior propio.
Resulta interesante, además, anotar que en el artículo se advierte como preocupación esencial en Echeverría la necesidad de industrializar la economía. Para lograr estos propósitos, creía que la Universidad debía formar técnicos bien calificados y solo sí era necesario, traer técnicos extranjeros para que trasmitieran a los especialistas cubanos sus conocimientos. Por último, al analizar el futuro del país manifestó que: “Cuba podía ser un mercado para su propia industria pero que también se debía coordinar las economías latinoamericanas para contar con otros mercados. Cuba debía colocar sus producciones agrícolas en todo el mundo y romper con la dependencia del mercado norteamericano”.25
El 15 de febrero, José Antonio realiza su solicitud de matrícula para cursar, durante el curso académico 1955 – 1956, el quinto año de la carrera de Arquitectura en la Universidad de La Habana. En esta ocasión, se inscribió en cuatro asignaturas con validez académica, las cuales representaban un total de 30 horas clases semanales, todo lo cual fue certificado por su firma y la del Secretario de la alta Casa de Estudios. En la planilla hizo constar que tenía 23 años de edad y que residía aún en esta fecha en la Casa de Huéspedes que poseía en el apartamento 6 de la calle 25 No. 411, la madre de su amigo Rolando Cubela.
A partir de 1955 y hasta el momento en que pasa a la clandestinidad, José Antonio convirtió a la prensa, cada vez con más asiduidad, en una tribuna ideal para manifestar sus ideas. Prueba de ello son las declaraciones que hace por estos días a los medios cubanos. El 24 de febrero, por ejemplo, al conmemorarse el 60 aniversario del reinició de la Guerra Necesaria propugnada por José Martí, declaró al periódico habanero Prensa Libre: “La obra de los libertadores está inconclusa y hay que andar en marcha hacia la libertad”.26
Tres días más tarde, el 27 de febrero, se publica - acompañada de una foto suya - la entrevista concedida por él a la revista Bohemia, a pocas semanas de haber “tomado posesión” el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista27, hecho que según su criterio agravaba:

“... aún más la situación en que el golpe del 10 de marzo de 1952 ha sumido a la nación. Perdidas las esperanzas de lograr una solución armónica al problema cubano, y con la situación económica empeorando por días, solo aguardan al Pueblo de Cuba negros horizontes en esta nueva etapa del régimen marcista.
Analizando el cuadro que se nos ha impuesto este 24 de febrero, no podemos menos que preocuparnos muy seriamente por el futuro inmediato de nuestra Cuba: continúa en el Poder un Ejecutivo auto erigido el 1 de noviembre, cuyos atributos principales son la fuerza, la arbitrariedad y el desprecio por las grandes voluntades mayoritarias de nuestro Pueblo; del Poder Legislativo, con un origen tan espurio y bochornoso como son los comicios de Noviembre, nada fructíferos (sic) y provechoso puede esperar la Patria. Luego, de este show montado para la prensa y los diplomáticos extranjeros, ha estado completamente ausente nuestro Pueblo, que sabe que la toma de posesión la realizó por la fuerza este Régimen el 10 de marzo de 1952, situándose desde ese momento a espaldas del Destino Histórico de nuestra Nación. No queda, pues, más remedio a la ciudadanía que continuar en el camino de la lucha por la conquista definitiva de las reivindicaciones que constituyen los objetivos fundamentales de la Revolución Cubana”.28

Agregando a renglón seguido, su convicción de que:

“El estudiantado y la juventud han quedado en este momento solos en este camino. La claudicación y la inercia de las llamadas clases dirigentes del País, han colocado sobre nuestros hombros un peso, con el que, sin embargo, no nos sentimos abrumados. Tenemos fe en que la unión del estudiantado y la juventud con las clases obreras, campesinas y profesionales, logrará plasmar los ideales revolucionarios, que constituyen la esencia misma de nuestra Nacionalidad”.29
Unas semanas más tarde, el 13 de marzo, la revista Bohemia publica, en ocasión de celebrarse en Cuba el Día del Arquitecto, el artículo titulado Como piensan los estudiantes. Presente y futuro de la arquitectura en Cuba, escrito por él en coautoría con Samuel Biniakoski Cherson, Director de la revista Espacio. En el artículo, ilustrado con una foto aérea de La Habana y con otra de la maqueta del proyecto de la Plaza de la República (hoy Plaza de la Revolución) y los edificios que la circundan, los autores presentaron sus excusas a los lectores por tratar de abarcar, siendo aún estudiantes de arquitectura, un tema de tan ambiciosas proporciones.
A continuación, José Antonio y Samuel Biniakoski realizaron un pormenorizado análisis de los siguientes temas: las razones del por qué consideraban que los edificios altos no son, necesariamente, señal de progreso; los errores de la Arquitectura oficial; la Misión del Arquitecto, la definición de qué entendían los gobiernos de la época por urbanismo; la convicción de los autores de que la construcción de la Plaza de la República (hoy Plaza de la Revolución) y el Monumento a Martí existente en la misma eran otra forma del gobierno de Batista de hacer política; La Habana como ejemplo de lo que no debía hacerse en la planificación de las ciudades y las consideraciones de los autores acerca de que sí la Junta de Planificación creada el 28 de enero de ese año resolvía o no los problemas existentes en el panorama arquitectónico cubano de la época.
El artículo, aunque de carácter eminentemente técnico, no sólo deja entrever el profundo conocimiento que sobre los temas abordado poseían sus autores, lo cual les auguraba un futuro promisorio en el ejercicio de la carrera que estaban estudiando; si no que también, fue utilizado muy inteligentemente por ellos, para criticar y atacar al régimen de Batista, asegurando la decisión de José Antonio, Samuel Biniakoski y sus compañeros de estudio de permanecer: “... vigilantes para que no se frustren los mejores Destinos a que Cuba tiene derecho, y de los cuales la planificación del país es un factor tan importante ”.30
El 27 de marzo, el Gordo hizo nuevas declaraciones a la prensa, especialmente a la revista Bohemia, la cual realizó una encuesta entre diversas personalidades de la vida social y política cubana, para conocer la opinión de los entrevistados acerca de una demanda nacional: la apertura de las cárceles cubanas para los presos políticos y el retorno de los exilados. En sus declaraciones, el Presidente de la FEU, al igual que lo hizo en el acto efectuado el 13 de febrero en memoria de Rubén Batista Rubio, llamó a la opinión pública a reforzar el repudio y la presión para lograr la libertad de los detenidos y exigió la aprobación por el gobierno de una amnistía general. Además, reafirmó el apoyo estudiantil a los presos políticos cubanos, especialmente a los asaltantes del Cuartel Moncada, expresando:

“La amnistía general constituye un clamor de toda la ciudadanía, al que los estudiantes hemos brindado todo nuestro apoyo. No podemos parecer indiferentes ante tantos compañeros que sufren en la actualidad los rigores del presidio político por haber defendido el honor de nuestra nación, ultrajado el 10 de marzo. Rechazamos, empero, el indigno espectáculo de tantos políticos que, después de haber aprovechado a sus anchas la jornada bochornosa del 1 de noviembre para ganar unas cuantas migajas del Régimen, ahora se erigen en abanderados de los compañeros que sufren prisión, cuyos ideales ellos han traicionado.
Así el grito del Pueblo se hace cada día más potente: ¡Que no quede en la cárcel uno solo de los dignos luchadores contra la Dictadura!.”.31

Durante el transcurso del mes de marzo, en una fecha que no hemos podido precisar, José Antonio se reunió en Varadero32 con un grupo de dirigentes estudiantiles universitarios con el objetivo de iniciar, en el mayor secreto posible, los trabajos para dejar constituido el Directorio Revolucionario, organización insurreccional que debía ser creada sobre bases ideológicas y programáticas verdaderamente revolucionarias, ya que así lo reclamaban con fuerza los sectores más radicales del movimiento estudiantil cubano. Por estos días, como bien ha afirmado Faure Chomón Mediavilla, “... los grupos revolucionarios de la Universidad se han polarizado hacia José Antonio”.33
La idea gestora de lo que sería el brazo armado de la FEU había nacido, según René Anillo, en marzo de 1954 en el Castillo del Príncipe: “ ...cuando José Antonio, Fructuoso y yo, junto a otros compañeros, estábamos cumpliendo condenas por protestar contra la falsa electoral convocada para noviembre de 1954. Ideas que siguieron alimentándose luego que José Antonio (...) fuese designado Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria el 30 de septiembre de 1954”.34
La creación de una organización revolucionaria en la Universidad de La Habana fue un propósito compartido por varios de los grupos estudiantiles que se opusieron al Golpe de Estado propinado por Batista el 10 de marzo de 1952. En este sentido, según Julio García Oliveras:

“Faure35 por un lado; Carbó36 y Machadito37, por otro; Pepín Naranjo, algunos en Arquitectura y Derecho comienzan a hablar de la misma idea, tomando como base lo que fue el Directorio Estudiantil Revolucionario en las luchas contra Machado.
Entre los años 1952 y 1955,la posición de José Antonio es la de no precipitar la creación de esta organización revolucionaria. Él plantea primero el rescate de la FEU, de sus tradiciones revolucionarias, expulsar de la Universidad a los elementos gansteriles y politiqueros.
La FEU, desde el punto de vista de la autenticidad, tenía que ser la organización estudiantil revolucionaria más legítima, y José Antonio, por su convicción, se propuso rescatar ese papel. Y lo logró”.38

Al principio, según ha afirmado el ya citado García Oliveras:

“... se pensó en llamarlo Movimiento de Liberación Nacional, el cual lucharía por la liberación del país, contra el imperialismo y por un desarrollo económico independiente. Todos los grupos organizados en la Universidad y probados en la lucha se inclinaban a la organización de este movimiento.
Hay que decir que Echeverría, en la primera etapa de su presidencia en la FEU, no estaba de acuerdo con crear una nueva organización revolucionaria. En aquellos días, sin medios para desarrollar la lucha hasta su fase elevada – el enfrentamiento armado -, la lucha política representaba el frente principal. Y él entendía que había que concentrar todos los factores en reforzar el movimiento estudiantil y la FEU. Pero después de tener ya firmemente bajo control el movimiento universitario, y ante el avance general de la lucha, la situación demandaba definidamente nuevos pasos organizativos”.39

Las razones fundamentales que determinaron el surgimiento en este período del Directorio, considerada por Faure Chomon y por otros de sus compañeros de luchas, como la: “Obra maestra del fecundo pensamiento del intrépido dirigente estudiantil (...)”40, fueron:

• La aceptación total de la dirección de José Antonio por todas las fuerzas insurreccionales del movimiento estudiantil.
• El desarrollo y consolidación del movimiento revolucionario del estudiantado y el aumento de sus influencias en las masas populares.
• El ascenso definido de la lucha como consecuencia del deterioro de la situación nacional en sus aspectos político y económico, en relación con la creciente dependencia del imperialismo yanqui.
• La liquidación definitiva de cualquier otra alternativa a la situación política del país que no fuera la lucha armada.

Durante la reunión efectuada en Varadero en marzo, se examinaron, según René Anillo Capote, “... los proyectos revolucionarios que se alimentaban en el país, y en los cuales no confiábamos, particularmente en los que venían de la fracción insurreccional del Partido Auténtico ”.41 Como resultado de este análisis, se llegó al consenso de que la nueva organización debía tener objetivos y propósitos bien definidos y que se debían crear las condiciones para que sus fundamentos y fines fundamentales. fueran la liberación nacional ”.42
Entre los propósitos primordiales del Directorio estaban la dirección de los comandos que actuaban dentro y fuera de la Universidad de La Habana, la determinación de la táctica a proponer para neutralizar las fuerzas contrarias a la organización y el cuidado de la vida del Presidente de la FEU, quien continuaba visitando la Colina para hacer sus pruebas o para asistir a las actividades políticas y culturales ya que por esta época, como bien afirmó su amigo y compañero Faure Chomón Mediavilla, a pesar de estar prácticamente en “... la semiclandestinidad, José Antonio no perdió el nexo con los estudios, pues trataba de mantenerse al día ayudado por sus compañeros. Él decía que era necesario estar preparados para cuando pudiéramos salir de nuevo a la legalidad ”.43
Este propósito fue mantenido por el líder estudiantil y sus compañeros “... hasta que se sumergieron completamente en la lucha, condenados a muerte por la tiranía. Primero había que ganar la revolución para seguir estudiando (...)”.44
Según René Anillo, José Antonio era en esta época muy:

“... celoso del tiempo, que invertía con rigor: clases en la mañana, la tarde para el rugby, y las noches para el estudio. Todo ello sin dejar de seguir lo más importante, que solía hacer temprano, a la hora de levantarse, cuando despachaba los asuntos de la FEU, o a la hora de almuerzo o de la comida. Era entonces difícil su participación en actividades que no tuvieran que ver con lo principal, lo que no significa que no fuese al cine, o aun baile, o a pasear con la novia ”45

En este período, comienza también a leer y estudiar en sus escasos ratos libres y cada vez con más frecuencia, libros de contenido progresista e incluso, marxista. Es la época en que, según Juan Nuiry, lo responsabilizó junto a René Anillo con la preparación de:

“... círculos de estudio con profesores de las Escuelas de Derecho, Ciencias Sociales y Filosofía y Letras, empeño en que él mismo preparó las condiciones en la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Arquitectura para efectuar los encuentros. En ellos el propio José Antonio señalaba los compañeros que debían participar”.46

Manuel del Cueto, quien fue Coordinador del Movimiento 26 de julio en Cárdenas, contó en una ocasión al periodista e historiador cardenense Roberto Bueno Castán que por esta época, veía regularmente a José Antonio:

“ ... por la Avenida de Céspedes, donde acostumbraba a conversar con sus amigos, siempre me preguntaba que estaba leyendo, un día le dije que El Hombre mediocre, de José Ingenieros, me dijo entonces que me iba a prestar del mismo autor Las fuerzas morales. A los pocos días, cuando lo saludo me dice: Esta vez no te voy a preguntar que lees, te voy a decir lo que estoy leyendo. Pero primero dime sí estas bien del corazón, porque cuando te lo diga te va a dar un infarto. Aunque siempre bromeaba conmigo, aquella pregunta me extrañó, le dije que estaba tan fuerte como él y que me dijera lo que leía, entonces me dijo: Veterano, estoy leyendo El Capital de Carlos Marx, eso es dinamita puro pero hay que tener cuidado, porque sí te agarran con él, es como sí te agarraran con un cartucho de dinamita, es un libro muy profundo, hay que leerlo y releerlo y después sacar conclusiones. Si puedo voy a conseguirte otro sino te prestaré el mío cuando lo estudie un poco más ”.47

El 17 de abril, José Antonio vuelve a la carga desde las páginas de la revista Bohemia, esta vez para dejar muy claro que: “Hemos sostenido y seguimos sosteniendo que ante la problemática nacional sólo pueden caber dos actitudes, sólo pueden existir dos movimientos: los que están con Cuba y contra Batista, y los que se hallan al lado de Batista y contra Cuba”.48 Además, retomó la crítica a las elecciones del 1 de noviembre y al mantenimiento por la fuerza de la Dictadura, indicando su convencimiento de que: “... Solo la acción nacional, tendiente a plasmar los postulados de la Revolución Cubana – en cuyo camino actualmente ya se encuentra nuestra patria – logrará liquidar esta triste etapa cuartelaria de nuestra historia republicana”.49
Estas declaraciones – como bien ha afirmado el profesor Eusebio Reyes - tuvieron una gran repercusión puesto que “... pusieron al descubierto las intenciones de las organizaciones políticas de corte tradicional que, imposibilitadas de participar ventajosamente en la política oficial como consecuencia de las referidas elecciones, buscaban que Batista les permitiera entrar en el juego”.50
Poco antes, entre marzo y abril, se habían iniciado los comicios en la Universidad para elegir a los presidentes de las diferentes escuelas. Aunque estas elecciones se caracterizaron por constituir el último y más violento intento de los viejos dirigentes estudiantiles de oponerse a la elección de José Antonio como Presidente de la FEU, este fue ratificado como Presidente de la Escuela de Arquitectura, a pesar de que los opositores del dirigente estudiantil recurrieron:

“... hasta la violencia, poniendo en funcionamiento al grupo de guapetones y gángsteres que, colocados en la Universidad, saben de los propósitos de Echeverría de expulsarlos de la Colina. José Antonio ya había comentado al respecto: Necesitamos limpiar la casa antes de limpiar la patria”.51

Con objeto de impedir que José Antonio fuera electo Presidente de la FEU, los elementos corruptos y politiqueros que aún pululaban por los predios universitarios, viendo que más de la mitad de los presidentes de escuelas electos52 – eran trece - lo apoyaban resueltamente, secuestraron a Antonio Guevara (Ñico) 53, Presidente de la Escuela de Farmacia, quien estaba entre los que se hallaban dispuestos a votar por el líder estudiantil. Según ha relatado el propio Guevara, en vísperas de las elecciones:

“Los contrarios de José Antonio me presionaban y hasta me invitaban a comer porque sabían que no tenía dinero ni para la merienda. Un día, aquel amigo mío llamado Olivares, quien era de Guantánamo, mi pueblo natal, me invitó a dar una vuelta por el Malecón, y cuando me di cuenta venían unos gángsteres, unos pistoleros. Aquellos matones me amenazaron, me dijeron que si no votaba por Leonel Alonso54, me mataban. Entonces yo les respondí: Bueno, chico, me puedes estar matando ahora mismo, porque yo voy a votar por José Antonio Echeverría. No sé si se aconsejaron, pero después me dejaron tranquilo”.55

El Gordo y sus compañeros, con el respaldo de la masa estudiantil, contestaron a la provocación enérgicamente. Faure Chomón, al frente de un grupo de estudiantes, rescató al Presidente de la Escuela de Farmacia y se encargó, con posterioridad, ante las nuevas amenazas de los enemigos de José Antonio, del aseguramiento de las elecciones
El 19 de abril el Gordo fue ratificado como Presidente de la FEU, cargo que había ocupado el año anterior por sustitución reglamentaria:

“Este nuevo triunfo de Echeverría, – afirmó Julio García Oliveras – en las condiciones difíciles que el estudiantado conocía, provocó un inmenso júbilo en la Universidad. Una ola de entusiasmo revolucionario recorrió la Colina y muchos estudiantes se dirigieron a José Antonio para felicitarlo. Todos los periódicos informaban del resultado de las elecciones.
Esta prueba fue atravesada por Echeverría con toda firmeza y decisión, tomando parte activa en la dirección del enfrentamiento y participando personalmente en los momentos más difíciles del proceso.
Ya en esta época, José Antonio Echeverría era un dirigente muy querido y respetado por los estudiantes no sólo en la Universidad sino en el resto del país. A la Colina universitaria concurrían frecuentemente los estudiantes y dirigentes de los institutos de Segunda Enseñanza y de las otras escuelas secundarias para entrevistarse con José Antonio. Ya iba madurando la coordinación de la lucha contra la dictadura, y los estudiantes de otros centros de enseñanza se lanzaban a la protesta al llamado de la Universidad de La Habana.
Igualmente, ante los sucesos de interés nacional, los representantes de la prensa se dirigían a la Universidad a fin de escuchar las opiniones del presidente de la Federación Estudiantil Universitaria”. 56

El propio 19 de abril, José Antonio hizo un recorrido por los diarios habaneros para exponer a la opinión pública nacional su agenda de trabajo. Al siguiente día, el 20, el diario Información, publicaba la entrevista sostenida con el Presidente de la FEU en la redacción de ese órgano de prensa afirmando: “Echeverría, que es un hombre de lucha y de una extraordinaria serenidad, se mostraba satisfecho sin alardes y dispuesto a llevar a la FEU por la vía de la superación que todos deseaban”. 57
Al responder a la pregunta ¿Cuáles son tus planes de momento?, José Antonio contestó sin vacilar:

“El desarrollo cultural de la Universidad. Superación debe ser la palabra, aunque se haya abusado de ella en muchos momentos sin cumplirla. Creo pueden abrirnos confianza si se tiene en cuenta la palabra que hemos llevado a cabo durante el pasado período, en el que figuraron importantes ciclos de conferencias: la Semana Sinfónica Universitaria, el Ballet de Alicia Alonso, Teatro Universitario, Cinematógrafo, exposiciones de grandes artistas como Girona y Lam y otros muchos”.58

Así mismo, anunció la creación, junto a otros compañeros, de la Universidad Popular Rafael Trejo y proyectó la realización de la cruzada nacional de alfabetización Rubén Batista Rubio. Además, afirmó que la FEU lucharía con denuedo para hacer posible la Ciudad Universitaria y reafirmó el mantenimiento de la oposición del estudiantado a la dictadura.
Por último, dio conocer que el nuevo ejecutivo de la FEU se constituiría: “El próximo jueves. Para cada puesto se buscará el hombre que pueda ejercerlo debidamente; no vamos con compromisos de ninguna clase. Es cuestión de actuar y no ensayar”59. El periodista cerró la entrevista acotando: “Y Echeverría y sus compañeros desaparecieron rápidamente por el elevador que se cerraba ante nosotros”.60
También, el 20 de abril, el periódico habanero El Crisol publicó los pronunciamientos hechos al ser reelegido Presidente de la FEU por José Antonio, quien afirmó a ese órgano de prensa que llevaba:

“... como aspiración máxima en lo interno un sentimiento de superación y una intensificación de las actividades culturales en el Alma Mater. Trataremos de volcar el acervo cultural universitario en las grandes masas populares, mediante la creación de la Universidad Popular Rafael Trejo y una gran campaña de alfabetización que recorrerá el país”.61

Así mismo, otro periódico habanero, el Diario Nacional, publicó el propio 20 de abril, una entrevista realizada por uno de sus periodistas al líder estudiantil. El reportero escribió:

“En las últimas horas de la tarde de ayer el recién electo Presidente de la FEU, José Antonio Echeverría visitó nuestra redacción conjuntamente con los líderes estudiantiles Juan Nuiry, Luis Blanca62, Fructuoso Rodríguez y René Anillo, Ejecutivos de dicho organismo.
Los miembros de la FEU, en una charla informar trazaron a grandes rasgos el programa que se proponen desarrollar, José Antonio Echeverría trazó el propósito que los animaba:
La cultura universitaria como gran resorte del progreso en lo externo. En lo interno queremos que cumpla su verdadero rol, en la gran misión encomendada a la Universidad. Es un propósito caro nuestro empeño. Lucharemos con denuedo por hacer realidad el proyecto de la Ciudad Universitaria y trataremos que las escuelas que están necesitadas de edificio se les construya. También está entre los objetivos que hemos trazado, la construcción del Hogar Universitario.
(...)
La gran tarea histórica de la FEU, es enfrentarse a los obstáculos que impiden el progreso de nuestra Patria y para ello, uniremos en idea y acción al estudiantado y la juventud cubana, sin más norte que imponer sobre el sombrío panorama cubano una aurora de fe en el destino nacional. Trataremos en fin, agrega, que se convierta en el grito del pueblo”.63

Pocas semanas antes, el Gordo había declarado a la revista Bohemia:

“ Continuaremos nuestra lucha sin apartarnos del pueblo, por el rescate de las libertades y la dignidad ciudadanas ultrajadas. No cejaremos en nuestra actuación contra el régimen y la haremos llegar hasta el pueblo.
(...)
¡Que no quede en la cárcel uno solo de los dignos luchadores contra la Dictadura!.Todo intento de excluir a los combatientes del Moncada de la amnistía política se encontraría con el más amplio repudio de la opinión pública.“.64

Poco después de realizadas estas declaraciones, al frente de los estudiantes más revolucionarios, el Presidente de la FEU expulsará de la Universidad a los elementos corruptos y politiqueros que habían planeado y ejecutado en vísperas de las elecciones estudiantiles el secuestro de Antonio (Ñico) Guevara.
El 24 de abril, la revista Bohemia al hacer una valoración de los comicios celebrados en los predios universitarios, en los que fue reelegido José Antonio como Presidente de la FEU, afirmó:

“La mayoría del estudiantado ve en los acontecimientos que culminaron en ese resultado el augurio de mejores tiempos. Fueron de los comicios más honestos y positivos realizados jamás en la inquieta colina. Por un equilibrio de fuerzas sin precedentes tres veces resultaron empatados los dos candidatos principales. En un intento postrero de superar este círculo vicioso, Alonso, de Filosofía, propuso que se votara unánimemente por Juan Nuiry de Ciencias Sociales. En aquellos momentos, hubiera bastado que el propuesto votara por sí mismo para ser figura cimera de la Federación Estudiantil Universitaria... no lo hizo así. Prefirió concederle su voto a Echeverría, gesto que decidió el triunfo de este. El desprendimiento del Presidente de Ciencias Sociales, muy elogiado por sus compañeros, fue señalado con sencillas palabras: Considero que antes que las ambiciones personales está la conducta limpia de los hombres y nosotros que nos enfrentamos a la dictadura en la calle debemos dar aquí el ejemplo, subrayó Nuiry”.65

Durante el primer semestre de 1955, fiel a las ideas esbozadas en sus declaraciones a la prensa, la FEU organizará y promoverá bajo la acertada dirección de José Antonio diversas acciones culturales, entre las que no faltan exposiciones de los destacados pintores Sandú Darié66, Julio Girona, Luis Martínez Pedro y Wifredo Lam67, artistas hacia los cuales tuvo José Antonio singular preferencia. El Gordo, según René Anillo, pensaba: “... que el divorcio entre las artes plásticas redundaba en perjuicio del hombre, de ahí que la integración de las mismas era indispensable para mejorar la vida de las personas y el lugar de actividad de los trabajadores”.68
Por cierto, según el ya citado René Anillo, Wifredo Lam fue invitado por la FEU a una actividad cultural y, con sus maneras sencillas:

“... tomó asiento donde le indicaron, en la primera fila. A poco de estar allí, alguien, por razones que desconozco, se acerca a Lam para que ceda su asiento a un diplomático norteamericano, de cuya presencia allí nada sabíamos. Cuando Lam se propone levantarse, José Antonio, que ha captado a distancia lo que ocurre, orienta la permanencia de nuestro genial pintor en el lugar privilegiado y comenta: él es el mejor invitado de la FEU en el día de hoy ”.69

También se prepararon por estos días, orientadas y apoyadas por el Gordo, varias exposiciones sobre arquitectura y planificación. Además, el 20 de mayo se efectuó el Segundo Festival Universitario de Arte. Los pintores que expusieron sus obras en la Colina por esta época: “... no solo hallaron –al decir de René Anillo Capote - locales para exhibir sus cuadros en la Universidad, sino que José Antonio tuvo hacia ellos singular preferencia ”.70
En la mañana del domingo 8 de mayo, un numeroso grupo de estudiantes habaneros, encabezados por el Presidente de la FEU, se trasladaron en autos y ómnibus al Morrillo, sitio de la geografía matancera en donde había sido asesinados Antonio Guiteras junto a Carlos Aponte. En las primeras horas de la tarde los estudiantes, encabezados por el Gordo y Fructuoso Rodríguez llenaron “... aquel histórico rincón. En larga procesión bajaron hasta el punto donde cayera el dirigente revolucionario y antiimperialista, y figura principal en las luchas estudiantiles contra la dictadura machadista en los años 30”.71
Durante el acto72, el cual había sido coordinado de antemano con los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, hablaron en el monumento que señala el lugar donde había sido asesinado Guiteras, Luis Blanca, presidente de la Escuela de Ingeniería, y Fructuoso Rodríguez, entre otros. A instancias de los presentes también usó de la palabra el Presidente de la FEU, el cual aprovechó la ocasión para destacar la figura del valeroso revolucionario cubano y condenar enérgicamente a Batista. Sin embargo, las fuerzas represivas que, encabezadas por un Coronel, vigilaban a pocos metros de allí la manifestación, no se atrevieron a interrumpir el acto.
Este mismo día, invitado a participar en la actividad que por la efeméride se efectuaría en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas73, José Antonio llegó al plantel sobre las 8 y cuarto de la noche, en compañía de José Venegas, Secretario de Relaciones Exteriores de la FEU. Cuando todo estaba listo para comenzar el acto, el cual debía realizarse en el campo de deportes del Instituto, se presentó en este lugar el Teniente Coronel Alberto Triana Calvet74, acompañado del Comandante Olegario Rodríguez, el Capitán Leonardo Jiménez, el Teniente Avelino Pérez, los sargentos Padrón y Calderín así como numerosos soldados.
Poco después, se produjo una discusión entre el Gordo y el Teniente Coronel Alberto Triana Calvet, Inspector territorial de la Cuarta División de la Policía Nacional, ya que este último, altanero y rodeado por sus guardaespaldas, quienes portaban armas largas, exigió la inmediata retirada de los equipos de amplificación pues “... no permitiría que allí se pronunciaran discursos que entrañaran calumnias contra el Gobierno”.75
En todo momento, Echeverría defendió el derecho que tenían los organizadores del homenaje a Guiteras de utilizar los amplificadores, respondiéndole valientemente, según Héctor Flores Eiras, quien fue fundador del Directorio Revolucionario y dirigente de la Asociación de Estudiantes en Matanzas, con un: “¿Quién coño eres tú?”.76 Este hecho motivó que, con la llegada al plantel de Fructuoso Rodríguez, la discusión entre los policías, los estudiantes y sus dirigentes se fuera agravando, agregando estos último a sus demanda, la pronta retirada de las fuerzas policiales.
Exaltado, el Teniente Coronel Triana ordenó a sus hombres, quienes portaban ametralladoras calibre 45 y carabinas M –1 de 7,62 mm, que retiraran los equipos de audio. Inmediatamente, el Gordo le increpó con fuertes palabras. Este hecho es aprovechado por los sicarios para agredirlo a él y a sus compañeros.
Como la policía tomó una posición ofensiva, José Antonio se defendió lanzándole un puñetazo al Coronel Triana Calvet, quien le propinó junto a sus guardaespaldas, luego de derribarlo, una soberana paliza con sus blackjack. José Venegas trató de intervenir en su defensa, pero fue también derribado al igual que Fructuoso. Los tres fueron apaleados hasta ser dejados inconscientes. También, varios estudiantes fueron heridos durante la trifulca.
Los policías lanzaron algunos disparos y usaron gases lacrimógenos para rechazar las protestas y manifestaciones en contra del Gobierno de los presentes, muchos de los cuales trataron inútilmente, de rescatar al Gordo de las manos de los sicarios. Finalmente, el Presidente de la FEU, quien también se lió a golpes, en medio de la balacera, con el Coronel González Clavel, Jefe de la Policía en la provincia de Matanzas; Fructuoso, Venegas, quienes se hallaban heridos, así como Orlando Sánchez, dirigente estudiantil del Instituto y otros estudiantes matanceros fueron encarcelados, por lo que el acto no pudo realizarse.
Las fuerzas represivas penetraron en el local de la Asociación de Alumnos del Instituto y destrozaron las ventanas, los escritorios y la máquina de escribir. Así mismo, la puerta del salón de profesores fue dañada seriamente. Las balas disparadas por los sicarios impactaron en las paredes interiores y exteriores del Instituto. Concluida la agresión, las fuerzas policiales, equipadas con armas largas, ocuparon el plantel
José Antonio, José Venegas Valdespino, y Fructuoso Rodríguez fueron atendidos en la Casa de Socorros de Matanzas por el destacado médico matancero Julio Font Tió, quien se hallaba de guardia en este lugar. En el caso de José Antonio, este presentaba una fractura del antebrazo izquierdo y contusiones y hematomas en la región frontal de la cabeza y en otras partes del cuerpo, por lo que fue clasificado como herido menos grave mientras que Venegas, herido de gravedad, sufrió un shock traumático severo y recibió varias heridas, sobre todo en la cabeza, como consecuencia de la golpeadura que, hasta dejarlo inconsciente, le propinaron los esbirros de la dictadura. Fructuoso Rodríguez también recibió atención médica por presentar varias lesiones leves en el cráneo.
En el sanatorio de la Colonia Española de Matanzas fue asistido e ingresado Orlando Sánchez Abrahantes, alumno del Instituto, el cual fue calificado de herido menos grave. Cinco agentes policíacos tuvieron que ser atendidos en la clínica militar por presentar lesiones leves.
Entrevistado en su lecho de convaleciente por un reportero local, José Antonio, a quienes los médicos recomendaron la necesidad de evitar nuevos golpes en la cabeza – había sido herido ya en este lugar en tres ocasiones – por temer graves consecuencias para su vida77, expresó:

“Yo vine a Matanzas invitado por los estudiantes del Instituto y la Escuela Normal, para participar en un acto que se celebraría en conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte de Antonio Guiteras.
Por la tarde fui al El Morrillo y a las 8 y cuarto de la noche llegué al Instituto. Allí había numeroso público y estudiantes, pero a las 8 y media se presentó el Teniente Coronel Triana al mando de las tropas. Él dijo que bajo ningún concepto permitiría el acto, y nosotros le respondimos que teníamos permiso y que no lo suspendíamos.
En ninguna ciudad civilizada ocurre algo como esto. Nos apalearon a nosotros y al pueblo. Dispararon más de 300 tiros y lanzaron bombas lacrimógenas. Cuando caímos al suelo nos patearon”.78

En sus declaraciones a la prensa matancera, José Antonio dijo que en ningún momento se le disparó a la policía desde las ventanas del Instituto y afirmó que las armas que los esbirros decían que habían ocupado durante el incidente, era la única manera que tenía el Jefe del Regimiento para justificar su actuación. “Hasta un tanque podrían encontrar ”79, declaró irónicamente y afirmó, que esperaba la realización de un movimiento de protesta nacional, encabezado por los estudiantes universitarios. Por último, expresó categóricamente: “Sólo cuando muera el último de nuestros miembros de la FEU, dejaremos de luchar por la libertad de Cuba”.80
Este suceso provocó varias protestas en La Habana, Matanzas y en otras ciudades del país. Por tal motivo, la Colina fue rodeada por la policía y en Matanzas, las calles se llenaron de letreros condenando al régimen. Por otra parte, en Cárdenas, ciudad natal de José Antonio, las protestas estudiantiles, encabezadas por José Smith Comas y otros dirigentes estudiantiles locales, se iniciaron en la mañana del 9 de mayo, cuando el estudiantado tomó el edificio del Instituto de Segunda Enseñanza.
En horas de la tarde, las fuerzas policiales procedieron a desalojar a los alumnos del Instituto. Así mismo, detuvieron a los estudiantes Arnaldo Hernández Muñiz, Aldo Torres, Gerardo Fernández y José Smith Comas. Este último, tuvo que ser atendido en la Casa de Socorros de la Ciudad debido a que resultó seriamente lesionado por los planazos del Ejército durante el enfrentamiento. Los detenidos, luego de permanecer varias horas en el vivac municipal, fueron trasladados en horas de la noche del mismo día 9 a Matanzas, para ser puestos a disposición del Tribunal de Urgencia.
Según anunció el 10 de mayo el periódico matancero Adelante, otros disturbios en reclamo de la libertad de los detenidos se llevaron también a efecto en el Parque de Colon, al ser lanzadas a las calles aledañas a este lugar botellas y los sillones de hierro que existían en este sitio. Como consecuencia de estos hechos la policía local se personó en el lugar.
Gracias, entre otros factores, a que los estudiantes de los institutos de Segunda Enseñanza de varios lugares del país hicieron suya esta causa, al sumarse a las protestas de los universitarios, en la mañana del 10 de mayo, todos los detenidos fueron puestos en libertad por orden del Tribunal de Urgencia.
Según anunció el propio día 10 el periódico matancero Adelante, los estudiantes detenidos se hallaban recluidos en los hospitales matanceros Santa Isabel y San Nicolás, debido a las lesiones que presentaban. En el caso de Venegas, fue trasladado a La Habana por su padre, Jovino Venegas, Administrador del periódico El Noticiero de Camaguey; mientras que José Antonio, era llevado a la capital del país por un grupo de sus compañeros de estudio. Ambos fueron ingresados en horas del mediodía de este mismo día, debido a su delicado estado de salud, en la Clínica estudiantil existente en el Hospital Universitario.
En esta misma edición, el periódico Adelante informó haber recibido un manifiesto firmado, entre otros, por Alfredo Echeverría, hermano del líder estudiantil; Armando Pérez Núñez; Jorge Vega y Félix Pérez Milián, en el que formulaban su más enérgica protesta por los sucesos ocurridos en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, enjuiciando por este motivo duramente a las autoridades de la provincia.
Por otra parte, los periódicos matanceros anunciaron también la ocurrencia en señal de protesta, a consecuencia de los hechos acaecidos en Matanzas, de varios incidentes en los cines habaneros Rialto y Alcázar así como la celebración, al mediodía del mismo 10 de mayo, de una reunión del ejecutivo de la FEU en el Patio de los Laureles de la Universidad de La Habana. Sobre esta última indicó desconocer los temas abordados debido a la discreción con que se manejó la realización de la misma.
Dos días más tarde, el 14, con una nueva condecoración en su cuerpo - el brazo izquierdo en cabestrillo – José Antonio anunció desde varios órganos de prensa la celebración, el 20 de mayo, de un gran acto en la escalinata revolucionaria. En la mañana del 16 de mayo, Echeverría, Fructuoso Rodríguez, René Anillo Capote, Juan Nuiry y otros miembros del ejecutivo de la FEU, dan la bienvenida en la Estación de Ferrocarriles de La Habana, en nombre de lo más revolucionario del estudiantado revolucionario cubano, a Fidel Castro y a los Moncadistas.
Fidel y sus compañeros acababan de ser liberados, gracias a la amnistía general proclamada por Batista, como consecuencia directa de la presión ejercida sobre el Dictador por varios sectores de la sociedad cubana, especialmente del estudiantil. Ese día, el líder de la FEU y otros dirigentes estudiantiles acompañaron a Fidel hasta el lugar en donde este debía alojarse, intercambiando con él criterios acerca de la situación imperante en el país.
Desde ese momento y durante los históricos 53 días que permaneció Fidel en Cuba desde su salida de prisión81, José Antonio mantuvo frecuentes e importantes encuentros con él. El primero se produjo el 17 de mayo cuando fue con Fructuoso Rodríguez a visitarlo. Por entonces, Fidel se alojaba en el apartamento de su hermana Lidia, ubicado en los altos del jardín Le Printemps, en la esquina de las calles 23 y 18 en el Vedado. Al respecto, Juan Nuiry ha afirmado que fue testigo de la “... sincera comunicación de respeto y afecto (...)”82 que existió siempre entre ambos revolucionarios. En este período, aparecían con frecuencia artículos de ambos en el periódico “La Calle”, diario que fue clausurado por la dictadura poco después.
A los pocos días de su llegada a La Habana, Fidel y sus compañeros fueron invitados por el Gordo, a través de Juan Nuiry, al acto que, para recibirlos como se merecían, había convocado la FEU para el 20 de mayo en la Universidad. Inmediatamente, el régimen se opuso a la celebración de esta actividad, por lo que el Gordo se vio obligado a declarar al periódico habanero Prensa Libre el mismo día 20 que:

“El régimen de facto, temeroso de la formidable demostración de repulsa que dará el pueblo en el acto de la escalinata universitaria, pretende impedir la celebración de éste, usando para ello una campaña de difamación, tratando de confundir a la opinión pública.
La FEU reitera su determinación firme de llevar a cabo el acto con el más perfecto orden, tanto durante el transcurso del mismo como a su terminación. Para ello se ha organizado una comisión de orden, compuesta por más de trescientos estudiantes, que velarán con la responsabilidad necesaria, por el normal desenvolvimiento del acto.
El régimen no tiene, en estas circunstancias, pretexto para impedir la celebración libre de este acto cívico. Cualquier intento que haga el gobierno en este sentido servirá para evidenciar la más completa falta de garantías en el normal desenvolvimiento de la lucha cívica, cerrando así el gobierno ese camino.
Estamos dispuestos a celebrar este 20 de Mayo con la firme serenidad y responsabilidad que las circunstancias exigen. Sólo la presencia de la fuerza pública podrá impedir la incontenible afluencia del pueblo de Cuba a la escalinata universitaria”.83

Por estos días y como parte de los preparativos del acto, Fidel visitó en compañía de José Antonio, la Casa de Huéspedes en donde este último se alojaba, la cual era propiedad, como ya hemos dicho, de Virginia Secades, madre de Rolando Cubela.
A partir del mediodía del 20 de mayo un enorme despliegue de tropas policíacas y de patrulleros de la Sección Radio Motorizada, portando armas largas y ametralladoras con profusión, rodeó la Universidad, impidiendo, además, el tránsito por sus alrededores de personas y de vehículos. Estos últimos, eran registrados minuciosamente en busca de armas o propaganda revolucionaria. No obstante, varios estudiantes y dirigentes de la FEU lograron llegar, no sin dificultad – la mayoría penetrando por la usual vía del hospital Calixto García - al recinto. A medida que avanzaba el día, el acceso a la alta Casa de Estudios se hacía más difícil y complicado.

“A media tarde, ya varios grupos de estudiantes revolucionarios se reunían en la plaza Cadenas, el Rectorado y las oficinas de la FEU. Desde la escalinata se divisaba un nutrido cordón azul en la confluencia de las calles San Lázaro e Infanta, pasaje principal hacia los actos universitarios.
(...)
La atmósfera dentro de la Universidad se iba cargando de tensión”.84

Poco después, se produjo un fuerte tiroteo, al ser sorprendido Osmel Francis de los Reyes tratando de saltar la cerca del hospital Calixto García. Osmel pudo llegar poco después al Rectorado, aunque “... totalmente descolorido (...)”.85 El suceso confirmó las sospechas, que abrigaban los organizadores del acto, de que los esbirros tratarían de impedir, a toda costa, la presencia, como estaba previsto, del pueblo en el mismo.
Según ha relatado Julio García Oliveras, uno de los participantes en estos hechos:

“José Antonio, Fructuoso (Rodríguez), (René) Anillo, (José) Machado, (Juan Pedro) Carbó, Osmel (Francis de los Reyes) y los pocos estudiantes que habían logrado burlar el cerco, conversaban animadamente cuando alguien avisó que un grupo de policías se acercaba por la calle K. Temiendo una agresión corrimos hacia allí, protegiéndonos tras los muros. Pudimos ver que efectivamente una patrulla avanzaba hasta llegar a unos veinte metros de nuestros límites. Del grupo se separaron dos elementos que cargaban una escalera, la colocaron contra un poste del alumbrado eléctrico y comenzaron a subir. Tras el muro observábamos la operación que sin duda tenía por objetivo cortar el suministro eléctrico. A alguien se le ocurrió gritar: ¡Tírale!, como si fuéramos a abrir fuego, y el pánico invadió a los polizontes. Los que ya alcanzaban el tope de la instalación eléctrica, sin más se dejaron caer al suelo, resbalando por la escalera. Los que esperaban abajo, dejaron súbitamente de esperar y se lanzaron a la carrera. Esto provocó grandes risas entre los estudiantes. Momentos después volverían los esbirros con gran despliegue de fuerzas y cortarían la electricidad. Según caía la noche, toda la Universidad quedó en la oscuridad total. Pero el acto había que darlo. Sin electricidad, sin luz y sin público, fue la decisión de Echeverría y los presentes ”.86

Para lograrlo, poco después de las 8 de la noche, totalmente a oscuras, Luis Blanca instaló una pequeña planta eléctrica y se activó el sistema de amplificación. Ante la manifiesta provocación y al anunciarse el inicio de la actividad, los esbirros se alborotaron y los carros patrulleros empezaron a sonar sus sirenas. Las fuerzas policiales trataban de ubicar con los reflectores de los carros a los participantes.
Sin temor, varios estudiantes fustigaron con la palabra desde la Escalinata al régimen. Justo cuando le tocaba el turno a José Antonio y, notando que las sirenas no impedirían que se oyeran sus palabras, efectuaron algunos disparos. Poco después, molestos por las palabras, amplificadas al máximo, pronunciadas por el Presidente de la FEU, dispararon con más frecuencia. Los “...disparos de la policía parecían aplaudir al joven revolucionario. A cada párrafo contestaba una salva de fuego. El espectáculo era impresionante”.87 El líder estudiantil terminó su discurso en medio de un fuego sostenido y del ulular de las sirenas.

“El fuego de las fuerzas represivas – recordará unos años más tarde Julio García Oliveras – era ya dirigido en forma rasante y pronto saltaron sobre los asistentes pedazos de las paredes pulverizadas por las balas. En esta situación, algunos compañeros armados se situaron en distintos puntos de la muralla universitaria en previsión de un asalto de la policía. Se produjo un breve intercambio de disparos durante el cual los policías sufrieron algunas bajas. Esto provocó un recrudecimiento de la fusilería de los esbirros. Pronto hubo que buscar protección porque los plomos silbaban cercanos. Las balas trazadoras describían su dibujo lumínico y se iban a alojar en las paredes, en batalla digna del mejor momento. Machadito (José Machado), que se protegía tras un buzón postal en el vestíbulo del Rectorado, sintió que contra el metal se estrellaba un plomo de ametralladora. La balacera fue en aumento hasta alcanzar el estruendo de un combate formal. A esto se sumó el escándalo de los carros perseguidoras, que en alocado corre – corre comenzaron a darle vueltas a la Universidad. Parecía como si con el estrépito quisieran aplastar la protesta revolucionaria”.88

Sin embargo, los esbirros no se atrevieron a entrar en la Universidad. A medianoche, los estudiantes detectaron unas luces por la puerta de la calle J. De inmediato, los que estaban armados corrieron a enfrentarse a los intrusos, los cuales resultaron ser, afortunadamente, los vigilantes universitarios que revisaban las entradas.

“Así - afirma Julio García Oliveras – transcurrió la noche en que la Universidad efectuó el acto de recibimiento a Fidel, quien no pudo acercarse al recinto, a pesar de su intención. La tiranía preparaba planes para asesinarlo, como antes lo había hecho con Mella y Guiteras, y no era aconsejable arriesgarse ante una fuerte movilización de los cuerpos represivos.
Al día siguiente, en los jardines universitarios, frente a las oficinas de la FEU, amaneció muerta una paloma de las que se alojaban en los edificios estudiantiles, atravesada por una bala de fusil. Para muchos, esta fue la señal del futuro. Batista había matado la paloma de la paz”.89

El 7 de junio se produjo el asesinato – fue acribillado a balazos por miembros del Servicio de Inteligencia Naval de la tiranía encabezados por el Teniente Laurent - del Comandante de la Marina Jorge Agostini, revolucionario cubano con una larga trayectoria90. El crimen, consumado en medio de la amnistía decretada por Batista, conmovió a los cubanos. Inmediatamente, la FEU y sus máximos dirigentes protestaron públicamente, denunciando desde la prensa nacional con crudeza el terrorismo oficial instaurado por el Dictador y sus sátrapas para eliminar toda fuerza que se opusiera a sus propósitos.
Precisamente, será José Antonio el encargado de despedir el duelo de Agostini, ocasión que aprovechó para denunciar valientemente y por su nombre y apellido, al responsable directo del asesinato, el dictador Fulgencio Batista. El propio día 7, El Gordo, a nombre de la FEU ratificaba desde el periódico La Calle que el tirano era el principal inculpado en el “... horrendo asesinato, que dice a las claras las garantías que a la seguridad y a la vida ofrece el régimen dictatorial que conculca la democracia y la dignidad humana”.91
A mediados del mes de junio, José Antonio se reunió nuevamente en Varadero con Fructuoso Rodríguez y otros compañeros, para discutir algunos puntos candentes de la complicada situación nacional y reiterar la necesidad de crear el Directorio Revolucionario. Además, se analizó con profundidad la necesidad de lograr la estructuración, bajo nuevas bases programáticas e ideológicas, de un movimiento verdaderamente revolucionario y acorde a las exigencias de los sectores estudiantiles más radicales.
Por esta época, el líder estudiantil establece contacto, con objeto de coordinar acciones conjuntas, con el grupo de oficiales de la Marina de Guerra que encabezaba Juan M. Castiñeiras, los cuales estaban en contra de los desmanes cometidos por el régimen tiránico de Batista. Las reuniones se efectuaron en la oficina del arquitecto Vicente de Castro92, en la cual trabajaba por entonces como dibujante Julio García Oliveras. Desde entonces, El Gordo prestó una especial atención a los militares en activo que, ante los crímenes cometidos por el Dictador y sus secuaces, se inclinaban a hacia la lucha contra la Dictadura.
El 17 de junio, quedó evidenciado desde las páginas del periódico Prensa Libre, que la FEU desmentía las falsas acusaciones hechas a diversos dirigentes estudiantiles con el propósito de confundir al pueblo cubano y acusaba al régimen de impedir, gracias a su política reaccionaria, el desarrollo del país.
Siguiendo el plan trazado por el Presidente de la FEU para promover la cultura desde la Universidad, en el verano de este año, la notable bailarina Alicia Alonso93 actuó en dos oportunidades en los predios universitarios. La primera, el 2 de julio, ocasión en que se presentó ante 20.000 personas en el Estadio Universitario el Ballet de Cuba con la obra Giselle, como parte de la brillante apertura del II Festival de Arte Universitario y, la segunda, el 4 de agosto, en esta oportunidad para bailar en el citado Estadio El lago de los cisnes.
Gracias a la amistad que le profesaba Manolo Corrales, José Antonio pudo ponerse en contacto con Alicia y con Fernando Alonso, con el propósito de organizar estas funciones. Por cierto, después del triunfo de la Revolución, Fernando Alonso comentó a Juan Nuiry, que a última vez que actuó como bailarín, fue en la función del 4 de agosto “... a lleno completo y con gran asombro y expectación de la policía”.94
Con anterioridad, el 5 de julio, los prestigiosos intelectuales cubanos José Antonio Portuondo, Elías Entralgo y José A. Baragaño ofrecieron a los estudiantes un conversatorio con el tema El arte y la sociedad, mientras que, en el mes de agosto, se entregaron por el Gordo los premios Rubén Martínez Villena, José E, Varona y Fidelio Ponce del Concurso de Literatura y Arte convocado por la alta Casa de Estudios.
Estas y otras actividades culturales, como las funciones teatrales, en las que participaron los grupos Nuestro Tiempo, TEDA, el Teatro Guiñol y el Patronato del Teatro, organizadas durante este año por la FEU bajo la égida de José Antonio, hicieron posible que la Asociación de Redactores Teatrales y Cinematográficos reconociera a la máxima organización estudiantil universitaria como “... la institución cubana que más hizo por la promoción de la cultura en 1955”95, otorgándole por este motivo el trofeo ARTYC. Al referirse a este premio, el Dr. Raúl Roa apuntó: “... constituye un acontecimiento ejemplar que revela los verdaderos perfiles de la juventud universitaria, contrario a la imagen que sobre la misma pretende dar el régimen”.96
Por esta misma época, al interesarse el Gordo por la opinión que tenía el Dr. Raúl Roa García, quien fungía como Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público, acerca de las luchas que este protagonizó en la década del 30 del siglo XX y la que en aquella época llevaba adelante la juventud universitaria bajo su dirección, Roa “... apuntaba francamente uno u otro aspecto a favor o en contra, pero concluía: nada se pareció entonces a lo que ustedes hacen ahora. En el 30 no hubo nada igual a esta FEU del 55 (...)”.97
Al respecto, resulta significativo señalar que el Presidente de la FEU sentía una gran admiración por el Dr. Roa, a quien visitaba con frecuencia. Según René Anillo Capote cuando se le invitaba a visitarlo:

“José Antonio sacaba horas al sueño para no perderse una velada con él. Roa satisfacía, con gracia impar, la avidez de los jóvenes por conocer facetas de tal o más cual revolucionario98, la personalidad de un intelectual de la historia nacional.
(...)
Roa a su regreso del exilio en México tuvo a su lado a Echeverría, como también compartieron al entregársele a Roa uno de los premios de periodismo Justo de Lara que recibiera”.99

Testigo de estos encuentros con el Dr. Raúl Roa y otras personalidades, fue también Juan Nuiry, quien ha afirmado:

“En el ámbito intelectual (...) el Gordo, como le decíamos, cultivó a los verdaderos exponentes del pensamiento político y social: escritores, pintores, periodistas, músicos, poetas, escultores, profesores universitarios. La amistad y el cariño que le profesó siempre el Profesor y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público, Raúl Roa García, es imborrable. Pasábamos horas, bien en la Plaza Cadenas o en su casa de Miramar, junto a Ada Kourí y Raulito Roa, escuchando al Dr. Roa hablar de Pablo de la Torriente Brau, del Ala Izquierda Estudiantil, o preparando el recibimiento al chelista Pablo Casals en la Universidad de La Habana. También el Dr. Clemente Inclán y Costa, Rector de la Universidad, le profesaba cariño y respeto.
Se le veía asistir asiduamente al Anfiteatro de la Facultad de Pedagogía para ver o alentar al profesor José M. Rodríguez en sus empeños con el Teatro Universitario. Sentimos su preocupación por el Coro Universitario. Siempre que podía, José Antonio participaba en todas esas actividades culturales porque las disfrutaba realmente. (...) era arquitecto, le gustaba pintar, y no se perdía ninguna exposición importante”. 100

Por esta época – como bien recuerda Juan Nuiry en su libro Presente. Apuntes para la historia del movimiento estudiantil cubano – la Plaza Cadenas fue:

“... tribuna natural de asambleas masivas en las que participó José Antonio Echeverría, escenario donde su presencia era recibida siempre con grandes muestras de cariño y respeto. Con su sonrisa amplia y carismática personalidad ponía la mano sobre el hombro de algún compañero y acuñaba su frase: Cuídate que de los buenos quedamos pocos. Recordamos a José Antonio manifestarse a un costado de la Facultad de Ciencias en improvisada tribuna ante la masa de estudiantes. Se expresó esencialmente en los términos siguientes:
La FEU ha estado siempre junto al pueblo ... Por eso defiende los intereses conculcados por la dictadura y defiende los derechos de los obreros, las conquistas sociales que el régimen está aboliendo. Comprendemos las necesidades de la clase trabajadora preteridas por la actual dictadura y traicionada por sus líderes nacionales de la CTC . Mantenemos que únicamente una transformación profunda en nuestra realidad política, económica y social puede ser la cura de los males de nuestra patria; el problema inmediato de Cuba es derrocar al usurpador y después emprender una obra revolucionaria que resuelva el problema de los desempleados, de los campesinos sin tierras, de los obreros explotados, de una juventud condenada al destierro económico. Cuba está urgida de una verdadera revolución, que arranque lo que Martínez Villena llamó su verso encendido: La dura costra del coloniaje.
Después de la Asamblea General se formaban grupos más reducidos en cada banco de la plaza, donde se oían frases como las siguientes:
- Tu no oíste a José Antonio, lo que sí es necesario conocer es el manejo de los hierros”.101

Aunque los discursos del Gordo y de otros dirigentes de la FEU agradaban a la mayoría de los estudiantes, algunos profesores de la Universidad, especialmente Jorge Mañach102 criticaron más de una vez el tono áspero que generalmente empleaban en sus piezas oratorias. Al respecto, René Anillo ha recordado en uno de sus artículos que, durante una conversación sobre el tema sostenida por José Antonio, Fructuoso Rodríguez, el profesor Mañach y otros estudiantes entre las columnas del Rectorado que miran hacia la Plaza Cadenas:

“Fructuoso (Rodríguez) impaciente repetía que se merecían eso y mucho más la gente que la FEU denuncia y combate. José Antonio interviene, dirigiéndose a Mañach: Profesor a usted lo estimamos y lo respetamos, pero no nos explicamos como puede apreciar lo que nosotros decimos si ya usted no nos escucha; ahora bien, a los jóvenes no se les debe hacer señalamientos cuando asumen la responsabilidad de la que hicieron abandono los adultos ”.103

Refiriéndose también a esta época, José Assef Yara, El Moro, recordó en ese período:

“... jaraneábamos mucho entre nosotros. En uno de sus discursos, José Antonio terminó diciendo: Y mi voz que no es más que un murmullo en el pueblo de Cuba, pronto se convertirá en el grito de redención que anhela el pueblo cubano.
Y en otro de esos discursos fogosos que José Antonio pronuncia en la Plaza Cadenas, hoy Plaza Agramonte, él mira para mí y no sé por qué tiene la impresión de que yo estaba disgustado, o bravo. Cuando termina, va para donde yo estoy y me dice: ¿Qué te pasa, mulato?. Un tratamiento que era costumbre entre los dos. Yo me quedo callado, no le respondo. Y entonces, él insiste: Ah, ya sé lo que te pasa. Se me olvidó acabar con lo del murmullo, ¿eh?. Yo le respondí: Sí, eso mismo es. No terminaste como a mi me gusta”.104

En medio de los trajines propios del estudio, la dirección de la FEU y la organización de las más diversas actividades, José Antonio halló tiempo para entrevistarse nuevamente con Fidel Castro en la tarde del 6 de julio. Al día siguiente, el líder de la Revolución marchará al exilio junto a otros compañeros.
El animado encuentro, del que tomaron parte también Fructuoso Rodríguez, Ñico López, José Assef Yara y Osmel Francis de los Reyes, entre otros, se celebró en la cafetería Las Delicias situada en L y 21, Vedado. Al concluir el encuentro, que duró unas dos horas, Fidel fue recogido en este lugar por la destacada revolucionaria Pastorita Núñez105 en un desvencijado automóvil.
La huelga de los trabajadores bancarios, realizada entre los meses de julio y septiembre, bajo la dirección del líder sindical habanero José M. Aguilera, encontró también el apoyo de la FEU y de su máximo líder. La plaza Cadenas de la Universidad fue escenario de un importante acto de apoyo a la Huelga, en el que José Antonio compartió con Aguilera esa histórica tribuna.
Por estos días, el presidente de la FEU reforzó la vigilancia en torno a las fuerzas politiqueras de Carlos Prío Socarrás, quienes amenazaban de nuevo con efectuar una acción armada en contacto con militares batistianos. Ante el peligro de que la acción se llevara a efecto con éxito y de que Cuba volviera a la situación que presentaba antes del Golpe de Estado, dio la orden a los estudiantes que se prepararan para entrar en acción, sobre todo, ahora en que el Movimiento 26 de julio se estaba reorganizando y Fidel y otros veteranos combatientes revolucionarios se hallaban en el exilio.
Para cumplimentar esta tarea, estableció un puesto de mando revolucionario en la Universidad y tomó un conjunto de medidas para tratar de radicalizar los posibles resultados de la acción auténtica sí esta se llevaba a vías de hecho. Además, sumó a nuevos estudiantes a la causa revolucionaria y trató de asegurar la participación del movimiento estudiantil en la posible acción auténtica.
Gracias a su labor y a la de otros compañeros, en pocos días, alrededor de 200 hombres fueron reclutados. La mitad de ellos, estaba previsto que se unieran a la posible maniobra auténtica mientras que el resto, debía tomar la Universidad y convertirla en un reducto político, para luego mantenerse en reserva bajo las órdenes de José Antonio, Juan Nuiry Sánchez, René Anillo Capote, Osmel Francis de los Reyes, Marcelo Fernández, Luis Soto y otros destacados luchadores estudiantiles. Por otra parte, estaba previsto que José Luis Gómez Wanguemert, Humberto Castelló, Faure Chomón Mediavilla y otros compañeros se acuartelaran en un apartamento ubicado en las cercanías de la Colina.
Al respecto, según ha relatado Carlos Figueredo, quien fue miembro del Directorio y luego, asaltante al Palacio Presidencial, recibió este año la orden de acuartelamiento mediante su primo Joe Westbrook, quién le indicó refugiarse: “... en un apartamento del Vedado junto con Tirso Urdanivia, mártir, y otros compañeros”.106
Mientras se ultimaban los preparativos, el expresidente Carlos Prío Socarrás anunció a la prensa desde Miami que regresaría a Cuba el 6 de agosto. No obstante, mientras sus seguidores pensaban que de verdad existía un plan insurreccional para derrocar al Tirano y que el connotado politiquero estaba dando declaraciones falsas para desinformar a los medios de prensa, otros, menos crédulos, comenzaron a dudar de sus palabras.
Así las cosas, y mientras las fuerzas oposicionistas tradicionales organizadas en la Sociedad de Amigos de la República (SAR) se pusieron de acuerdo y comenzaron a trabajar tras bambalinas para lograr un diálogo con Batista; José Antonio, ante el anuncio definitivo de Prío de que viajaría a la Isla el día 6, se dio a la tarea de ubicar a los combatientes en la vanguardia de la acción que se planeaba, con objeto de obtener el mejor armamento del arsenal que poseían los auténticos. La idea era enviar en secreto las armas a la Universidad.
Finalmente, el órgano clandestino que poseían los priístas en La Habana determinó que la acción para eliminar al Tirano se desarrollaría el 4 de agosto. Este día, el Gordo ordenó a los combatientes reclutados por la FEU que ocuparan sus puestos mientras, un grupo de ellos se dirigía al lugar en donde debían recogerse las armas, las cuales nunca aparecieron.
Pasada la hora fijada para la acción, alrededor de las tres de la tarde, los esbirros de la tiranía rodearon el lugar y detuvieron en la esquina de las calles Santa Marta y Lindero a Fructuoso Rodríguez, Rolando Cubela, José Machado (Machadito), Juan Pedro Carbó Serviá, Ramón Guín, Pedro Assef y otros compañeros. Milagrosamente, José Antonio, Primitivo Lima y otros estudiantes lograron escapar utilizando un automóvil de la policía.
En otro sitio de la ciudad, aguardaron también inútilmente por las armas prometidas José Wanguemert, Faure Chomón Mediavilla, Humberto Castelló, Eduardo Castillo, Orlando Pérez y otros jóvenes, quienes esperaron en vano con el ánimo de atacar el Buró de Investigaciones, la Sección Radio Motorizada de la Policía Nacional y el Palacio Presidencial. Así mismo, Daniel Martín Lavandero y Carlos Gutiérrez Menoyo, dos de los jefes máximos de las operaciones proyectadas, quedaron esperando por las órdenes con objeto de ejecutarlas.
En resumen, cerca de mil hombres se movilizaron ese 4 de agosto en la Ciudad de La Habana para secundar las acciones contra el tirano que se ejecutarían, las cuales no pudieron realizarse por falta de armas. Sin embargo, poco después de las detenciones ocurridas en Santa Marta y Lindero, los esbirros hallaron en varios sitios ubicados en las cercanías de los lugares en donde se habían concentrado los revolucionarios y principalmente, en torno al Palacio Presidencial, en donde se habían emplazado varios morteros, armas suficientes para apertrechar a cientos de hombres.
A partir de este momento, José Antonio y varios de los líderes estudiantiles comenzaron a trabajar para desenmascarar ante el pueblo las verdaderas intenciones de las llamadas fuerzas oposiciones, con el objetivo de erradicarlas más adelante. Así mismo, convencido de que no había nada más que esperar de los políticos, el Gordo comenzó a dar los primeros pasos para la fundación del Directorio Revolucionario.
En resumen, como bien ha apuntado el profesor Eusebio Reyes:

“La farsa auténtica –– tendría un final escandaloso. El 6 de agosto llegó a Cuba Prío Socarrás. El juego a la revolución, a la clandestinidad y a la insurrección, había terminado. Los cabecillas auténticos, supuestamente perseguidos por Batista, salían a la luz junto a su máxima figura para tenderse a los pies del dictador. No obstante la jugada de Prío no sorprendió a Echeverría. La actitud desplegada por él desde que el expresidente auténtico anuncio su regreso a Cuba así lo demuestra”.107

Como consecuencia directa de estos hechos, el Gordo tuvo que pasar a la clandestinidad, escondiéndose por unos días, tal como lo había hecho ya en otra oportunidad en que su vida corría peligro108, en una especie de Casa de Huéspedes que el padre y la madre del conocido humorista cubano Héctor Zumbado habían establecido en su apartamento109, para aliviar los problemas económicos, pero solo para Francisco Mendieta Tamayo (Paquito) y para Mario González Sedeño, estudiantes de Derecho y Arquitectura, respectivamente, los cuales eran muy amigos de su hijo. Según el arquitecto González Cedeño, el apartamento de enfrente lo ocupaba:

“... una familia muy seria y muy decente, de apellido Ugalde, que tenían una hija muy bonita, con amigas también muy bonitas con las cuales nos relacionamos. Una de ellas se hizo novia de Pusqui110. A poco de mudarnos, José Antonio se escondió en el apartamento nuevamente. Una tarde, como a las tres, estábamos él y yo solos, ambos en calzoncillos. Llamaron a la puerta, yo me vestí y abrí. Ataviado con el uniforme amarillo del ejército y entorchado con charreteras doradas, estaba mirándome, de frente, nada menos que el Coronel Ugalde Carrillo. En este momento me di por muerto. Me pidió permiso para hablar por teléfono, porque nuestro vecino, su hermano (parentesco que nosotros ignorábamos), no tenía. El aparato estaba situado al final del pasillo, y había que pasar por delante de la puerta abierta del cuarto donde José Antonio estaba acostado. Me apresuré a cerrarla antes de que Ugalde Carrillo lo viera, y mientras él hablaba por teléfono fui a la cocina, porque en el apartamento no había ningún arma – qué momento para ajusticiar a ese connotado criminal que entonces dirigía el Penal de Isla de Pinos – y tomé el cuchillo de cocina. De inmediato me di cuenta que yo no era capaz de acuchillar en frío a una persona. El hombre terminó de hablar, me dio las gracias, y volvió a la casa de enfrente. Entonces fue cuando José Antonio se enteró de lo que había pasado. Ugalde Carrillo nunca lo supo”.111

Poco antes de los sucesos vinculados con la farsa planeada por Prío y sus seguidores, fuerzas de la policía, al mando del brigadier Salas Cañizares y el coronel Carratalá, habían violado, en la madrugada del 9 de julio, la Autonomía Universitario al asaltar y penetrar por la fuerza en la alta Casa de Estudios, sin la orden judicial correspondiente, causando serios destrozos en los locales que ocupaba la FEU. Como parte de estos hechos, que incluyeron el asalto del hospital Calixto García y del stadium universitario, un busto de Mella fue arrojado al piso y destrozado por los esbirros. También, destruyeron todo el mobiliario, puertas y documentos de la FEU, la cual estableció una querella criminal contra el Jefe de la policía batistiana por violación de la Autonomía universitaria.
Según Virginia Secades, propietaria de la Casa de Huéspedes en la que se hospedaba José Antonio, al producirse estos hechos el líder estudiantil no se hallaba en la Universidad pero vinieron de inmediato a buscarlo a su casa. Enseguida, el Gordo decidió trasladarse a la Colina, pero antes, sin inmutarse y haciendo gala de su sentido del humor, le dijo a Virginia: “Virgi esto está de novela, pero ni te preocupes, ni te asustes porque están en un callejón sin salida”.112
Al oponer resistencia a los que pretendían violar, una vez más, la Autonomía Universitaria, el Presidente de la FEU fue detenido. Al día siguiente de estos hechos, el 10 de julio, la revista Bohemia publicaba unas declaraciones de José Antonio, en las que el líder estudiantil fijaba su posición y se anticipaba a los acontecimientos ocurridos en agosto de 1955 en torno a Prío y a sus seguidores, al declarar a esta leída publicación:

“No se concibe que el Dr. Prío regrese a nuestro país para situarse bajo la hegemonía de aquel que una madrugada, abusando de las garantías que se le habían ofrecido, lo derribó del poder. En estos instantes el pueblo de Cuba sólo vería con buenos ojos el regreso del Dr. Prío a Cuba si éste adoptara la única postura que le cabe: pisar tierra cubana con el arma en la mano dispuesto a rescatar por la violencia lo que por la violencia le fuera arrebatado a nuestra patria.
El recuerdo de tantos mártires, el sacrificio de tantos presos y exiliados, así lo exige; la dignidad herida de todo un pueblo así lo reclama”.113

El propio 10 de julio, el periódico El Mundo publicaba, conjuntamente con informaciones falsas que daban cuenta de la ocupación en la Universidad de rifles y niples – solo ocuparon en realidad un inservible M – 1 - y acusaban a Fidel y a José Antonio de ser los autores de un nuevo, novelado y tenebroso complot encaminado a derrocar al régimen de Batista, una declaración de la FEU en la que se afirmaba con valentía, al referirse a la violación de la Autonomía:

“Para justificar semejante atropello a la Universidad y a la Constitución del 40, las fuerzas del régimen repiten los mismos argumentos esgrimidos durante la violación de la Autonomía Universitaria el 23 de septiembre de 1953: persecución de un automóvil sospechoso que penetró en la Universidad, ocupación de armas y granadas, etc.
Estas acusaciones no son más que una pantalla para encubrir todo un plan de agresiones a la Universidad, anunciado por Santiago Rey en meses pasados y evidenciado por denuncias de terrorismo y conspiración realizada por la policía con la evidente intención de acallar la voz insobornable de la FEU que desde el 10 de marzo se ha colocado a la vanguardia de la lucha contra la dictadura”.114

Por esta misma época, un numeroso grupo de estudiantes y representantes de otros sectores revolucionarios fueron acusados de terroristas. Entre los encartados se encontraban, además de José Antonio, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado, Machadito y Manolito Carbonell, quienes fueron detenidos por este motivo así como Raúl Castro Ruz, Álvaro Barba, Fructuoso Rodríguez y Luis Orlando Rodríguez, Director del diario La Calle, el cual clausurado por estos días. La indignación despertada por este hecho, que se comenzó a fraguar en el mes de junio, cuando se radicó por este motivo la Causa 297 de 1955 , y por la detención del Gordo el 9 de julio, propició que el acto conmemorativo del segundo aniversario del asalto al Cuartel Moncada, organizado por el líder estudiantil, se convirtiera en una nueva demostración de repulsa al régimen.
El 26 de julio, día en que estaba previsto que se realizara el acto, la Universidad fue rodeada por los esbirros, quienes desviaron el tránsito de vehículos y personas. Sin embargo, sus acciones no pudieron impedir que se conmemorara el hecho en el Salón de los Mártires. Allí, usaron de la palabra Haydee Santamaría, heroína del Moncada, y José Antonio. También, se dio lectura a un mensaje de Fidel Castro, en el que analizaba la situación del país y la violación constante, por parte de la tiranía, de los derechos y de la soberanía del pueblo cubano.
Al término del acto, los estudiantes salieron en manifestación y se enfrentaron resueltamente a los policías que rodeaban el recinto universitario, arrojando piedras y escombros, mientras esta respondía a tiros. Como consecuencia de este suceso fueron detenidos, una vez más, el Gordo, René Anillo Capote, José Machado y Juan Nuiry Sánchez, quienes, al ser puestos en libertad, continuaron la lucha contra el Tirano.
Por esta época, temiendo que fuera descubierta su presencia por la familia del sanguinario Ugalde Carrillo, lo cual podía traerle problemas a la familia Zumbado, el líder estudiantil se mudó a otra casa muy insegura, desde la cual envió a su amigo Mario González Sedeño una carta, fechada en La Habana el 13 de agosto, en la que le decía:

“Aprovecho esta oportunidad para hacerte unas líneas. - Espero que cuando recibas ésta estés por lo menos un poquito mejor que yo..
El otro día te mandé un recado respecto a la casa pero según me dijeron el viejo115 estaba un poco chivato con respecto a mi última estancia por allá, ya que había un entra y sale del diablo. – Por supuesto que tiene toda la razón, pero como comprenderás la situación no es la misma antes que ahora, por lo tanto quisieras que hablaras con él y le dijeras lo que hay y que si me decido a ir de nuevo para allá (desde luego sí él accede a que yo vaya, aunque sé como te dije anteriormente que no está buena la cosa como para planteársela de nuevo, pero bueno la cosa la tengo apretada y por eso me decido a escribirte) no va a haber el entra y sale de la otra vez, sino que me voy a enterrar. –
Quisiera también que me resolvieras de una vez el problema del saco mío que tiene el Chino116 así como que me tengas a mano lo que dejé por allá, que si mal no recuerdo es un pantalón negro y una camisa gris, así como algunos papeles. – Hazme el puñetero favor de ocuparte del saco para ver si lo resuelvo de una vez. – Y si de paso te sacas la lotería mándame urgentemente dos o tres mil pesos.
Gracias por todo y cuídate que de lo buenos quedamos pocos.
Joe
P/D. Recuerdos al viejo, a Pusqui117, y a Nana118. Espero que Paquito119 esté ya para Santiago.”120

Unos días después, Mario González y Héctor Zumbado esperaron una tarde al cabeza de familia y el primero de ellos, le explicó los problemas que tenía José Antonio en el sitio en que se hallaba alojados. Según ha relatado González, el padre de Zumbado no los dejó terminar, diciéndoles: “Pero tráiganlo enseguida, que corre peligro”.121 Así fue que el Gordo se mudó nuevamente por un tiempo para el apartamento de la familia Zumbado.
Con posterioridad a los sucesos de Santa Marta y Lindero, se realizan varias reuniones, las cuales tenían como motivación fundamental la fundación del Directorio. A estos encuentros asistieron, además del Gordo, Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón Mediavilla, Joe Westbrook, René Anillo Capote, Enrique Rodríguez Loeches y Julio García Oliveras.
Uno de los primeros, considerado por Faure Chomón y otros compañeros como la reunión constitutiva del Directorio122, se celebró a inicios de este año en la casa de René Anillo123, ubicada en la calle L No. 460 esquina a 27 en el Vedado con el propósito de darle forma a la idea. A la reunión asistieron, además del líder estudiantil, Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón, Jorge Ibarra, representando a la FEU de Santiago de Cuba; José Luis Varona, Presidente de los estudiantes del Instituto de Camaguey y Anillo.
En esa reunión se acordó designar a José Antonio como Secretario General del Directorio y a Fructuoso Rodríguez como Vicesecretario así como, dejar organizada la sección de Acción. Además, se aprobó ponerle al la nueva organización, como nombre definitivo, el de Directorio Revolucionario. “A partir de este momento,– afirma Faure Chomón – los cuatro compañeros que quedamos en La Habana formamos una dirección que llamamos Célula Central, para ir desarrollando la organización”.124
Por otra parte, la primera reunión de lo que después sería el ejecutivo del Directorio, presidida por el Presidente de la FEU, se realizó en el comedor de la casa de la calle 19 de mayo y Aranguren, en el hoy municipio Plaza de la Revolución, sitio en el que residía un tío de José Antonio125.
Finalmente, en septiembre de este año queda constituido, en la misma casa donde venía reuniéndose la célula central, ubicada en la calle Aranguren esquina a Panchito Gómez, en el Cerro; el entonces llamado Ejecutivo Nacional del Directorio Revolucionario, el cual quedará conformado como sigue: José Antonio como Secretario General, Fructuoso Rodríguez, que ocupaba el cargo de Vicepresidente de la FEU como Segundo Secretario; René Anillo Capote como responsable del movimiento estudiantil universitario; Joe Westbrook con idéntica responsabilidad en la enseñanza secundaria; Enrique Rodríguez Loeches, al frente de los graduados universitarios; Faure Chomón Mediavilla y Julio García Oliveras, quienes estaban al frente del aparato de acción; Jorge Valls126, el cual representaban al movimiento obrero y el estudiante de arquitectura Samuel B. Cherson127, quien ocupó el frente de propaganda. También por estos días se aprobó definitivamente como nombre oficial de la nueva organización el de Directorio Revolucionario.

“Previamente – apunta Faure Chomón en un artículo sobre el tema publicado en el periódico Granma - José Antonio había convocado a una reunión de la FEU, en la que se acordó asumir el D. R. (Directorio Revolucionario) sobre las bases apuntadas (esta deber ser considerada otra de las reuniones con las que se va forjando el Directorio) y se aprueba que el 24 de febrero de 1956 sea el día de su proclamación oficial, en el Aula Magna de la Universidad. El proceso de desarrollo del Directorio se realizó paso a paso, tal como se había planeado, al tenerse en cuenta todos los factores que eran necesarios, sin despreciar e ignorar ninguno”.128

En el verano de este año la compleja situación política existente en Venezuela, país en el que impera la funesta tiranía de Pérez Jiménez, la cual comete cada día nuevos crímenes y atropellos, concita poderosamente la atención de José Antonio, quien da muestras nuevamente de su vocación latinoamericanista. Prueba de ello, es el documento de la FEU que se publica el 20 de agosto la prensa cubana con el título Lo que pasa en Venezuela. A través del mismo, se realiza por la máxima organización estudiantil una fuerte denuncia acerca de los presos, desterrados y desaparecidos en ese hermano país al afirmar:

“Hoy, cuando la dictadura venezolana pretende exhibir un costoso documental en que aparecerán las realizaciones del régimen, no podemos silenciar la verdadera obra del gobierno espurio y sangriento que es baldón de la patria de Bolívar y afrenta de América.
(...)
La Federación Estudiantil de La Habana, cuyos dirigentes son apaleados y encarcelados día a día, alza su voz de protesta contra todos los regímenes tiránicos que despotizan a nuestros pueblos hermanos y denuncia el conciliábulo de la INTERNACIONAL DE LAS ESPADAS, entre los dictadores que ensangrientan nuestra América”.129

El 6 de septiembre – afirma Juan Nuiry en su libro Presente. Apuntes para la historia del movimiento estudiantil cubano, al:

“... producirse un enojoso incidente en que un alumno universitario, agazapado en una falsa concepción de compañero de luchas, realiza actos inmorales dentro de la universidad, José Antonio, al mismo tiempo de apoyar su expulsión del alto centro docente, deja constancia en declaraciones publicadas en toda la prensa, en las que fija de manera diáfana su pensamiento en relación con la moral y el decoro, cuando afirma: La moral es única e indivisible, si queremos para nuestra patria las mejores virtudes éticas y políticas, y luego dice: la fraternidad y la igualdad en la Universidad de La Habana tienen lazos muy fuertes, son los que nacen del decoro, de la virtud y la integridad. Es ahí donde nos fundimos todos los estudiantes sin distinción de color, pero sí con distinción de decoro”.130

Pocas semanas después, el 25 de septiembre, el líder estudiantil define nuevamente, en entrevista concedida a la revista Bohemia, la posición del estudiantado cubano al afirmar: “La juventud cubana ha combatido y no ha esperado a los líderes de épocas anteriores ya gastados por la historia para enfrentarse a los esbirros oficiales. En el Cuartel Moncada ha sabido asumir tareas heroicas de protesta” 131. Además, expresa a nombre a de la organización que preside:

“Tenemos un mensaje para la juventud y para el pueblo de Cuba en general. No es un mensaje partidista, sino una exhortación cívica, cuyo deber nos viene de los grandes mártires y guías del estudiantado y la nación: Julio Antonio Mella, Rafael Trejo, Antonio Guiteras, Eddy Chivas, Ramiro Valdés Daussá ...; de la reforma universitaria del año 1923, cuando la Universidad Popular José Martí unió a estudiantes y trabajadores en la gestación de una Cuba mejor. En nombre de ese glorioso pasado hablamos del porvenir”.132

En la noche del 30 de septiembre, fecha en que se conmemoraba el 25 aniversario de la caída de Rafael Trejo, los estudiantes, bajo la dirección de José Antonio, le rindieron homenaje en la escalinata universitaria. El acto se efectuó tal como estaba previsto, a pesar de que la policía había interrumpido el fluido eléctrico de la zona con objeto de impedir su realización. “Los faroles situados en la tribuna – afirma el investigador Mario Mencía en su libro Tiempos precursores - iluminaron esa noche el ridículo en los rostros de Carlos Prío y Raúl Chivas, presentes allí como invitados. A pesar de sus posiciones pacifistas, sufrían directamente el desdén del régimen”. 133
Al día siguiente, el 1 de octubre, el Presidente de la FEU participó en el Muelle de Luz, ubicado en el puerto habanero, en un acto convocado por la Sociedad de Amigos de la República (SAR) más con el objeto de respaldar los intereses del Tirano, que con el de lograr una solución pacífica al problema nacional.
Aunque el líder estudiantil conocía la verdadera posición de esta fuerza oposicionista, sobre todo a partir de los sucesos vinculados con Prío ocurridos en el verano de este año, decidió hacer acto de presencia en al lugar, pidiendo a los organizadores que se le permitiera hablar.
Como el acto se transmitió por radio, las denuncias formuladas por José Antonio se escucharon en todo el país. Durante su intervención, la cual se conserva grabada en una cinta magnetofónica de 21 minutos existente en los fondos del museo cardenense que lleva su nombre, el destacado líder estudiantil expresó una vez más, ante el asombro de los organizadores, su condena al régimen al afirmar:

“Al reclamo de una solución al hecho de fuerza del 10 de marzo respondió Batista con la cínica mascarada del primero de noviembre. Y hoy, ante una nueva petición de elecciones generales, se aparece con una convocatoria ridícula de elecciones parciales que solo servirán de mero reparto de granjerías, para que el gobierno y (la) seudo – oposición que le haga juego sigan disfrutando de la usurpación que asesina a mansalva y saquea el tesoro nacional.”134

La ocasión fue propicia para que el orador, reafirmara una vez más su convicción de que la concepción de la lucha contra el Tirano debía basarse en el enfrentamiento directo, lo cual implicaba un aumento gradual de la violencia del combate, en cuya primera línea de batalla estaba dispuesto a estar. Además, aseguró en su discurso:

“El problema inmediato de Cuba es derrocar al usurpador Fulgencio Batista, establecer un gobierno democrático y después emprender una obra revolucionaria que resuelva el problema de los desempleados, de los campesinos sin tierra, de los obreros explotados, de una juventud condenada al destierro económico.
Cuba está urgida de una verdadera revolución que arranque lo que Martínez Villena llamara en sus versos encendidos la dura costra del coloniaje.
(...)
El régimen de Fulgencio Batista es negativo por su origen, porque se engendró de una traición a las instituciones democráticas, pero también porque significa victoria de la fuerza y no del derecho. Porque simboliza a la barbarocracia ensobercida. Se persigue a estudiantes y profesores; se arrancan a estos últimos de sus cátedras por motivos políticos e ideológicos; se viola la autonomía universitaria.
Es negativo porque el actual régimen dictatorial desarrolla una política económica anticubana al servicio de los intereses monopolistas y de la reacción, lanzando a la miseria a los pueblos y a los campesinos.
Es negativo porque practica el crimen como método político. Todos sentimos horror cuando leemos la historia que nos describe el fusilamiento de los estudiantes de 1871.
Pero el más sangriento de todos los crímenes políticos perpetrados en Cuba ocurrió en plena república en el Año del Centenario del Apóstol José Martí, cuando fueron masacrados criminalmente en Santiago de Cuba más de 100 jóvenes que ofrendaron sus vidas en martirologio impar.
Allí se enterraron vivos a decenas de jóvenes. Allí se les arrancaron los ojos al valiente revolucionario Abel Santamaría, cuando aún estaba vivo. Y lo que es más, por lo que tiene de inhumano y de bárbaro, se le presentó esos ojos a su propia hermana”.135

Como parte de su intervención, el líder estudiantil emplazó públicamente a Batista y arengó al pueblo cubano al afirmar:

“Fulgencio Batista, el pueblo cubano se ha reunido hoy aquí para decirte ¡vete!. ¿O vas a esperar a que te echen como a Gerardo Machado?. Con Martí proclamo: Los derechos de los pueblos no se mendigan, se arrancan; no se conquistan con lágrimas, sino con sangre. ¡El pueblo de Cuba tiene la palabra!”.136

Como se evidencia en los fragmentos que hemos trascrito, el valiente, emotivo e improvisado discurso pronunciado por el Gordo en el muelle habanero no solo fustigó fuertemente las elecciones que mendigaban los politiqueros sino que:

“... sacó a la luz por primera vez ante todo el país los asesinatos cometidos en el cuartel Moncada, puso al descubierto el carácter reaccionario de la dictadura y explicó que el objetivo del movimiento revolucionario era derrocar a Batista y realizar posteriormente una transformación revolucionaria. También se refirió a la división provocada por el gobierno en el pueblo e hizo un llamamiento a los soldados para que comprendieran que ellos respondían a los intereses de la nación y del pueblo, no a los del tirano. Estableció una vez más el papel y la proyección de la FEU y dejó clara la decisión popular de expulsar al dictador.”137

El valiente alegato del Presidente de la FEU, que fue respondido por muchos de los presentes en el acto, a pesar de la labor de los provocadores, los cuales fueron silenciados por el pueblo, con gritos de: ¡Revolución!, ¡Elecciones, no!, ¡Viva Fidel! y ¡Muerte al Tirano!; reforzó las posiciones revolucionarias de la verdadera oposición a Batista y resquebrajó los intentos de los politiqueros de lograr una componenda política con el régimen así como de frustrar la acción y los objetivos del movimiento estudiantil e insurreccional.
Como consecuencia de esta y otras muestras de repulsa al Dictador por parte del estudiantado cubano, el régimen aumentó sus actividades represivas. Este hecho, lejos de atemorizar al pueblo, coadyuvó a que la protesta contra el Gobierno alcanzara este año niveles desconocidos, al crecer el rechazo popular.
Pocos días después, durante el transcurso del mes de octubre, el José Antonio vuelve a ocuparse de los graves problemas políticos existentes en Venezuela, al rubricar un telegrama dirigido por la FEU al dictador Pérez Jiménez en ocasión de recordarse en la Universidad de La Habana a: “... los caídos en titánica lucha a fin de rescatar las libertades públicas secuestradas por su gobierno”.138 Además, en el mensaje, en el que aparecía una larga lista de las víctimas de la dictadura venezolana, se exigía el cese del terror que imperaba en ese país latinoamericano y la puesta inmediata en libertad de los miles de detenidos políticos.
Como puede apreciarse, el Presidente de la FEU, a pesar de la intensidad que va tomando, bajo su dirección, la lucha estudiantil contra la tiranía de Batista, se mantiene atento a todo cuanto ocurre en el ámbito latinoamericano. Por eso, no resulta extraño que emita también sus opiniones en torno al derrocado gobierno argentino del General Juan Domingo Perón. En este sentido afirmó el 13 de noviembre a la revista Bohemia que consideraba que:

“No todas las posiciones frente al régimen de Perón son honradas y responden a los mismos ideales de democracia y libertad. (...) Los voceros de la reacción y del servilismo imperialista combaten a Perón, no por las razones que nosotros pronunciamos en su contra, sino por las cosas positivas que en el orden social Perón implantó en la Argentina”.139

En su extenso análisis de la situación del país austral, el Gordo evaluó la posición nacionalista de Perón, indicando que este era el motivo fundamental por lo que su gobierno no era bien visto por los Estados Unidos de América. No obstante, criticó fuertemente las acciones peronistas contra el estudiantado argentino y las universidades de ese país y denunció la clausura por el presidente del país austral de varios periódicos agregando, como resumen de sus opiniones sobre el tema:

“Estamos, y lo proclamamos, al lado de los obreros y de los gauchos argentinos en todas las medidas de carácter social que conquistaron en tiempos de Perón, (pero) consideramos que en la Argentina no se hizo todo lo que se pudo por la economía y el bienestar del pueblo, ni la Argentina se colocó en una posición beligerante ante la intromisión imperialista en América”.140

Fundado el Directorio y organizado el aparato clandestino del movimiento estudiantil141, su Secretario General y los demás miembros de su ejecutivo se dieron a la tarea de preparar una ofensiva revolucionaria contra la Dictadura, la cual tuvo lugar en los meses finales de este año. La misma se inició el 27 de noviembre, aniversario del fusilamiento por el gobierno colonial español de los estudiantes de medicina y culminó en diciembre, con el apoyo entusiasta y decidido de la FEU a la huelga azucarera.
El propio 27 de noviembre se efectuó una gran manifestación estudiantil en la plaza de Marte de Santiago de Cuba. Al conocerse la noticia en la capital del país de que la policía batistiana había reprimido a los manifestantes, los universitarios habaneros se concentraron, por orden de José Antonio, en la plaza Cadenas de la Universidad para protestar contra este hecho, declarándose en huelga la Universidad. Además, se comisionó a José Machado, Machadito, para que se trasladase inmediatamente a la calurosa ciudad oriental y estableciera contacto con los revolucionarios de esa región.
En La Habana, por su parte, los tradicionales actos de este día se efectuaron sin la intervención de los esbirros de Batista, a pesar que Faure Chomón Mediavilla, Jefe de Acción del Directorio Revolucionario, designado por el Gordo para que rindiera tributo a Mario Fortuny en el aniversario de su asesinato y para que impidiera así que el ex presidente auténtico Carlos Prío Socarrás utilizara su tumba como pedestal político, había denunciado con voz calmada, firme y serena, en el Cementerio de Colón, según relató a la revista Bohemia Enrique Rodríguez Loeches:


“... la farsa electoral que se preparaba bajo los auspicios de Don Cosme de la Torriente. Increpó a Carlos Prío – allí presente – por su traición a los mártires que, como Mario Fortuny, habían sido horriblemente torturados sin relevar un solo secreto mientras que La Habana había presenciado el bochornoso espectáculo de enormes arsenales entregados a la policía meses atrás. Y llamaba a la lucha sin cuartel contra la tiranía, sin componendas de ninguna clase”.142

Aunque los estudiantes, encabezados por el Presidente de la FEU, Álvaro Barba y otros dirigentes, rindieron también tributo a los estudiantes fusilados en el monumento erigido a su memoria en La Punta, sitio en el que usó de la palabra Barba y los estudiantes destruyeron las coronas colocadas por el gobierno; el acto central por la efeméride tuvo lugar en el Aula Magna de la Universidad. Durante el transcurso del mismo, hablaron José Antonio, Luis Blanca, Osmel Francis de los Reyes y Fructuoso Rodríguez.
En su discurso, el líder estudiantil explicó el por qué había decidido la participación estudiantil en el acto efectuado el 1 de octubre en el Muelle de Luz por la Sociedad de Amigos de la República (SAR). Además, anunció la convocatoria para la celebración, el martes 29 de noviembre, de una Asamblea, con objeto de elaborar una comunicación oficial dirigida al Coronel Cosme de la Torriente143, en la que se denunciaría por la FEU todo intento de mediación o fórmula política con el gobierno de Batista, al mismo tiempo que se reafirmaría que la única salida decorosa a la difícil situación imperante en la Isla era la lucha armada.
En el transcurso del encuentro, efectuado en el salón de la FEU, El Gordo anunció que:

“... había llegado el momento de romper todo nexo con el Diálogo Cívico. Señalaba que el pueblo nada podía esperar de aquellas reuniones por lo que era imprescindible que la FEU hiciera pública su decisión y reiterara, una vez más, que la única solución a la situación cubana era la lucha insurreccional. La tesis de José Antonio traspasaba el ámbito universitario.
Durante la reunión se acordó llevar a cabo actos de protesta por los sucesos de Santiago. Se discutió la situación que confrontaban los alumnos del Instituto del Vedado, donde su director –antiguo redactor policiaco del periódico Mañana – tenía implantado un verdadero régimen de terror ”.144

Aunque en la misiva, José Antonio mantuvo un tono de respeto hacia el veterano mambí, dejó bien claro su descreimiento y el de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) que presidía, acerca de la existencia en el seno de la sociedad cubana del propósito de resolver la crisis institucional que vivía el país desde el 10 desde el 10 de marzo de 1952. Por otra parte, refiriéndose al mitin efectuado en el muelle de Luz, le expresó el 19 de noviembre de 1955 a Don Cosme que en su opinión, había sido el gran acto de masas que ansiaba, demandaba y exigía el pueblo cubano, agregando:

“El lema de la convocatoria del mismo era de elecciones generales inmediatas y así lo hubieron de expresar los presidentes de los partidos políticos de oposición, los oradores designados por la SAR145, y yo a nombre de la FEU. Pero, sin embargo, de entre la multitud de cubanos surgieron voces que hoy resuenan a clarinada. La palabra revolución impregnó el acto de verdadero sentido popular. Fue ello un anticipo a la negativa de la minoría que detenta el poder civil y hunde la economía de nuestro pueblo al patriótico reclamo de aquellos cubanos ”.146

Un paro de 48 horas de solidaridad con los estudiantes golpeados salvajemente por los esbirros de la tiranía durante los actos conmemorativos del fusilamiento de los estudiantes de medicina realizados en Santiago de Cuba, Guantánamo, Palma Soriano, Holguín, Manzanillo, Camaguey, Morón, Ciego de Ávila, Sancti Spiritus, Cienfuegos, Matanzas, Cárdenas, Colón, Pinar del Río y Artemisa, fue decretado por la FEU el 28 de noviembre. Por tal motivo, la el máximo órgano estudiantil acordó poner La Habana al rojo vivo.
El paro, no solo fue cumplido por los estudiantes de la Universidad de La Habana, sino que también se sumaron a él varios centros de la Enseñanza Secundaria del país, entre ellos, al Instituto del Vedado, cuyos estudiantes dirigieron el día 30 una comunicación al ejecutivo de la FEU; comunicándole que el director del plantel, un conocido batistiano, y otros individuos armados le impedían cumplir con el mismo.
Al conocerse esta noticia, Echeverría y un grupo de estudiantes universitarios decidieron trasladarse ese mismo día al mencionado Instituto para enfrentarse al Director del mismo y hacer cumplir el acuerdo estudiantil. Poco antes de llegar al plantel, Alfredo Echeverría:

“... ante los ojos sorprendidos de unos y otros, se adelanta y desarma a un policía, situado a unos veinte metros de la calle 25, por L, Este último, atemorizado y desmoralizado, huye a encontrarse con sus secuaces. La confusión es tremenda. Ante este hecho, un capitán se adelanta y ordena: ¡Disuélvanse!. Le responden gritos de ¡Abajo la dictadura!; ¡Muera Batista!; ¡Disuélvanse!, continua gritando el oficial. El choque era inminente; ante los primeros golpes, se oyen las ráfagas de un nutrido tiroteo. Aquel encuentro se puede calificar de pequeña escaramuza ”. 147

Aunque la manifestación fue disuelta en la esquina de las calles L y 25, el propósito de los representantes de la FEU era llegar de cualquier manera al Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado. Según Juan Nuiry, uno de los participantes en este hecho, lograron:

“... evadir la furia y vigilancias policíacas; los estudiantes se reunieron siguiendo distintos caminos; nos concentramos en el parque Mariana Grajales, frente al Instituto del Vedado, según lo acordado.
Un grupo considerable de compañeros, con José Antonio a la cabeza, caminaron hasta la entrada del instituto, en cuyo portal, desafiante, se encontraba la figura grotesca del ya tristemente célebre director del plantel, revólver en mano. El director entabló un breve diálogo que se vio interrumpido al momento, pues como por arte de magia, se oyó el rugir ya conocido de las gomas de las perseguidoras; los jóvenes fueron rodeados por el capitán Peñate y sus esbirros. En este encuentro no mediaron palabras sino el golpe seco; se nos introdujo en las perseguidoras para ser conducidos a la entonces tan conocida 9na Estación de Policía. Una vez allí, se nos lanzó en un calabozo.
A los diez o quince minutos se presentó el mismo policía que Alfredito Echeverría148 había desarmado audazmente en la esquina de las calles L y 25. Mostrando un brusco cambio, con una actitud desafiante, rodeado de oficiales de la policía, trataba de señalar al autor del acto entre todos. Para risa interna de nuestros compañeros, señalaba a cuatro o cinco como autores, excepto a Alfredito, el cual, convenientemente, en el trayecto hacia el Instituto del Vedado, había dejado el arma. Era evidente la desorientación de aquel policía que profiriendo insultos, se vio obligado a marcharse al no poder reconocer al autor del hecho ”. 149

Los detenidos fueron conducidos esa noche al vivac para ser puestos a disposición del Tribunal de Urgencia acusados, como era costumbre, de haber causado alteración del orden público. En cuanto se supo que el Gordo y sus acompañantes se hallaban presos, se desató una protesta en los predios universitarios, los cuales presentaban las características de:

“... una ciudad en estado de sitio. Carros flushers, perseguidoras y decenas de esbirros uniformados se hallaban apostados desde horas tempranas en las calles de acceso a la colina. Esto ocurría diariamente desde el 27 de noviembre, pero no impedía que los estudiantes concurrieran al recinto universitario, y se volcaran a la calle manteniendo a las fuerzas represivas en jaque permanente ”.150

Durante el transcurso de la protesta por la detención de José Antonio y sus compañeros, los manifestantes cerraron el tránsito en las calles aledañas a la Universidad y se enfrentaron resueltamente en L y 25 a los esbirros, logrando, además, desarmar a un policía. La respuesta no se hizo esperar y varios estudiantes fueron golpeados. En solidaridad con sus compañeros de lucha, varios institutos de Segunda Enseñanza del interior del país y la recién creada Universidad de Las Villas, luego Universidad Central, se sumaron a la protesta.
Como consecuencia de estas acciones y de las nuevos mítines y protestas151 que se suceden el 1 de diciembre, lideradas por Fructuoso Rodríguez y René Anillo Capote, José Antonio y sus compañeros fueron puestos en libertad provisional en la mañana de ese mismo día. La noticia llegó a la Universidad en el momento en que varios grupos estudiantiles preparaban nuevos mítines relámpagos para reclamar la inmediata puesta en libertad de El Gordo y sus compañeros, por lo que las acciones fueron paralizadas.
Al llegar a la Colina, el Presidente de la FEU, en medio del entusiasmo por su retorno, orientó suspender todas las actividades programadas para este día y convocó a todos para una reunión, la cual se efectuaría el 2 de diciembre, en el Salón de los Mártires de la Universidad. Terminada su breve alocución, El Gordo, seguido del resto del ejecutivo de la FEU, se trasladó al local donde radicaba la organización estudiantil. Los estudiantes, por su parte, comenzaron a abandonar la Universidad en pequeños grupos y por diversas calles.
El propio 2 de diciembre, la prensa capitalina publicó unas declaraciones del connotado asesino Brigadier General Salas Cañizares, Jefe de la Policía batistiana, quien - amenazando al Rector de la Universidad – afirmaba, que sí este no eliminaba a los comunistas y perturbadores existentes en la alta Casa de Estudios, lo haría la policía. Así mismo, se reforzó el cerco policíaco alrededor de la Colina con cientos de policías y varias perseguidoras y se prohibió la circulación en esta área de personas y vehículos.
La idea de los esbirros era impedir a toda costa que los dirigentes estudiantiles, encabezados por Echeverría, hicieran llegar a Cosme de la Torriente la comunicación oficial que la FEU había redactado el 29 de noviembre con objeto de enviársela. Sin embargo, en la mañana del 2 de diciembre, la vigilancia en los alrededores de la Universidad era mínima, posiblemente porque la policía pensó que, con la salida de prisión de José Antonio, la juventud universitaria: “... había plegado banderas: reducía así a simples intereses mínimos las verdaderas razones de rebeldía de las masas estudiantiles, sin captar el carácter de lucha definitiva contra el régimen que –como parte del pueblo – ya había adoptado como estrategia el movimiento estudiantil”.152
El 2 de diciembre, al llegar a la Universidad, en cuyo local de la FEU se hallaban ya desde horas tempranas numerosos estudiantes, el líder estudiantil se reunió primeramente con Fructuoso Rodríguez y otros revolucionarios. La dirección del Directorio acordó que este día entrarían por primera vez en juego los grupos de acción universitarios en cooperación con las masas estudiantiles que encabezarían la manifestación.

“El avance de la lucha – como bien ha afirmado Julio García Oliveras – determinaba el cambio. La lucha armada organizada daría sus primeros pasos. Disponiendo de armamento limitado153, el ejecutivo del Directorio decidió que se apoyara la manifestación para golpear duramente las fuerzas represivas, que hasta aquel día habían llevado la ventaja. Nueve combatientes de acción prepararon las armas para apoyar a los compañeros que marcharían al encuentro con la policía”.154

Un grupo de estudiantes, los cuales llegaron al Salón de los Mártires cuando rayaban las 9:00 a.m., informaron a los reunidos en ese lugar que ya la policía se hallaba concentrada en la calle Infanta. Unos minutos más tarde, traspuso el umbral del salón el Gordo, seguido de otros dirigentes estudiantiles, saludando:

“... jovialmente a todos los que se encontraban en el lateral por donde se encaminaba a la mesa presidencial. Sus rosadas mejillas, por las que cariñosamente se la llamaba Manzanita, eran esa mañana de un rojo subido de tono. En sus ojos se reflejaba el cansancio de varias jornadas sin dormir lo necesario.
Se hizo silencio sin que nadie lo pidiera. La sola presencia del líder estudiantil y la inquietud por oír sus orientaciones hizo que todos callaran.
La voz firme y decidida de José Antonio llenó todo el recinto desbordándose al exterior. Crecía su figura juvenil al hacer el análisis de la situación por la que atravesaba el país y el papel de engañita de los partidos llamados de oposición.”155

Luego, reafirmó que la FEU cumpliría, bajo su dirección, el acuerdo de entregar a Cosme de la Torriente en su bufete, el documento en el que se dejaba constancia de que el estudiantado cubano estaba convencido de que la línea insurreccional era la única vía de solución para sacar a Cuba del caos en el que la había sumido el golpe de estado propinado por Batista. Así mismo, llamó a los presentes con exaltadas palabras a marchar contra las fuerzas represivas y sobre todo, a mantener en alto la bandera del estudiantado.

“Al confirmarse que ya había una gran concentración de fuerzas de la policía en San Lázaro e Infanta, – apunta Manuel Martínez Gutiérrez en un artículo publicado en la revista Bohemia – hubo quien aconsejó que no se llevara el referido documento en manifestación pues sería una locura. Los argumentos no fueron convincentes. José Antonio instó a los presentes a seguirlo, luego de la aprobación aclamatoria que habían tenido sus palabras. La mayoría de los allí reunidos se dispusieron a marchar con él.
Uno sugirió la idea de sacar una tela con un grupo por la calle J hacia 23, para hacer creer a la policía que saldrían por allí, mientras que el resto podía entonces avanzar por San Lázaro.
José Antonio dijo que como táctica era buena, pero, no creía aconsejable en ese momento dividir las fuerzas”.156

Temerosos de las posibles represalias y consientes que los estudiantes llevarían adelante sus propósitos, los profesores enviaron a un representante del Claustro universitario para que convenciera a José Antonio del peligro que corrían. El Gordo lo escuchó atentamente y luego reiteró a los presentes, según Eusebio Reyes, la necesidad de entregar la misiva de la FEU a Cosme de la Torriente y con ello “... poner fin a las maniobras de la Sociedad de Amigos de la República” 157.
Al frente de sus compañeros, portando la bandera cubana, ordenó que le siguieran. ¡Hacia allá, compañeros, que no nos paren!, es la orden. De inmediato, los estudiantes se encaminaron colina abajo junto a su líder coreando el estribillo ¡Revolución!. ¡Revolución!.¡Revolución!... y los jingles ¡No queremos nochebuena, nochebuena con Batista! y ¡De Batista la cabeza!... para luego gritar nuevamente, ¡Revolución!. ¡Revolución!. ¡Revolución!.
Según Osmel Francis de los Reyes:

“La decisión de José Antonio alborotó a los aparatos represivos del régimen. Cientos de policías fueron situados en San Lázaro e Infanta – llamada por nosotros Línea Maginot - José Antonio, Fructuoso (Rodríguez) y la masa estudiantil iniciaron su marcha San Lázaro abajo, enardecidos, dispuestos al enfrentamiento con las fuerzas represivas. Pero en esta oportunidad los esbirros desconocían que el choque sería de ojo por ojo y diente por diente. Un comando armado bajo la jefatura de Faure Chomón e integrado por Juan Pedro Carbó Serviá, Joe Westbrook, Raúl Díaz Argüelles, José Machado, José Rebellón, Tony Castell, José Assef, Rolandito Bezos, aguardaban desde la Escalinata.”.158

Cuando faltaban unos pocos metros para que la compacta masa estudiantil llegara a la calle Basarrate, las fuerzas policiales, encabezadas por los comandantes Paco Pérez y Rey Castro159, comenzaron a moverse San Lázaro arriba. Mientras los estudiantes apuraban el paso y aumentaba la intensidad con que los jóvenes coreaban las consignas, precipitando así la inminencia del choque con las fuerzas batistianas:

“... un compañero del equipo de football rugby gritó a Machadito (José Machado): - Machadito, debimos de haberle pedido los cascos a Eneas (el entrenador del equipo). Él, con el espíritu juvenil que lo caracterizaba respondió: - Fallamos, compadre.
El bloque estudiantil pasó la calle Basarrate y después N. Los esbirros, por su parte, en cuadro compacto, habían cercado completamente la calle San Lázaro desde ambas aceras, a unos quince metros de la confluencia de Infanta y San Lázaro.
Corear y avanzar; ya los separaban unos diez metros. ¡Revolución!. ¡Revolución!. Nueve metros. ¡Revolución!. Ocho metros. ¡Revolución!...
José Antonio, apretando codos, entonó el Al combate de nuestro glorioso himno nacional.
El choque se produjo. Aquellas bestias uniformadas descargaron sus bichos de buey y palos a diestra y siniestra. Un cabo burro le propinó varios bichazos a José Antonio que pronto se vio asediado por más de una decena de esbirros. Varios estudiantes a su alrededor enfrentaron el ataque, uno levantó el puño con una cadena que dio en pleno rostro del esbirro que golpeara a José Antonio, y lo hizo caer al pavimento con el rostro ensangrentado.
Se originó en ese momento una nutrida balacera. Los policías que estaban en las primeras líneas corrían despavoridos a guarecerse en los portales y pasillos.”160

Aunque el Gordo, su hermano Alfredo, Fructuoso Rodríguez, el joven estudiantes Fulgencio Oroz161, militante de la Juventud Socialista y otros manifestantes cayeron heridos al primer choque, pues los esbirros identificaron de inmediato a los líderes de la manifestación, sobre quienes concentraron sus golpes; los compañeros del Directorio que estaban apostados a ambos lados de la escalinata abrieron de inmediato fuego sobre ellos. Este hecho produjo un gran desconcierto en las fuerzas represivas, las cuales abandonaron su agresión contra los manifestantes desarmados y corrieron a resguardarse en las casas cercanas.
Las armas revolucionarias causaron este día varias bajas a la policía batistiana, resultando gravemente heridos en el enfrentamiento con los estudiantes los comandantes de la dictadura Paco Pérez y Rey Castro, al igual que otros 12 esbirros batistianos, entre tenientes, sargentos y policías.
Durante la compacta manifestación, Echeverría, quien luchó cuerpo a cuerpo en Infanta y San Lázaro con la policía, especialmente con el Comandante Rey Castro, resultó herido de gravedad. Poco antes, su hermano Alfredo, quien también resultó herido, al verlo inconsciente sobre el pavimento, se abalanzó sobre él para protegerlo con su cuerpo de nuevos golpes. Al ser detenido, José Antonio fue internado en el hospital de la policía y luego, trasladado al enfermería del Castillo del Príncipe.
Fructuoso Rodríguez, severamente lesionado y en estado crítico, fue también trasladado a la enfermería del mencionado Castillo. Con anterioridad, se había derrumbado, inconsciente, entre el quicio de una cafetería, que no había bajado su puerta de hierro, y la acera. Allí recibió el auxilio, a pesar de la presencia amenazadora de varios jenízaros, de Fulgencio Oroz.
Los esbirros de la tiranía heridos en el enfrentamiento, por su parte, se:

“... revolvían en la calle y entre lastimeros ayes pedían ayuda. Desde los zaguanes, donde se habían escondido, los otros guardianes del orden sacaban nada más de los cañones de sus armas y descargaban sus peines completos.
Por distintas calles, los estudiantes corrieron para coincidir de nuevo en la escalinata y entrar otra vez al recinto universitario.
Tras las gruesas columnas del rectorado relataron a los allí reunidos la situación en que se habían quedado José Antonio y Fructuoso.
Sin reparar en la inferioridad numérica, se habló de bajar a rescatarlos, pero la policía, ahora en número mayor, ya estaba frente a la escalinata, y no se pudo efectuar el temerario plan. Un grupo numeroso se refugió en el Hospital Calixto García, gracias a que un comando armado integrado por Venegas, Carbó, Machadito, Assef y otros los aguantaron el tiempo suficiente para cubrir la retirada.
Los que pasaron al Calixto, se escondieron en pequeños grupos en distintos pabellones.
Rastrillando su ametralladora Thompson, irrumpió en la puerta del hospital el sanguinario coronel Carratalá. La actitud amenazadora del esbirro no amedrentó al personal del hospital, que solícita y valientemente brindaba atención a los jóvenes heridos.
Los que creyeron que la represión violenta iba amedrentar al estudiantado se equivocaron”.162

La noche del 2 de diciembre también fueron detenidos, mientras realizaban una protesta en el habanero cine Duplex, Osmel Francis de los Reyes, Marcelo Fernández Font, Ormani Arenado y Osmani Cienfuegos, los cuales fueron enviados a la misma prisión en la que se hallaban ya recluidos José Antonio y Fructuoso Rodríguez.
No obstante, las actividades revolucionarias de la FEU y del Directorio continuaron ejecutándose, bajo la dirección provisional, primero, desde el 3 de diciembre, de Juan Nuiry, a quien le correspondía asumirla por sustitución reglamentaria. Más tarde, el día 6 de este mismo mes y año, por haber sido Nuiry golpeado y detenido, en las acciones del estadio del Cerro163 ejecutadas el 4 de diciembre por un grupo de jóvenes, como protesta por los atropellos sufridos por José Antonio y sus compañeros dos días antes y por su posterior encarcelación, asume René Anillo Capote la dirección de la FEU.
El 6 de diciembre se celebró una Asamblea estudiantil en el Salón de los Mártires en la que, haciéndose caso omiso al contenido de una carta enviada por el Coronel Cosme de la Torriente al líder estudiantil, se acordó realizar nuevos actos de protesta. A través de la prensa, la FEU invitó al pueblo a rendir tributo el 7 de diciembre al Lugarteniente General Antonio Maceo, al conmemorarse un nuevo aniversario de su caída en combate.
Al conocer los estudiantes que se hallaban internados en el Príncipe, los detalles de lo acaecido en el Estadio del Cerro así como la violenta paliza que los participantes en el hecho habían recibido, se dirigieron, profundamente indignados, hacia la entrada del vivac de la prisión, en cuya parte frontal había una foto del tirano Batista junto a una bandera del 4 de septiembre, símbolo de su infame traición.
Aunque en este lugar siempre había un custodio armado:

“ La indignación estudiantil –en opinión de Osmel Francis de los Reyes, uno de los detenidos – pudo más que el peligro. Desarmamos al policía e hicimos trizas la foto del dictador y la bandera cuatricolor oprobiosa. El hecho llegó a oídos del Jefe de la Prisión, teniente coronel Clausell, quien movilizó a todos sus efectivos y se dirigió al vivac, donde nosotros estábamos ensordecidos. La guarnición armada de ametralladoras y fusiles y bajo el mando de Clausell, venían dispuestos a accionar sus armas y masacrarnos impunemente. Aquella escabrosa situación fue salvada por quien en esa oportunidad se convirtió por su moral revolucionaria, por su estatura de combatiente, en la autoridad de todos, José Antonio Echeverría. De momento se escuchó una voz, su llamado de advertencia al jefe de la prisión: Coronel, usted será responsable de lo que suceda. En nombre de la Patria le sitúo esa responsabilidad. El teniente coronel Clausell quedó anonadado. Las ametralladoras y los fusiles se rindieron a las palabras del líder estudiantil. Todo había sucedido en fracciones de minutos. De inmediato comenzamos a entonar el himno nacional. El joven José Antonio, el glorioso Presidente de la FEU, el audaz Secretario General del Directorio Revolucionario, con apenas 23 años, había evitado con su oportuna intervención una matanza”.164

Mientras en varios lugares de la ciudad de La Habana se sucedían las protestas, los estudiantes encarcelados en el Castillo del Príncipe no daban tregua al régimen y noche anoche se reunían, para realizar un recuento de las actividades realizadas. Por estos días, mientras José Antonio y otros compañeros estaban retenidos en la enfermería, que se hallaba al lado del salón de visitas, ubicado a la entrada del vivac; el resto de los estudiantes llenaban dos galeras del Castillo.
Durante las reuniones, las cuales eran muy útiles para conocer lo que sucedía en la calle, a partir de las informaciones trasmitidas a los prisioneros por los familiares y amigos que los visitaban, El Gordo y otros dirigentes estudiantiles daban charlas y conferencias a los detenidos al mismo tiempo que, varios trabajadores que se hallaban recluidos junto a ellos por los sucesos del stadium del Cerro y otros hechos similares, intervenían también para narrar sus experiencias o dar sus valiosas opiniones. Como parte de estos encuentros se cantaba con frecuencia el Himno Nacional y se daban vivas a Cuba Libre.
Según relató en la revista Bohemia Manuel Martínez Gutiérrez:

“Un día uno de los jóvenes recibió la visita de su madre; venía desesperada, ya que el nombre de su hijo no aparecía entre los detenidos por los sucesos del 7 de diciembre; hecha un mar de lágrimas, cargando a su hija más pequeña. Al ver a José Antonio, dijo –y él lo oyó -: Este es el loco que los tiene a ustedes así. El joven la recriminó por tales palabras, pero José Antonio, con la jovialidad que le caracterizaba, se acercó, conversó con ella, cargó a la niña y la paseó por la enfermería. Esto puso una tónica distinta ante los enrojecidos ojos de la mujer que, ya más calmada y apenada requirió detalles sobre el estado físico y de ánimo de ellos y terminó despidiéndose con un ¡Cuídense hijos!, extensivo a José Antonio a quien tan duramente había tratado “.165

Durante su estancia en prisión, José Antonio recibió una carta, a la que ya hemos hecho referencia, fechada y firmada el 3 de diciembre por Cosme de la Torriente, quien le expresó, en franca alusión al mensaje que infructuosamente los estudiantes trataron de hacerle llegar el día anterior, que comprendía:

“... las impaciencias y admiro las rebeldías de la juventud. Por constituir la gran reserva de la Nación no debe ser destruida ni arrasada sin posibilidades de éxito en el turbión revolucionario. La Patria no debe ser ensangrentada sin razón ni sin justas esperanzas de triunfos, dice el Manifiesto de Montecristi. Razones en exceso tiene Cuba que justifican una Revolución; pero sería doloroso que sus mejores hijos sucumbieran frente a una poderosa organización bélica al servicio de los intereses políticos y económicos de una minoría. Evitar días de luto ha sido uno de los motivos determinantes de la acción que viene desarrollando la sociedad de Amigos de la República. Por eso insiste en una fórmula de solución política y se propone utilizar todos los medios que autoriza la Constitución de la República para la defensa de los derechos ciudadanos. Esperar es una manera de vencer, dijo el Apóstol de nuestras libertades. A veces hay más heroísmo en sofocar los impulsos que en lanzarse desesperadamente por los caminos de la violencia. Espere. Es el consejo de paz de quien ha hecho la Guerra. Espere y no se deje provocar por los que pretenden inútilmente silenciar la opinión pública”.166

A pesar de este llamado a la inactividad y a la paciente espera, realizado por Cosme de la Torriente, la dirección de la FEU, que había organizado con éxito un combativo acto el 7 de diciembre en el parque Maceo de la capital167; consciente de que el repudio popular al régimen crecía y numerosos combatientes se hallaban heridos o encarcelados, ideó convocar para el 14 de diciembre a un paro nacional de 5 minutos, como protesta por los actos de violencia ejecutados por la dictadura en la capital del país. Según René Anillo Capote, la idea del paro pudo ser consultada con José Antonio, quien se hallaba recluido aún en la enfermería del Castillo de El Príncipe, estando el líder estudiantil de acuerdo:

“... en no diferir el momento y con su aval – afirma Anillo - sometí a la sesión de la FEU168 a convocar a un paro de 5 minutos, lo cual sería fácilmente acatado en todos los centros de trabajo, ya que por lo fugaz y generalizado, no le permitiría al régimen desplegar una movilización que impidiera el éxito del paro”. 169

A pesar de que el régimen hizo lo indecible porque no se produjera, el paro se llevó a efecto el 14 de diciembre de las 10:00 a las 10:05 a.m., tal como estaba previsto, a lo largo y ancho de todo el país, con el respaldo impresionante de la clase obrera y los sectores profesionales, y con el consiguiente saldo de heridos y detenidos.
Resulta interesante anotar, que en opinión del ya citado René Anillo Capote, uno de los principales protagonistas de este hecho, dos declaraciones:

“... de nuestros enemigos nos ayudaron extraordinariamente. La primera, dada a conocer cínicamente por Fulgencio Batista, en la que decía: los estudiantes no deben quejarse, porque tienen muchos heridos pero pocos muertos: y agregaba en tono amenazador... ahora no tiran piedras sino tiros.
La otra fue hecha por el Secretario General de la CTC, Eusebio Mujal Barniol170, quien dijo a la prensa: La CTC declara que no tenemos acuerdo alguno y que no es obligatorio para ningún trabajador cumplimentar las orientaciones dadas por organismos ajenos a la clase obrera (la FEU)
Dada la imposición de dirigentes sindicales que no contaban con el respaldo de los trabajadores, estas palabras dieron lugar a que los obreros no solo protestaran contra Batista, sino también contra Mujal. De un tiro, dos pájaros de rapiña”.171

La prensa cubana se hizo de inmediato eco de la repercusión de este hecho. Así por ejemplo, mientras la leída sección En Cuba de la revista Bohemia lo calificaba de Cinco minutos históricos172; la revista Alma Máter, anunciaba con orgullo en su número clandestino de diciembre de este año que había sido Paralizada toda la República173. La dirección de la FEU recibió también, desde varios lugares de la Isla, telegramas y mensajes de adhesión al paro.
El transporte también se sumó al paro convocado por la FEU en este: “Día - como lo calificó la ya citada revista Bohemia - de la Protesta Popular contra la agresión al estudiantado y a la ciudadanía”.174 Para lograr sumar el transporte a la protesta se pusieron en práctica, según René Anillo Capote, numerosas iniciativas:

“... los jóvenes abordaban los ómnibus antes de las 10:00 a.m. para, cuando llegase la hora, arengar a chóferes y pasajeros a que se detuvieran la marcha, o simplemente demandar del chofer que parara el vehículo con cualquier pretexto. No faltaron los gritos desde la calle de que el ómnibus estaba ponchado o de que se esperara para el traslado de un enfermo”.175

La citada sección En Cuba de Bohemia publicó una anécdota, que es muestra evidente del éxito que llegó a tener el paro, sobre todo en la capital del país:

“... a la cafetería del Europa, en la esquina de Obispo y Aguiar, arribó un fornido personaje cubierto con un jacket amarillo de piel. Se sentó en una banqueta y con una palmada demandó café. Los dependientes cruzados de brazos, permanecieron indiferentes.
- ¿Qué pasa?. Pedí un café.
Y la respuesta, cargada de malicia:
- Tiene que esperar hasta las diez y cinco, señor Mujal. Estamos con el paro de la FEU”.176

En resumen, el paro decretado por la FEU no solo se convirtió en todo un plebiscito nacional contra Batista sino que evidenció además, como bien afirmó Marcelo Fernández Font en un artículo publicado en el periódico Granma a finales del 2003, que:

“La situación del régimen era cada día más insostenible. Para tratar de aplacar los ánimos, y cerca de las festividades de fin de año, decide poner en libertad provisional a todos los estudiantes detenidos. Muchos de ellos aún convalecientes se incorporan a la lucha que libraban los trabajadores azucareros a favor del diferencial”.177

Por su parte, José Antonio, al resumir las heroicas y trascendentes jornadas desarrolladas en el mes de diciembre de 1955 por la FEU, con el apoyo de varios sectores del país, afirmó que dentro de ellas tuvo:

“... una especial significación el paro de cinco minutos y la acogida extraordinaria que alcanzó en todos los sectores nacionales, particularmente en la clase obrera, lo cual permitía asegurar que en 1956 ocurriría la liberación del país. La misma idea proclamada seis meses antes por Fidel Castro al asumir el compromiso de ser libres o mártires en 1956”.178

Los líderes sindicales detenidos como consecuencia del paro fueron conducidos al Castillo del Príncipe, en donde tuvieron la oportunidad de reunirse con el Presidente de la FEU y sus compañeros, ideando allí nuevas acciones conjuntas. La noche del 14 de diciembre una escena emocionante para todos los detenidos tuvo lugar en el Vivac, cuando se fundieron en un sincero abrazo el Gordo y un obrero negro, trabajador de la industria azucarera:

“... cuyas canas apuntaban pasar de los cincuenta años. Emocionado –luego de haber enjugado unas lágrimas que rodaron por sus mejillas –refirió aquel humilde fogonero, cómo se había desarrollado el paro en el Central Gómez Mena; la indignación se reflejaba en su rostro al narrar los vejámenes y maltratos a los que fue sometido por la guardia rural y la forma en que lo condujeron al Castillo del Príncipe, sin permitirle tomar agua siquiera.
José Antonio, con palabras encomiables le agradeció su respuesta valiente y decidida al llamado de la FEU, fundiéndose nuevamente obrero y estudiante en un largo abrazo, mientras un grito de Viva Cuba Libre, emitido al unísono por cincuenta y tantas gargantas, retumbaba en las murallas del Castillo del Príncipe.”179

En la prisión, el líder estudiantil recibió la visita de combativos dirigentes obreros del azúcar, los cuales luchaban denodadamente para que se produjera el pago del diferencial azucarero a los trabajadores del sector, conquista que había sido lograda en la década del 40 por el líder comunista Jesús Menéndez. Entre ellos, se encontraban Rodrigo Lominchar y Conrado Bécquer, dirigente este último de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA), con quienes muy pronto se identificó el líder estudiantil. Poco después se supo, que entre todos habían concebido: “... que a partir de la demanda por el pago del diferencial se condujera a las masas azucareras a una acción de rebeldía coordinada en los principales centrales que contaría con el apoyo participativo de la dirección estudiantil ”.180
Por estos días, el Gordo se percató de que en medio de la convulsa situación nacional, se estaba produciendo dentro de las filas de las fuerzas armadas un movimiento de militares pundonorosos que se oponían al régimen dictatorial. Lo anterior le fue corroborado por Miró Cardona, quien lo visitó en el Castillo del Príncipe.
El 16 de diciembre fueron puestos en libertad provisional el grupo de estudiantes detenidos como consecuencia de los sucesos del 7 de diciembre, no así El Gordo, Osmel Francis, Fructuoso Rodríguez, Juan Nuiry, Juan Pedro Carbó y otros compañeros. Inmediatamente, al conocer esta decisión a través de los abogados que estaban a cargo del juicio que serían sometidos182, los encartados les agradecieron las gestiones realizadas:

“... pero hicieron la salvedad de que no querían ni aceptarían la libertad sino salían también junto a ellos José Antonio, Osmel Francis y otros pocos compañeros que también estaban en el vivac.
Planteaban entonces los abogados que la orden de libertad dictado por Urgencia no era optativa, pues le llegaba al jefe del penal y éste la hacía cumplir. No habían terminado la explicación cuando los dejaron con la palabra en la boca y, regresaron para la galera.
Cerraron la reja de hierro que daba acceso al pasillo central y las calzaron con las literas de hierro que no estaban fijas al piso y que previamente habían volcado con gran estrépito, y se parapetaron detrás de una barricada construida con el resto de las literas y colchonetas, armados con pomos, cajones y una firme decisión de rechazar la excarcelación dejando allí a José Antonio y demás compañeros.
Fue el propio José Antonio, quien les hizo desistir de ese propósito. Les comunicó que la guardia del penal ya iba a entrar a sacarlos, que la resistencia allí dentro no era provechosa, pues ellos estaban en su terreno. Los instó a salir y sumarse al movimiento de protesta que se mantenía en la calle. Les informó que la libertad de él y los que allí quedaban era cuestión de horas según le habían dicho los abogados.”182

Solo así, logró el Gordo convencerlos de que recogieron sus pertenencias y abandonaran el penal. Afuera los esperaban familiares y compañeros que no habían podido entrar en el horario de visita, ya que esta había sido suspendida por el revuelo armado por los estudiantes.
Poco después, el día 23, el resto de los prisioneros, entre ellos José Antonio, que se hallaban encarcelados en el Castillo del Príncipe y el Hospital de Emergencia, salieron a la calle. “El alborozo – apunta la periodista María Elena Bayón – fue indescriptible. José Antonio y Anillo (René) se abrazaron. El primero volvió a ocupar el mando. La lucha continuaba ”.183
Echeverría se reunió en el Salón de los Mártires de la FEU con un grupo de dirigentes sindicales del sector azucarero, algunos de los cuales lo habían visitado poco antes durante su estancia en el Castillo del Príncipe. Durante la reunión, de la que tomaron parte además, Fructuoso Rodríguez, René Anillo Capote, Antonio Guevara (Ñico) y otros dirigentes estudiantiles, quedó patentizado el apoyo que la FEU y el incipiente Directorio Revolucionario darían a la huelga azucarera que se preparaba.
Unos días antes, el Gordo había entregado a Conrado Bécquer, figura obrera principal de la Huelga junto a Conrado Rodríguez185, la relación de compañeros, todos miembros del Directorio Revolucionario, que irían a las distintas provincias para agitar y reforzar las acciones de los azucareros.
Mientras en Las Villas, provincia en donde el movimiento huelguístico186 – especialmente en Santo Domingo - fue muy fuerte, los obreros recibían por orientación de José Antonio el apoyo de su coterráneo Fructuoso Rodríguez, en Camaguey se los brindó, cumpliendo órdenes del Gordo y en estrecha coordinación con Reinaldo León Lleras186, su amigo y compañero de estudios187 Jesús Suárez Gayol188, cuya casa de la calle República No. 69 fue visitada en varias oportunidades por el Presidente de la FEU. En una de estas visitas, se afirma que José Antonio, echándole el brazo por encima a Gayol le dijo a Aurora, su madre: ”Señora, le presento al futuro presidente de los estudiantes de Cuba, porque este me va a sustituir”.189
Por otra parte. cumpliendo también indicaciones del Presidente de la FEU, Osmel Francis de los Reyes, Secretario de Asuntos Obreros y Campesinos de la organización estudiantil, José Machado (Machadito) y Antonio Guevara se trasladaron a los centrales orientales; Faure Chomón Mediavilla, José Assef y Martínez Brito a Camaguey y Juan Pedro Carbó Serviá y Arrechea a Las Villas. De esta forma se garantizó el incondicional apoyo estudiantil a las tres grandes regiones cubanas que decidían cada año, por encontrarse en ellas los mayores y más modernos ingenios, la buena marcha de la zafra.

“Conociendo – afirma Julio García Oliveras – la situación, (José Antonio), decidió partir ese mismo día (23 de diciembre) hacia el interior del país en compañía de René Anillo y Julio García Oliveras. Los principales dirigentes del Directorio estaban sumergidos en la batalla de los trabajadores, que ya había alcanzado franco carácter político, y el máximo dirigente del estudiantado revolucionario intentaba con su presencia impulsar a su más alto grado el movimiento”.190

El líder estudiantil en compañía de René Anillo y Julio García Oliveras, quien iba al timón del automóvil, emprende el 24 de diciembre un recorrido por las antiguas provincias de Matanzas, Oriente y Las Villas, con el objetivo de movilizar a los estudiantes del interior del país en favor de la huelga azucarera. Los dirigentes estudiantiles tenían –al decir de René Anillo – el propósito de lograr que: “... el movimiento estudiantil apoyara a los obreros agrícolas cañeros, a los obreros industriales, que sintieran que la gente de la ciudad estaban con ellos, de que los estudiantes estaban con ellos”.191
El propio día 24, el Presidente de la FEU y sus acompañantes se detuvieron en Santa Clara, en donde conferenció con dirigentes azucareros de esa provincia. También, pidió al estudiantado de la región que incrementaran sus acciones de lucha al máximo. El viaje concluyó en Santiago de Cuba en los últimos días del mes de diciembre, en una fecha que no hemos podido precisar.

“En esa ciudad, – afirma Julio García Oliveras, uno de sus acompañantes – su primera escala fue en la casa de la familia de Renato Guitart, el inolvidable compañero caído en el ataque al Moncada. A los pocos minutos llegarían Frank País y Pepito Tey, acompañados de Léster Rodríguez, para tratar sobre la situación. Una bomba que estalló cerca hizo que la reunión se suspendiera. Esa noche, José Antonio Echeverría y sus acompañantes durmieron en la casa de Jorge Ibarra, dirigente del Directorio en Santiago. A medianoche, un ligero temblor de tierra sacudiría la ciudad. (...)”.192

A la mañana siguiente, se efectuó una reunión con la presencia de varios santiagueros para abordar el futuro desarrollo de la lucha armada en el territorio oriental y en todo el país. Asistieron al encuentro Nilsa Espín, Rivero, Benítez, Julio Pérez Guitan, Jorge Ibarra, Pantoja y Temistocles Fuentes, quienes acordaron brindar su apoyo a las acciones del Directorio Revolucionario y coordinar con el ejecutivo del mismo las que realizaran por su cuenta. Al otro día, el Gordo y sus acompañantes emprendieron el regreso.

“Según salíamos de Santiago –ha relatado Julio García Oliveras – y ascendíamos por la Carretera Central hacia el puerto de Moya, recuerdo que reíamos cuando Anillo (René) nos leía algunos versos del Canto General de Neruda (Pablo), que alguien en la capital oriental le había regalado:
(...)
Los versos de Neruda nos describían acertadamente la situación contra la que luchábamos, ya el combate se acercaba a su etapa final”.193

El 26 de diciembre estalló la Huelga, la cual estuvo matizada por la utilización de varias técnicas y tácticas de lucha puestas en práctica con anterioridad por los estudiantes: realización de fogatas y barricadas con toda clase de objetos en las calles, lanzamiento de piedras y botellas, enfrentamientos directos con las fuerzas represivas, etc. Gracias a la estrategia desplegada por José Antonio y sus compañeros de lucha la Huelga azucarera fue un éxito y en pocos días un extenso territorio fue convertido en un impresionante campo de batalla.
Como consecuencia de los enfrentamientos con los sicarios del régimen, numerosos trabajadores y algunos estudiantes, entre ellos Fructuoso Rodríguez y Martínez Brito, resultaron heridos o lesionados. Sin embargo, no pudieran impedir, que ante el arrollador empuje de la Huelga, mucha gente del pueblo se incorporara a la lucha armada contra el Tirano Batista.
Por estos días, José Antonio declaró a la prensa que, como consecuencia del apoyo brindado por la FEU a la Huelga azucarera, la cual se transformó de una protesta pro - mejoras económicas y sociales en una demanda política contra el régimen de Batista, se habían: “... cerrado lazos estrechos con la clase trabajadora, que nos apoyó en el paro de los cinco minutos, y a la que damos la seguridad de que no (la) abandonaremos en su lucha por las mejoras sindicales”.194
Por eso puede afirmarse categóricamente que el año 1955 cerró con un balance positivo: el estrechamiento de los vínculos entre la clase obrera y el estudiantado, elemento que le será muy útil a la FEU y al Directorio Revolucionario para encaminar las futuras acciones que se planeaban realizar contra el Tirano.
El 31 de diciembre el Gordo decide hacer un alto en el camino para descansar. Aprovecha la ocasión para esperar el Año Nuevo en el central Estrada Palma, en Yara, sitio en el que vivía con su familia María Esperanza Muñiz, su prometida.

VIII
Sí 1955 había sido para el movimiento estudiantil cubano, bajo la certera dirección de José Antonio, el año en que se va a acumular la mayor experiencia y el mayor caudal de iniciativas para continuar la lucha; 1956 será, junto a los primeros meses de 1957, el de la consagración definitiva del Gordo y sus compañeros, quienes contaron siempre con el apoyo de numerosos sectores de la población cubana, a la lucha armada. Por eso, en estos 12 meses de duro bregar contra el Tirano y sus secuaces, los acontecimientos y los días se suceden en la vida de José Antonio a una velocidad extraordinaria.
El 1 de enero de 1955, luego de despedirse en el central “Estrada Palma”de María Esperanza Muñiz, su prometida, José Antonio y sus compañeros emprendieron el regreso a la capital del país. Ese mismo día, la revista Carteles publicó bajo el título Mantendremos sin tregua nuestra lucha una entrevista realizada a varios estudiantes y muy en especial a José Antonio, quien declaró que la FEU estaba trabajando intensamente para lograr una: “ ... una estrecha unión entre los estudiantes y los obreros. El paro de 5 minutos – dijo - fue un verdadero triunfo en toda la Isla”. Además, convencido cada vez más de la necesidad de unir en la lucha contra el Tirano a los estudiantes y a los trabajadores, recordó que el organismo que presidía había:

“... cerrado lazos estrechos con la clase trabajadora que nos apoyó en el paro de cinco minutos y a la que damos la seguridad que no abandonaremos la lucha. Muy especialmente estaremos con los obreros azucareros en su batalla por el pago del diferencial y por un plan para evitar las restricciones azucareras que tanto daño hacen al país
Lo que queremos resaltar por encima de todos los rumores, es el poderoso impulso que hemos recibido con la ayuda popular. Miles y miles de telegramas y cartas de todos los sectores y actividades de la nación han llegado a nuestra mesa alentándonos en la lucha y comunicándonos el paro de cinco minutos del día 14. En realidad ese día no terminó nuestra lucha sino que comenzó verdaderamente. A pesar de los pesimistas, de la falta de propaganda y la premura con que se organizó el paro del día 14 de diciembre, resultó un verdadero triunfo para la unidad de ambas clases. El transporte paralizó al igual que los ferroviarios, telefónicos, medicina, gastronómicos, artes gráficas, aeropuerto, azucareros, cigarreros, joyeros, cerveceros, todos respondieron presente a nuestra llamada”.
(...)
Estamos luchando juntos por la verdad y la libertad. Ellos son los que nos mantienen firmes en los momentos de desaliento y fatiga”.

La revista Bohemia publicó también el 1 de enero unas premonitorias declaraciones del líder estudiantil, realizadas a finales de 1955, en las que afirmaba categóricamente:

“A la juventud cubana nos sorprende el próximo año 1956 en dramático y turbulento proceso. El largo período de tiempo transcurrido desde el 10 de marzo hasta la fecha, ha ido acicateando la conciencia cubana, dando los frutos de la encendida protesta popular que hoy contemplamos. El camino está expedito para que el pueblo cubano, juntando voluntades, logre el cese total y definitivo de la dictadura batistiana.
La única forma de hacer vaticinios en política es contando con las realidades presentes. Oyendo los ruidos sociales de hoy es posible encadenar las situaciones, comprender el proceso del momento histórico y hacer juicios de futuro. No se me juzgue apasionado ni iluso. El año próximo de 1956 será el de la total liberación de Cuba. Al decir ello, ni imito, ni declaro, tal vez coincida. La juventud cubana de ahora, que sabe que las revoluciones ni se fabrican ni se decretan, ha encontrado su camino; sus dichos y hechos así lo confirman. Hora es ya de terminar para Cuba de arriba abajo, y de una vez y para siempre, con todo lo que el 10 de marzo representa en sangre, robo, desvergüenza y traición.
(...)
... por nuestra parte queda pública constancia de que hay en Cuba una juventud decidida y resuelta, con clara conciencia de sí y de lo que le rodea, y que sabe que su presencia en la vida cubana no se limitará a los simples cambios de nombre en el régimen sino a más profundas transformaciones en la estructura social de nuestro pueblo. Así nos lo exigen las circunstancias y así lo entendemos nosotros. Vocación y destino se nos conjugan en armoniosa alianza”.

Como parte del viaje de José Antonio y sus compañeros hacia La Habana, se detuvieron en Camaguey, en donde, según Julio García Oliveras, uno de los dirigentes estudiantiles que acompañaba al Gordo, se efectuó:

“... una reunión con Faure (Chomón) y Joe Westbrook, quienes habían participado en la huelga desde sus inicios. La próxima escala fue Santa Clara para gestionar la libertad de Fructuoso (Rodríguez), recluido en la prisión de aquella ciudad. José Antonio decidió visitar personalmente al magistrado que presidía el proceso judicial. Bajo el convincente argumento de que no habría clases en la Universidad – donde estudiaban sus hijos - mientras el dirigente de la FEU continuara preso, logramos el compromiso de ponerlo en libertad”.

En las primeras semanas de enero, a pocos días del retorno de José Antonio y sus compañeros a la capital, la FEU hizo pública una denuncia contra el aumento de las tarifas estipuladas por la Cuban Telephone Company, subsidiaria de la ITT. El documento, firmado por José Antonio, René Anillo y Juan Nuiry, fue comentado y reproducido en varios periódicos capitalinos. Así, por ejemplo, el 17 de enero, el periódico habanero Excelsior publicaba una nota informativa en la que se denunciaba a la opinión pública que:

“Después de violar la concesión de 1909, ahora la Cuban Telephone Company intenta un gran affaire. No sólo no puede aumentar las tarifas, sino que debe devolver a los usuarios los doce millones de pesos que cobró de más. Lucharemos a brazo partido contra el intento de este monopolio que explota al pueblo. La FEU luchará decididamente y en todos los campos contra esos propósitos del pulpo telefónico”.

El día 10 José Antonio preside el tradicional y concurrido homenaje a Mella, que cada año realizan los estudiantes frente al busto existente en la Universidad. El acto fue organizado en esta ocasión por el Comité 10 de enero. El líder estudiantil, René Anillo Capote y José Machado (Machadito), entre otros, pronunciaron, sin que la policía interviniera para disolver la conmemoración, enardecidos discursos. Una semana después, el día 17, transcurridos un mes y medio del paro universitario, se reinician las clases en la Universidad.
La FEU convocó el 28 de enero al estudiantado, como en años anteriores, a rendir tributo a nuestro Héroe Nacional José Martí. Por tal motivo, José Antonio y otros líderes estudiantiles orientan impedir a toda costa el bochornoso homenaje que la dictadura pretendía realizar al pie del monumento erigido a su memoria en el Parque Central. Según Julio García Oliveras:

“Al mediodía Echeverría confirmó la decisión de llevar a cabo la demostración. Se dio la orden de no participar a los que no estuvieran en buenas condiciones físicas, y José Antonio personalmente indicó que no se almorzara ese día en previsión de posibles heridas de bala. Ante su insistencia de encabezar la acción, fue designado un buen grupo de combatientes para que lo acompañaran. Machadito, Juan Pedro Carbó y otros se prepararon para proteger a Echeverría”.

La ordenes impartidas habían sido claras: como se sabía que fuertes contingentes de esbirros rodeaban el monumento, los estudiantes debían trasladarse hacia el lugar en autos o en ómnibus, para congregarse en los alrededores del parque. Luego, en diferentes grupos, al llegar José Antonio al lugar, debían confluir en la estatua martiana, para boicotear, corriendo cualquier riesgo, la celebración del acto organizado por el régimen.
Roberto Vizcaíno Lafita, uno de los participantes en los hechos, narró al periódico Granma el 29 de enero del 2004, que, al desembocar ese día junto a otros compañeros, estudiantes como él de la carrera de Derecho, en la esquina de las calles de Prado y Neptuno notaron:

“... como en diferentes lugares aledaños se agrupan muchos jóvenes, algunos rostros ya conocidos por su presencia en las luchas que venía librando el estudiantado.
Nos dirigimos hacia los portales de la Manzana de Gómez (...).
En sus sólidas columnas que permiten sombras acogedoras proyectadas por los toldos protectores del cálido sol ya en pleno mediodía, nos guarecemos inquietos y tensos, en espera del querido y respetado José Antonio. Cada vez percibimos mayor afluencia de gente joven, no pocos de los cuales, a corta distancia, nos hacen señas de salutación.
Comentamos que en las aceras que bordean al parque se encuentran de pie haciéndose los que leen periódicos, una cantidad de sujetos, que, evidentemente, tienen los rasgos característicos de los cuerpos represivos, y en el monumento, las coronas de flores depositadas allí seguramente en horas muy tempranas de la mañana nos dejan entrever las manos manchadas de los sicarios de la tiranía. Esos dos factores contribuyen a enardecer nuestra disposición de enfrentar cualquier tipo de peligro con tal de que el batistato no se salga con sus despreciables planes”.

Minutos más tarde, tres automóviles se detuvieron abruptamente en la esquina de Neptuno y Prado, junto a la acera del parque. De ellos descendieron con rapidez José Antonio, quien llevaba en esta ocasión su inconfundible jacquet carmelita, su hermano Alfredo, Juan Pedro Carbó Serviá, Pepín Naranjo, Tony Castell, Luis Soto, José Machado Rodríguez, Machadito , Onil Fuentes y otros compañeros. Al mismo tiempo, aparecieron en el lugar varias perseguidoras y carros - jaulas.
Cuando José Antonio se disponía a colocar una ofrenda floral a Martí a nombre de los estudiantes, la policía se abalanzó sobre él y sus compañeros más cercanos, produciéndose un fuerte enfrentamiento con las fuerzas policiales. De inmediato:

“Como movidos por una misma orden, – recordó Roberto Vizcaíno Lafita – toda aquella muchachada rebelde por martiana, nos lanzamos en carrera hacia el parque. El enfrentamiento violento no se hizo esperar.
Aquel escenario se convirtió en un campo de batalla donde en combate desigual se enfrentaron las fuerzas del bien y del mal que avizoraron para todos los tiempos el Padre Varela y el propio Martí.
Mientras recibimos golpes de los bastones policíacos y respondemos con el rigor de nuestros puños, escuchamos gritos de indignación y condena contra el atropello bestial de que somos objeto, por parte de una digna y nutrida representación femenina del Frente Cívico de Mujeres Martianas, también incorporadas al desagravio.
Algunos de nuestros compañeros pudieron llegar hasta las coronas del monumento para destrozarlas, no sin recibir también una cuota de lesiones ”.

José Machado (Machadito) protegió con su cuerpo, durante el enfrentamiento con la policía, a José Antonio, para quien nuevas golpeaduras, en opinión de los médicos, podían ser fatales. Solo de esta manera logró, según contó días después a un amigo que fue a visitarlo en prisión, que no pudieran : “... darle un golpe al Gordo. Cada vez que lo intentaban , me metía en el medio. (...). Guardia alcanzado por las trompadas de José Machado, fue hombre al suelo”.
Según los periódicos de la época, como consecuencia de estos hechos fueron detenidas 68 personas, 13 de ellas mujeres. En la relación de los detenidos se incluyen no solo estudiantes universitarios, también aparecen algunos alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, al frente de los cuales se hallaba Manolito Graña así como, de escuelas privadas, algunos de ellos, incluso, menores de edad. Esta hecho resultó ser “... la acción pública donde fueron apresados la mayor cantidad de participantes hasta ese momento”.
Aunque José Antonio, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez, Machadito, y otros dirigentes y estudiantes habían sido detenidos durante la acción y traslados a la Tercera Estación de Policía, poco después se supo en la Universidad que algunos habían logrado forzar y abrir en el trayecto la puerta del carro – jaula que los conducía a la prisión existente en el Castillo del Príncipe, escapándose a toda velocidad en la intersección de las calles Zanja y Belascoaín.
Aunque José Antonio pudo huir, Machadito y Juan Pedro Carbó fueron apresados nuevamente. El primero, cuando se enfrentaba a un policía que pasaba por allí, mientras que el segundo, fue detenido al intentar escapar en un ómnibus. Ambos fueron conducidos al Castillo del Príncipe en el que se hallaban ya prisioneros, por su participación en los hechos del Parque Central, Mario Reguera, joven estudiante de la Segunda Enseñanza , Miguel Saavedra , Julito Díaz , Ciro Redondo y Antonio Llibre militante de la Juventud Socialista.
Mientras tanto, en la Colina, un grupo de estudiantes, encabezados por Juan Nuiry, René Anillo, Rolando Bezos y Julio César Guillén, entre otros, se enfrentaban a pedradas a las perseguidoras que, ante la avalancha de piedras que se les venía encima, huían en desbandada.
Aunque José Venegas no participó en las acciones efectuadas este día en el Parque Central – fue autorizado por José Antonio a no tomar parte en la manifestación ya que las repetidas golpeaduras que había recibido habían afectado seriamente su salud – se le detuvo a un costado de la Universidad cuando, luego de pasar toda la tarde estudiando, regresaba a la Casa de Huéspedes en que vivía junto José Antonio. De inmediato, los dirigentes de la FEU orientaron a un grupo de estudiantes montar una guardia, con objeto de recabar información sobre su paradero. Poco después se supo, que luego de ser salvajemente golpeado, había sido conducido – cubierto de vendajes - al Castillo del Príncipe, cuyas galeras se hallaban abarrotadas de estudiantes.
Como bien ha contado Roberto Vizcaíno Lafita:

“Alrededor de las 6 de la tarde, cuando nos encontramos en lo alto de la escalera cerca del Rectorado, vimos llegar en un auto a los compañeros Manolito Carbonell y Jorge Puentes. Traían algunos alijos de periódicos Alma Máter pues debido a sospechas sobre algún elemento infiltrado en el local que ocupaba la Imprenta de la Universidad, dirigida por ese abnegado trabajador que fue el viejo Valdivia, habían trasladado su impresión para otro lugar en la calle Infanta.
En la portada aparecía Venegas salvajemente golpeado y aún detenido. Se nos planteó que era urgente salir a distribuir esos Alma Máter para evitar un fatal desenlace en este caso.
Ya en ese momento se había desviado el tránsito de los alrededores del ámbito universitario.
Blas Arrechea tomó la iniciativa y cogiendo uno de aquellos paquetes exclamó: ¡Adelante, no hay que pensarlo más!. Y grupos de estudiantes marcharon hacia las calles Infanta y 23 repartiendo cientos de ejemplares del órgano de la FEU.
Fue un 28 de enero de combate que resonó en la capital ”.

El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y la Policía Nacional iniciaron el 3 de febrero una serie de acusaciones, las cuales fueron recogidas por los periódicos habaneros, contra José Antonio, Fidel Castro, Fructuoso Rodríguez y otros compañeros, acusándolos ante el Tribunal de Urgencia de ser los responsables de fomentar planes revolucionarios y acciones subversivas de alcance nacional, encaminadas a desestabilizar el régimen de Batista.
No obstante, el 13 de febrero, se efectuó el tradicional homenaje de la FEU al estudiante Rubén Batista Rubio, caído en 1953. Desde la noche anterior, la Universidad había sido rodeada por numerosos policías, perseguidoras y carros flusher del Cuerpo de Bomberos. Alrededor de las diez de la mañana, luego de escuchar las enardecidas y vibrantes arengas de los principales líderes de la FEU y a pesar de que el brigadier Salas Cañizares había comunicado telefónicamente al Dr. Clemente Inclán, Rector de la Universidad, que no permitiría que la manifestación se efectuara, decenas de estudiantes bajaron la escalinata portando una corona de flores, la cual pretendían depositar, como en años anteriores, en el sitio en el que había caído su compañero de luchas.
Inicialmente, se dio la orden a quienes encabezaban la manifestación de no chocar con las fuerzas batistianas, sino que simularan retroceder para que avanzaran hacia ellos, acercándolas de esta forma a la Plaza Mella, en donde un grupo de miembros del Directorio Revolucionario abrirían fuego contra ellas.
Según uno de los participantes en la manifestación, Miguel Ángel Domínguez, quien era por entonces Vicepresidente de la Asociación de Alumnos de la Escuela de Arquitectura y miembro del Directorio Revolucionario, cuando los estudiantes se iban aproximando al lugar en donde la policía los estaba esperando:

“Fructuoso (Rodríguez), de acuerdo con lo programado, se vira y les grita: ¡atrás! ¡atrás!, a fin de que retrocedieran; pero, que sucede, los estudiantes no conocen el plan – no se les había dicho nada para evitar los chivatos que siempre se infiltraban en las manifestaciones – y algunos se quedan confundidos, no se explican lo que pasa, y permanecen parados en medio de la calle. (...) Además, la policía no avanzó tan cerca de la escalinata como habíamos previsto, tal vez temerosa de ese inusual retroceso de la manifestación”.

Por este motivo, a los pocos minutos de haber partido de la escalinata la manifestación se produjo el choque con las fuerzas policiales, con el consecuente saldo de estudiantes heridos y/o golpeados salvajemente. Al dispersarse los estudiantes, un grupo armado de miembros del Directorio, quienes al salir la manifestación habían salido de la Asociación de Farmacia y se habían apostado en espera de iniciar el enfrentamiento, comenzó a tirar. Según el ya citado Miguel Ángel Rodríguez, esa mañana:

“... en la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Farmacia, Faure (Faure Chomón) nos entregó las armas. No eran muchas. Una carabina M – 1, pistolas y revólveres. Ametralladora no había.
(...)
Con el M – 1 se trata de afincar concretamente la perseguidora del Comandante Ponce y abrimos fuego graneado sobre los policías. Cobarde como siempre, sorprendida por el tiroteo de parte nuestra, la policía se retira en desbandada; algunos se parapetan detrás de los postes, las perseguidoras, las casas, a lo largo de la calle San Lázaro, otros llegaron hasta Infanta. Poco a poco se van acercando nuevamente y parapetándose, hasta que se entabla un combate que duró más de media hora.
Ponce se nos escapó aquel día, la perseguidora recibió dos impactos de bala, pero él y su chofer resultaron ilesos.
El combate fue amainando de nuestra parte en la medida que se nos fue agotando el parque”.

Como resultado del enfrentamiento, los miembros del brazo armado de la FEU le causaron ese día a las fuerzas de la tiranía, las cuales se retiraron atemorizadas y confusas sin atreverse a entrar en la Colina, tres bajas y una decena de heridos. “El próximo paso táctico del Directorio – afirma Faure Chomón Mediavilla – es que el pueblo vea hasta donde eran capaces de llegar los esbirros, y adelantar la línea de fuego hacia el centro de La Habana”.
El 24 de febrero José Antonio hizo pública la existencia del Directorio Revolucionario, durante un acto solemne efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana para conmemorar un nuevo aniversario del inicio de la Guerra Necesaria, organizada por nuestro Héroe Nacional José Martí. A continuación reproducimos, por su importancia, el texto integro del discurso pronunciado en esta ocasión por El Gordo:

Frente al acoso, la humillación y la ruina en que por cuatro años se le ha sumido por un tiranuelo traidor, frente al fracaso de todo intento de solución pacífica en la que no creen ni los propios elementos que tratan de propiciarla, urgido de soluciones radicales que como cauterio al mismo fondo de los males, el pueblo cubano, por derecho soberano, ha manifestado su decisión inquebrantable de lucha y holocausto.
No caben promesas mentirosas en las que nadie ha creído, ni largas esperas cuando la honra y el pan peligran, ni ha de buscarse medicamentos de superficie cuando los males echan raíces en lo profundo.
Es por eso que se abre la lucha estudiantil el 27 de noviembre con vigor incontrastable. Es por eso que el pueblo sin distinción de clases o partidos, se lanza a la calle el siete de diciembre y que los obreros de toda la Isla dan su protesta viril el catorce del mismo mes. Es por eso que la huelga azucarera toma caracteres de revuelta popular en las provincias. Y es por eso, en fin, por lo que esta lucha no cesará sino con la conquista de la Libertad y de la Justicia Social.
“Esperar es el consejo de paz de quien ha hecho la guerra”respondió al estudiantado y al pueblo el coronel D. Cosme de la Torriente. Y el pueblo esperó descreído, por una solución que sólo podía llegar, como ha llegado, al más profundo y vergonzoso fracaso. Esperó el pueblo y contempló el atropello y la burla al proletariado azucarero, la persecución y el acoso de la fuerza antipública, las torturas sobre la mujer estudiante y el joven obrero, la desaparición inexplicable de muchos elementos, y para colmo, la burla insolente y la calumnia soez sobre el nombre de sus mejores hijos.
Ya no se puede esperar más, y ha llegado el momento de decirlo claro. No es la transacción menguada ni la promesa distante lo que salva, sino la acción directa y a fondo, integralmente renovada. Y se ha demostrado en las calles: el pueblo marcha seguro y firme hacia la insurrección revolucionaria.
Lo importante es que el pueblo es quien dirige, que los hombres de todas las militancias políticas y revolucionarias, de todas las clases sociales, se juntan en la lucha contra el enemigo común.
Abrió como vanguardia en la calle el estudiantado y su representación universitaria, la F.E.U. Pero la Revolución, obra de todos y necesitada del esfuerzo de todos, demanda un instrumento que defina la sustancia de todos los pensamientos revolucionarios de nuestro tiempo comprendiéndolos en uno solo e integral; un organismo que en respeto del criterio de cada cual, vertebre todo esfuerzo en acción única y coordinada capaz del triunfo seguro con el máximo ahorro de potencial humano y en la mayor brevedad de tiempo, un organismo que comprenda las posibilidades y métodos de cada clase o sector de la población y los ponga en función de la lucha revolucionaria. Y la F.E.U. por índole es organismo representativo de la clase estudiantil universitaria a la que en primera acción se debe. Es por eso que en cumplimiento de la necesidad revolucionaria del estudiantado y del pueblo la F.E.U., respalda, auspicia y da orden al DIRECTORIO REVOLUCIONARIO, integración de esfuerzos revolucionarios de todas las extracciones en toda la Isla.
Si el DIRECTORIO REVOLUCIONARIO fuera un grupo más inspirado en la mezquina aspiración de mando de unos cuantos o el optimismo iluso de un puñado de bien intencionados, no tendría razón de ser y sería de divisionismo en la masa revolucionaria. ¿Y qué cubano honrado querría hacerse responsable del crimen de atomizar la fuerza necesaria que ha de enfrentársele a una tiranía cruel y sin escrúpulo armada hasta los dientes?. ¿Qué cubano no comprende la necesidad de juntarse en pensamiento único verdaderamente renovador del sistema político, económico y social y jurídico, para que la Revolución iniciada por Joaquín de Agüero y nunca concluida hasta ahora, dé un paso hacia la conquista de la Libertad política, la independencia económica y la Justicia Social?. La F.E.U. a través del DIRECTORIO REVOLUCIONARIO se propone coordinar todos los esfuerzos necesarios para la acción insurreccional necesaria al derrocamiento de la actual tiranía y para el establecimiento del estado revolucionario, que satisfaga la urgencia de Libertad, Paz y Justicia del pueblo cubano en ésta su hora triste, y siente las bases estructurales de la República Nueva, soberana en su derecho, justa para con todos sus hijos, honrada en los hombres que la sirven, próspera y segura en su economía, proyectada con caracteres propios hacia la cultura universal y orientada hacia el cumplimiento de su destino americano.
La F.E.U., a través del DIRECTORIO REVOLUCIONARIO al mismo tiempo convoca a la necesaria fraternidad revolucionaria de todos los elementos viriles, al estudiante aguerrido, al obrero recio, a la mujer insumisa, al proletario justo, al soldado que repudia el crimen, al campesino olvidado, ¡a todos!.
La F.E.U., a través del DIRECTORIO REVOLUCIONARIO fija ante la historia su postura independiente y su misión coordinadora, y llama al pueblo, a los equipos y jefes revolucionarios y a las vanguardias obreras y estudiantiles a juntarse por deber para con los hambreados y los oprimidos, por compromiso para con los muertos sacrosantos de la Patria, en el trabajo incansable, el heroísmo fecundo y el sacrificio desinteresado, que no lejana ha de estar la hora de la Libertad y la Justicia en que nazca la República Nueva.

En este período José Antonio, que desde niño fue un fervoroso martiano, incrementa las lecturas de la obra del Héroe Nacional cubano, al cual cita con frecuencia en sus conversaciones y en los enardecidos discursos que pronuncia. Un ejemplo fehaciente de ello, es la importante y radical intervención con la cual resume el 9 de marzo el homenaje a la soberanía ultrajada del pueblo de Guatemala, efectuado esa mañana en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, la cual concluye con una la frase de Martí.
El acto fue organizado por El Gordo, Raúl Roa García, Decano de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad; Amparo Chaple, Presidenta de la Asociación de Alumnos de la Escuela de Filosofía y Letras y activista de la Juventud Socialista; René Anillo Capote, miembro del ejecutivo de la FEU; Miguel Ángel Domínguez Carles, miembro de la Juventud Socialista y Julio Castelló Dumás, quien había sido colaborador del gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, motivo por el cual había tenido que asilarse en la Embajada de Costa Rica al ser derrocado el mismo en 1954.
Durante el homenaje usaron de la palabra, además de José Antonio, Miguel Ángel Velásquez por el Partido Revolucionario Dominicano, Simón Alberto Consalbi por el Partido Acción Democrática de Venezuela, Pablo Martínez por el Movimiento Popular Dominicano, Pedro Bonilla por el Frente Unido de Exilados Dominicanos, el profesor Luis Díaz, exilado guatemalteco y José Luis Valcárcel, estudiante de Guatemala.
Por su importancia y sobre todo, por su profundo carácter antiimperialista, reproducimos a continuación algunos fragmentos del discurso pronunciado por Presidente de la FEU:

“Me es dable la honrosa encomienda de resumir este acto de genuina y verdadera reafirmación americana, y al honor uno la satisfacción extraordinaria de ver y sentir que los hombres de nuestra América se reúnen más que por dolor de desterrados; lo hacen por la unión intima e igual en las esperanzas libertadoras y en el aliento bravo de conquistar para nuestra América un destino digno para el hombre americano.
(...)
Los estudiantes cubanos deseamos cumplir con nuestro deber al ofrecerles a ustedes, desterrados de la causa libertadora de nuestros pueblos, tribuna para decir la verdad de vuestras causas y franco apoyo a los principios democráticos y antidictatoriales por ustedes mantenidos.
Para nosotros son pauta insoslayable las palabras del esclarecido escritor ecuatoriano , Juan Montalvo, cuando afirmaba: “Ay de los pueblos en que los jóvenes son humildes con el tirano, en que los estudiantes no son capaces de mover el mundo”. Nosotros, hombres de América, jóvenes y estudiantes de Cuba, no somos ni débiles ni cómplices de las tiranías que se enseñoreaban sobre la espalda de vuestros pueblos, ni tampoco somos indiferentes, no lo podemos ser, con la situación despótica que coarta y yugula la libertad y la soberanía de los cubanos.
No son las conferencias interamericanas ni el falso panamericanismo las soluciones y los esfuerzos que demanda nuestra América. Son actos como estos en que lo mejor de cada pueblo, por representar lo mejor de cada causa, se reúne para acusar los males endémicos y seculares comunes a nuestros pueblos: dictadura, miseria, coloniaje, politiquería, oscurantismo y otros males fecundados en el pasto silvestre de los voraces detentadores del poder político y económico de nuestros pueblos.
Nadie como el americano ha peleado tanto por su destino y por su libertad.
(...)
Pero a nadie se les ha negado tanto su derecho a la libertad como a los pueblos y a los hombres de América.
(...)
Aquí estamos los hijos de Ariel.
La lucha de América es una e indisoluble. Quien pelea en Cuba por la libertad está peleando contra cualquier dictadura de América, y si a la vez es genuino revolucionario, lo está haciendo también contra el coloniaje, y demás vicios estereotipados en el suceder americano.
Por ello no cabe la unión con uno de los vicios de América para vencer otro. Yo señalo el criterio que tan maldito es quien sirve a una tiranía, como el que se une a otra con el pretexto de derrocar la existente en su patria. Las revoluciones no se exportan, ellas nacen de la propia realidad social, es la respuesta de la injusticia y de los que padecen contra los amos y señores.
Tengamos fe, hombres de América en el destino de nuestro continente. A las fuerzas regresivas y dictatoriales opongamos la razón de nuestra causa y el esfuerzo de nuestros sentimientos.
A pesar de la dura realidad vemos que los pueblos se alzan y en la convulsión de nuestras Repúblicas americanas los hombres se unen y se dan a la tarea de la obra grande contra las dictaduras de América y contra los enemigos de nuestros pueblos.
Aceptemos la invitación de nuestro Apóstol: “Andemos del lomo del Cóndor para regar por las naciones del Continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva”. Muchas gracias.

El acto efectuado en el Aula Magna de la Universidad el 9 de marzo y, sobre todo, el discurso pronunciado durante el mismo por el Gordo, tuvo una amplia repercusión en los medios oficiales de la Isla y también en los de los Estados Unidos de América. Por tanto, no resulta sorprendente, que en el informe sobre el homenaje enviado al Presidente de la Sala Quinta de lo Criminal de la Audiencia de La Habana el 13 de marzo de este año, por el Coronel Orlando Piedra Negueruela, Jefe del Departamento de Investigación y Supervisor de la Policía Secreta y Judicial, este afirmara que:

“... en relación con el acto celebrado el pasado día 9 de los corrientes, en el Aula Magna de la Universidad Nacional, organizado por la Federación Estudiantil Universitaria con el lema “CONTRA LAS DICTADURAS DE AMÉRICA”, que no obstante pretender sus organizadores el darle matiz democrático, no fue más que un acto de proyección ideológica comunista, extremo éste que se demuestra por la proyección política de sus organizadores (...).
(...)
Como dato curioso puede advertirse que todos los oradores, con excepción del Pdte. (Sic) de la FEU, son conocidos comunistas internacionales, (...) lo que corrobora de los citados oradores, es que en sus discursos, preferentemente el pronunciado por el Presidente de la FEU, aparte de hacer inculpaciones a otros países de Latinoamérica, se destaca por el ataque al Gobierno Democrático de los Estados Unidos de América, que no es más que una consigna muy utilizada demagógicamente por el Partido Comunista”.

De lo anterior se hizo eco también el General Martín Díaz Tamayo, Jefe del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), organizado por la CIA, quien el lunes 11 de marzo declaró a los reporteros del Palacio Presidencial que acababa de visitar a Fulgencio Batista para informarle de la existencia en la Universidad de La Habana de una célula comunista. El 18 de marzo la revista Bohemia publicó la noticia indicando que el acto efectuado en la Colina:

“... había sido planeado originalmente bajo el lema Las Juventudes opuestas al colonialismo. A partir de este momento, la presidente de Filosofía y Letras, Amparo Chaple, logró el apoyo de la FEU, y ambos, respaldados por Raúl Roa, persuadieron al Rector de que el acto era eminentemente estudiantil y fue aprobada su celebración. Surgiendo como puede verse en el discurso pronunciado por José Antonio Echeverría, un acto de sabor comunista”

En este mismo número de la conocida publicación, aparecieron unas importantes y extensas declaraciones de José Antonio, ofrecidas como parte de una entrevista concedida a la revista. En ella, el Presidente de la FEU denuncia a la dictadura implantada por Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana y la presencia entre los miembros del gobierno de Batista de elementos pagados por el trujillato, hecho que vencía denunciando la organización estudiantil desde el mes de septiembre de 1955.
Además, el Gordo destacó el peligro que significaba para la Isla el reforzamiento de las relaciones entre Batista y Rafael Leónidas Trujillo , acusó al caudillo dominicano de realizar a través de su embajada espionaje en nuestro país y denunció, valientemente la actitud de algunos ricos ganaderos cubanos, los cuales intentaban, en componenda con Trujillo, derrocar al Tirano.
En sus declaraciones, José Antonio destacó valientemente y sin tapujos que:

“La FEU, desde el mes de septiembre del año pasado (1955) viene denunciando la infiltración trujillista en Cuba. Denunciamos el nombre de empresas de televisión y de periodismo escrito entregadas a Trujillo mediante su oro, señalamos por sus nombres y apellidos a los alquilones que no tenían reparo en servir a la peor causa que pueda concebirse con relación a nuestra América y a la humanidad.
Fuimos de los primeros en acusar la complicidad de Rafael Leonidas Trujillo con las manos asesinas que le arrebataron la vida al limpio combatiente revolucionario dominicano Pipi Hernández Santana en momentos en que el señor Salas Cañizares manifestaba en un informe policíaco que las causas de dicho asesinato no eran políticas sino laborales o de índole privada, me remito a los periódicos de entonces...
(...)
La FEU está alerta en el caso dominicano.
(...)
Ante una inminente conjura de elementos seudo – oposicionistas en complicidad con Trujillo para derrocar a Batista, repetimos nuestras palabras resumen del acto organizado por la FEU contra las dictaduras de América: no cabe la unión con uno de los vicios de América, para vencer otro. Yo señalo el criterio que tan maldito es quien sirve a una tiranía, como el que se une a otra con el pretexto de derrocar la existente en su patria”.
Por estos días, el número correspondiente al mes de marzo de la revista Alma Máter publicó un Manifiesto al pueblo de Cuba rubricado por el Directorio Revolucionario, en el que queda resumido el pensamiento político de José Antonio y de sus compañeros de la siguiente manera:

“La Revolución Cubana va hacia la superación de las lacras sociales de los males de la independencia, hacia la liberación integral de la nación, libre de toda injerencia extranjera así como de toda perversión doméstica, hacia el desarrollo integral de las potencias materiales y espirituales del país y hacia el cumplimiento de su destino histórico. La Revolución es el cambio integral del sistema político, económico, social, y jurídico del país y la aparición de una nueva actitud psicológica colectiva que consolide y estimule la obra revolucionaria”.

En este documento se subrayó, al señalar los principios en que se asentaría la Revolución, “... la lucha por el socialismo como base de la justicia social por la que han combatido los cubanos durante más de cien años”.
El 4 de abril, fueron detenidos un grupo de militares acusados de conspirar contra Batista. De inmediato, la FEU y el Directorio Revolucionario publicaron:

“... un documento, conocido como Carta a los militares y al pueblo de Cuba, en la que fijaron su posición con respecto a las fuerzas armadas. En el documento se puso al descubierto la falsedad de la unidad de los militares, propuganada por el dictador, y se denunció la complicidad de Batista y de los jefes del ejercito de Trujillo. También se resaltaba como las acciones de los estudiantes y del proletariado habían sido capaces de sensibilizar a los militares que no podían permanecer ajenos a la situación de crisis y represión en que vivía el país”.

Durante 1956 la FEU, bajo la dirección de José Antonio, continuó, a pesar de que la lucha contra Batista arreciaba a cada momento, su labor de promover entre los estudiantes y el pueblo en general lo mejor de la cultura cubana y universal. Al respecto, el periódico habanero El País publicó el 13 de marzo bajo el título de Valiosa ayuda de los estudiantes al mundo musical de nuestro país las entrevistas realizadas a Juan Nuiry y a otros dirigentes universitarios, en los que estos recordaron la realización de:

“... la Segunda Semana Sinfónica Universitaria, el éxito de la conferencia ofrecida por Fernando Ortiz sobre africanía de la música cubana, presentada musicalmente por el Cuarteto de la Sociedad de Música Cubana, así como la Exposición sobre la Historia del Típico Danzón Cubano, a cargo del maestro Urfé (Odilio), y que contara con la ilustración musical de la Orquesta de Belisario López y la interpretación de Mercedita Valdés. Se refiere también a la Tercera Semana Sinfónica, que acababa de celebrarse; al Cine de Arte, inaugurado por el profesor Valdés Rodríguez; al concierto de música cubana, bajo la dirección del maestro Gonzalo Roig; al concierto de la Coral Universitaria; a recitales de piano; al Grupo Madrigalista de La Habana; a Esther Borja interpretando a Lecuona; y una Exposición de Girona y Lam, entre otros”.

Durante la entrevista, Juan Nuiry afirmó que la Semana Sinfónica era:

“... una de las más importantes manifestaciones del tradicional espíritu de cultura y de la preocupación del proceso artístico que siempre ha animado a los estudiantes universitarios. Ni en los momentos de más aguda crisis nacional, en la denuncia y la lucha, el estudiantado universitario se ha ausentado del cumplimiento de sus obligaciones de fomento del arte ”.

En esta época, como ya hemos visto, como parte de las actividades organizadas por la FEU para promover la cultura y el arte en sentido general, se preparó una actividad de música y bailes folclóricos en la que actuaría Mercedita Valdés. Durante la organización del acto, recordará unos años más tarde René Anillo, uno de los presentes sugirió:

“... que se invitara al destacado etnólogo cubano Fernando Ortiz, a lo que un estudiante se opuso alegando que este había pronunciado el panegírico de Martí en el acto oficial por su centenario. El asunto se caldeó, José Antonio intervino diciendo: hubiera sido encomiable que Ortiz hubiera rechazado a Batista, pero creo que con el tiempo los cubanos no van a comprender que nosotros hubiéramos rechazado a Don Fernando, tan querido por este pueblo por su obra de sabio. La solución, con la que todos estuvimos de acuerdo, fue invitarlo y sí lo deseaba, darle la palabra.
Fernando Ortiz participó y su rostro anciano era la imagen de la alegría entre aquellos jóvenes, que no dejaron de hablar hasta por los codos contra el régimen y de distribuir volantes vibrantes entre los asistentes”.

Con motivo de la represión de que fue objeto la manifestación estudiantil realizada el 19 de abril en Santiago de Cuba, en la que resultan heridos varios estudiantes y revolucionarios, José Antonio convocó para el día 20 a una Asamblea en la Plaza Cadenas de la Universidad.
Allí, ante decenas de estudiantes, ratificó que la lucha emprendida por los estudiantes cubanos no era para propiciar el cambio de hombres en el gobierno; por lo que llama “... a todos los sectores revolucionarios para que unan sus esfuerzos y vayan a una acción conjunta ya que sólo una conjunción de fuerzas lograría triunfar (...)”.
Así mismo, denunció la agresión sufrida por los jóvenes orientales y saludó la respuesta dada por Frank País y sus compañeros, quienes prepararon de inmediato una acción – efectuada el propio día 20 – en la que caen ajusticiados por las armas revolucionarias en las calles de Santiago de Cuba, un soldado y dos policías batistianos.
Durante su intervención en la Plaza Cadenas, El Gordo expresó a los participantes en la Asamblea: “Nuevamente ha vuelto ha salir el sol por Oriente (...) pero nuestros hierros no se enmohecerán”. Al terminar su discurso, el líder estudiantil señaló que la organización que presidía aspiraba “... a un cambio tan radical en los destinos del país, que no puedan repetirse jamás los hechos dolorosos que sufre la nación en los últimos años”.
Durante el transcurso del acto, la Universidad fue rodeada y el tránsito desviado, mientras los estudiantes pedían salir a la calle para enfrentarse, en señal de protesta, a los esbirros batistianos. José Antonio, conciente de que había que cumplir al pie de la letra la línea de acción que se ha trazado el Directorio Revolucionario, explica a sus compañeros: “En otras ocasiones hemos bajado cuarenta alumnos por la escalinata. Con gusto lo haríamos hoy al frente de miles, como los que llenan esta plaza, pero no hay necesidad de exponerlos: ¡Vamos a estremecer a La Habana con nuestra protesta!”.
Horas más tarde, como una prueba irrebatible de sus palabras, un comando de acción del Directorio , cuyos miembros entrenan cada día , ataca el Canal 4 de la televisión, en donde Luis Manuel Martínez, dirigente de la Juventud Batistiana, injuriaba al movimiento estudiantil revolucionario. Al día siguiente, la Universidad es ocupada, una vez más, por la policía, motivo por el cual se suspenden las clases durante varias semanas.
En esta época, apunta Julio García Oliveras, la organización clandestina del Directorio Revolucionario se ha ido desarrollando:

“Faure Chomón, trabajando conjuntamente con Rubén Aldama, ha creado las bases iniciales del aparato secreto. Se cuenta con algunas casas de seguridad especialmente alquiladas al efecto. En las mismas se guarda el armamento disponible, y pueden utilizarse también para alojar a los combatientes perseguidos. Todavía en esos momentos el armamento es pequeño.
(...)
En esta etapa se inicia la práctica de tener siempre disponible una casa de reserva, no utilizada, lo cual dará excelentes resultados ante las incidencias de la lucha clandestina. Igualmente, por primera vez, se emplearán familias de militantes del Directorio como fachada en las casas de la organización. En esta responsabilidad cumplieron un importante papel en La Habana hasta 1959, el matrimonio formado por Nené Mediavilla y Elsa Gutiérrez. El incremento de la represión hará necesario el uso de disfraces y enmascaramiento para los combatientes clandestinos”.

El mes de abril traerá para José Antonio y para sus familiares así como para sus más cercanos compañeros de luchas, una terrible noticia: fallece el día 24 Alfredito, su hermano de sangre e ideales, en un accidente automovilístico ocurrido en la llamada Curva de la Muerte , en la antigua carretera de Cárdenas a Varadero . El Gordo viaja de inmediato a Cárdenas acompañado de varios líderes y miembros de la FEU, muchos de los cuales estaban siendo perseguidos ya por las fuerzas batistianas.
Según Gladys Hernández, quien fue condiscípula y vecina de Concepción Bianchi así como profesora del líder estudiantil – le impartió Geografía, Historia y Lectura en sexto grado en el Colegio Champagnat - la familia no colocó el cadáver de Alfredito en la caja “... hasta que José Antonio no lo viera. Cuando llegó junto al cadáver de su hermano, le dijo: no te preocupes que pronto me reuniré contigo”.

Durante el sepelio, convertido prácticamente en una manifestación revolucionaria, varios miembros del Movimiento 26 de julio y el pueblo en general, formaron un cordón alrededor de José Antonio y de sus compañeros para impedir que fueran detenidos. El ejército y la policía local no intervino, a pesar del gran despliegue de fuerzas realizado. Concluido el entierro, José Antonio y sus compañeros regresaron rápidamente a la capital del país.
Esta fue la última vez que la Dr. Ada Carballo Trujillo, quien había sido su profesora del Gordo en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, conversó con él. Según ha contado esta prestigiosa pedagoga en más de una ocasión, ella le dijo:

“José Antonio, siempre estoy horrorizada contigo. Con la paliza que te dieron hace poco y te fracturaron el brazo, un día te van a matar. Tú mamá no resistirá otro golpe como este. Y me respondió: Doctora, Batista es un problema y hay que resolverlo, cueste lo que cueste”.

En el velorio de Alfredito, José Antonio conversó también con Mireya Sánchez, quien había sido profesora suya en el Colegio Champagnat de Cárdenas. Sentado a su lado, según Mireya, “... evocó la manifestación estudiantil del 2 de diciembre (de 1955) cuando en la esquina de Infanta y San Lázaro se dirigían a la casa del Dr. Cosme de la Torriente para hacerle entrega de un documento de la FEU en el que aparecían los acuerdos tomados frente a la situación política del país. Los esbirros interceptaron la manifestación y al caer José Antonio Alfredito se abrazó a él para protegerlo”.
Como bien ha afirmado Julio García Oliveras, las consecuencias de la inesperada muerte de su hermano menor, “... habrán de repercutir decisivamente sobre el dirigente de la FEU y del Directorio. No habría de recuperar su habitual espíritu hasta después del encuentro con Fidel en México”.
Durante el transcurso del mes de abril, José Antonio se entrevistó con el revolucionario matancero Reynol García, con objeto de discutir la realización de diversas acciones , en coordinación con el Directorio Revolucionario. No obstante, debido a que el mismo estaba siendo perseguido con insistencia por los esbirros de la tiranía, de lo cual fue alertado durante el encuentro, el ejecutivo del Directorio no aprobó la ejecución de las actividades propuestas.
Poco después, al producirse el 29 de abril el asalto al cuartel Goicuría de Matanzas al mando de Reynol, José Antonio, quien se encontraba en Cárdenas ese día junto a su amigo Julio García Oliveras, se ve obligado a sumergirse con urgencia en la clandestinidad, ya que de inmediato, fue dada la orden de buscarlo afanosamente y apresarlo debido a que se le creía involucrado en los hechos, por haberse desarrollado los mismos en su provincia natal,. “En aquellos momentos – ha contado el ya citado García Oliveras – pude apreciar como la noticia nuevamente sumía a nuestro compañero – tal como había pasado cuando se produjo el asalto al cuartel Moncada – en una profunda angustia”.
Como su principal refugio clandestino, la casa de la calle 12 entre 17 y 19, había sido detectado, se decidió enviarlo a la casa en donde se encontraba oculto desde el atentado al Canal 4 de la Televisión, su amigo y compañero de lucha Juan Nuiry, quien ha narrado que:

“En aquel lugar apacible que ofrecía la relativa confianza de ser una casa veraniega en la playa de Guanabo, permanecimos juntos, hasta estar convencidos los cuerpos represivos y de seguridad, que el líder de la FEU – aunque había sostenido contactos anteriores con Reynol – no había tenido participación en aquella acción.
Todos aquellos días que permanecimos juntos nos permitió conocer con mayor profundidad su pensamiento político y su capacidad de acción, con ese, su peculiar sentido de la realidad. Escruto su pensamiento: hay que organizar los factores dispersos, tanto en el seno del estudiantado como de este con el obrero, el campesinado; unirse con todos los que sientan la misma necesidad de acabar con esta insostenible situación. Ya su proyección desbordaba el campo estudiantil
(...)
En aquellos días de estancia obligada en Guanabo, mientras, a veces, a través de las persianas observábamos a las gentes en su ir y venir de la playa, recalcaba: ¡Hay que hablar con Fidel!. Somos testigos del afecto y confianza entre ambos”.

El 15 de mayo la policía de Batista, con la participación de Esteban Ventura y otros connotados esbirros, realiza la tenaz persecución de varios miembros del Directorio Revolucionario. Aunque Faure Chomón consigue escapar, gracias a su desarrollado instinto de vigilancia, Rubén Aldama, quien era de la raza negra y de una extracción social muy humilde, cae prisionero y es torturado y desaparecido sin que sus labios delaten a José Antonio y a sus compañeros, convirtiéndose en el primer mártir del brazo armado de la FEU.
Seis días más tarde, el 21 de mayo, el recientemente ascendido Brigadier Salas Cañizares, Jefe de la Policía de Batista, al frente de un numeroso cuerpo policial, viola nuevamente en busca de elementos subversivos la Autonomía Universitaria. A pesar del minucioso registro efectuado en las oficinas de la FEU y en el Rectorado, las cuales sufrieron daños considerables, no encontraron ninguna prueba que les permitiera mantener cerrada, como era su objetivo, la Universidad.
El 27 de mayo, como consecuencia directa de la intensificación de la búsqueda y persecución por parte de los aparatos represivos de los integrantes del Directorio y de sus principales dirigente, José Antonio fue detenido en el refugio clandestino en el cual se hallaba, ubicado en la calle 12 entre 17 y 19 , en El Vedado. De inmediato, la FEU protagonizó, con la ayuda de sus miembros y de otros sectores de la sociedad, una intensa campaña de protesta que culminó con la puesta en libertad de su máximo líder, el cual se sumergió nuevamente en la clandestinidad.
En el mes de junio se publicó el llamamiento del Directorio Revolucionario a todas las organizaciones que luchaban contra el tirano Batista. El importante documento, reproducido en el número de septiembre de este año de la revista Alma Máter bajo el título: El Directorio llama a la unidad, expresaba que:

“La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de estar basada en una identificación sustancial mínima por parte de todas las fuerzas, en cuanto a enfoque de la problemática nacional, fines perseguidos por la insurrección y método insurreccional.
La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de ser lograda no mediante alianza bajo cuerda y de espaldas al pueblo, sino en pública demostración de real y efectiva fraternidad que disipe temores de todos los que de una manera u otra participen en la lucha y de toda la nación.
La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de ser lograda en respeto a los distintos criterios que se mueven hacia un fin común y en demostración real de desinterés por parte de los jefes y equipos que han de laborar solo por el bien colectivo.
Basado en esos tres principios fundamentales de respeto a la inteligencia, a la moral y a la dignidad de las gentes revolucionarias, el DIRECTORIO REVOLUCIONARIO plantea como la forma más eficaz y posible de la unidad, la COORDINACIÓN DE LOS ESFUERZOS REVOLUCIONARIOS”.

Durante el transcurso del mes de junio, en una fecha que no hemos podido precisar, José Antonio ordenó la participación de varios compañeros, entre ellos Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez (Machadito) y Faure Chomón, en un nuevo intento armado contra el gobierno de Batista, organizado por un grupo de auténticos. La idea era eliminar a Batista mediante un dispositivo colocado en la confluencia de las calles 31 y 30, sitio por donde pasaba el tirano con frecuencia.
A pesar de la desconfianza que le provocaban los organizadores del atentado, el Gordo no descuidó los detalles estratégicos y decidió ordenar a los restantes miembros del Directorio que se concentraran en la Universidad, con las armas disponibles , con objeto de asegurar la existencia de un Estado Mayor Revolucionario, en caso de que tuviera éxito la acción planeada por los auténticos.
Finalmente, la operación no alcanzó el fin que se esperaba, debido a que el Tirano no pasó por el lugar por aquellos días. No obstante, el Directorio Revolucionario logró obtener por esta vía una importante cantidad de armas , las cuales fueron retenidas por los participantes en el hecho, a pesar de las protestas de los “aguerridos” capitanes de Prío, como los calificó Julio García Oliveras , quienes luego de cobrar sus honorarios, deciden abandonar el lugar .
En este mes de junio, ocupó también la atención de José Antonio, en medio de la participación de varios compañeros del Directorio en el frustrado atentado a Batista, liderado por los auténticos, la detención y encarcelamiento en México, acusados de realizar actividades subversivas, de Fidel Castro y de 21 de sus compañeros. Para lograr la liberación de los revolucionarios, a quienes se les había ocupado armas y equipos, la FEU, bajo la dirección de El Gordo, desplegó una intensa actividad, movilizando a los estudiantes habaneros en torno a este hecho.
Así, por ejemplo, el 24 de junio, la FEU envió un telegrama a Adolfo Ruiz Cortines, Presidente de México, cuyo texto - publicado ese mismo día en el periódico habanero Excelsior y rubricado por José Antonio - expresaba: “Invocando hospitalidad pueblo mexicano y en nombre estudiantado cubano, solicito de usted no autorice deportación Fidel Castro, combatiente libertad patria”. . Cinco días más tarde, el 29, el Presidente de la FEU acusó en la revista Bohemia al gobierno de México como el responsable directo de los maltratos a que habían sido sometidos el líder del Movimiento 26 de Julio y sus compañeros en el país azteca.
Como el 15 de junio se reanudaron las clases en la Universidad, las cuales – como ya hemos anotado, se habían suspendido desde finales del mes de abril, el ejecutivo de la FEU, encabezado por José Antonio, creyó oportuno dar a conocer la actividad revolucionaria desplegada por los estudiantes a través de un Manifiesto. El documento fue publicado el 18 de junio y estaba firmado por Echeverría, Zaida Trimiño, Fructuoso Rodríguez y otros dirigentes estudiantiles.
Debido a que en el mes de julio deben producirse las elecciones estudiantiles, el Directorio Revolucionario se reúne por estos días para trazar la estrategia a seguir durante la organización y celebración de los comicios. Durante el encuentro habló Fructuoso Rodríguez, quien sigue a José Antonio en prestigio ante las masas estudiantiles, y propone que sea reelegido como Presidente de la FEU.
Una vez aprobada la candidatura del Gordo, se acuerda no pedir el voto para estas elecciones a ningún presidente de Escuela, pues se piensa que como el prestigio del candidato es enorme nadie se atrevería a votar en su contra, desafiando con este hecho el clamor estudiantil.
De todas formas se acuerda secretamente que, en caso de que alguien fuese capaz de poner en peligro lo que se había logrado hasta ese momento, el brazo armado de la FEU actuaría enérgica y públicamente, tomaría definitivamente la dirección que ya se tenia dada por las masas y expulsaría de la Universidad a los presidentes que se opusieran a la reelección de José Antonio.
Finalmente, el 13 de julio fue reelegido José Antonio como Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura. De inmediato, fue proclamado candidato a la presidencia de la FEU, cargo para el cual fue electo por mayoría. Por primera vez en la historia de unas elecciones estudiantiles universitarias el candidato recibía 9 votos contra 4.
Según el profesor Eusebio Reyes:

“El rector, Clemente Inclán, hizo patente la responsabilidad que asumía el dirigente universitario y se acordó votar nuevamente. En la segunda vuelta de votación fue unánime el respaldo a José Antonio Echeverría; los estudiantes, en reconocimiento del prestigio ganado por su presidente y la radicalización lograda por el movimiento estudiantil bajo su dirección revolucionaria, alabaron su elección ”.

Se ratificaban así al “... joven de gran carácter: alegre, afable y amistoso, pero también exigente y responsable en cada tarea. Su carácter violento en defensa de sus ideales no conocía límites”. Al tomar de nuevo posesión del cargo expresó el 14 de julio: “El libro de la Historia nos está esperando. Escribamos en sus páginas actos dignos de nuestros antecesores. Como representantes de la juventud cubana e hijos de cubanos, tenemos sobre nuestros hombros una seria tarea que cumplir”.
Además, se dirigió al pueblo y a los estudiantes: “... para reafirmar su compromiso revolucionario de luchar contra Batista con el objetivo de establecer en Cuba un régimen democrático que rescatara la soberanía y resolviera los males que aquejaban al país”.
Por estos días, José Antonio convocó a una reunión en el local de la FEU. Según uno de los participantes, el periodista cardenense José Martín Norniella, quien estudiaba por entonces en la Facultad de Ciencias Físico – Matemáticas de la Universidad y fungía como Delegado de Aula y Secretario de Propaganda y Divulgación de la Asociación de Alumnos de su Escuela, en el encuentro, presidido por el Gordo:

“ ... se habló de la necesidad de realizar acciones políticas para conmemorar el tercer aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes (Carlos Manuel de Céspedes). Y también (de) los próximos viajes de José Antonio a Chile y Ceilán (hoy Siri Lanka) para asistir a congresos estudiantiles donde plantearía la situación de Cuba bajo la tiranía batistiana”.

En medio de los preparativos que realiza para garantizar su presencia en los Congresos estudiantiles a los que ha sido invitado, José Antonio decide enviar a Osmel Francis de los Reyes como Delegado de la FEU al Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes (UIE), el cual se desarrollaría en Praga, Checoslovaquia. A esta reunión, a la cual asistían fundamentalmente delegados estudiantiles de los países socialistas de Europa, no asistía una representación de la FEU desde los años anteriores al golpe de estado propinado por Batista el 10 de marzo de 1952, debido, en gran medida, a las posiciones vacilantes asumidas por la gran mayoría de los dirigentes estudiantiles de la Universidad.
En declaraciones a la revista Bohemia, publicadas el 15 de julio, a pocos días de haber sido reelegido Presidente de la FEU y en vísperas de su 24 cumpleaños, José Antonio, reiterando las palabras pronunciadas por él en la reunión efectuada pocos días antes en el local de la FEU, había dejado claro que “... la única salida a los tremendos y crecientes males de Cuba no puede ser bochornosa o la claudicación cobarde a componenda alguna, sino la gran revolución renovadora del sistema”. Agregando: “Eso hemos dicho desde el 10 de marzo de 1952, sin que por el momento haya cesado la lucha o flaqueado el concepto”.
Cuatro días más tarde, el 19 de julio, ante el prolongado encarcelamiento que sufren en México Fidel Castro y sus compañeros, la FEU – con José Antonio a la cabeza, organizó un acto de protesta frente a la Embajada del país azteca en La Habana para exigir la libertad de los revolucionarios cubanos. Durante la manifestación se produjeron choques entre los estudiantes y las fuerzas policiales, siendo detenidos 26 manifestantes.
Tres días más tarde, el 22, El Gordo publicó en la revista Bohemia, en respuesta a Jorge Quintana, un provocador periodista, un artículo titulado: ¿Quebrará México su tradición de hospitalidad?. En el mismo, el Presidente de la FEU fijó, una vez más, la posición revolucionaria de los estudiantes universitarios e hizo un llamado al mantenimiento de la tradicional hospitalidad del pueblo mexicano al afirmar:

“Hemos de confesar que en un momento pudo sorprendernos la publicación de un artículo confundidor, movido por sabe el Diablo que desdichado interés de enfrentar a la Federación Estudiantil Universitaria con el Estado Mexicano, en que el Sr. Jorge Quintana nos invitaba a rectificar nuestro error.
Luego hemos podido observar como por todos los medios posibles se trata de difamar a la FEU y con ella a la masa estudiantil. Con pícara habilidad se tergiversan las palabras y se nos quiere hacer aparecer como irresponsables. No hace sino unos días que en relación a las elecciones para la Presidencia de la FEU, con más que notoria mala intención, se publicó en la prensa habanera que considerábamos fracasada la insurrección y se silenciaba perversamente nuestras palabras. Dijimos entonces – y repetimos ahora – que hasta ahora han fallado los planes insurreccionales y nos hemos quedado prácticamente solos en la lucha, pero no por ello nuestro ánimo flaquea ni nuestra decisión disminuye; a través del DIRECTORIO REVOLUCIONARIO seguiremos la guerra por todos los medios y en todos los frentes contra la tiranía. La única salida a los tremendos y crecientes males de Cuba no puede ser la transacción bochornosa o la claudicación cobarde a componenda alguna, sino la gran revolución renovadora total del sistema. Esto hemos dicho desde el 10 de marzo de 1952 sin que por un momento haya cesado la lucha o flaqueado el concepto. Y esto es lo que hace que la FEU no necesite defensa; su verdad está grabada en la historia de estos tiempos con la fuerza de la sangre en la guerra justa, como también quedará la memoria infame de tanta claudicación, servidumbre, pillería, perversión de la verdad y mercenarismo de la idea que ha caracterizado a nuestra vida pública en los últimos tiempos.
(...)
En un país donde el Derecho se ha prostituído de las formas más viles; donde la palabra se ha convertido en mercadería; donde la vida se ha trocado, por obra y gracia de los pillos, en supervivencia, y la verdad en publicidad; donde sólo se han atrevido a ser dignos los miles de revolucionarios que en el clandestinaje forman la república justa del futuro, el estudiantado, que cuando no tuvo hierros para pelear lo hizo con su cuerpo en holocausto frente a los golpes enemigos, y un viejo mambí de más de 80 años que no quiere morirse sin ver la república otra vez en su ritmo; no sorprende que se quiera echar todo el fango posible sobre todos los que, ya en el destierro y perseguidos, ya desde la acrópolis de fuego de la Universidad de La Habana, mantienen viva la fe de un pueblo que solo cree en su sangre para conquistar su derecho.
(...)
El México revolucionario, librepensador, americanista, de la tradición de asilo que todos conocen, es aquél en que deposita amor el revolucionario cubano de todos los tiempos. (...)”.

En este mismo número de la revista Bohemia del 22 de julio, apareció un artículo del Coronel Cosme de la Torriente titulado Seguimos llamando a las Puertas de Todos, en el que el octogenario mambí publicó fragmentos de la misiva que le envió a José Antonio el 3 de diciembre de 1955, cuando este se hallaba internado en la Cárcel de La Habana, y defendió los propósitos que animaban a la Sociedad de Amigos de la República a defender a las fuerzas jóvenes del país.
Por fin, el 24 de julio, gracias a las acciones realizadas por la FEU y otros sectores y organizaciones sociales cubanas, Fidel Castro y el resto de los revolucionarios cubanos encarcelados en México, fueron puestos en libertad con la condición de que abandonaran cuanto antes el territorio azteca. Este hecho, por supuesto, conllevó a que se aceleraran los preparativos de la expedición insurreccional que se preparaba.
El 26 de julio, fecha en que se conmemoraba el tercer aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, la Universidad de La Habana amaneció rodeada por un cordón policiaco, debido a que se temía que se produjera alguna manifestación estudiantil de importancia, la cual no llegó a realizarse. Ese mismo día, mientras circulaban por La Habana la noticia de habían sido puestos en libertad condicional Fidel Castro y sus compañeros de luchas, José Antonio realizaba unas vibrantes declaraciones para mantener latente el espíritu de lucha que llevaba implícita la efeméride.
En su alocución, el Presidente de la FEU, recordó que la fecha del 26 de julio estaba “... clavada en la historia de Cuba como ejemplo de abnegación para la juventud cubana, para quien es camino y pauta en la brega emprendida” . En sus palabras, rindió también tributo de admiración y respeto a la memoria de los caídos, especialmente, a los estudiantes Renato Guitart, su entrañable amigo, Raúl Gómez García y Boris Luis Santa Coloma.
Al día siguiente, el 27 de julio, José Antonio asiste como testigo a la boda de Fructuoso Rodríguez, su entrañable y fiel amigo, con una heroica mujer Marta Jiménez Martínez. Según esta última, su familia se opuso al noviazgo: “... porque él era mulato y después porque querían evitarme la vida azarosa que tenían las familias de los revolucionarios. De pronto, un día me dijo: Nos casamos, me compré un traje de bodas, fuimos a casa de Ricardito Bianchi y Josefina, tíos de José Antonio, donde me vestí, (...)”.
A pocas horas de haber participado como testigo en la boda de Fructuoso Rodríguez y Marta Jiménez, José Antonio inicia, el propio 27 de julio, el viaje que debe llevarlo a Chile para participar en el II Congreso Latinoamericano de Estudiantes. Pocos días antes, había sido despedido por sus más cercanos compañeros del Directorio Revolucionario. Entre los que asisten al modesto banquete que se le ofrece, se encontraban Joe Westbrook, Julio García Oliveras, Rene Anillo, Faure Chomón y Fructuoso Rodríguez, miembros todos del ejecutivo del brazo armado de la FEU.
El 27 de julio José Antonio arriba a Brasil. Lo acompañará en su periplo hasta México, en donde por acuerdo del Directorio Revolucionario deberá entrevistarse con Fidel Castro, Reynaldo Corpión (Popy) , Vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Ciencias Sociales y Derecho Público, quien se costeó, con recursos económicos propios, el viaje.
Dos días más tarde, el 30 de julio hace una escala en Buenos Aires, Argentina, la cual se extiende hasta el día 12 de agosto. Durante su estancia en el país austral José Antonio fue detenido por las autoridades bonaerenses por reunirse con estudiantes de ese país y sobre todo, por el discurso pronunciado por él en la Universidad de Buenos Aires en donde planteó – según René Anillo - que:

“... los tres golpes de Estado: el de Guatemala, el de Cuba y el de Argentina tienen un denominador común. En Cuba se firma el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), pero no el tratado de la OEA (Organización de Estados Americanos). En Guatemala se había firmado el tratado de la OEA pero no el TIAR, y en la Argentina, ninguno de los dos. Así fue depuesto el Gobierno constitucional de Cuba, luego, el ejército depuso a Jacobo Arbenz, y en la Argentina fue depuesto Domingo Perón. Por estos pronunciamientos fue detenido ”.

Finalmente, luego de ser puesto en libertad, arriba a Chile el 13 de agosto y como el Conclave no se realiza por falta de quórum, ya que muchas delegaciones no pudieron asistir por falta de recursos monetarios, es designado, durante la amplia reunión de estudiantes latinoamericanos que se celebra en sustitución del evento, Presidente de la Comisión Preparatoria del Congreso y comisionado latinoamericano a la VI Conferencia Internacional de Estudiantes que se celebraría, pocos días después, en Ceilán, actual Sri Lanka, hecho que demuestra el prestigio que poseía ya en Latinoamérica como dirigente estudiantil. En Chile, José Antonio entabla amistad con Arsenio Pupín, quien caerá defendiendo el Palacio de la Moneda en 1973 junto a Salvador Allende y a otros destacados dirigentes de ese país latinoamericano.
Terminada la reunión, se traslada a Lima, Perú, adonde llega el 22 de agosto por el aeropuerto de Limatambo, desde donde parte al siguiente día rumbo a Panamá. Una vez allí se entrevistó en el café “Pequeño París” , con la ayuda del dirigente estudiantil cubano Rubén Scorpio, quien lo localizó telefónicamente en la redacción de la revista de bolsillo 18, con el periodista Álvaro Menéndez F y con Clemente Souza y Carlos Sarmiento.
Según contó en el periódico Juventud Rebelde el periodista Álvaro Menéndez F., quien afirmó que siempre conservó vívida en su memoria la figura física, los fulgurantes ojos, la piel fresca y de color rosáceo y la sonrisa franca de José Antonio, durante la entrevista:

“... entre vaso y vaso de fría cerveza, uno de mis dos acompañantes habló de la lucha mundial por la paz y el líder estudiantil cubano respondió:
Mira, chico, eso de la paz está muy bien pero necesitamos fierros para abatir a Somoza, Batista y demás fauna de tiranos zoológicos de nuestra América”.

El 25 de agosto, El Gordo sigue su viaje desde el aeropuerto de Tocumén, el mismo por el cual había llegado el día 24 a Panamá, para arribar ese mismo día a San José de Costa Rica. Una vez allí, pide visado de tránsito aéreo a México, el cual se le concede por dos días, a partir del 27 de agosto.
Durante la estancia de José Antonio en Chile, este es nuevamente acusado por la policía batistiana de fraguar un plan subversivo. Según las noticias publicadas por estos días en El Mundo (el 16 de agosto) y en otros periódicos habaneros, las fuerzas represivas no solo trataron de fabricar pruebas – planos y otros documentos – que “demostraban” la actividad secreta del líder de la FEU y sus compañeros, sino que también, apelando a los socorridos cargos que les ofrecen las actividades terroristas, los acusan de atentar contra el Ministerio de Salubridad, el Partido Coalición Progresista, de franca filiación batistiana y figuras del régimen.
En una de las cartas que escribe durante el viaje el Gordo a sus amigos y compañeros de luchas, explica que el periplo le ha sido de suma utilidad para conocer:

“... sobre todo la manera de pensar de la juventud estudiantil. (...) En pensamiento están íntimamente ligados con nosotros, todos nos admiran y sobre todo, están al tanto de todo lo que sucede en nuestro país y según ellos, le quedan pocos días a Batista. Por lo general, tan pronto nos poníamos en contacto con la Federación Estudiantil del país al que llegábamos, inmediatamente convocábamos una asamblea general para que expusiéramos la situación que atravesaba el estudiantado cubano”.

El 28 de agosto sale José Antonio de San José de Costa Rica rumbo a México. Una vez allí, Chuchú Reyes, futuro expedicionario del yate Granma, lo conduce ante Fidel Castro Ruz. Luego de un estrechón de manos y de un abrazo, en la tarde - noche de este mismo día se inició la larga entrevista, que se extendió hasta las 5:00 a.m. del día 29, con el líder del Movimiento 26 de Julio, quien llevaba ya 14 meses en el exilio, preparando las acciones que conducirían a la definitiva liberación de la Isla del yugo opresor del Tirano.
Como ya hemos dicho, ambos líderes habían mantenido desde que se conocieron una sincera comunicación, basada en el afecto y el respeto mutuo. Por eso podemos decir, sin temor a equivocarnos, que cuando a finales del mes de agosto se encontraron en el país azteca, existía entre ambos una identificación plena.
De inmediato, se comenzó, en el pequeño apartamento que ocupaban en Ciudad México el líder de la Revolución, Melba Hernández, Cándido González y Jesús Montané , en la calle Pachuco casi esquina a Márquez, a menos de cien metros de la sede diplomática cubana en el país azteca, la redacción por Fidel, a propuesta de José Antonio, del borrador de la llamada Carta de México , proceso del cual formó parte también René Anillo Capote, quien había arribado a la capital mexicana dos días antes con objeto de participar en las conversaciones e informar al Gordo los detalles de la situación existente en la Isla desde su salida de la misma.
La Carta, como bien ha afirmado Juan Nuiry:

“No era un documento más: cada palabra fue rubricada con sangre, valentía y heroísmo; así como define, deslinda los campos y proyecta con el aval de ambas trayectorias una unión de acciones e ideales, reafirmando que la revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses.
Hubo necesidad de algunos párrafos para desenmascarar la insólita maniobra batistiana para confundir la opinión pública sobre una conjura con la sanguinaria tiranía trujillista”.

El documento final, considerado por Faure Chomón Mediavilla “... el Manifiesto de Montecristi de nuestra Guerra de Liberación” , tenía 19 páginas mecanografiadas y fue rubricado en la madrugada del 29 de agosto por Fidel Castro y José Antonio, quienes se lo entregaron a René Anillo Capote. La versión final del documento expresaba literalmente que:

La Federación Estudiantil Universitaria y el Movimiento 26 de julio, los dos núcleos que agrupan en sus filas la nueva generación y que se han ganado en el sacrificio y el combate las simpatías del pueblo cubano, acuerdan dirigir al país la siguiente declaración conjunta:
Que ambas organizaciones han decido unir sólidamente sus esfuerzos en el propósito de derrocar la tiranía y llevar a cabo la revolución cubana.
Que asistir a unas elecciones parciales después de estar reclamando durante más de cuatro años unas elecciones generales y libres, constituye una actitud entreguista y traidora que no alcanzará sus fines ambiciosos porque la revolución cortará de tajo todas las posibilidades.
Que si la revolución cubana, que cuenta ya con la simpatía de la opinión democrática de América es vencida en una lucha que resulta ya inevitable, la dictadura no brindará siquiera esa mísera concesión que hoy otorga por miedo a los revolucionarios, y sobre la cabeza de los electoralistas ambiciosos caerá la sangre de los que se inmolen.
Que consideramos propicias las condiciones sociales y políticas del país, y los preparativos revolucionarios suficientemente adelantados para ofrecer al pueblo su liberación en 1956. La insurrección secundada por la huelga general en todo el país será invencible.
Que un tirano extranjero, Rafael Leonidas Trujillo, interviniendo abiertamente en la política interna de nuestro país, fraguó una conspiración contra Cuba con la complicidad de un grupo de oficiales del 10 de marzo: Alberto del Río Chaviano, Martín Díaz Tamayo, Leopoldo Pérez Cougil, Manuel Ugalde Carrillo, Manuel Larrubia, Juan Rojas y Rego Rubido, y una pandilla de pistoleros encabezados por Policarpo Soler, que salió de Cuba a raíz del golpe de Estado, con la protección del propio Batista, a pesar de estar reclamados por los tribunales de justicia.
Que las armas trujillistas fueron introducidas en Cuba con la complicidad aprobada de esos militares.
Que el dictador Batista, en la Conferencia de Panamá, no tuvo el valor de denunciar esa agresión al honor y la integridad nacional, dándole un abrazo con el hermano del Chacal dominicano.
Que muy por el contrario, al regresar a Cuba, ocultando al país la verdad, se dio a la innoble tarea de acusar de trujillistas a los más limpios revolucionarios cubanos, cuyas firmes convicciones democráticas hacen imposible toda relación con un tirano igual que Batista.
Que en respuesta a la cobarde maniobra emplazamos a Batista para que entregue a la FEU y a los combatientes del 26 de Julio las armas de la República, que no ha sabido usar con dignidad, para demostrar que nosotros nos atrevemos a ajustar cuentas con el dictador dominicano y salvar el honor de la patria.
Que Cuba debe responder con dignidad a la ofensa sufrida y en consecuencia somos partidarios de una acción armada contra el tirano Trujillo, que de paso libre a los dominicanos de una operación que dura más de 25 años. Retamos a Batista a que diga la palabra definitiva o se ponga en evidencia ante el pueblo cubano.
Que la actitud débil, oportunista y cobarde del régimen frente a Trujillo, ha sido una traición a la Patria.
Que tanto Trujillo como Batista son dictadores que hieren el sentimiento democrático de América y perturban la paz, la amistad y la felicidad de los cubanos y los dominicanos.
Que mientras los militares trujillistas permanecen en sus cargos, la flor y nata de las fuerzas armadas, los oficiales más capacitados para defender la patria que peligra, están presos e inhumanamente tratados en Isla de Pinos.
Que la FEU y el 26 de Julio hacen suya la consigna de unir a todas las fuerzas revolucionarias, morales y cívicas del país, a los estudiantes, los obreros, las organizaciones juveniles y a todos los hombres dignos de Cuba para que nos secunden en esta lucha que está firmada con la decisión de morir o triunfar.
Que es hora de que los partidos políticos y la sociedad de Amigos de la República cesen ya en el inútil esfuerzo de implorar soluciones amigables en una actitud que en otros momentos pudo ser patriótica, pero que después de cuatro años de rechazo, desprecio y negativa puede ser infame.
Que enfrentada ya la Revolución en una lucha a muerte contra la tiranía, la victoria será de los que luchamos asistidos por la Historia.
Que la Revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses para servir a Cuba en un programa de justicia social, de libertad y democracia, de respeto a las leyes justas y de reconocimiento a la dignidad plena de todos los cubanos, sin odios mezquinos para nadie y, los que dirigimos, dispuestos a poner por delante el sacrificio de nuestras vidas en prenda de nuestras limpias intenciones.

René Anillo trajo a La Habana dentro de sus zapatos la Carta de México en la madrugada del 30 de agosto. El entonces Secretario General de la FEU relató en 1996 a la periodista Ada Oramas que, aunque nadie debía sospechar que traía en su poder el documento, cuando llegó a la Isla, agentes del Buró de Investigaciones:

“...me esperaba en el aeropuerto. Entre sus oficiales estaban el segundo jefe del Buró, de apellido Medina, así como Perdomo, Sarmiento y otros más. Me interrogan. Respondo con naturalidad. Pienso sabían a lo que había ido a México. Pero tenía una coartada y la utilicé. Salí de Cuba el 27 de agosto y regresé en la madrugada del 30, que era jueves. ¿El motivo?... Dije que había sido invitado por el general Miguel Landuren, director del diario El Universal de México , lo cual era una falsedad. Pero lo digo porque en el 54 había ido a México, pues gané un concurso de oratoria y conocí a Landuren, quien auspició el certamen y hasta tenía su teléfono. Batista coqueteaba con esas organizaciones de prensa y, por eso, ni siquiera confirmaron con Landuren si yo le había ido a ver en esta ocasión. Cuando salí a coger un taxi para dirigirme al apartamento que daba como dirección oficial, se me adelantó un carro y el chofer ni me cobró. O era del grupo vinculado a Calixto Sánchez o de la misma policía. Nunca lo supe”.

De inmediato, Anillo hizo contacto con Fructuoso Rodríguez y le contó el incidente ocurrido en el aeropuerto. Fructuoso, según Anillo: “... se percata del peligro que correría José Antonio si regresa en los próximos días, y lo intercepta en los Estados Unidos. El presidente de la FEU decide continuar viaje y asistir a la VI Conferencia Internacional de Estudiantes en Sri Lanka (...)”.
Durante la breve estancia en México – del 28 y 29 de agosto - José Antonio halló tiempo, según las indagaciones realizadas por el profesor Jorge Lozano Ros, Asesor de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado de la República de Cuba, para visitar “... dos lugares que consideró interesantes: la Basílica Mayor de Guadalupe y el Altar de la Patria. Este último sitio, obra del escultor Ernesto Tamariz, era un majestuoso monumento, entonces recientemente inaugurado en memoria de los niños Héroes de Chapultepec”.
Al respecto, afirma el profesor Lozano, que Jesús (Chuchú) Reyes, expedicionario del yate Granma, contaba que:

“... al llegar a la escultura que representa a la Madre Patria envolviendo en la bandera nacional el cuerpo de un joven caído, José Antonio se sintió muy emocionado. Tomó una flor de una gigantesca ofrenda que se encontraba al pie de la estatua y la lanzó al espejo de agua de la fuente, exclamando: ¡Por los mártires de Cuba!”.

El 1 de septiembre se hizo público el contenido de la Carta de México, a través de los cables de las agencias de noticias que lo reprodujeron íntegramente, especialmente la United Press (UP), a la cual se le entrega el propio 29 de agosto pero con embargo, es decir con la agravante de que no puede publicarse hasta que René Anillo no regrese a Cuba. El texto completo de la Carta fue publicado en los primeros días de septiembre por la prensa cubana con un efecto detonador, bajo el título : Alianza de Fidel Castro con la FEU en México.
Elementos oportunistas se consternaron porque José Antonio había firmado a nombre de la FEU un documento en el que se llamaba a la Universidad y al pueblo a la guerra. En realidad, siempre se había pensado que se rubricaría a nombre del Directorio Revolucionario, pero como las condiciones podían cambiar de un día para otro, de acuerdo con el Gordo, se decidió que mientras él viajaba hacia Chile y hasta su arribo a México, la organización decidiría que era lo mejor y le haría saber la decisión tomada.
Finalmente, se acordó que se firmaría el documento a nombre del Directorio Revolucionario, lo que se le hizo saber al Gordo a través de un mensaje enviado con un miembro de la organización, pero un error hizo que este firmara el día 29 de agosto a nombre de la FEU.
De inmediato, Fructuoso Rodríguez, Presidente de la FEU por sustitución reglamentaria, dio la orden de reunir urgentemente a los miembros de la organización en el Balneario universitario y aprovechó la oportunidad para declarar, públicamente, que la firma de José Antonio era a nombre del Directorio, no con el fin de acallar a los inconformes, sino porque ese en realidad este era el acuerdo que se había tomado mientras el líder estudiantil estaba fuera de la Isla.
No obstante, se convocó también a la reunión con la idea de ratificar por parte de la masa estudiantil el contenido del documento suscrito en México por Fidel Castro y El Gordo, la postura asumida por este último y las gestiones realizadas por el Directorio Revolucionario para lograr la unidad de las fuerzas que luchaban contra la dictadura de Batista.
En aquel histórico encuentro presidido por Fructuoso Rodríguez, en ausencia de José Antonio, la masa estudiantil ratificó y amplió:

“... su respaldo a la FEU que ante ella, renovaba la tradición universitaria, abrazaba el sacrificio, la posición ideológica de combatir, de hacer la Revolución, al mismo tiempo, que aquella posición cívica, pública, ajena para unos y popular para otros, se compaginaba en las aulas con el estudio, el respeto a los profesores, el cariño hacia los compañeros; en el adecentamiento de la vida interna universitaria, en el ejercicio de la dirigencia, digno y ejemplarizante.
(...)
En México, Echeverría, y en La Habana, Fructuoso, rubricaron la suerte de ser mártires o libres en 1956. José Antonio firmó en nombre de la FEU, en nombre de la tradición que representaba; Fructuoso firmó, reunida la FEU, ratificando el pacto, en nombre del Directorio Revolucionario, en nombre de la organización que ambos habían logrado después de una estrategia larga y difícil”.

El 5 de septiembre a través de la publicación en El Mundo y en otros periódicos del país de un documento firmado por Fructuoso Rodríguez como presidente de la FEU (por sustitución reglamentaria) y por René Anillo, se dejó definitivamente clara la postura de la organización estudiantil en torno a la Carta de México. No obstante, las autoridades universitarias plantearon rápidamente que la alta Casa de Estudios y la FEU no podían constituirse en órganos políticos ni poner en peligro la Autonomía universitaria y las posiciones acomodaticias del profesorado.
Mientras en Cuba no se hablaba de otra cosa que no fuera del documento y de su contenido, José Antonio, quien había partido de México el día 29 con rumbo a los Estados Unidos de América (llegó el día 30 a la ciudad de Miami), en donde se reunió con amigos de la causa revolucionaria cubana, participaba en Ceilán, actual Siri Lanka, en la VI Conferencia Internacional de Estudiantes (COSEC).
Durante su estancia en Ceilán, adonde llegó el 8 de septiembre, vía Londres , el dirigente estudiantil se hospedó en la habitación No. 18 del Jayatilake Hall de la Universidad Paradeniya , en la ciudad de Kandy . El evento se efectuó del 19 al 23 de septiembre con la participación de 250 delegados estudiantiles de más de 60 países y fue inaugurado con un discurso de S.W.R.D. Baudaranaike, quien era por entonces el Primer Ministro de Ceilán.
El evento debatió fundamentalmente los problemas de los países coloniales, por lo que se le prestó gran atención al apartheid y a los estudiantes negros de África del Sur. Como en la Conferencia, un delegado de la República Federal de Alemania propuso se condenara la presencia de tropas soviéticas en varios países de Europa, José Antonio, con el respaldo de un estudiante de la Guinea francesa, sugirió entonces – haciendo gala de su acendrado pensamiento antiimperialista - que se aprobara una resolución mediante la cual se denunciara y enjuiciara la existencia de tropas norteamericanas en la base naval de Guantánamo así como en Viet Nam del Sur, Panamá, Japón y Corea del Sur.
Durante el transcurso del evento, en el que José Antonio tuvo una activa participación, se acordó apoyar las uniones estudiantiles de Argelia y de Cuba y se aprobó una resolución de apoyo solidario a la justa causa de los estudiantes y del pueblo de Cuba. También se aprobó por el Secretario del evento, a propuesta de José Antonio, conceder una ayuda para la preparación de la II Congreso Latinoamericano de Estudiantes. El Presidente de la FEU asistió, además, a un seminario que abordó el tema del Colonialismo y su impacto en países en desarrollo y cantó en el banquete de clausura del Conclave, a petición de los presentes, el Himno Nacional de Cuba.
Durante la Conferencia, José Antonio conoció a Silvio Mayorga, fundador en Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Poco antes de los sucesos del 13 de marzo de 1957, José Antonio le envió una carta a Mayorga , la cual tuvo una amplia acogida entre la juventud sandinista.
En el evento, el líder estudiantil cubano departió también con otros destacados dirigentes latinoamericanos como Percival Patterson, quien fue Primer Ministro de Jamaica y con Fernando Enrique Cardoso, el cual llegó a ser años más tarde Presidente de Brasil. Este último declaró durante una visita que realizó a La Habana, que como dirigente Echeverría “tenía ya en ese momento mucha fuerza”.
La activa participación de José Antonio en la importante reunión estudiantil latinoamericana efectuada en Chile y en la VI Conferencia Internacional de Estudiantes, hechos a los cuales dará la prensa cubana una amplia cobertura, le permitieron, según la autorizada opinión de Julio García Oliveras, realizar:

“... una amplia exposición sobre la lucha de los estudiantes y el pueblo cubano. Su labor como dirigente revolucionario, puesta en práctica a lo largo de su fugaz trayectoria, se concentró en lograr la unión de todo el estudiantado cubano, la unión de las fuerzas revolucionarias y las masas, y la unión con las fuerzas progresistas de América Latina y de otras partes del mundo, plasmadas cuando se acercaba la hora de la batalla final ”.

El 15 de septiembre se produce la tercera presentación del Ballet de Cuba en los predios universitarios, convertidos esta vez, gracias a la convocatoria de una Comisión de Defensa del Ballet, que agrupaba a instituciones y personalidades del mundo artístico y cultural, y a la labor desplegada por la FEU y por su Dirección de Cultura, que estaba bajo la dirección en esta época de Raúl Amado - Blanco y Raúl Roa Kourí, en escenario de un acto nacional de desagravio a Alicia Alonso y al Ballet, a quienes el Ministerio de Educación del gobierno de Batista, por sugerencia de Guillermo Zéndegui, Director del Instituto Nacional de Cultura, había retirado la exigua subvención anual que le daba el Estado .
Allí, mientras Fernando Alonso, en el papel masculino, y otras bailarinas con el cuerpo de baile representaban “Las Sílfides”, actuaban otros grupos y solistas del mundo habanero del espectáculo, Alicia interpretaba, para cerrar la función, “La muerte del cisne” y se respaldaba la decisión de la artista de: “No bailar en la Isla mientras el pueblo sufriera tiranía” , se realizó:

“... quizás– en opinión de René Anillo – la primera colecta pública del Directorio Revolucionario (...). Sí Batista le retiró los fondos al Ballet de Cuba, los espectadores asistentes al Stadium Universitario, contribuyeron a la colecta conscientes de que financiar a la Revolución era la mejor manera de multiplicar la ayuda al arte y la cultura”.

La función, presenciada por numerosos estudiantes, amas de casa, obreros, profesionales, artistas, etc., se convirtió en un nuevo acto de repudio al régimen. Para Alicia fue:

“... algo muy emocionante. Fue un acto masivo (...), cuando Fructuoso (Rodríguez) se dirigió a hablarles , alguien me dijo: acércate a él, cúbrelo. El estaba en la clandestinidad y se apareció allí. Fue valiente. Pero nadie sabía que podía ocurrir.
(...)
No era fatalismo lo que sentíamos, sino tristeza. Estábamos seguros de que aquello no era el fin del ballet, sino el principio de lo que viviríamos después. En la vida (...) nunca he perdido la esperanza. Tampoco aquella vez”.

En marzo del 2000 al referirse a este hecho, en una entrevista publicada en la revista Alma Máter, Alicia Alonso recordó también que:

“Me parece estar viendo el estadio repleto (...), la gente llegando, los estudiantes fajándose contra la porra, que ya estaba allí tratando de meterse. ¡Que valientes fueron esos muchachos!. ¡Que valientes fueron !.
(...)
Aquella fue una función de mucho nervio. La policía secreta estaba ¡a mil!. Eran como fieras. Y los estudiantes agarrándose unos a otros, interponiéndoseles, defendiéndose ellos y defendiéndonos a nosotros. Y cuando llega Fructuoso ... ¡Figúrense!. Yo aparezco al lado de él. Me lo habían pedido, para que no le hicieran daño. Igual estaban los compañeros de la FEU. Por el frente, por el fondo, por los costados. ¡Todo el mundo con los ojos de este tamaño!. ¡Vigilantes!. Todavía yo no había acabado de bailar, y comencé a hacer reverencias, y el público aplaudiendo, y él ya se iba escapando. Fueron momentos emocionantes, inolvidables ” .

Al concluir en Ceilán la VI Conferencia Internacional de Estudiantes, José Antonio se trasladó a Miami. Desde allí, solicitó a Juan Nuiry y a Fructuoso Rodríguez que viajaran a su encuentro para entrevistarse nuevamente con Fidel Castro, tal como había sido acordado durante la redacción de la Carta de México. Según Nuiry, Fructuoso, el Gordo y él pasaron juntos en Miami: “... unos días intercambiando informaciones. José Antonio sobre sus dos Conferencias, nosotros sobre la situación vivida después de la publicación de la Carta de México, no solo enfrentando la reacción policíaca, sino de tener que salir a posiciones divisionistas y oportunistas”.
José Antonio, Fructuoso y Nuiry viajaron a México desde Miami. Según Juan Nuiry, en el aeropuerto de la capital azteca los esperaba:

“... el compañero Jesús Reyes (Chuchú) el cual con su contagiosa alegría nos llevaría directamente al encuentro con Fidel Castro, en el reparto de Pedregal de San Ángel. Allí junto a Fidel Castro pudimos saludar y hablar con Raúl Castro, Juan Manuel Márquez, Ñico López, Pedro Miret, Cándido González, Faustino Pérez, Jesús Montané, amigos y compañeros muy queridos de amplios expedientes revolucionarios.
Después de aquel día de emociones nos trasladamos al apartamento de la calle Pachuca esquina a Márquez , lugar que no solo sirvió de alojamiento sino para efectuar las más importantes reuniones”.

Según Juan Nuiry, durante la estancia en México:

“Resultó de gran impacto el encuentro de José Antonio con su compañero (...) de lucha Pepito (José René) Smith Comás, que tuvo lugar en una de las casas campamento del Movimiento; allí se encontraba el recio combatiente que cayó heroicamente en el desembarco del Granma, como jefe de pelotón de vanguardia”.

También viajaron a México, pero desde Cuba, cumpliendo instrucciones del máximo líder de la FEU, Faure Chomón Mediavilla y Joe Westbrook, miembros del ejecutivo del Directorio Revolucionario y los cuadros de acción de esa organización, José Machado Rodríguez, Machadito, y Juan Pedro Carbó Serviá. Este último le aseguró al Jefe del Movimiento 26 de julio, afirma Julio García Oliveras, que él realizaría: “... la primera acción armada en la capital, en donde, según los acuerdos, debe actuar el Directorio”.
A partir de este momento se realizan varias reuniones y encuentros entre Fidel Castro, Juan Manuel Márquez, Faustino Pérez, integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, Cándido González, José Antonio y otros compañeros, los cuales se caracterizaron, al decir de Juan Nuiry, uno de los participantes, por estar:

“...cargados de fervor patriótico, bajo el principio de la unidad, el desinterés y los objetivos, donde solo se solicitaba el sitio de más riesgo.
En un marco amplio y sincero se analizaba y coordinaba, se hablaba de revolución siempre bajo los firmes criterios de la lucha armada, con el optimismo permanente de la victoria final. Era necesario propiciar acciones que implicaran insurrecciones armadas con la finalidad de que los efectivos de la tiranía batistiana tuvieran que dislocarse en diferentes zonas. Se precisaban los campos de acción”.

La ocasión fue propicia además, – como bien ha afirmado la periodista Alina Martínez Triay – para:

“... el más amplio y franco intercambio entre las dos organizaciones revolucionarias, y si bien existían diferencias en las concepciones de la lucha armada, como ha recordado Faure Chomón, allí Fidel Castro señaló que podían unirse luchando, aplicando cada cual su método de lucha armada y haciéndolos coincidir para ser más fuertes y golpear al mismo tiempo contra la tiranía.
Las acciones más inmediatas a emprender, según lo acordado en el encuentro, fueron la ratificación de que el Movimiento 26 de Julio iniciaría la lucha armada antes de finalizar 1956, al desembarcar Fidel Castro en Cuba con un contingente armado en la antigua provincia oriental; a la par, el Movimiento promovería acciones de otra índole para desconcertar al enemigo, principalmente en Oriente, y por su parte el Directorio realizaría simultáneamente operaciones armadas urbanas con centro en la ciudad de La Habana, a fin de que las fuerzas de la tiranía tuvieran que dividirse”.

Durante su estancia en México, José Antonio y sus compañeros visitaron varios lugares de interés histórico y cultural así como los sitios en donde se entrenaban los futuros expedicionarios del yate “Granma”. Por estos días, según Juan Nuiry:

“... hablábamos de revolución como tema permanente. (...) Para luego seguir nuestra tertulia hasta altas horas de la noche comentando los acontecimientos del día, ya fuera nuestra visita al campo de tiro, o de nuestras proyecciones futuras, en la casa de la valerosa compañera Eva Jiménez y su hermana Graciela, en el edificio Altamira, en Independencia 101”.
“.. comprobé su amplio dominio de la historia mexicana y su conocimiento de la pintura de ese país, que se expresaba en su interés por los murales de Diego Rivera y de Siqueiros y la visita que hicimos a Bellas Artes”.

El 16 de octubre partieron José Antonio, Fructuoso y Juan Nuiry desde el aeropuerto de Ciudad México rumbo a Miami. Esta será la última vez que Fidel Castro vería con vida al Gordo y a Fructuoso. “Aún recordamos - ha escrito Juan Nuiry – la alegría que no podía disimular José Antonio. Todo el viaje fue refiriendo su satisfacción, su confianza en Fidel Castro , la enorme trascendencia de lo acordado y el compromiso contraído”. El resto de los miembros de la FEU y el Directorio retornaron por diversas vías a La Habana.
Una vez en Miami, durante una reunión efectuada con sus compañeros:

“José Antonio – según ha narrado Juan Nuiry – se expresó esencialmente en los términos siguientes:
- He recibido noticias de Cuba y nos plantean que nuestro regreso no va a ser fácil; hay que evitar por todos los medios caer detenidos, pues en estos momentos sería desastroso.
Se efectuó un análisis de la situación tanto general como particular. Después de escuchar a todos, José Antonio expresó:
- Tenemos que aprovechar la oportunidad que nos brinda el enemigo en su afán de darle un viso de legalidad a su régimen espúreo y aún más queriendo demostrar una supuesta libertad de prensa. Se está celebrando en estos momentos en Cuba un congreso de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Y esta oportunidad la vamos a aprovechar. Nos comunicaremos con nuestros compañeros en La Habana para avisarles la llegada primero de Fructuoso (Rodríguez)y Juan (Nuiry); esto lo pondremos en conocimiento de las delegaciones de la SIP, y alguna movilización de la prensa cubana y el estudiantado. Veremos cuál es la actitud del régimen en el arribo del Vicepresidente y Secretario General de la FEU. ¡De cómo se desarrollen los acontecimientos, se determinará como voy yo!. Si no sucede nada mi llegada será por la vía normal, para lo cual se llevará a cabo un plan de trabajo como: presencia de la SIP en el aeropuerto, una gran concentración de estudiantes, prensa, etc., para lo cual Fructuoso y Juan, elaborarán un plan con los detalles sobre esto. Faure (Chomón) se trasladará clandestinamente”.

El sábado 20 de octubre, arribaron al aeropuerto de la capital del país Juan Nuiry y Fructuoso Rodríguez, cumplimentándose la primera parte de lo orientado por el Gordo. Intimados por la presencia en la terminal aérea de periodistas, de algunos delegados al Congreso de la Sociedad Interamericana de Prensa y de varios estudiantes, los dirigentes de la FEU no fueron molestados por los esbirros batistianos.
Los periódicos habaneros publicaron la noticia rápidamente con titulares como: Ordena Castro a la FEU atentados personales, A su regreso a Cuba, los dirigentes de la FEU anunciaron acuerdos de México y cumplimiento del pacto insurreccional, Al regresar en la noche del sábado a La Habana, los dirigentes de la FEU, Fructuoso Rodríguez y Juan Nuiry, declararon que ya estaba lograda la absoluta unidad de las fuerzas revolucionarias, aceptando el liderazgo de Fidel Castro o Planeada en México la campaña terrorista de fidelistas y la FEU, para luego informar, como hizo el periódico habanero Réplica el 22 de octubre que:

“A su regreso a Cuba, los dirigentes de la FEU anuncian Acuerdos de México y cumplimiento del pacto insurreccional.
Al regresar en la noche del sábado a La Habana los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria, Fructuoso Rodríguez y Juan Nuiry, declararon que ya estaban lograda la absoluta unidad de las fuerzas revolucionarias, aceptando el liderazgo de Fidel Castro.
Rodríguez y Nuiry anunciaron también que en los próximos días de este mes regresará José Antonio Echeverría.
(...)
Fuentes vinculadas estrechamente a los grupos directrices de la Universidad de La Habana, aseguraban que tan pronto se reincorpore a su cargo Echeverría, comenzará una intensa campaña difamatoria contra los líderes políticos de la Oposición que han manifestado su decisión de concurrir a la reorganización y por ende a los comicios parciales convocados para el año próximo.
(...)
La Carta de México suscrita entre Echeverría y Fidel Castro en la Ciudad de los Palacios (se refiere a la capital del país azteca), cobra de esta forma perfiles de concreción y da a la FEU los poderes necesarios para desarticular el orden en todo el país a través de bombas, petardos y toda suerte de provocaciones a las Fuerzas Armadas en La Habana y el interior.
Una vez conseguido este estado de intranquilidad generalizada, los invasores procedentes de Santo Domingo y México penetraran subrepticiamente en territorio cubano, para asumir el mando de las huestes insurreccionales y dar el putsh (sic) decisivo de la insurrección.”

Por su parte, el periódico capitalino Alerta daba cuenta, en un editorial publicado el 23 de octubre, de que el redactor tenía:

“... a la vista un informe sobre el regreso de conocidos agitadores estudiantiles, después de recibir instrucciones y medios para desatar una campaña de perturbación en todo el país utilizando al estudiantado. De Miami, bien surtidos e instruidos, por la vía aérea, llegaron con ese fin Fructuoso Rodríguez y Juan Nuiry, presidente y vice de la FEU, a los que seguirá en breve, según se ha anunciado, José Antonio Echeverría verdadero líder de la organización. Dentro de pocos días empezarán a dictar órdenes, provocar escándalos, a entorpecer el curso de las aulas universitarias y en los institutos, con pretextos fabricados o sin pretexto alguno, porque el único objetivo es que no haya clases y hacer en las aulas lo que harán en los sectores laborales penetrados por el comunismo en los bateyes, en acción combinada para entorpecer la zafra (...). Que no haya zafra aunque se quebrante la economía del país y competidores emboscados en el extranjero reciban los beneficios de las huelgas y desórdenes que desde hace meses se preparan por los enemigos, no ya del régimen, sino de la nación ”.

A pesar de las campañas difamatorias orquestadas por la prensa, con el apoyo tácito del régimen, Fructuoso Rodríguez, Juan Nuiry y otros compañeros, comenzaron de inmediato a preparar el regreso del Presidente de la FEU a la Isla. Como bien ha recordado Nuiry:

“... no se perdió un momento para poner en marcha los preparativos de la llegada del máximo dirigente estudiantil. Se organizaron todos los detalles. Nos dirigimos a las delegaciones del SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), para explicarles la situación; se visitó periódicos, revistas con gran despliegue de publicidad; asimismo se convocó al estudiantado en general para esperar a José Antonio en el aeropuerto habanero (...)”.

El miércoles 24 de octubre, a las 3:00 p.m., El Gordo llegó a La Habana siendo recibido en el aeropuerto de Rancho Boyeros por un numeroso grupo de dirigentes y estudiantes, quienes al aterrizar el avión saltaron a la pista para rodear cohesionadamente a su Presidente, en cuanto este bajó la escalerilla. Con esta acción se impidió que José Antonio fuera detenido a su llegada a la Isla. En la terminal aérea se encontraban también, tal como se había previsto, miembros de las delegaciones participantes en el Congreso de la Sociedad Interamericana de Prensa, periodistas y fotógrafos.
Entre los que acuden a recibir y proteger a José Antonio, se encontraba Rolando Cubela, quien relató en 1963 al periódico Revolución que el líder estudiantil:

“Venía impresionado, verdaderamente impresionado de su entrevista con Fidel y por la firma del famoso Pacto (la Carta de México).
Muchachos – nos dijo - ¡Fidel se va a tirar aquí!. No sé cómo, pero se va a tirar en Cuba ¡y pronto!. Pueden estar seguros. Tenemos que preparar inmediatamente las condiciones.
(...)”.

Similar aseveración hizo José Antonio, poco después de su llegada a la Isla, a su amigo José Assef Yara, quien recordó en una ocasión que cuando pudo conversar con él, el líder estudiantil le dijo con una fe extraordinaria en Fidel Castro: “Moro, de que viene, viene. El único escache posible es en alta mar. Y si llega, triunfa. Vamos a movernos rápido y empezar a crear un clima en La Habana, cosa que podamos ayudar al desembarco de Fidel”.
Desde aquel día, El Gordo dedicó todo su entusiasmo y energía a preparar, con la ayuda de sus compañeros, las condiciones para la llegada de Fidel y de los futuros expedicionarios del yate “Granma”.
Después de los numerosos saludos y abrazos, muestra fehaciente del júbilo que embargaba a sus compañeros:

“... se apuraron en lo posible – ha narrado Juan Nuiry – los trámites en el aeropuerto. Caminamos entre aquella multitud, todos querían saludar a José Antonio; logramos sacarlo hacia un lugar seguro (...) La dictadura no tuvo otra alternativa que cruzarse de brazos ante el dilema de querer mostrar las supuestas libertades reinantes, ante los delegados de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa)”.

El propio 24 de octubre, en la Casa de Huéspedes en que reside, el Gordo da la orientación de establecer de inmediato cooperación con la representación del Movimiento 26 de julio en la capital del país, lo que se realiza de manera muy rápida, con la colaboración de Aida Pelayo y las valerosas integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas. Con la imprescindible participación de ellas, ha afirmado Julio García Oliveras:

“... pudimos reunirnos con el compañero Pepe Suárez, combatiente del Moncada y Jefe del 26 en La Habana.
Sin embargo, confirmando la información que teníamos, Pepe, desesperado, nos confesaba que prácticamente carecía de armamento. Tenía hombres dispuestos al combate pero le faltaban los medios.”

A partir de este día las reuniones con José Antonio se suceden, rindiéndose en ellas informes de su viaje y discutiendo las actividades que era necesario ejecutar de inmediato para apoyar el desembarco de Fidel Castro y sus compañeros en Cuba.
Por estos días, José Antonio viaja a Cárdenas, no solo con objeto visitar a sus padres, hermanos y demás familiares sino también de protegerse de una posible detención. Así lo han atestiguado Juan Nuiry y su maestra del Colegio Champagnat Mireya Sánchez Toledo. Esta última lo saludó en la esquina de la Avenida de Céspedes e Industria. “Le estaban limpiando los zapatos (...) - afirmó Mireya – y al pasar yo recibí su abrazo cariñoso y familiar. Allí estuvimos hablando unos minutos”.
El 25 de octubre el periódico habanero Prensa Libre publica las primeras declaraciones realizadas por José Antonio, luego de su retorno a la Isla, en las que, dispuesto a continuar la lucha emprendida por él y sus compañeros, expresó:

“Después de una ausencia de tres meses durante los que he representado a mi país en los congresos celebrados en Santiago de Chile y Ceilán respectivamente, regreso a Cuba animado por la adhesión entusiasta de los estudiantes de todos los países de la tierra que nos alientan a seguir en la cruzada por la libertad y el decoro y en contra de la opresión que sufrimos bajo el régimen marcista”.

Al día siguiente, el citado periódico Prensa Libre publicó nuevas declaraciones del Presidente de la FEU en las que afirmaba valientemente:

“Sesenta y tres países apoyan nuestra causa, la causa de todo el pueblo de Cuba por recuperar el régimen de derecho perdido, y como si esto fuera poco para redoblar nuestro esfuerzo contra el marzato, podemos afirmar categóricamente que la unidad de todas las fuerzas revolucionarias del país es ya prácticamente una realidad, coronándose así con un gran éxito las gestiones que el Directorio Revolucionario ha venido realizando desde el mes de junio. Claro está que en la unidad revolucionaria no participaban, ni pueden participar, los elementos que entran en componenda con tiranuelos externos para derrocar la tiranía cubana
(...)
Ratifico pues al pisar tierra cubana mi irrevocable decisión de luchar hasta el último aliento por el rescate de las esencias democráticas de nuestro pueblo, conculcadas y ahogadas por el actual sistema que nos rige y del cual el pueblo de Cuba está dispuesto a librarse a toda costa”.

48 horas después del retorno de José Antonio a la Isla, el día 26 de octubre, y luego de varias reuniones con miembros de los ejecutivos de la FEU y el Directorio Revolucionario, se decidió iniciar un plan de operaciones, que contemplaba la realización de un conjunto de acciones encaminadas a conmocionar al régimen así como, la ejecución de notables jefes de los cuerpos represivos del Tirano, aprovechando las frecuentes visitas que estos hacían a conocidos centros nocturnos de la capital. Para lograr el éxito del plan se creó un comando de acción bajo la dirección de Juan Pedro Carbó Serviá, quien acariciaba la idea de ejecutar al esbirro Esteban Ventura, el cual había sido visto con mucha frecuencia en el Cabaret Montmartre, en el Parisién y en el Casino del Hotel Nacional.
De inmediato, se comenzaron los preparativos de la operación para eliminar a Ventura, la cual contó con el apoyo de varios revolucionarios que trabajaban en el Montmartre. Juan Pedro Carbó Serviá, cumpliendo órdenes del Gordo, determinó las armas a utilizar. Finalmente, se decidió, después de estudiar los locales del Cabaret y de buscar una salida de emergencia, que serían solo 2, los compañeros que eliminarían al connotado esbirro. Estos, luego de cumplir su misión, debían huir en medio de la confusión mientras el resto del comando apoyaba la fuga.
El 27 de octubre, en horas de la noche y luego de una reunión con José Antonio para ultimar detalles, es ajusticiado en el cabaret Montmartre, al no poderse localizar a Ventura, el Coronel Antonio Blanco Rico, Jefe del siniestro Servicio de Inteligencia Militar (SIM). En el atentado resultaron heridos también el sanguinario coronel Tabernilla y otros oficiales. Tal como estaba previsto, la confusión reinante en el centro nocturno, permitieron que Juan Pedro Carbó Serviá y su compañero pudieran retirarse del local sin dificultad. Se iniciaba así el cumplimiento de los acuerdos contenidos en la Carta de México.
Los hechos acaecidos el 27 de octubre, acapararon rápidamente la atención de todos los medios publicitarios nacionales e internacionales , pues por estos días se reunían en La Habana los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y provocaron la ira irracional del dictador Fulgencio Batista, quien:

“... en su discurso en el cementerio de La Lisa, en Marianao, para despedir el duelo, acusa públicamente con nombres y apellidos a José Antonio (...), a Juan Pedro Carbó, a Fructuoso Rodríguez y a otros miembros del Directorio, como autores del hecho. Era la primera vez que esto sucedía, y de manera obvia indicaba su intención de perseguirlos a muerte”.

Veinticuatro horas después, el 28, cae abatido por las armas revolucionarias el General Salas Cañizares, Jefe de la Policía Nacional, quien había tratado de capturar al revolucionario más afanosamente buscado por las fuerzas represivas, Juan Pedro Carbó Serviá, supuestamente asilado en la Embajada de Haití . El Dr. Enrique Rodríguez Loeches, destacada miembro del Directorio Revolucionario, afirmó que:

“... Según rumores muy insistentes (...) se decía que el sanguinario Salas Cañizares le habían dado el chivatazo que Juan Pedro Carbó se encontraba asilado en la Embajada de Haití.
El allanamiento de la sede diplomática antillana y la masacre de diez compañeros con la pérdida de la vida del obeso asaltante debido al coraje de uno de los revolucionarios moribundos que conservaba su arma y le tira desde el suelo, hiriéndolo por debajo del chaleco blindado que lo protegía fue otro de los acontecimientos que estremecieron a la ciudadanía”

Según la Dra. Talía Laucirica, quien fuera miembro del ejecutivo de la FEU en el curso 1955 – 1956, el mismo día en que se produjo el atentado a Blanco Rico, Jefe de la Inteligencia Militar, José Antonio se apareció en la alta Casa de Estudios a eso de las 11: 00 a.m. “... vestido con una guayabera blanca, impecable. Va a impartir la orientación de que no debía quedar nadie en la Universidad después de las cinco de la tarde. Esa directriz se cumplió exactamente. Él poseía una gran autoridad, por su prestigio mismo”.
Este fue el último día que la Dra. Laucirica y otros estudiantes vieron a José Antonio , quien – según ella – era:

“... muy cuidadoso con las compañeras. En los momentos de máximo peligro, cuando preveía enfrentamientos violentos nos protegía, no quería que fuéramos a donde se iba a ventilar una pelea con la policía. Pero nunca nos excluyó y nosotras no nos excluíamos tampoco. Pero hay que considerar que todavía (...) pesaban muchos tabúes contra la participación de la mujer a la hora de los tiros. Eso lo ganamos en la lucha después, ampliamente”.

Unos meses antes de producirse el atentado a Blanco Rico, sentados ambos en la Galería de la Facultad de Arquitectura, José Antonio, quien estaba ya convencido de que podía perder la vida en cualquier momento en las acciones que se ejecutaban por esos días contra el Tirano y sus secuaces, le expresó a su compañera, la Dra. Talía Laucirica:

“Para ustedes los felices que lleguen a conocer una Cuba sin Batista... ¿A qué viene esa actitud tan deprimida?, le pregunté y él me respondió: No, no es depresión, yo estoy como siempre, pero quiero que estés consciente que yo no llego... me lo dijo así tan campante, tan alegre como siempre... y a mí me cayó como una sombra, un dolor por aquello que me dijo”.

Según relató Virginia Secades, madre de Rolando Cubela, propietaria de una Casa de Huéspedes, ubicada en la calle 25 No. 411 entre J y K, en el Vedado, en la que José Antonio vivió largos períodos de tiempo, en los días previos al atentado al Coronel Blanco Rico:

“... había una gran actividad en mi casa; Juan Pedro , Machadito , Gustavo Machín. Miguel Ángel González, Fructuoso Rodríguez, Julio García Olivera (sic), René Anillo y otros se reunían y conversaban con José Antonio. Se produce el atentado y como mi hijo estaba también implicado, el SIM inmediatamente me manda a mudar y me da órdenes de que no puedo tener más casa de huéspedes. La persecución sobre todos los muchachos era incesante, por lo que se dispersaron; solamente me comunicaba con José Antonio por cartas que él enviaba con algún compañero.
Cada vez que me escribía me hablaba de su salud. Sabía que me preocupaba mucho por el problema asmático que padecía, dándome bromas acerca de que pronto iría a comer congrí y bistec de puerco empanizado que tanto le gustaba”.

Después de los sucesos del 27 y el 28 de octubre, la célula central del Directorio, cuyos miembros son perseguidos ferozmente por la tiranía, pasa a la clandestinidad más estricta. Pocos días antes, la misma noche en que fue ejecutado el Coronel Blanco Rico, luego de despedirse, junto a Julio García Oliveras, en L y 25 de Juan Pedro Carbó Serviá, con quien había ultimado los detalles de la acción, José Antonio fue a visitar por última vez a María Esperanza Muñiz, su prometida.
Por estos días, el Tribunal de Urgencia ordenó la detención del Gordo, Fructuoso Rodríguez y otros dirigentes de la FEU y el Directorio Revolucionario. Los estudiantes universitarios y los de los institutos de Segunda Enseñanza de varios lugares del país realizaron numerosas acciones de protesta en este período por los crímenes cometidos por los esbirros en la Embajada de Haití en La Habana y por la persecución de que eran objeto el Presidente de la FEU y otros compañeros.
El 30 de octubre, Luis Manuel Martínez, conocido vocero batistiano, publicó un comentario acerca de los sucesos ocurridos los días 27 y 28 de ese mes, en el que - luego de lamentar las muertes de los sanguinarios Teniente Coronel Antonio Blanco Rico y Brigadier Salas Cañizares - reconoce que las fuerzas de la dictadura estaban frente a una lucha sin cuartel, manifestando que: “Los indicios obtenidos y las pesquisas que se están siguiendo hacen pensar que el regreso de Echeverría, Fructuoso y Nuiry están relacionado con estos deplorables brotes de violencia”.
Dos días antes, el 28 de octubre, el Dictador Fulgencio Batista, había declarado al periódico Ataja, momentos antes de rendir la primera guardia de honor ante el cadáver del Teniente Coronel Antonio Blanco Rico, que su gobierno actuaría “... con serenidad, pero con energía” , añadiendo que en días pasados había sido informado:

“... por los Jefes de Cuerpos de Investigaciones que líderes de la FEU, antes de regresar a Cuba, fueron instruidos por el doctor Carlos Prío (sic) para la provocación de alteraciones del orden, con objeto de sabotear e interrumpir el normal desenvolvimiento del Congreso de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) que se celebra en La Habana (...) Cree que los máximos dirigentes insurreccionales, ante la imposibilidad de llevar a cabo con éxito un movimiento enderezado a tomar el poder por la violencia, debido a la fortaleza del gobierno y al repudio que tienen en la opinión pública, optaron por los atentados, como el que acaban de ejecutar (...). Los insurreccionales están interesados en demostrar ante los representativos de la prensa americana que en Cuba no existe ni paz ni democracia (...)”

El 14 de noviembre, a pesar del ahínco con que era buscado por las fuerzas represivas, José Antonio rechazó públicamente desde el periódico habanero Prensa Libre las falsas acusaciones que le imputaban el gobierno, el cual quería hacer creer a la opinión pública que el Presidente de la FEU estaba involucrado en un plan subversivo, fraguado en complicidad con el dictador Rafael Leónidas Trujillo.
Al respecto, declaró al mencionado periódico que:

“Desde el primer momento hemos rechazado toda posible connivencia con ese cáncer de América que es Trujillo. Nuestros planteamientos han sido públicos y en el hermoso acto de confraternidad americana en el que participaron todas las delegaciones de exilados políticos residentes en el país, dije que no podíamos aliarnos a un mal de América para ir contra otro, y que era falso y despreciable, sin lógica histórica y política, ir de brazos de una tiranía para encontrar la democracia.
La FEU es el organismo que más consecuentemente y claro se manifiesta contra las tiranías de América. Fui el primero y el único que, arrostrando todos los peligros, denunció públicamente ante los tribunales el nombre de los militares conjurados con Trujillo e hizo pública denuncia de los órganos de prensa y periodistas manchados con el oro del tirano. De lo expuesto se sigue en la Jurisdicción de Guerra un expediente de denuncia y la prensa acogió dichos pronunciamientos en sus respectivas ediciones.
Considero que la naturaleza de las acusaciones responde a una orientación gubernamental encaminada a sorprender y desorientar al pueblo, en momentos en que se apresta a realizar su obra de recuperación y consolidación democrática revolucionaria”

En estas declaraciones, José Antonio manifestó su convicción de que si Trujillo conspiraba contra la soberanía nacional, los estudiantes cubanos estarían dispuestos, con la ayuda del pueblo dominicano, a aniquilarlo. Apoyaba de este modo, con bastante antelación, las declaraciones realizadas por Fidel Castro seis días antes de zarpar en el yate Granma rumbo a la Isla: “Si los trujillistas invaden a Cuba, volveremos nuestras armas contra esos enemigos”.
El 17 de noviembre se efectuó, bajo la presidencia del líder estudiantil, la última actividad cultural organizada por la FEU en la Universidad: la conmemoración del 120 aniversario del fallecimiento del insigne compositor suizo Robert Schumann. Seis días más tarde, en horas de la noche del 23, tiene lugar también, con la protección armada de los miembros del Directorio Revolucionario, el último acto político que se realiza en este periodo en la histórica escalinata: la conmemoración del 120 aniversario del natalicio del Generalísimo Máximo Gómez Báez. La ocasión fue propicia para denunciar, una vez más, las turbias maniobras del Dictador de la República Dominicana.
Durante el acto, convocado además, en solidaridad con el pueblo dominicano, se condenó la masacre realizada por el gobierno de Batista en la Embajada de Haití. El acto se efectuó a pesar de que la policía acordonó la Universidad, desplegó un fuerte patrullaje y colocó numerosos hombres en todos los accesos. El éxito y la repercusión que tuvo este suceso fue consecuencia directa – según René Anillo - de:

“... los esfuerzos realizados en unir voluntades entre los hermanos antillanos y vencer dificultades de quienes en la Universidad pensaban que podrían producirse hechos violentos dado que el régimen había perdido menos de un mes antes al jefe de la Policía Salas Cañizares y al jefe de la Inteligencia Militar, Blanco Rico”.

La última manifestación realizada este año por la FEU, la cual fue brutalmente reprimida, se realizó el 27 de noviembre en memoria de los 8 estudiantes de medicina fusilados injustamente en 1871 por el Gobierno colonial español. Días antes, según José Aseff Yara, en una reunión del Directorio Revolucionario en la que se encontraba en unión de José Antonio, Fructuoso Rodríguez, Julio García Oliveras y otros compañeros, se acordó aceptar la proposición de El Gordo de salir en manifestación el 27 de noviembre, pero:

“... por razones tácticas no debía presidirla el máximo líder de la FEU. Era aún reciente el ajusticiamiento del coronel Blanco Rico, jefe del SIM.
Localicé al compañero Venegas (José) a fin que preparara las condiciones para la manifestación. Así lo hizo.
Cuando llegamos a la Universidad todo estaba listo. Portando una bandera cubana (...) y entonando el himno nacional, comenzamos a descender la amplia escalinata universitaria. Continuamos por San Lázaro.
(...)
En la calle Infanta aguardaban un cordón de policías y varios carros flushers del cuerpo de bomberos. Un capitán de la policía nos hacía señas para que no continuáramos la marcha, pero, lejos de obedecerle, la manifestación avanzó hasta chocar con ellos.
Uno de los primeros en caer fue Venegas (José), cuando un chorro de agua de uno de los carros flushers lo alcanzó en el pecho. Después caí yo.
Nosotros teníamos instrucciones de no dejarnos coger por la policía. Debido a esto, nos retiramos del lugar para informarle a José Antonio. Recuerdo que esta fue una de las manifestaciones en que más jóvenes estudiantes de centros secundarios participaron. Y lo hicieron con mucha combatividad. Lo que quedó demostrado con los 16 estudiantes heridos de bala, apaleados y los numerosos detenidos”.

Por su parte, el mencionado José Venegas relató en 1978 al periódico Granma que:

“Organizar la manifestación no fue fácil. En aquel momento la cosa no era tan organizada. En ese tiempo todo era muy difícil con los esbirros de la tiranía al acecho. Utilizamos a los dirigentes que nosotros conocíamos estaban a mano, porque nuestros dirigentes superiores estaban en la clandestinidad. Nosotros también estábamos clandestinos.
(...)
Nosotros fuimos a la Universidad por orientación de José Antonio. Pensamos que ese día habría en la colina universitaria la suficiente cantidad de compañeros universitarios y de los centros secundarios para realizar la manifestación, que era el objetivo que se perseguía. Y efectivamente, cuando llegamos allí nos encontramos con numerosos compañeros, los suficientes para realizar la manifestación que nuestra organización había orientado.
(...)
Los estudiantes bajaron la escalinata gritando ¡Abajo Batista! ¡Viva la Revolución”.

Al día siguiente de estos hechos, cuyo saldo fue de 16 manifestantes lesionados y de unos 6 policías heridos por las piedras lanzadas por los estudiantes, apareció en la prensa una Declaración Pública de la FEU, firmada por Jorge Puente Blanco, Presidente de la organización estudiantil por sustitución reglamentaria, en la que se denunciaba a la Tiranía por utilizar: “... iguales procedimientos a los que en el pasado practicara el despótico coloniaje. La fuerza es la única razón, pero la juventud se yergue digna y valiente. ¡Pueblo cubano, tus estudiantes te aseguran que habremos de ser libres, aunque tengamos que ser mártires!”.
José Antonio, a pesar de hallarse sumergido de lleno en la clandestinidad y en la preparación de nuevas acciones contra la Dictadura, también hizo pública su condena “... al hecho insólito del 27 de noviembre, en que por primera vez el estudiantado se ha visto impedido de honrar pacíficamente a sus primeros mártires”.
El propio día 27 las clases quedaron suspendidas definitivamente en la Universidad . También este día llegó a manos de José Antonio un esperado mensaje. “Obra pedida agotada (punto) Editorial Divulgación”. Así rezaba el texto de la comunicación enviada por Fidel Castro al Gordo para anunciarle que desde el 25 de noviembre había salido desde México en el yate Granma, al frente de 82 expedicionarios, decididos todos a cumplir la promesa hecha al pueblo de Cuba de que en 1956 seríamos libres o mártires.
Según Faure Chomón Mediavilla:

“El impacto del mensaje fue tremendo. Debe de haber sido igual al que los patriotas cubanos sintieron cuando el pasado siglo recibieron el aviso para el alzamiento del 24 de febrero de 1895.
El cuartel general donde estaban José Antonio y Fructuoso Rodríguez con otros compañeros, y las casas de la clandestinidad del Directorio, se convirtieron en un hormigueo de combatientes. Se ordena el acuartelamiento general. Había que hacer enseguida lo que aún no se había logrado hacer. Es increíble como lo que ha estado pendiente de lograrse, de pronto va cuajando por los esfuerzos tenazmente realizados y van definiendo la realidad”.

A partir de este momento, teniendo en cuenta que el brazo armado de la FEU no disponía de la cantidad de armas necesarias para enfrentarse a la gran concentración de efectivos realizada por la Tiranía en la capital del país, por lo que era imprescindible estudiar bien todos los medios disponibles para garantizar el éxito de las acciones futuras; se ordenó a todos los miembros del Directorio Revolucionario que se acuartelaran en las casas de seguridad con el objetivo de que, mientras un grupo entraba en acción, siempre hubiera otro disponible y en estado de alerta.
El 29 de noviembre, se efectuó una reunión con el ejecutivo del Directorio Revolucionario, en la “... estrecha y sombría habitación en la calle Aguiar de La Habana Vieja que le servía de abrigo clandestino al Presidente de la FEU (...)” , con el objetivo de discutir las posibles acciones que debían realizarse como apoyo al desembarco de Fidel Castro y el resto de los expedicionarios del yate Granma. Durante el encuentro, según Eusebio Reyes, algunos compañeros plantearon: “... desarrollar una acción armada contra la tiranía con centro en la universidad; otros eran del criterio de efectuar una serie de acciones con pequeños comandos armados, extenderlas a toda la capital y conservar fuerzas para golpes posteriores”.
José Antonio, quien no había intervenido en la discusión, tomó la palabra, según ha recordado Faure Chomón, para decir:

“Ni el plan de Wanguemert (José Luis Gómez), de colocar algunos compañeros con las pocas armas de que disponemos en algunas azoteas y esquinas de La Habana, ni el plan de Julio García (Oliveras) de atrincherarse con esas armas en la Universidad en un acto de sacrificio son aceptables. Me opongo a ello y asumo esa responsabilidad, pues nosotros no podemos dar un paso que signifique la inmolación de un grupo de compañeros en un plan sin posibilidades de ningún tipo”.

“Todos nos quedamos sorprendidos” , escribirá 46 años después Julio García Oliveras, pero muy pronto comprendieron que la decisión de su Jefe y amigo era la más acertada en aquel momento. No obstante, a partir de este instante, como bien ha recordado Julio García Oliveras:

“Los días que siguieron a la reunión del Ejecutivo del Directorio y la llegada de Fidel fueron para nosotros de incesante actividad. Nuestra meta era producir en La Habana una acción revolucionaria de gran envergadura. A pesar de haber cambiado la situación del país y aumentado violentamente la represión después de la muerte del jefe del SIM, José Antonio orientó la realización de distintas acciones
(...)
Sin embargo, La Habana continuaba su vida normal, Nos rompíamos la cabeza pensando como utilizar nuestro pequeño arsenal, sin arriesgar pérdidas, para poder asegurar una acción futura importante. Practicamos, algunas voladuras, sin mucho éxito ”.

Entre las acciones realizadas por estos días, las cuales aprobaba y alentaba José Antonio, pues lo hacían sentirse activo en la lucha, a pesar del alcance limitado de las mismas, se destacaron las que permitieron hacer llegar al pueblo la información veraz y fidedigna de los sucesos ocurridos en Santiago de Cuba por esos días, los detalles del desembarco del Granma y sobre todo, la divulgación de la noticia de que Fidel Castro y varios de sus compañeros se encontraban con vida y luchando en la Sierra Maestra.
A esta labor ayudó muchísimo la impresión en mimeógrafo en el Cuartel General del Directorio Revolucionario, ubicado en la calle 6 entre 19 y 21, en el Vedado, por miembros de la organización, de miles de ejemplares del periódico clandestino de la organización, denominado Al Combate. Esta publicación circuló por toda La Habana, repartida durante varias noches, a pie y casa por casa, por miembros del grupo de acción del Directorio Revolucionario, con un esperado titular: Fidel está vivo.
Durante el transcurso del mes de diciembre, José Antonio se entrevistó en un refugio clandestino con los combatientes pinareños Eduardo García Lavandero y Evelio Prieto Guillaume , quienes habían tomado parte activa en la transportación y almacenamiento de un valioso cargamento de armas, que había sido introducido en la Isla por los seguidores de Carlos Prío Socarrás. Estos compañeros, quienes estaban sometidos a una tenaz persecución, al percatarse de los verdaderos intereses de los auténticos, se apropiaron de algunas de estas armas – las cuales entregan al Directorio - con objeto de organizar con ellas una acción, que no llegó a realizarse, involucrando a otros compañeros de Artemisa, Pinar del Río y Guanajay, muchos de los cuales se unen con posterioridad al brazo armado de la FEU.
De aquella entrevista, afirma Eusebio Reyes, “... nacieron los lineamientos para futuras acciones del Directorio Revolucionario”. Entre ellas, se destaca la que se realiza en la noche del 30 de diciembre con la ayuda de varios ex combatientes de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial . La idea era propiciar la fuga de Osvaldo Díaz Fuentes, Abelardo Rodríguez Mederos y Daniel Martín Labrandero. Este último, había peleado en la Guerra Civil Española, en la que había ganado, defendiendo a la República, el grado de Comandante y se hallaba encarcelado, al igual que Osvaldo y Abelardo, por realizar actividades en contra del Gobierno de Batista. Estos compañeros, especialmente Daniel Martín Labrandero por su destacada experiencia militar, eran vitales para las acciones que preparaba por esta época el Directorio, dirigido por José Antonio.
A pesar de que, luego de algunas peripecias valerosas y espectaculares ejecutadas por Faure Chomón, Pepín Naranjo y otros combatientes del Directorio Revolucionario, los prisioneros fueron puestos en libertad, estos no pudieron ser recogidos por sus compañeros, debido al intenso tiroteo que se les hacía desde la prisión. Aunque Osvaldo y Abelardo consiguen escapar con vida , a pesar de que el primero ha sido herido durante la huída, Daniel Martín Labrandero sufre un fractura al saltar el elevado muro de la escalinata que comunicaba a la cárcel con la calle y es asesinado brutalmente por fuerzas policiales al mando del esbirro Martín Pérez, quien lo ametralla en el suelo.
Según Julio García Oliveras:

“José Antonio, aunque lamentaba la muerte de Daniel, se sintió alentado por esta experiencia de una primera acción armada en el mismo centro de la capital. Era solo un paso pero se iniciaba la marcha. Nos preguntaba una y otra vez por los detalles de la acción y muchas veces sonreía al oír las peripecias del hecho.
Días antes, para el 24 habíamos preparado un plan, en el que tomaron parte Arístides Viera y otros compañeros del 26 para atacar varias unidades de la policía, que no se pudo realizar. Llegamos a transportar varios de nuestros fusiles ametralladoras, envueltos cuidadosamente en papel de regalo de Navidad, con cintas de colores y todo.
Aunque muchos hombres del Directorio se impacientaban, en esos días concentrábamos las operaciones en los hombres de la Sección de Acción dirigida por Faure (Chomón). A los otros se le asignaban tareas de propaganda o de recaudación de fondos, que no muy a gusto cumplían”.

A finales de este año se logra, por fin, reunir el armamento necesario para realizar maniobras de más envergadura. Un importante aporte hace, en este sentido, Eduardo García Lavandero, quien ingresa al Directorio en este período. Además, resulta también vital la ayuda que en este sentido brinda Evelio Prieto Guillaume, quien también se incorpora por estos días a la organización revolucionaria.
El 30 de diciembre, al hacer el recuento de los hechos más importantes de Cuba y el mundo durante el transcurso de 1956, la popular revista Bohemia colocó a José Antonio entre las figuras más polémicas del año, junto a personalidades de la talla de Fidel Castro; el poeta español Juan Ramón Jiménez; Sri Pandit Jawaharlal Nehru, líder nacionalista y estadista indio, primer jefe de gobierno de la India independiente; Gamal Abdel Nasser, estadista egipcio que, partiendo de unos orígenes humildes, llegó a ser presidente del país y el líder político más influyente en el mundo árabe de su época; Tito (Josip Broz), presidente de Yugoslavia y Nikita Jruschov, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y jefe de gobierno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
En este mismo número, al referirse específicamente al Gordo, Fulvio A. Fuentes hizo notar, al pie de una caricatura del líder estudiantil realizada por Juan David, que 1956 había sido para el líder estudiantil:

“... un año de luchas y persecuciones. Su nombre ha estado perennemente en todos los informes policiales. Participó en los congresos estudiantiles de Chile y Ceilán. En el camino de regreso a Cuba, hizo escala en México, suscribiendo el pacto revolucionario con Fidel Castro. Las Pascuas lo encuentran sumergido en la clandestinidad”.

Muy pronto, se aceleraran los preparativos de todo tipo, los cuales han de culminar con las heroicas acciones protagonizadas en 1957 por José Antonio y sus compañeros. Como el mismo lo preconizó pocos meses después, el libro de la Historia de Cuba los estaba esperando.

IX

Durante el transcurso de los meses de diciembre de 1956 y enero y febrero de 1957, se consideró por José Antonio y sus compañeros del Directorio Revolucionario, según ha afirmado Faure Chomón Mediavilla:

“... la posibilidad de abrir un frente en las montañas del Escambray estudiándose la incipiente información sobre el mismo, pero las líneas y los planes que pesan son los de la lucha en la ciudad. El DR (Directorio Revolucionario) asesta golpes cuyo fin es mantener la preocupación de la tiranía sobre La Habana demostrando que el movimiento de la clandestinidad está activo y armado”.

Para lograr estos propósitos, en los primeros días de enero, fuerzas del Directorio Revolucionario intentan atacar, sin éxito, la Octava y Novena Estación de Policía y ajusticiar al sanguinario Esteban Ventura Novo, en un segundo y fallido intento; debido que el esbirro, acobardado, no acude en esta ocasión, como estaba previsto, a la Clínica del Estudiante, ubicada en el hospital “Calixto García”, la cual era visitada por él con frecuencia, ya que conocía que este era uno de los puntos de reunión de los combatientes universitarios. Los participantes la acción escaparon milagrosamente con vida, a pesar de la intervención en los hechos de una confidente de la policía que trabajaba en el hospital.
En este período, según el ya citado Faure Chomón, también:

“Se incendian las perseguidoras recién adquiridas a plena luz del día. Se dinamitan las torres de alta tensión entre la Vía Blanca y la Bahía (de La Habana), se atenta contra la vida del Coronel Orlando Piedra, se sitúan bombas en lugares tácticamente convenientes (...), se hacen acuerdos de participación conjunta de Comandos del DR (Directorio Revolucionario) y el M – 26 – 7 (Movimiento 26 de Julio), el atentado dinamitero contra Santiago Rey que se hará operar por radio, para lo que se construyen los equipos y el bombardeo sobre la refinería con granadas de morteros de 81 mm desde una avioneta que se tiene localizada para alzar vuelo tomando el aeropuerto donde está y que pilotearía un aviador de la organización, que a punto de ejecutarse ambas acciones se suspenden por lo inminente del ataque al Palacio Presidencial, que se organiza simultáneamente, y nos absorbe totalmente.
El brazo armado de la FEU que en la guerra ha pasado a ser también su dirección revolucionaria, ya está en su pleno apogeo, tal y como se previó y se planeó por José Antonio y Fructuoso (Rodríguez)”.

Aunque José Antonio dirige, aprueba y alienta desde la clandestinidad todas las acciones que se realizan en este periodo por el Directorio Revolucionario, sin que se reporte ni la pérdida de un arma, sus compañeros logran, con el fin de protegerlo sustraerlo de participar, no sin dificultad, directamente en ellas. Faure Chomón Mediavilla se responsabiliza personalmente en estos meses con las tareas de acción y participa en los golpes principales.
En la primera quincena del mes de enero, José Antonio comparte su refugio clandestino, ubicado en la esquina de las calles 12 y Quinta, en el Vedado, con Eduardo García Lavandero y Evelio Prieto Guillaume, con quienes comenta a menudo el entusiasmo que en él ha provocado el atentado que se le hace por el Directorio Revolucionario en la noche del 13 de enero al Coronel Orlando Piedra, Jefe del Buró de Investigaciones, en su casa de Quinta Avenida y 84, en Miramar.
Con posterioridad-, según afirma María de los Ángeles Pumpido de la Nuez (Mery):

“Peligro (José Luis Gómez Wanguemert) y yo alquilamos un apartamento, también en el Vedado, destinado a José Antonio. La dueña que era una española que vive cerca del mismo nos pide referencias y le damos al doctor Andrés Silva. En el apartamento de 21 viven ya Fructuoso (Rodríguez), Osvaldito (Díaz Fuentes), Abelardo (Rodríguez Mederos) y Briñas (José). Días después nos mudamos para el apartamento No. 32 de 21 No. 1312. El apartamento que dejamos era en los altos de un policía de Batista, con cuya familia yo había entablado amistad, sobre todo con la hija mayor, que se llamaba Blasa María, y que mantenía relaciones con un esbirro. Yo hice relaciones con ellos y hasta iba a ver televisión allí. La fachada que establecimos era tan buena, que incluso el policía nos sacó la chapa para la máquina que teníamos en ese momento”.

Al conocer José Antonio que su amigo y compañero de luchas Julio García Oliveras, participante en las acciones que se ejecutan por esos días, era el novato del grupo, le hacía con frecuencia: “... innumerables preguntas, indagaba sobre mis reacciones y se reía de los lances, en verdad peligrosos que, a veces, con incidentes realmente humorísticos, se producían inevitablemente”.
Muy beneficiosa para el Directorio será la incorporación en esta etapa a sus filas de Carlos Gutiérrez Menoyo, quien para tomar esa decisión se inspira en el ejemplo de su compañero y amigo Daniel Martín Labrandero, asesinado el 30 de diciembre de 1956 mientras trataba de escapar de la prisión del Castillo del Príncipe. Según ha narrado Faure Chomón desde este momento:

“A Carlos se le ve muy contento cuando los compañeros bien armados por esa época salen a cumplir alguna misión. Se ofrece para participar. Se le explican nuestros planes cuyo eje central es el asalto al Palacio Presidencial, para lo cual será nuestro asesor y jefe militar de dicha operación, que con anterioridad habíamos pensado fuese Daniel Martín Labrandero.
Carlos algo preocupado por sus anteriores compromisos nos sugiere a modo de pregunta si nosotros aceptaríamos al compañero Menelao Mora en el Directorio pues está seguro que él se incorporaría a nuestra organización ”.

Resulta necesario aclarar que – como bien ha explicado Faure Chomón - Menelao Mora Morales había sido el único dirigente insurreccional de origen auténtico, que había confiado en José Antonio y en el Directorio:

“... pues cuando dispuso alguna vez de armas nos había entregado 4 fusiles M – 1 y en otra ocasión 4 pistolas ametralladoras con sus culatines y cargadores especiales. Y cuando se puso en práctica la riposta armada frente a las fuerzas represivas, le pidió a José Antonio participar como un combatiente más.
En una ocasión se acuarteló con un comando del Directorio que se proponía una acción de este tipo”.

De inmediato, José Antonio y los miembros del ejecutivo del Directorio Revolucionario aceptaron la propuesta, por lo que poco después, al ingresar Menelao Mora Morales en las filas de la organización, en la cual ya militaba su hijo Alberto Mora Becerra, sostuvo, primero, una reunión en la calle Valle, en la zona universitaria, con Faure Chomón y Eduardo García Lavandero, en representación de la organización y luego, en la barriada habanera de Ayestarán, una larga entrevista con el Gordo.
Durante la conversación con el líder estudiantil, en la que estuvo presente también Faure Chomón Mediavilla, Mora Morales, quien desde este momento vincula al Directorio Revolucionario a sus más cercanos amigos y colaboradores, manifestó la admiración que sentía hacia el dirigente estudiantil al mismo tiempo que se le patentizó el afecto y el respeto que le tenían los miembros del Directorio. Además, dijo que:

“... él se encontraba en una situación de independencia política total y por ello estaba en condiciones de incorporarse al Directorio aceptando disciplinadamente lo que José Antonio y la organización decidieran. Que no tenía aspiraciones personales y sería un soldado de fila.
- Tu, José Antonio, tienes una organización con la que puedes hacer lo que te propongas. Yo no tengo esa organización, por lo que no puedo hacer lo que tu sí puedes. Solo soy yo y mis amigos, con los cuales puedes contar”.

Como parte del encuentro, se abordó por el Gordo la figura del ex presidente de la República Carlos Prío Socarrás, el cual enjuició severamente por su actitud cobarde. Menelao contestó que:

“... estaba de acuerdo con el planteamiento de José Antonio, puesto que él mismo era un ejemplo de cómo Carlos Prío había jugado con él, pues nunca quiso poner en sus manos la dirección total de los planes que finalmente habían ido fracasando. Que sintiéndose engañado desde hacía tiempo había roto sus relaciones con Prío, del cual no quería saber nada.
Sobre el plan militar del Directorio del cual Carlos le había hablado a Menelao, éste preguntó. José Antonio explicó – según afirma Faure Chomón - que nosotros nos proponíamos ejecutar ese viejo plan soñado por muchos revolucionarios, entre ellos Menelao. Tenemos todo lo necesario y seguro que lo vamos a hacer, afirmó José Antonio.
Menelao agregó que él no disponía de recursos materiales, pero le quedaban relaciones con las que hacer gestiones en caso de ser necesario, por lo que podíamos contar con ello cuando lo estimáramos conveniente ”.

La conversación entre ambos revolucionarios transcurrió en un clima de franqueza, modestia, admiración y respeto mutuo, a pesar de que los interlocutores pertenecían a generaciones diferentes. José Antonio, afirma Faure Chomón, le preguntó al recio combatiente, con:

“... el cariño con que se trata a un hermano mayor, (...) sí para el futuro tenía alguna aspiración política personal. Entonces Menelao dijo: - Yo de inmediato aspiro a cumplir con mi deber de cubano luchando con las armas en las mano contra la tiranía, de lo que puedo salir vivo o muerto y en este caso dejarle a mis hijos como única herencia el que su padre fue un patriota.
José Antonio muy emocionado inquirió: ¿Y de salir vivo?. Menelao respondió: - Yo desde el momento que ingreso al Directorio acepto su disciplina cumpliendo con lo que la organización decida ahora o en el futuro. Pero debo añadir, José Antonio, que sí llega el día en que pudiera ser Presidente de la República, me gustaría serlo a fin de cumplir con el deber de servirle a mi Patria, para lo cual me consideraría con los méritos necesarios. José Antonio sonrió complacido por la franqueza de Menelao”.

Como parte de esta importante y decisiva reunión, Menelao le planteó al Gordo que él:

“... tenía compromisos con otros dirigentes y los consideraba cuestión de honor.
Deseaba en la nueva situación que José Antonio los hiciera suyos, para él cumplir su palabra.
La respuesta de José Antonio fue que estaba de acuerdo, pues a él también le ocurría lo mismo y debía tratarlo con la Dirección del Directorio, por lo que podía haber algún caso que no se aceptara. Por su parte Menelao dijo comprenderlo y cuando ocurriera, de ser posible, se le explicara al afectado en nombre de la organización.
También le informó José Antonio que para la ejecución del plan militar no aceptábamos conspiraciones militares. Que el Ejército de Batista tenía que rendirse, o unirse sus miembros al movimiento revolucionario sin decidir. Que el Directorio le informaría al Movimiento 26 de Julio a través del compañero Faustino Pérez para que se prepararan. Menelao propuso a Luis Orlando Rodríguez y a Jesús Soto, con los que se estuvo de acuerdo”.

Al concluir el encuentro, que no fue el único realizado en este período entre Menelao Mora y miembros del Ejecutivo del Directorio Revolucionario, el veterano luchador dejó, al decir de su biógrafa Berta Bonne Castillo, una:

“... agradable impresión en todos y despidiéndose con un fuerte apretón de manos demostró la confianza que tenía en ellos.
José Antonio, por su parte, salió muy satisfecho y muy decidido pues tenía seguridad en el camino tomado y fe en que triunfarían”.

A finales del mes de enero, José Antonio convocó a una reunión del Ejecutivo del Directorio, la cual duró 2 días. En la misma se discutió la estrategia a seguir en el futuro por la organización. Durante el encuentro, apunta Julio García Oliveras, hubo:

“... extensos debates: sobre las posibles acciones a realizar; sobre la incorporación o no de otros combatientes y, finalmente, sobre la designación de los responsables para las distintas misiones. Cada uno de esos puntos provocó largas discusiones hasta que José Antonio tomaba la decisión final.
(...)
De aquellas reuniones del Ejecutivo salieron las decisiones principales que se pusieron en ejecución el 13 de marzo”.

Entre las acciones que se pensaron ejecutar inicialmente, se hallaba el ataque a una guarnición militar apoyado por un alzamiento popular, pero ante la escasez de armas y de hombres – pues para asegurar el triunfo se necesitaba que las cifras con que se contara para ejecutar el plan fueran mayores que las de la fortaleza a atacar – se decidió poner en marcha una operación encaminada a ajusticiar al Tirano Fulgencio Batista.
Hay que decir, en honor a la verdad, que la idea de atentar contra el Dictador, como había quedado evidenciado en la entrevista que sostuvieron José Antonio y Menelao Mora a inicios de este año, no era nada nueva; ya que desde el propio 10 de marzo de 1952, se habían proyectado varias acciones de este tipo. Sin embargo, como bien ha afirmado el profesor Eusebio Reyes, llevarlas a vías de hecho:

“... no era tarea fácil, pues este pasaba la mayor parte del tiempo en su residencia de Columbia y las visitas a su finca o al Palacio Presidencial las efectuaba por poco tiempo, sin una frecuencia establecida y sin un itinerario único y cuando lo hacía era acompañado por una fuerte escolta reforzada con autos de la policía y del SIM, es decir que al planear un atentado contra Batista había que desechar la posibilidad de atacarlo cuando se trasladaba de un lugar a otro ”.

Finalmente se decidió asaltar el Palacio Presidencial con objeto de ajusticiar a Batista, ya que se comprobó que su guarnición era susceptible de ser superada en armas y hombres si se contaba, para garantizar el éxito de la acción, con el factor sorpresa. Además, se podía conocer con exactitud cuando Batista se encontraba en este lugar, lo cual reforzaba las posibilidades de consumar la acción.
Como resultado de las numerosas y largas reuniones efectuadas por estos días, el ejecutivo del Directorio Revolucionario decidió autorizar a Eduardo García Lavandero a salir al exterior para tratar de introducir en el país algunos medios para la acción y acordó estructurar el plan de ataque con dos grupos de combatientes:

“... un comando bien armado – explica Julio García Oliveras – que penetrara en Palacio y diera muerte a Batista, y una operación de apoyo con un buen número de fusiles ametralladoras e incluso ametralladoras calibre 50 que batiera la guarnición además de impedir la llegada de refuerzos durante un tiempo (...) tendría posibilidades de éxito. A este proyecto se agregó el acuerdo de que Echeverría, como figura revolucionaria muy conocida, en su carácter de presidente de la FEU y secretario general del Directorio Revolucionario, hiciera una alocución radial al pueblo de Cuba, en la que anunciara la acción y llamara a las masas a incorporarse al movimiento revolucionario.
Aunque el ataque a Palacio era un punto clave de la operación, el llamado de Echeverría mediante la radio constituía el aspecto político decisivo de aquella acción revolucionaria.
(...)
Como siempre, el cuartel general del movimiento se establecería en la Universidad de La Habana”.

Aunque José Antonio, después de permanecer durante semanas sumergido en la más absoluta clandestinidad, ardía en deseos de combatir al Tirano con las armas en la mano, aceptó finalmente su misión, sobre todo, porque como bien ha afirmado su compañero y amigo Julio García Oliveras, a quien el Gordo designó como Jefe del ataque y toma de Radio Reloj, emisora que fue la estación de radio finalmente seleccionada para realizar la alocución del líder estudiantil,: “Ningún otro compañero de la organización podía llamar al pueblo con tanta seguridad de ser escuchado.”
Al respecto, García Oliveras ha reafirmado más de una vez, que en aquel momento los miembros del Directorio Revolucionario y especialmente, los miembros de su Ejecutivo, estaban:

“... conscientes, y así lo habíamos discutido en base a nuestra experiencia acumulada en la lucha estudiantil desde 1952, que esto sería el factor decisivo para el éxito del movimiento. Así lo entendió Echeverría y así lo entendíamos todos. José Antonio, como jefe asumió esa responsabilidad para posteriormente dirigir todas las acciones desde la Universidad, adonde quedaría establecido el puesto de mando o estado mayor de la operación”.

Por estos días, a los preparativos de la acción se suma la difícil tarea de proteger y garantizar la seguridad de los principales dirigentes del Directorio, especialmente de José Antonio, Faure Chomón, a quien se designa como segundo Jefe del ataque a Palacio, Fructuoso Rodríguez, José Machado (Machadito) y Juan Pedro Carbó Serviá, quienes son afanosamente buscados por las fuerzas represivas. Por eso, como bien ha narrado Julio García Oliveras, se hacía necesario:

“... programar cuidadosamente los movimientos y el traslado de estos compañeros, rotando los lugares de seguridad, tarea esta que requiere los mayores esfuerzos. En esto desempeñan un papel principal las compañeras de la organización. Mery Pumpido es el enlace principal de la sección de acción. Zayda Trimiño atendía una casa en la que se escondían Osvaldo Díaz Fuentes y Abelardo Rodríguez Mederos, a la vez que servía de enlace entre José Antonio y Fructuoso con el resto del ejecutivo de la FEU”.

En el transcurso del mes de febrero, José Antonio recibió una misiva de Fidel Castro, fechada el 18 de febrero , en la que le describe la situación en la Sierra Maestra y lo insta a acelerar las acciones en La Habana. Esta carta impulsó definitivamente los planes del Directorio de realizar una operación que removiera hasta los cimientos a la dictadura; la cual se estaba consciente de que concentraría todo su poderío contra Fidel y sus hombres.
El 26 de febrero apareció en el New York Times el artículo titulado El viejo orden en Cuba está amenazado por las fuerzas de la rebelión internas, en el que aparecía la entrevista realizada a José Antonio en La Habana, en ese mismo mes y año, por el periodista norteamericano Herbert L. Mattheus , quien había viajado a Cuba con objeto de dar a conocer al mundo los detalles de la lucha que se libraba en la Isla contra el Tirano. Julio García Oliveras fue el encargado de llevar al periodista a un apartamento de la clandestinidad, ubicado en la calle 6 entre 19 y 21, en el Vedado, sitio en el que tuvo lugar la entrevista.
Poco antes, los días 24 y 25 de febrero la opinión pública internacional había conocido, por primera vez, gracias a sendos artículos y a las fotografías publicados por el mismo reportero en el mencionado periódico, que Fidel Casto, a quien pudo entrevistar en este lugar, junto a otros guerrilleros, el 17 de febrero, estaba vivo y lo más importante, los detalles de la existencia en la Sierra Maestra de fuerzas rebeldes bajo su mando.
En el reportaje en el que aparecen las declaraciones de José Antonio, el periodista Herbert L. Mattheus afirmó, refiriéndose a él y a la organización de la cual era Secretario General, que:

“El Directorio de la Federación de Estudiantes Universitarios ha estado huyendo de la policía por muchas semanas, hasta ahora con éxito. Las autoridades lo acusan de complicidad con Fidel Castro, con el que firmaron un pacto en Ciudad México.
(...)
A través de contactos clandestinos me fue posible reunirme secretamente con cinco miembros del Directorio, incluyendo a su líder José Antonio Echeverría, el cual es el más buscado de todos por la policía, y por lo tanto, tiene considerable fama en estos momentos en Cuba.
Sus amigos lo llaman El Gordo, pero él en realidad es solamente de fuerte complexión, fresco, apuesto, con pelo ondeado prematuramente pintado con canas . Tiene veinticuatro años y es estudiante de Arquitectura”.

En la entrevista concedida a Mattheus, que sepamos la última que José Antonio dio a un medio de prensa , el líder estudiantil explicó, luego de que el periodista afirmara que el Directorio tenía el sólido apoyo de la masa estudiantil y que no buscaba obviamente un interés particular en la lucha contra la Dictadura, el carácter clandestino de los enfrentamientos revolucionarios y ofreció detalles de la estrategia seguida por el movimiento estudiantil cubano en su constante oposición al Tirano. Al respecto, el periodista escribió:

“El señor Echeverría dijo que los estudiantes estaban activos en la resistencia, lo cual puede decir o no que estaban tomando parte en la colocación de las bombas y en los sabotajes. Los estudiantes, dijo, se unirán a un movimiento serio de resistencia, pero mientras , esperan la oportunidad de salir a la calle y unirse a la revolución, si se produce. Aceptan que no están en posición de iniciarla.
(..)
Su conversación estaba llena de frases tales como: Los estudiantes cubanos nunca han temido a la muerte; estamos acostumbrados a la lucha clandestina. Esto es cierto”.

A finales de febrero, gracias a la intensa labor desplegada desde el mes de enero por miembros del Directorio Revolucionario, bajo la dirección de José Antonio, se había logrado agrupar en casas y apartamentos de la capital del país, luego de incontables vicisitudes y tropiezos, a un numeroso grupo de combatientes, quienes esperaban impacientes, con las armas engrasadas, revisadas y listas, el momento de enfrentarse a las fuerzas de la Tiranía.
Para garantizar el éxito de la acción que se gestaba, se organizó minuciosamente una compleja red clandestina y se contaba, además, con un mecanismo que permitía conocer a cada momento donde se hallaba Batista, no sólo a través de la información que aportaban varios compañeros, a quienes se le dio la misión de chequear los movimientos del Tirano y sus principales secuaces, sino también a través de un aparato radio clandestino, el cual captaba permanentemente la señales que emitía la planta de las fuerzas policiales, cuyas claves habían podido ser descifradas gracias a la labor desplegada en este sentido desde 1952 por Jorge Martín, quien fue miembro de la célula del Directorio Revolucionario existente en Radio Reloj, la cual estaba integrada además, por Floreal Chomón Mediavilla, Reinerio Flores, Félix Travieso y Manolo González.
Armando Pérez Pintó, quien trabajó arduamente en las labores de chequeo, en la que intervinieron varios compañeros e incluso, un ex agente del Servicio Secreto de Palacio, quien facilitaba información del movimiento interno del edificio, explicó en 1959 a la revista “Carteles” que su misión era avisar :

“... cuando Batista estuviera en Palacio, (...) para que se produjera el ataque. Esta operación nos exigió meses de preparación. Casi todo el mes de febrero estuvo dedicado al constante chequeo de las entradas y salidas de Batista en Palacio (...). Desde el día 28 de febrero teníamos instalado un sistema de chequeo que seguía a Batista desde que salía de Columbia hasta que llegaba a Palacio. Su máquina venía de Columbia, a toda velocidad, a coger Línea.
(...)
Nosotros llegamos a saber con exactitud cuando venía Batista (...)”.

Como bien ha escrito Juan Nuiry, participante en los hechos, en la parte central de:

“... la Operación Comando, la Casa de los Tres Quilos, como se llamó al Palacio Presidencial, participarían unos cincuenta compañeros; los mismos se encontraban en los apartamentos de la calle 21 entre 22 y 24 en el barrio de El Vedado. Los que participaron en la toma de Radio Reloj nos distribuimos en el sótano de una casa en la calle 19 (...); y en un apartamento situado en la calle 6 entre 19 y 21, ambos en el Vedado. El propósito era atacar antes del 10 de marzo”.

Por estos días, se organizó también una segunda operación, que debía fungir de apoyo al asalto al Palacio Presidencial. Sin embargo, como bien ha apuntado Faure Chomón Mediavilla, por incapacidad e inescrupulosidad política de Ignacio González, su responsable :

“... se introdujeron elementos indeseables en su dirección. Como no cumplían con los requisitos (...), una vez detectados provocó que José Antonio Echeverría diera la orden de paralizar la operación que se venía desarrollando, lo cual cumplí e informé a Carlos (Gutiérrez Menoyo).
La medida de José Antonio era ejemplarizante y aunque aún no se había desconcentrado el armamento hacia los lugares de donde debían partir las agrupaciones de combatientes, ya habían comenzado movimientos iniciales en que el arsenal va dejando de ser un secreto total, lo mismo que partes del plan comienzan a conocerse por los que van a dirigir. Aunque estaba instruido no informar a nadie hasta que todos los combatientes estuviesen acuartelados, era posible que en la segunda operación toda la oficialidad a sustituir por los propios errores de su jefe, tuviesen la información antes de lo ordenado. No obstante esto, se aceptó la proposición de Carlos (Gutiérrez Menoyo) de continuar la marcha del plan sin sustituir a nadie. Él estaba de acuerdo con la razón por la que se había ordenado parar las tareas organizativas y cambiar los jefes de la segunda operación. Estaba seguro que eran capaces de delatarnos con la policía para frustrar la ejecución de nuestro plan y así mantener sus falsos prestigios incólumes”.

Durante el encuentro con José Antonio para discutir tan delicado asunto, Carlos Gutiérrez Menoyo, afirma Faure Chomón Mediavilla:

“Argumentó que mientras estuviese de jefe de la segunda operación Ignacio González, éste no lo dejaría solo en el interior de Palacio. Y que por mucho que fallara su capacidad de dirección, y no actuaran sus oficiales cuestionados, él entendía que con una tercera parte de los hombres y armamentos asignado a esta segunda operación era suficiente para asegurar la toma de Palacio, lo cual era cierto. A partir de ese momento incluí en mi comisión a Armando Pérez Pintó, revolucionario probado que habría de tener la responsabilidad del chequeo físico de Batista y con el leal y eficaz Domingo Portela Placeres ayudar en lo que pudiesen al jefe de la segunda operación el día de las acciones combativas”.

Faure Chomón Mediavilla, cumpliendo instrucciones de José Antonio, se entrevistó por estos días con el destacado combatiente revolucionario Marcelo Salado para tratar de lograr el apoyo de los miembros del Movimiento 26 de Julio de la capital a las acciones que se preparaban; ya que tanto el Gordo como Faure Chomón y otros compañeros estaban convencidos de que, de tener éxito el plan que se fraguaba, se necesitarían miles de combatientes para continuar la lucha en la capital.
En otro orden de cosas, según Julio García Oliveras, Jefe de la acción que conduciría a la toma de Radio Reloj, al comenzar a planearse la mencionada operación, sus primeros pasos:

“... fueron dirigirme a la estación para realizar el necesario reconocimiento. En compañía de Floreal (Chomón, locutor de la planta, hermano de Faure y Jefe de la célula del Directorio que existía en la emisora) recorrí la cabina de transmisión, los pasillo, los accesos, escaleras y elevadores, tomando cuidadosamente el tiempo de cada movimiento. Un punto importante era la cabina de master – control que se encontraba a la entrada del piso de la estación y que regulaba todas las emisiones que se producían en la CMQ. Había que poner especial atención a su vigencia durante el operativo.
Sobre la base de estos datos preparamos el plan de acción para la realización del llamado radial. Al mismo tiempo se elaboraban los textos de las informaciones que iban a ser trasmitidas. Estas se componían de tres elementos fundamentales: una primera sección de noticias anunciando el ataque a Palacio; otra sección, para desinformar y crear confusión entre los batistianos, con noticias supuestamente originadas en el campamento militar de Columbia (hoy Ciudad Libertad), informando acerca de los movimientos entre los militares. Y, finalmente, la alocución de Echeverría anunciando la muerte del tirano y llamando al pueblo a unirse al movimiento. Los originales, que copiaban exactamente el estilo utilizado por los periodistas que cubrían estos sectores, e incluso utilizaban sus nombres, fueron redactados inicialmente por Samuel Biniakonski, estudiante de Arquitectura y hasta esos momentos jefe de propaganda del Directorio. Después creo que fueron arregladas o modificadas en parte por Enrique Rodríguez Loeches.
(...)
En medio de aquellas noticias se nos quedó metido un anuncio de bacalao de Noruega (...). Para esta emisión revolucionaria no hubo ni director ni oportunidad para ensayar. Estos eran aspectos que no nos preocupaban en aquellas condiciones”.

Según confesó Floreal Chomón Mediavilla a Miriam Zito, fue él quien recopiló, previo a los días en que se produjo el ataque a Palacio y la toma de Radio Reloj, boletines de noticias viejas radiadas por la emisora, para que:

“ ... Wanguemert (José Luis Gómez), que era estudiante de periodismo, examinara el estilo de redacción e hiciera similares, para darle entrada a la locución de José Antonio. Por eso, el boletín que entrega José Antonio a Héctor de Soto ya observa el carácter y el tiempo de la emisora, es decir, texto de ocho líneas que hacen el medio minuto. También se hace referencia a Luis Felipe Brión, en la vida real destacado en Columbia, lo que le imprime mayor veracidad”.

Para llevar adelante la acción de Radio Reloj, se seleccionaron 17 compañeros y unas 50 armas, incluyendo pistolas, ya que el grueso del armamento disponible se destinó al asalto al Palacio Presidencial. Se disponía además de 4 automóviles: el histórico Oldsmovile 88 negro de la Sección de Acción del Directorio Revolucionario, el cual había participado en numerosas acciones contra la Tiranía; un convertible propiedad de Carlos Figueredo (el chino Figueredo); un Ford 57 alquilado, de color rojo y crema, que tenía un potente motor V – 8 y que fue destinado a José Antonio y un Chevrolet 52, ocupado revolucionariamente en el parqueo del Hospital de Emergencias.
El plan ideado por Julio García Oliveras, cuyos detalles fueron discutidos y consultados por él con Faure Chomón Mediavilla, antes de presentárselo a José Antonio, Fructuoso Rodríguez y Joe Westbrook para ser discutidos luego, con el resto de los combatientes que participarían en la acción, fue el siguiente:

“Como puntero iría el Oldsmovile con Castelló (Humberto) manejando, Enrique Rodríguez Loeches y los estudiantes Aestor Bombino, Pedro Martínez Brito y José Assef. Los dos últimos armados de pistola, bajarían los primeros al llegar a la puerta de la CMQ en M, para controlar el vestíbulo y la entrada del elevador y la escalera, protegiendo la llegada de José Antonio. El primer auto, con el resto de los compañeros seguiría por M hasta llegar a 23 y cerrar la calle. Esta sería la posición más crítica por el posible acceso de los patrulleros de los cuerpos represivos por la calle 23. Por lo tanto, la misión asignada comprendía vigilar esta calle en las dos direcciones y en caso de ver aproximarse los carros de la policía abrir fuego a distancia, a fin de detenerlos y mantener abierto el cruce para M para el paso de José Antonio. Para este carro asignamos un M – 1 para Bombino, uno para Rodríguez Loeches y una Thompson para Castelló, a pesar de la protesta de José Antonio que insistía en llevar nuestra única Thompson .
Durante todos los años pasados – ha afirmado en este valioso e imprescindible testimonio Julio García Oliveras – he lamentado esta decisión mía, basada en supuestas necesidades combativas. Y digo supuestas, porque ese día los temidos patrulleros batistianos no aparecieron como estaba calculado en los planes.
El segundo carro de la columna sería el Ford con José Antonio, Fructuoso (Rodríguez) y Joe Westbrook como acompañantes y protección, componentes del Ejecutivo del Directorio. Echeverría con una pistola Star de ráfagas, Fructuoso con una máuser y Joe con una M – 1. Al llegar a la puerta de la CMQ Figueredo (Carlos) al timón con una pistola y Otto Hernández con una subametralladora Halcón quedarían de guardia en la calle, mientras José Antonio penetraba en la estación acompañado de Fructuoso y Joe, más Assef y Martínez Brito que se unirían en el vestíbulo.
Para cerrar la columna – afirma Julio García Oliveras – iría yo con un M – 1 y una Star, Ñico (Antonio) con un fusil Johnson, Héctor Rosales y Mario Reguera con sendas pistolas, así como Juan Nuiry al timón. Nuestra misión al llegar a CMQ era cerrar la calle en la esquina de M y 21, donde está el restaurante La Roca, impidiendo el acceso de cualquier auto batistiano pero dejando despejada una posible salida por 21, en dirección al hotel Nacional y, por M hacia 19, ante la posible necesidad de un retroceso del auto de José Antonio si la situación de la calle 23 se complicaba, como pensábamos que podía ocurrir. Mi objetivo central al ocupar el último carro era cubrir la retirada de José Antonio y apoyarlo en el recorrido hasta la Universidad en caso de cualquier eventualidad”.

Según José Assef , José Antonio y él habían pasado a finales de febrero, más o menos dos semanas antes del 13 de marzo, a vivir: “... solos al apartamento de 19 (entre B y C). Nos llevó Faure (Chomón Mediavilla) y era la única visita que recibíamos en horas de la noche”. Con anterioridad, ha afirmado el ya citado combatiente, habían vivido también, en el apartamento No. 8 “... en el edificio de 21 esquina a 24 donde radicaba el cuartel general” junto a Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón, Leoncio Llera, Osvaldo Díaz Fuentes y Abelardo Rodríguez Mederos.
El apartamento de 19 entre B y C era visitado también con frecuencia por Fructuoso Rodríguez y por Julio García Oliveras. Este último lo ha descrito como un lugar:

“... absolutamente cerrado por razones de seguridad, y allí vivimos una tensión grande que precedió al ataque a Palacio. Hubo reuniones, intercambios, entrada de armas. En esos días prácticamente no dormimos. A la vez, teníamos una gran decisión y no exagero si afirmo que había un gran entusiasmo, porque al fin íbamos a cumplir la misión que se nos había encomendado”.

En aquel sótano de la calle 19, afirma Assef, fueron:

“... terribles aquellos días de soledad. José Antonio era asmático y el asma no lo dejaba conciliar el sueño . El frío en aquel sótano era mortal para él. Poseíamos una sola cama. Él siempre quería darme la camita y yo, que él la cogiera. Acabamos por dormir los dos en el suelo , porque él no la cogía y yo mucho menos. En todo ese tiempo hicimos dos o tres salidas, siempre enmascarados, quiero decir, José Antonio con bigote y gorra como si fuera un guaguero. José Antonio se sentía molesto con él mismo. Su palabra empeñada de hacer una acción que coincidiera con el desembarco: eso lo atormentaba y tenía una preocupación grande. Porque son pocos los jóvenes que a esa edad, pensaran con esa proyección y esa profundidad. Y un hombre de las condiciones de él, cuando empeña una palabra no es fácil convencerlo.
Muchas veces yo le aconsejaba: Gordo, tranquilízate, en cualquier momento podemos salir.
Entre los dos se estableció una hermandad. Conversamos mucho, incluso de cosas muy personales. Recuerdo que una vez, en altas horas de la noche, él me ve pensando y me pregunta: ¿En qué estás pensando?. Y yo le respondo: En mis padres, chico. ¿Y tú?, le digo. Yo, en María Esperanza”.
“- Gordo, las mujeres siempre se olvidan ... en dos o tres días ya no se acuerdan de uno.
Pero ella es distinta. Si me matan , ella va a estar llorándome toda una vida”.

Por eso, quizás intuyendo, como otros muchos héroes y mártires de nuestra historia patria, que su final estaba cerca, poco después de trasladarse al referido apartamento clandestino de 19 entre B y C, José Antonio le pidió a su amigo y compañero de luchas Julio García Oliveras que:

“... fuera a buscar a María Esperanza, su prometida, para lo que sin duda sería un acto de despedida. No la había visto en cuatro meses, desde el 27 de octubre, la noche de la acción de Blanco Rico, cuando nos separamos de Carbó (Juan Pedro) en L y 25, que fue a visitarla para después pasar definitivamente a la clandestinidad.
En las últimas semanas, lo había acompañado también una noche a ver al profesor de Arquitectura, Aquiles Capablanca. José Antonio quería que él informara a la dirección de la Universidad, acerca de la decisión tomada de iniciar ya la guerra revolucionaria contra Batista y la de clausurar la Universidad, según lo acordado por el Directorio.
Pocos días antes del 13, nuevamente salimos una noche hasta la casa de la compañera Berta Hernández en la calle Mayía Rodríguez. Ella era una estudiante de Pedagogía en la Universidad, muy cercana a José Antonio, que lo había ayudado siempre en sus actividad como presidente de la FEU, preparando discursos y declaraciones. Sin duda, se trataba de otra despedida”.

La destacada luchadora clandestina María de los Ángeles Pumpido (Mery), quien permaneció en el apartamento donde radicaba la célula central hasta el 10 de marzo, ha narrado que en una de las visitas que realizó por estos días José Antonio al lugar, sentados ambos en el comedor, ella le preguntó al líder estudiantil:

“Gordo ¿tú crees que lo que vamos a hacer dé resultados?. Mira, Mery, yo creo que sí, por no decirte que estoy seguro, por la forma en que está organizado. Si triunfamos, desestabilizamos al régimen. Las acciones posteriores van hacer que las fuerzas del ejército vengan hacia La Habana y con eso se puede generalizar la lucha en toda la Isla. Además, tú sabes que tenemos un compromiso con Fidel. Tú sabes que nos comprometimos a hacer una acción y no lo pudimos hacer por no contar con armas suficientes. Y ese compromiso hay que cumplirlo.
Estuvimos hablando mucho. Ese día hablamos mucho. Yo me quejé con él de que no me permitían ir a Palacio, y él me ratificó que yo era más útil en la ciudad, pues ocurriera lo que ocurriera, podía con mis contactos, con mis relaciones, volver a estrechar lazos y reestructurar de nuevo el Directorio, si era necesario, dado mis conocimientos de todos los enlaces.
Entonces, él con su modestia innata, me contesta: Mery, no te quejes. Tú sabes bien que yo también quiero ir al ataque a Palacio pero mi misión es Reloj.
Tuve que fundamentarle lo que todos ya le habían conversado, que tomando en cuenta sus actitudes de líder, su voz, su fuerza en el llamado, era la persona indicada para arengar al pueblo”.

El 10 de marzo, aprovechando que el 26 de febrero la tiranía había levantado la censura de prensa, la revista Bohemia publicó, con ligeras variaciones, bajo el título de Facción estudiantil acusada, el artículo en el que aparecía la entrevista concedida por José Antonio al periodista norteamericano Herbert L. Mattheus, la cual, como ya hemos apuntado, había sido reproducida días antes por el New York Times.
En el reportaje, Mattheus refirió que las fuerzas policiales aspiraba a sacar de circulación al Gordo y a sus compañeros de luchas y agregó que, durante su visita a La Habana, había contactado también con el Dr. Clemente Inclán, Rector de la Universidad, quien estaba temeroso de reanudar las clases en la alta Casa de Estudios.
Previendo la celebración batistiana del quinto aniversario del golpe de Estado del 10 de marzo, los implicados en las acciones que se preparaban, habían estado en alarma de combate desde el día 9 de marzo. Tres días después, el 12, afirma Armando Pérez Pintó, recibió el aviso de que Batista:

“... se encontraba en marcha. Eran las cinco en punto de la tarde. Lo esperamos. Yo personalmente lo esperé y lo vi entrar en Palacio. Su automóvil pasó a un metro de distancia mío. Enseguida situé convenientemente a los distintos compañeros para que me reportaran si volvía a salir mientras yo, (...) hacía llegar la noticia al Cuartel General”.

En el apartamento de la calle 21 se recibe el aviso:

“Son casi las seis de la tarde. Todos están esperando la orden de arrancada. Todos.
Carlos (Gutiérrez Menoyo) le pregunta a Faure (Chomón Mediavilla): ¿Vamos?.
Previsor, Faure le recuerda la hora que es, le alerta que la noche los sorprenderá, y que será un factor adverso, desconocedores del terreno donde van a combatir. El pueblo, además, a esa hora se mantiene ya en sus casas.
Carlos reflexiona y asiente. Y mentalmente se preparan para atacar a la mañana siguiente.
A los hombres en tensión se les da la orden de dormir con el aviso que: mañana será el día”.

El 12 de marzo Joe Westbrook llamó a Carlos Figueredo Rosales, El Chino Figueredo y le dijo:

“Tienes que ir a 25, cerca de la Universidad. Te sientas en el sillón de limpiabotas a eso de las dos y treinta de la tarde, que te va a recoger una persona. Tú lo vas a conocer en cuanto lo veas. Lleva zapatos de hebilla y ropa dura. Ya con eso yo sabía – ha narrado el propio Figueredo – la envergadura de la misión. Me recogió Enrique Rodríguez Loeches, a quien reconocí inmediatamente.
Fuimos al apartamento de 19, allí estaban José Antonio y Fructuoso (Rodríguez). De ahí me llevaron para el otro apartamento donde había fusiles y una ametralladora. Me entregaron una pistola 45, porque la mía yo se la había entregado a Cheo Briñas. Es en ese momento que me dicen la misión, es decir, que yo iba a manejarle a José Antonio”.

La decisión de darle esta misión a Carlos Figueredo fue consecuencia directa de la deserción de El Michi, un pistolero que estuvo muy cerca de Carlos Prío Socarrás y otros auténticos, al cual se le había asignado la misión de manejarle al Gordo. Según narraron los periodistas Manuel H. Lagarde y Amado del Pino, a partir de los recuerdos de Rolando Bezos y José Assef, el Michi fue el escogido porque tenía fama de:

“... ser buen chofer, de tirar con la izquierda y con la derecha. Pero así y todo a El Moro (José Assef) nunca le ha parecido un buen tipo. Si no fuera porque El Gordo mandó a buscarlo, por el afecto que siente por él. El Moro nunca hubiera contado con El Michi. Al Moro le parece que el Michi en cualquier momento puede disparar también por atrás”.

Lamentablemente, el olfato de combatiente clandestino no defraudó a José Assef. Una noche, a poco más de 24 horas de la ejecución de las acciones que se preparaban, estando ya junto a él y al Gordo, refugiados en el sótano de 19, El Michi y Pedro Martínez Brito, a quien apodaban El Pájaro Loco; este último se le echó prácticamente encima a El Moro, quien comenzaba a encontrar el sueño, diciéndole:

“ - Oye, mira ver Moro, que esta puta se quiere ir – Martínez Brito estaba excitado.
El Moro se interpuso entre los dos hombres:
- ¿Qué es lo pasa chico ? – el Moro se dirigió al Michi que le mostraba los pedazos de sus gafas.
- Se me rompieron los espejuelos – en la voz se le notaba el nerviosismo – Se me cayeron.
- Tú lo que eres un maricón – le dijo El Moro en un susurro – Como único tú sales de aquí es pasándome por arriba ... Tú no vas a ir a la acción pero vas a tenerte que aguantar aquí hasta mañana.
- Mira, Moro, - le rogó El Michi – llama al Gordo.
El Moro valoró un segundo el aprecio del Gordo por El Michi. Le dolía tener que despertarlo la única noche en que el asma le había permitido dormir. Pero no quedaba más remedio.
El Michi le hizo la historia de nuevo a El Gordo. Qué querían, sí había sido un accidente.
- Yo vi cuando tú rompías los espejuelos – El Pájaro Loco hizo un gesto agresivo y el Michi dio un paso atrás, quiso decir algo pero las palabras se le trabaron en los labios.
- Se te rompieron los ... – dijo El Gordo.
- -Mira, Gordo, yo te juro.
- A mí no me jures nada, Michi. No me jodas, que te acobardaste. Mira, Michi, yo sé que si tú sales por esa puerta no vas a virar. Si tú todavía me aprecias algo, lo único que te voy a pedir es que te aguantes esa boca por veinticuatro horas. ¡A tú casa a buscar otros espejuelos!. ¡No me la pongas en el techo, Michi!.”.

Unas horas después:

“La fuga: Los zapatos de Michi – de suela amarilla y gruesa – pueden estar corriendo hacia lo peor, cuando el chirrido de las gomas de un camión son la única expresión de la noche. ¿Qué fue eso?. ¿Un carro que iba voláo o los zapatones del Michi . Los tres están gozando a la vez con el mismo equívoco y la risa hay que aguantarla a flor de labios con la mano para que no escape del sótano. La risa, poco a poco, se va acallando. La habitación se llena del silencio de la noche. Esta, como las anteriores, tampoco se va a poder dormir (...)”.

El 13 de marzo, luego de precisar a las 11: 00 a.m., con absoluta certeza, que Batista seguía en Palacio , se dio la orden definitiva: esa misma tarde, simultáneamente y tal como estaba previsto, se asaltaría el Palacio Presidencial, en donde el Tirano permanecía desde el día anterior, y la emisora Radio Reloj. Carlos Gutiérrez Menoyo, que había ocupado la jefatura militar superior tras la muerte de Daniel Martín Labrandero y que además, era el Jefe del comando que asaltaría el Palacio Presidencial, orientó a Julio García Oliveras que debían iniciarse la alocución de José Antonio por Radio Reloj 15 minutos después de que el resto de los combatientes salieran hacia Palacio.
Pocas horas antes de que se llevaran a cabo las acciones de ese día, José Antonio, presintiendo quizás la cercanía de la muerte, a la que todos se exponían, redactó su Testamento Político, documento dirigido al pueblo de Cuba, en el que afirmó:

Hoy, 13 de marzo de 1957, día en que se honra a los que han consagrado sus vidas a la digna profesión de Arquitecto para la que me preparo, a las tres y veinte minutos de la tarde, participaré en una acción en la que el Directorio Revolucionario ha empeñado todo su esfuerzo, junto con otros grupos que también luchan por la Libertad.
Esta acción envuelve grandes riesgos para todos nosotros y lo sabemos. No desconozco el peligro. No lo busco. Pero tampoco lo rehuyo. Trato sencillamente de cumplir con mi deber.
Nuestro compromiso con el pueblo de Cuba quedó fijado en la Carta de México que unió a la juventud en una conducta y una actuación. Pero las circunstancias necesarias para que la parte estudiantil realizara el papel a ella asignado no se dieron oportunamente, obligándonos a aplazar el cumplimiento de nuestro compromiso.
Creemos que ha llegado el momento de cumplirlo. Confiamos en que la pureza de nuestras intenciones nos atraiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra Patria.
Si caemos que nuestra sangre señale el camino de la libertad, porque tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo.
Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo, por eso este manifiesto, que pudiera llegar a ser un testamento, exhorta al pueblo de Cuba a la resistencia cívica, al retraimiento de cuanto pueda significar un apoyo a la Dictadura que nos oprime, y a la ayuda eficaz de los que están sobre las armas por la libertarlo. Para ello es preciso mantener viva la fe en la lucha revolucionaria aunque perezcamos todos sus líderes, ya que nunca faltarán hombres decididos y capaces que ocupen nuestros puestos, pues, como dijera el Apóstol, cuando no hubiera hombres se levantarían las piedras para luchar por la libertad de nuestra Patria.
A nuestro compañeros, los estudiantes de Cuba, les pedimos que se organicen, ya que ellos constituyen la vanguardia de nuestra lucha, y a las Fuerzas Armadas que recuerden que su misión es defender a la Patria, no someter hermanos, y que su puesto es el del Ejército Mambí, que peleaba “POR LA LIBERTAD DE CUBA”, como terminan sus escritos.
¡VIVA CUBA LIBRE!
La Habana, 13 de marzo de 1957.
José Antonio Echeverría

Fructuoso Rodríguez, Juan Nuiry, Mario Reguera, Carlos Figueredo, Antonio Guevara (Ñico), Héctor Rosales, Armando Hernández y Lorenzo Morera, quienes participarían junto a José Antonio en la toma de Radio Reloj, se hallaban acuartelados desde hacía varias semanas en un apartamento ubicado en la calle 6 entre 19 y 21, en El Vedado. Entre ellos, se encontraban no-solo algunos de los dirigentes estudiantiles más buscados por la policía de Batista sino también muchos de los que se habían destacado durante en las acciones emprendidas contra la Tiranía desde el 10 de marzo de 1952.
En horas de la mañana del 13 de marzo visitaron al Gordo y a sus compañeros, en el refugio clandestino de la calle 19, Enrique Rodríguez Loeches y Humberto Castelló para comunicarle la noticia de que “... el Indio (Fulgencio Batista) sigue en Palacio y que acaban de quitar la barrera de las calles adyacentes del edificio presidencial puestas allí para que los motores de los autos no perturben el sueño del Mulato, del hijo deputa. Y que ya no hay más nada que esperar que la muerte o él triunfo” . Al mediodía Faure Chomón Mediavilla visitó también a José Antonio, con objeto de darle el último parte de los preparativos de las acciones que se ejecutarían ese día. La ocasión fue propicia para que Echeverría le preguntara a su amigo y compañero de luchas sobre su:

“... opinión final sobre la situación de la segunda operación. Le contesté que estaba seguro no se llevaría a cabo en ninguna de sus partes. José Antonio decidió, y así me lo hizo saber, que una vez cumplida la misión de hablarle al pueblo por Radio Reloj y dejar establecido un grupo en la Universidad se trasladaría para el Palacio a fin de dirigir directamente aquella operación”.
“Cuando me retiraba después de habernos dado un fuerte abrazo, me dijo: ¡Yo no te dejo solo!”.

El 13 de marzo, a las 2:46 p.m. partió el comando que atacaría el Palacio Presidencial en el camión Fast Delivery así como los dos autos del lugar de acuartelamiento de los combatientes, ubicado en la calle 21, en el Vedado. Detrás de ellos salió Julio García Oliveras con rumbo a la calle 6 entre 19 y 21 en donde se encontraban, como ya hemos dicho, el primer grupo de combatientes que tomarían parte en la toma de Radio Reloj. Desde allí, Armando Hernández y Lorenzo Morera salieron de inmediato hacia la Universidad.
Juan Nuiry, a quien le tocó la misión, como ya hemos dicho, de manejar uno de los tres autos que debía participar en la acción, ha afirmado, que en este grupo de compañeros, en vísperas de producirse los acontecimientos: “Se daba por sentado que en aquel momento no cabía ni la indecisión ni la vacilación, aunque sí estábamos llenos de grandes preocupaciones, pues no desconocíamos los riesgos de la empresa, ni de la responsabilidad antes de la propia acción, como las consecuencias derivadas de la misma”.
Por eso, “... la llegada de Julio García Oliveras con la noticia definitiva de entrar en acción, aunque esperada, fue un momento inenarrable. La orden y ejecución fueron una misma cosa. Era necesario pensar y actuar con serenidad y rapidez”. Sin perder un minuto, los combatientes comenzaron a trasladar todo el material bélico desde los apartamentos en que se encontraban a buen resguardo hasta los automóviles que se utilizarían para tomar la conocida emisora radial. Juan Nuiry recordó en su libro: ¡Presente!. Apuntes para la historia del movimiento estudiantil cubano que:

“... tomé un star de ráfaga y dos granadas. Fructuoso (Rodríguez) estaba eufórico con una pistola máuser que no cesaba de mostrar. De nuestro pequeño cuartel en la calle 6, nos dirigimos al sótano de la calle 19 entre C y D , también en el Vedado, donde se encontraba José Antonio ; desde allí saldrían definitivamente hacia la acción, los tres autos de la Operación Radio Reloj. Un cuarto carro iría directamente hacia la Universidad de La Habana con el grueso de las armas manejado por Armando Hernández.
El trasladar las armas a los autos se hacía más complicado, pues la calle 19 era de mucho tráfico y paso de ómnibus.
(...)
Al llegar al sótano de la calle 19, nosotros permanecimos al timón sin apagar el motor; vimos como José Antonio entraba en el automóvil delante nuestro. Los rifles envueltos se transportaban al hombro y de lejos daban la sensación de que se cargaban bates de pelota. El momento era de tensión; cualquier imprudencia podía echar por tierra todo el trabajo realizado. El Gordo (...), con su traje azul marino y un gran bulto sobre sus hombros, pasó frente a nuestra máquina haciéndonos un guiño, seguido de una amplia sonrisa, muy característica en él”.

Resulta interesante destacar que José Antonio, como bien ha narrado José Assef, uno de los compañeros que lo acompañó este día en la toma de Radio Reloj, en el libro Asalto de Miriam Zito, salió del apartamento de 19 entre B y C:

“... tal como era y con el arma en la mano. Digo esto, porque él acostumbraba camuflagearse y vestirse de guaguero, se ponía hasta una gorra y un bigotico, para evitar ser reconocido. También le pintábamos como canitas en las patillas. Pero ese día no. Ese día, repito, sale tal como era. Además, tenía una sonrisa y una felicidad grande en su rostro, porque al fin había llegado la hora de combatir”.

Concluida esta operación, a las 3:10 p.m., los tres automóviles – formando una columna pero guardando las naturales distancias – salieron hacia Radio Reloj, doblando por B para tomar la calle 17 por donde irían hasta M. Los combatientes iban hacia la acción, según Julio García Oliveras le contó a Miriam Zito “... haciendo chistes y riéndonos , tú sabes como somos nosotros los cubanos. Puede parecer una cosa de película, pero así fue, porque todos sentíamos una gran satisfacción interior”.
Durante el trayecto, García Oliveras, quien no se había bajado del automóvil, pendiente como estaba del reloj, y que solamente había visto a José Antonio al salir este del sótano de la calle 19 y montarse en el auto, ha recordado que le pidió durante el trayecto por la calle 17 a Juan Nuiry, quien manejaba el vehículo en que él viajaba que:

“... se adelantara un poco y miré a José Antonio en la ventanilla delantera derecha quien se volvió sonriente. Esta fue la última vez que lo vi.
Aunque pueda parecer extraño, los combatientes veteranos saben que es así, en aquellos momentos con las armas en la mano listos para entrar en acción, sentíamos finalmente una gran tranquilidad y hasta alegría después de muchos meses de tensión. Una virtud o un defecto era que estábamos absolutamente convencidos del éxito de nuestros planes. Y también decididos a entregar la vida. Pero no concebíamos el fracaso o la retirada.
Para José Antonio era sin dudas un momento de real felicidad. Estaba ya cumpliendo con la palabra empeñada en México y sobre todo estaba realizando la acción para la que había luchado de manera permanente durante cinco años. Muchas frustraciones había tenido que sufrir. Ahora estaba seguro de que iba a dirigir un combate que quedaría grabado en la Historia de Cuba, una gesta que marcaría el inicio de la guerra revolucionaria en la misma capital de la República”.

Cada vehículo tenía una misión que cumplir. Así, mientras el que iba en el medio, en donde viajaba José Antonio, se acercaba a la emisora, ante cuya entrada frena violentamente, el que conducía Juan Nuiry se dirigía, tal como estaba previsto, hacia la esquina de M y 21, con objeto de interceptar cualquier carro perseguidora que se acercara al lugar.

“Atravesamos el carro – recordará Juan Nuiry en uno de sus libros – en medio de la calle M y, Julio García Oliveras, que iba a nuestra diestra, nos indicó poner el radio de la máquina en la emisora Radio Reloj. Eran las 3:14 de la tarde. Desde nuestra posición pudimos observar la entrada de José Antonio y sus compañeros en el edificio de Radiocentro”.

Acerca de este momento, Julio García Oliveras ha narrado que:

“... nos bajamos con las armas en la mano, viendo a los otros dos autos delanteros ocupar sus respectivas posiciones.
(...)
Transcurrieron algunos minutos. Oíamos a los vecinos asombrados exclamar: ¡Mira, estudiantes con armas!. Algunos chóferes obstinadamente insistían en pasar y tuvimos que encañonarlos para que al fin desistieran. Por M subía en su auto hacia la CMQ, el actor Carlos Montezuma, conocido como Nico Saquito. No puedo olvidar su reacción al vernos.”.

Del primer carro se bajaron de inmediato José Assef y Pedro Martínez Brito, quienes con pasmosa serenidad se encaminan hacia el elevador, en donde esperaron a José Antonio, el cual, al decir de Humberto Castelló: “ ... se tira de la máquina (...) rojo, excitado. Su llegada a la CMQ fue un espectáculo, porque la gente sabía que cuando él llegaba a cualquier lugar, seguro había combate. Y lo veían con admiración. Eso sucede en cuestión de minutos”.
Cuando José Assef y Pedro Martínez Brito llegan al elevador tropezaron, ha narrado el primero, con:

“... un guardia ahí mismo, a la entrada. José Antonio viene tal cual es y Fructuoso (Rodríguez) también. Joe (Westbrook) viene con un M – 1, Fructuoso con una máuser y José Antonio con su pistola.
No cogemos el elevador y esperamos al Gordo. El guardia estaba en la misma puerta del elevador, José Antonio se abalanza, le dice unas cuantas cosas, lo desarma y se queda con el revólver que coloca en su cintura. Entonces, subimos los cinco a la vez en el elevador.
Cuando llegamos al cuarto piso, me dirijo el master control, que ya conocíamos porque días antes Floreal (Chomón Mediavilla) nos lo había enseñado todo. Hasta hicimos un croquis que yo se lo expliqué a José Antonio y le dije que no iba a ver problemas, que todo estaba bien coordinado. Pongo a Martínez Brito cuidando el elevador para evitar que suba o baje alguien. Mientras José Antonio, Fructuoso y Joe van hacia los estudios.
En el master no hubo resistencia, y coloqué al empleado en la esquina de aquel estudio”.

Fructuoso Rodríguez, quien se había quedado en el pasillo de la estación, en el tramo ubicado entre la cabina de trasmisión y la oficina de la dirección, controla de inmediato con su máuser a Jorge Bourbakis, director de la emisora, al cual conoce por sus frecuentes visitas a la planta para recibir o traer datos. “A pesar de su sentimiento antibatistiano y ser simpatizante de la FEU, Bourbakis – apunta Miriam Zito – protesta en tono airado: ¡Coño, cómo ustedes van a hacerme esto a mí...! ”.
A las 3:21 p.m. José Antonio llegó a la Cabina de trasmisión:

“El micrófono cuelga del techo. De espalda a la doble puerta de cristal de la cabina, que la aísla del ruido exterior, Héctor de Soto lee las noticias, mientras Floreal (Chomón Mediavilla) espera su turno revisando el contenido de los comerciales.
Violentamente abren la puerta y José Antonio entra con su pistola en mano, seguido de Joe Westbrook, que va armado con una carabina M 1. De pie, contra la pared cubierta con un gran mapamundi; Echeverría mantiene el arma en alto apuntando al techo. Sorprendido, el locutor Héctor de Soto no sabe qué hacer ...”.

Aunque Floreal Chomón estaba sobre aviso de lo que iba ha ocurrir, ha confesado que: “ Todo se desarrolló muy rápido. (...) la entrada de José Antonio en la cabina me emocionó. Él mantuvo su arma siempre apuntando al techo”.
Provocados por la irrupción de José Antonio y sus compañeros en la Cabina salen al aire ruidos y voces ajenos a la trasmisión que se estaba efectuando. José Antonio y sus dos acompañantes le entregan a los locutores los partes y noticias redactadas con anterioridad y los conminan a darles lectura, impartiéndoles “... instrucciones precisas, esto es, leer despacio e intercalar los acostumbrados anuncios comerciales. Héctor (de Soto) no entiende que sucede. Con voz casi inaudible pregunta si debe leer. La respuesta no llega, se hace harto elocuente”. Finalmente, a las 3:22 p.m., Héctor de Soto empieza a leer y es seguido por Floreal Chomón Mediavilla:

RADIO RELOJ REPORTANDO, ATACADO EL PALACIO PRESIDENCIAL HACE BREVES MOMENTOS. UN NUTRIDO GRUPO DE CIVILES NO IDENTIFICADOS ABRIÓ FUEGO CONTRA EL PALACIO PRESIDENCIAL UTILIZANDO FUSILES Y ARMAS AUTOMÁTICAS ENTABLÁNDOSE UN FUERTE COMBATE CON LA GUARNICIÓN DE PALACIO. LOS ATACANTES APROVECHANDO LA SORPRESA LOGRARON IRRUMPIR EN EL INTERIOR DEL PALACIO DONDE SE REPORTA QUE EL PRESIDENTRE DE LA REPÚBLICA FULGENCIO BATISTA SE ENCONTRABA DESPACHANDO. HAY NUMEROSAS BAJAS CIVILES Y MILITARES. NUEVOS CONTINGENTES DE CIVILES HAN ARRIBADO AL LUGAR Y SE ENCUENTRAN DISPARANDO SOBRE PALACIO APOSTADOS EN LOS ALREDEDORES continúa RADIO RELOJ REPORTANDO.
Pida legítimo bacalao de Noruega en pencas o en filete, envasados sin espina. En mueble o selección no hay privilegio ni fortuna. Mueblería La Granada, Neptuno entre Belascoaín y Gervasio. ¿Tiene Ud. el gusto joven?. Una tonga de gusto le da Partagás.
RADIO RELOJ REPORTANDO: ATACADO EL PALACIO PRESIDENCIAL HACE BREVES MOMENTOS. UN NUTRIDO GRUPO DE CIVILES NO IDENTIFICADOS ABRIÓ FUEGO CONTRA EL PALACIO PRESIDENCIAL UTILIZANDO FÚSILES Y ARMAS AUTOMÁTICAS ENTABLÁNDOSE UN FUERTE COMBATE CON LA GUARNICIÓN DE PALACIO. LOS ATACANTES APROVECHANDO LA SORPRESA LOGRARON IRRUMPIR EN EL INTERIOR DE PALACIO.
RADIO RELOJ DA LA HORA: 3:22 minutos hora oficial. ¿Tiene Ud. el gusto joven?. Una tonga de gusto le da Partagás el cigarro que gusta más. Aprenda inglés hablando inglés, NUEVO CURSO DE INGLÉS EXCLUSIVAMENTE HABLANDO EN NOBEL UNIVERSITY.
PARTE OFICIAL DEL ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO: NUESTRO REPORTER EN CIUDAD MILITAR LUIS FELIPE BRYON NOS COMUNICA QUE HACE BREVES MOMENTOS CLASES Y OFICIALES DEL EJÉRCITO, MARINA Y POLICÍA REUNIDOS EN EL CUARTEL CABO PARRADO DEL CAMPAMENTO DE COLUMBIA, HAN TOMADO LOS MANDOS DE LAS FUERZAS ARMADAS Y HAN EMITIDO EL SIGUIENTE COMUNICADO OFICIAL: ANTE LA GRAVE CRISIS POR LA QUE ATRAVIESA LA NACIÓN LAS CLASES Y OFICIALES QUE INTEGRAN LOS INSTITUTOS ARMADOS DE NUESTRO PAÍS VELANDO POR EL CUMPLIMIENTO DE SU MÁS SAGRADO DEBER QUE ES LA SALVAGUARDIA DE LA PAZ PUBLICA Y REFLEJANDO EL SENTIDO MAYORITARIO DE SUS MIEMBROS HAN REVELADO DE SUS MANDOS AL GENERAL TABERNILLA Y DEMAS ALTOS OFICIALES ADICTOS AL DICTADOR BATISTA.
Para balancear perfectamente la alimentación nada mejor que el riquísimo Kresto. Casa Arenal ofrece guayaberas de rayas a $3.70. Casa Arenal, Monte 72.
RADIO RELOJ DA LA HORA: 3:23 MINUTOS HORA OFICIAL. CAMEL es sabor, fumando Camel Ud. disfruta del mejor sabor.
Por $0.99 una sábana y tres fundas, Tintorería Palace, FL – 5711.
PARTE OFICIAL DEL ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO: NUESTRO REPORTER EN CIUDAD MILITAR LUIS FELIPE BRYON NOS COMUNICA QUE HACE BREVES MOMENTOS CLASES Y OFICIALES DEL EJÉRCITO, MARINA Y POLICÍA REUNIDOS EN EL CUARTEL CABO PARRADO DEL CAMPAMENTO DE COLUMBIA, HAN TOMADO LOS MANDOS DE LAS FUERZAS ARMADAS Y HAN EMITIDO EL SIGUIENTE BOLETÍN OFICIAL: ANTE LA GRAVE CRISIS POR LA QUE ATRAVIESA LA NACIÓN LAS CLASES Y OFICIALES QUE INTEGRAN LOS INSTITUTOS ARMADOS DE NUESTRO PAÍS VELANDO POR EL CUMPLIMIENTO DE SU MÁS SAGRADO DEBER QUE ES LA SALVAGUARDIA DE LA PAZ PUBLICA Y REFLEJANDO EL SENTIDO MAYORITARIO DE SUS MIEMBROS HAN REVELADO DE SUS MANDOS AL GENERAL TABERNILLA Y DEMAS ALTOS OFICIALES ADICTOS AL DICTADOR BATISTA.
RADIO RELOJ INFORMANDO: EN ATENCIÓN A LOS TRASCENDENTALES ACONTECIMIENTOS QUE SE ESTÁN DESARROLLANDO SE LEERÁ A CONTINUACIÓN UNA ALOCUCIÓN AL PUEBLO DE CUBA POR EL PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN ESTUDIANTIL UNIVERSITARIA Y LÍDER DEL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA.

Mientras los locutores han estado leyendo y se emiten los acostumbrados anuncios comerciales, José Antonio, “Sumamente tenso, desconociendo el ritmo normal de trasmisión (...)” , ha estado manipulando insistentemente las chicharras. “Floreal (Chomón Mediavilla) le hace señas para que desista y pueda seguir leyendo Héctor”.
Desde sus posiciones Julio García Oliveras y otros compañeros esperaban: “Ansiosamente (...) las palabras de José Antonio, hasta que al fin su voz, cargada de emoción, se escuchó por el micrófono”. , dando lectura, luego de que el locutor Héctor de Soto lo presentara, a la alocución que con ese fin había redactado en su refugio clandestino de la calle 19:

¡Pueblo de Cuba! – En estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el Dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio.
Cubanos que me escuchan: acaba de ser eliminado ...

Mientras José Antonio y sus compañeros permanecían en los estudios de Radio Reloj, Julio García Oliveras y Juan Nuiry siguieron atentamente las palabras del líder estudiantil desde la radio del automóvil hasta que, según el último de ellos ha contado, algo desconocido para ellos interrumpió su Proclama al pueblo de Cuba. Nadie les había advertido:

“... que la trasmisión podía ser cortada también en la subestación de Televilla, como realmente ocurrió, a manos de un canalla enemigo. No nos habría sido difícil – ha escrito Julio García Oliveras – con unos pocos hombres armados haber ocupado dicha subestación a fin de garantizar la trasmisión. Pero así ocurren las cosas en la lucha revolucionaria”.

Sobre este asunto se tejieron durante años varias versiones falsas. Sin embargo, Miriam Zito aclaró en su libro Asalto que, mientras la voz altísima y enérgica de José Antonio se escuchaba desgarrada:

“A quince kilómetros de allí, en Arroyo Arenas, un empleado de la planta trasmisora, al recibir una orden, saca la emisora del aire y la proclama queda inconclusa. Durante años una versión muy distinta se da a conocer incluso por la prensa, y se achaca la intercepción a la alteración de un relay inexistente hasta hoy . De la habitación contigua entra Fructuoso, agitado: Gordo, no sigas, te cortaron. Y Echeverría le responde: Bueno, entonces vámonos ...”.

Al respecto, José Assef ha narrado que:

“Todo iba marchando bien hasta que se anuncia la alocución de José Antonio. Y al rato, queda interrumpida. Yo sabía que en el master nadie había tocado nada.
Le mando el aviso a José Antonio. Cuando él se entera, sale como un bólido y sin esperar que yo tire la granada al master, empieza a disparar contra el cristal. Fructuoso (Rodríguez), Pedro (Juan Pedro Carbó Serviá)y Joe (Westbrook) ya han bajado por el elevador.
Yo intercambio unas palabras con José Antonio. Y mi granada que era la que yo tenía que tirarle al master control para que no nos desmintieran, me la quito y se la doy.
Entonces, él, enfático, me dice: Moro, ya yo puedo morirme tranquilo. Vámonos.
Nos vamos con los dos locutores delante (...) con los brazos en alto”.

Uno de ellos, Floreal Chomón Mediavilla, recordó en 1977 que José Antonio, al serle informado que la trasmisión había sido cortada, los conminó a salir de la cabina y que:

“... cuando pasábamos a través de las redacciones de CMQ y de Radio Reloj, por el pasillo, frente al cual estaba el departamento de programas, todos los compañeros nos miraban con los ojos desorbitados, unos de asombro, otros de terror. Al llegar frente al ascensor, Echeverría miró para el master control de la planta y exclamó: ¿yo no te dije que rompieran esto? y con la misma accionó la pistola y le tiró varias ráfagas; esto aparece en una foto donde se ve el cristal del control maestro con varios impactos de bala. Este equipo no estaba situado en la cabina de locución.
Le recordé a José Antonio que era mejor y más rápido bajar por la escalera, porque aquel ascensor era muy lento, además, había mucho tráfico de gente siempre. Entonces dijo: está bien, vamos por la escalera.
Cuando llegamos a la planta baja él y otros compañeros tirotearon la parte superior de la puerta de cristal de CMQ por la calle M.
En medio de la calle había un automóvil con las puertas abiertas esperando a los revolucionarios. Sus ocupantes estaban afuera portando armas largas. Cuando nos acercamos, alguien me dijo que no me podía ir con ellos, que me perdiera. Posteriormente me enteré que habían procedido así porque querían fingir llevarme con ellos desde la cabina de locución hasta la calle, como si fuera un secuestro para no quemarme ”.

Según José Assef al dirigirse al carro en que él había venido:

“(...) José Antonio me gritó: ¡Moro, ven tú conmigo!. Le dije a Pedro Martínez Brito, que estaba cerca, que le dijera a Humberto Castelló y a Enrique Rodríguez Loeches que arrancaran, que José Antonio quería que fuera con él.
(...)
Cuando yo monto en el asiento trasero del auto y cierro la puerta, José Antonio tiene un pie afuera y la puerta suya está abierta todavía. Algo observaba él, pero el chofer del carro arrancó. El grita ¡aguanta! Y al instante yo exclamo: ¡aguanta que matas al gordo!”.

Para los compañeros del Gordo que se hallaban en el exterior del edificio:

“... los minutos – ha afirmado Juan Nuiry - se hacían largos y no veíamos bajar a nadie del edificio, hasta que de súbito observamos descender a nuestros compañeros, pistola en mano; José Antonio fue el último en montar a la máquina; subió a ella casi en marcha, pues unos tiros salían desde la calle 23, frente a la entonces funeraria Caballero. Este incidente nos motivó quedarnos como última máquina, un breve tiempo para repeler la agresión. Luego seguimos por toda la calle M hasta doblar 25 y entrar en la universidad por la calle J . Después se supo que habíamos herido a un policía batistiano”.

Al referirse a este momento de gran tensión, Julio García Oliveras agregó que él, mientras José Antonio hablaba ante los micrófonos de Radio Reloj, contaba los minutos:

“... vigilando con preocupación la posible irrupción de los patrulleros policíacos. Pero todo transcurría sin novedad. Solo algún disparo aislado que luego supe que había sido hecho contra un sargento de la Policía que había penetrado por 23, pasando por delante mismo de Rodríguez Loeches y que Figueredo, desde el segundo carro, había tumbado de un balazo.
Súbitamente la trasmisión se interrumpió. El tiempo pasaba y José Antonio y sus acompañantes no bajaban. No tenía explicación para lo que ocurría y mi inquietud aumentaba ante la posible llegada del enemigo. Al retirarse, José Antonio se dio cuenta que se había abandonado la vigilancia del control – master según se había previsto, y muy disgustado, le hizo varios disparos con su pistola. Minutos después de las 3:31 finalmente salieron a la calle.
Hay que destacar que uno de los cálculos que falló ese día, fue precisamente el de la posible llegada de los patrulleros. Al hacer los planes habíamos calculado – como la variante peor – que según las experiencias de las acciones en la Universidad, la policía radimotorizada se presentaba entre cinco y siete minutos después de haber comenzado nuestras demostraciones. Ese día todo iba a ser distinto, (...) las fuerzas represivas se iban a mantener a la expectativa, en muchos casos estacionando sus vehículos, hasta saber sí Batista había muerto o no.
A pesar de su brevedad , la alocución de Echeverría comenzó a producir el efecto deseado. (...). Pero sobre todo, la emisión radial revolucionaria hizo vacilar a los que apoyaban al régimen”.


Durante los minutos de tensa espera, mientras los compañeros del Gordo esperaban que saliera junto a sus acompañantes del edificio, un sargento de la policía de Batista cruzó por M y 23 sin percatarse de lo que estaba ocurriendo ante sus narices:

“El hombre, que iba pensando en sus asuntos - afirma Julio García Oliveras – no se dio cuenta de nada, pero algún informador oficioso le notificó lo que estaba ocurriendo:
- ¡ Mire sargento, hay hombre armados en esa máquina!.
El del traje azul posiblemente no tenía ganas de pelear pero, puesto en esa alternativa, no le quedó más remedio que desempeñar su papel y se encontró frente al cañón del arma que portaba Rodríguez Loeches (Enrique). El sargento, pese a eso, hizo ademán de sacar su pistola y entonces Carlos Figueredo – sentado desde el asiento de su auto – le hizo un disparo, hiriéndole en una pierna.
Esa fue la única víctima gubernamental de aquel episodio”.

Luego de que un nutrido tiroteo anunciara la salida a la calle de José Antonio y sus acompañantes, se inició la marcha de los carros que habían participado en la operación por la calle M hacia la Universidad. Los tres automóviles, según lo planificado y acordado, debían buscar la calle Jovellar y luego, subir por la denominada 27 de noviembre, al costado de la Colina, para entrar en el recinto por la puerta de J.
Sin embargo, aunque el primer carro y el segundo lograron cruzar la calle 23, el paso del tercero, conducido por Juan Nuiry, se vio interrumpido por una maniobra de un camión concretera que laboraba en la construcción del hotel Hilton, luego Habana Libre. Esto hizo que el chofer arrancara a toda velocidad. No obstante, asegura Julio García Oliveras, quien viajaba en el mismo:

“... el carro de José Antonio ya se había perdido de vista. Nuiry, (...) al llegar a 25 dobló a la derecha sin poder evitarlo. Comenzaban así a producirse problemas imprevistos que traerían graves consecuencias.
Nada se le podría criticar a Nuiry. No era militante del Directorio, pero había aceptado participar en nuestra acción combativa obedeciendo a los lazos de leal amistad que le unían a José Antonio. Por otra parte, no le faltaron razones para aquella imprevista maniobra. Al iniciar la retirada desde la CMQ, yo que viajaba detrás de él en el auto había tratado de romper el cristal trasero (...) de un culatazo de mi carabina M – 1 (...). El cristal resistió el golpe pero la carabina disparó a la vez que botaba el extractor, el disparo pasó muy cerca de la cabeza de Nuiry. Eso, obviamente, se sumaba a la gran tensión que teníamos todos”.

Enrique Rodríguez Loeches, quien mandaba el primer automóvil, decidió sobre la marcha no regresar a la Universidad por la ruta acordada. Por tal motivo, siguió hasta la calle San Lázaro con vistas a doblar para entrar por la escalinata. Este recorrido se había orientado, insistentemente, por Julio García Oliveras que no se hiciera porque, en primer lugar, esta era la ruta habitual de los patrulleros cuando se dirigían hacia la Universidad y, en segundo, porque había que abandonar los autos para poder entrar por allí. Así se produjo el segundo imprevisto. Ambos hechos, provocaron que ambos carros dejaran solo al de José Antonio, el cual sí siguió la trayectoria acordada.

“Desesperado ante el desvío, – ha explicado Julio García Oliveras - le pedí a Nuiry que acelerara al máximo. Por un momento pensé que podíamos doblar por L hacia la Universidad y unirnos a José Antonio. Pero L, en aquellos días tenía tránsito en las dos direcciones y la calle estaba prácticamente bloqueada por autos y guaguas. Al llegar a la esquina de L tuvimos que hacer varios disparos al aire para lograr que los vehículos se apartaran y atravesar, dando gritos de ¡Abajo Batista! ante el asombro de la gente. Reanudamos rápidamente la carrera por 25 hasta doblar por J hacia la Universidad. Ya frente a la entrada, de pronto, vimos que venía un carro de la policía, que desde la puerta del Calixto marchaba sin mucha velocidad en dirección al hotel Colina. Yo, que estaba sentado detrás del chofer, al pasar el patrullero hacia la izquierda de nuestro auto, le hice varios disparos con la Star, hasta darme cuenta que había vaciado el cargador. Con la pistola descargada y el M – 1 roto, me invadió una gran intranquilidad y me quedé con la vista fija en el patrullero, para ver si este se detenía o retrocedía para hacernos frente. Estoy seguro de que esos esbirros habían oído las noticias en su radio y que aquel tiroteo los había puesto en alerta para lo que sucedería inmediatamente después”.

El auto en el que viajaba José Antonio, conducido por Carlos Figueredo, fue el único que siguió la ruta planeada al tomar, según relató el propio chofer, por:

“... M hasta Jovellar, atravesamos la calle L y al pasar junto al costado de la Universidad nos enfrentamos con un carro perseguidor. Como teníamos órdenes de obstaculizar cualquier refuerzo que acudiera al Palacio Presidencial, detuvimos el auto en medio de la calle, chocando de frente, con la perseguidora. Casi simultáneamente al choque, yo disparé contra la perseguidora y recibimos una ráfaga de ametralladora que atravesó en línea oblicua nuestro parabrisas. Nadie fue herido de bala. Agachados descendimos del auto por la derecha.”
Figueredo ha ofrecido otros testimonios similares, pero que aportan nuevos detalles, al afirmar que cuando llegó a Jovellar, conduciendo el auto en el que viajaba José Antonio, vio que:

“.. el carro de vanguardia rebasa Jovellar y sigue recto, debido, al parecer, al tráfico cerrado.
Yo doblo por Jovellar. Miro para adelante a ver que pasa, observando también el carro escolta que viene detrás. Me quedé solo. Yo tengo el control del carro, porque los muchachos van gritando sin atender al tránsito. Tengo que cuidar a José Antonio, pienso enseguida, y llegar al punto de destino sin problemas. Cubrirme lo mejor posible.
Cuando llegamos a L había tremendo tranque, pero los ómnibus se quitan. Yo paso veloz y al doblar por la Colina veo venir al perseguidor por el costado de la universidad. Venía bastante rápido. Yo sabía que ellos traían ametralladoras alante y atrás. Aguanto la velocidad, tiro un timonazo, freno y chocamos de frente. Ellos tiran una ráfaga que atraviesa el parabrisas.”
“Los cristales me hieren en la frente y me tiro en el suelo”.
“Fructuoso (Rodríguez) exclama una mala palabra y ordena tirarse a tierra.
Cuando caigo al piso veo a José Antonio corriendo hacia el patrullero, apuntando al tipo que está atrás”.
“Fructuoso Rodríguez me da un piñazo y me baja del carro. Yo tenía la pistola abierta sin balas en el peine. Veo que José Antonio en vez de correr hacia el poste, como nosotros, se abalanza hacia el patrullero”.

Confirmando los relatos anteriores, otro de los ocupantes del vehículo en el que viajaba el Gordo, José Assef, explicó en 1977 al periodista Delfín Xiques y luego, a la periodista Miriam Zito, que en Jovellar, calle por la cual dobló el automóvil:

“... existía, en aquel entonces, una parada de ómnibus donde en ocasiones coincidían más de 4 rutas.
Al llegar a la parada, repleta como siempre, Fructuoso dice: tira un tiro, y yo le digo: para qué, si de todas formas las guaguas no pueden volar.”
“En la misma esquina de M y 27, no se me olvida, había unos cuantos estudiantes, a los que José Antonio arenga y les grita que vayan para la escalinata”.
“Al irse el último ómnibus, nuestro carro emprendió una marcha veloz. Una perseguidora que venía del Hospital Calixto García – en sentido contrario -, chocó con nosotros.
Figueredo (Carlos), Joe Westbrook y Otto Hernández se tiran por el lado izquierdo del carro , hacia la Universidad; Fructuoso y yo vamos hacia el poste de hierro que hay en lo que nosotros llamábamos La Casa del Reloj (...)”.

José Antonio, ha narrado Carlos Figueredo:

“... avanzó sobre la perseguidora disparando. Se le acabaron los peines de la pistola y entonces extrajo el revólver que le había quitado al soldado del Ejército en los portales de la CMQ. Un policía que estaba sentado en el asiento posterior de la perseguidora disparó contra él matándolo. Echeverría cayó al lado mismo de la perseguidora”.
“(...) Así vemos como lo ametrallan. Joe (Westbrook) queda noqueado con eso. No atina a nada. Yo meto la mano en el gatillo y empiezo a disparar con su fusil. Entonces Fructuoso (Rodríguez) me quita la Carabina y dice: A la Colina”.

Precisamente, debemos a Fructuoso Rodríguez, asesinado por los esbirros de la Tiranía el 20 de abril de 1957, junto a otros compañeros, un valioso testimonio sobre la muerte de su amigo y compañero inseparable. Aparece formando parte de una carta que Fructuoso escribe, a solo unos días de los hechos del 13 de marzo, a Rolando Cubela, quien se encontraba en Miami, Estados Unidos de América. En la misiva, que le envió acompañada del “Testamento Político” de José Antonio, con objeto de que gestionara su publicación en algún periódico de los Estados Unidos, Fructuoso le dice al también compañero de luchas y fiel amigo del líder estudiantil:

“Sé que has llorado mucho. Todos hemos sufrido mucho por la desaparición de tantos compañeros valiosos y especialmente El Gordo. Cayó como un valiente. Con desprecio absoluto de su vida avanzó sobre una perseguidora y les disparó por la ventanilla. Cayó al suelo y volvió a pararse sobre sus rodillas y sacando un revólver (que le había quitado a un soldado) volvió a tirar por la ventanilla para dentro: en ese momento una ráfaga de ametralladora lo remató.
El día 13 fue a buscar la muerte. Todo lo que había hecho y lo que hacía le parecía poco”.

Por otra parte, José Assef, quien a petición suya viajaba en el automóvil con él, ha ofrecido también su versión de los últimos instantes del líder estudiantil. Al respecto, contó en el periódico Granma, en ocasión del XX aniversario de los hechos del 13 de marzo, que ese fatídico día:

“... José Antonio avanza hacia la perseguidora, cuyos ocupantes, con las puertas abiertas a causa del impacto, trataban de ocultarse.
José Antonio, en un rasgo de esos que lo caracterizaron, avanzó con valor extraordinario hacia la perseguidora, cojeando. Yo le dije a Fructuoso: el gordo va herido. Resaltaba mucho, en la media blanca de su pié derecho, la mancha de sangre.
La herida pudo haber sido provocada por un disparo escapado o tal vez, al subir al auto en CMQ.
Cuando José Antonio llega hasta la perseguidora, cae, se incorpora por la puerta del chofer, que está abierta, se agarra a ella, le dispara al chofer. Es ahí cuando recibe un rafagazo enemigo”.

Caía de este modo, a un costado de su querida Universidad,”... con el pecho constelado a balazos (...)” el dirigente estudiantil ejemplar, el amigo y fiel enamorado, el joven de solo 24 años que un día quiso ser Arquitecto y terminó graduándose de Héroe Eterno de la Patria, el combatiente temerario y aguerrido que, cuando el 13 de marzo de 1957 se produce el Asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, considerada por el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, quien fue Historiador de la Ciudad de La Habana como la “... hazaña más fieramente audaz de todas nuestras luchas por la libertad” , había ya “...cuajado – como bien ha escrito Faure Chomón – como dirigente de la revolución” .
Por eso, aquel infausto día solo dejó de existir su cuerpo, porque su aguerrido y permanente espíritu de combate y su pensamiento revolucionario, fidelista, martiano, antiimperialista y latinoamericanista, inundaron desde entonces cada rincón de la Isla y lo hicieron volver aquella misma tarde junto a nosotros para siempre. Bien que lo intuyó su coterránea, la importante poetisa matancera Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura, cuando un año más tarde, el 13 de marzo de 1958, escribió con certeza, como parte de un hermoso y extenso poema consagrado a su memoria:

En esa boca no hubo despedida
sino arenga,
esos ojos no se cerraron nunca
sino que miran para adentro
donde estás preparando barricadas.

Vuelves
armado de tu lápiz,
haces tu posta en los amaneceres
subiendo como un sol La Escalinata:
¡que no te asesinaron nunca,
que no pueden contigo los cobardes,
que no te han hecho nada!
porque nadie ha sabido detener el alba;
Y regresas cantando
de nuevo hacia la lucha,
y animas los fusiles en la Sierra,
poderoso,
absoluto,
vivo ya para siempre,
en una carcajada de combate
que se deshace en balas.

X

La noticia de que el Palacio Presidencial y Radio Reloj habían sido asaltados al igual que las informaciones que confirmaban la muerte de José Antonio y de otros compañeros en las acciones de este día, se regaron como pólvora, primero, por toda La Habana y luego, a lo largo y ancho el país. A ello no sólo ayudó la prensa cubana y extranjera, que dio durante varios días abundante cobertura a los hechos, sino también las noticias trasmitidas de boca en boca. Así lo han testimoniado numerosos compañeros, entre ellos, Eloy Fernández Sánchez, cantinero del bar del hotel Colina, sitio que era muy frecuentado por el líder estudiantil y sus compañeros de la FEU y del Directorio Revolucionario.
Según Eloy, el 13 de marzo de 1957 vio desde allí:

“... cuando varias perseguidoras de la Policía batistiana bajaban a gran velocidad por la calle Ronda hacia la CMQ – hoy ICRT – y otras con dirección a San Lázaro, algunas de ellas haciendo sonar las sirenas con mayor algarabía que nunca.
(...)
Entonces – confesó al periodista Luis Hernández Serrano – yo ni me imaginaba que mi amigo José Antonio Echeverría iba en el carro que dobló por L, procedente precisamente de la zona de la CMQ. En ese mismo instante venía una perseguidora como del hospital Calixto García y se produce el encuentro a tiros entre la policía y el vehículo del líder de la FEU.
(...)
Al sentir los tiros, varias ráfagas de ametralladora seguidas, nos percatamos de que se trataba de algo muy serio y casi a las puertas del hotel Colina. Salimos con cuidado y pude ver el espectáculo de José Antonio Echeverría en el suelo, mortalmente herido, junto a la máquina donde iba (...). Lo acribillaron a balazos.
Fue un dolor muy grande, como si hubiera caído un hijo. (...) varios turistas del hotel se acercaron al lugar (...).
Al cabo de un rato vino una perseguidora disparando al aire y la gente curiosa huyó pensando que también serían asesinados”.

El cuerpo sin vida de José Antonio, luego de permanecer durante varias horas expuesto en la vía pública hasta adquirir la rigidez cadavérica, fue trasladado por los esbirros de la tiranía al necrocomio y luego, a una de las capillas de la funeraria de Zapata y 2, en el Vedado, sitio al que habían sido trasladados también los cadáveres de los asaltantes al Palacio Presidencial Menelao Mora, Pelayo Cuervo y Carlos Gutiérrez Menoyo. Allí lo descubrió Naty Revuelta, una de las integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas, con el que el Directorio mantenía estrechos vínculos, desnudo, “... solo, sobre una camilla, tirado en el piso ... ”.
De inmediato, con las flores de las coronas que las mujeres del Frente Cívico habían mandado a confeccionar para rendir homenaje a los asaltantes al Palacio Presidencial, cuyos restos mortales sabían que habían sido trasladados a esta Funeraria, Naty Revuelta y otras compañeras cubrieron la desnudez del líder estudiantil, cuyo cuerpo exánime, que inicialmente tuvo como sudario una tosca lona hasta que ”... manos amigas suavizaron la vestimenta” , “ ... parecía – ha rememorado Josefina Rodríguez Olmo (Fifi), quien lo había conocido cuando ella estudiaba en el Instituto de La Habana y ese día estaba también en la funeraria – como de mármol blanco”.
Al conocer la terrible noticia, los padres, hermanos y demás familiares del líder estudiantil, se sumieron en un profundo e indescriptible dolor. Rápidamente, sus progenitores se trasladaron a La Habana con objeto de lograr que les fuera entregado el cadáver, con vista a darle sepultura en la necrópolis de Cárdenas. Resulta importante anotar que a la familia del líder estudiantil tampoco les fueron facilitadas de inmediato las pertenencias del mismo, suceso que denunció valientemente en la prensa cardenense el 18 de marzo de 1957 el Dr. Alejandro Portell Vilá , comparando este hecho con lo que habían hecho “... los guerrilleros en día aciago para las armas cubanas al caer el Titán de Bronce en Punta Brava”.
Eugenio Humberto Lopategui, primo del padre de José Antonio, quien se encontraba el 13 de marzo en la capital del país con Eva López, su esposa y con Mandina, un amigo, buscando unos materiales de construcción, los cuales adquirió en una ferretería de la calle Monte, muy cerca del Palacio Presidencial, al conocer la triste nueva, se trasladó de inmediato a Cárdenas. Durante el camino, ha contado más de una vez Lopategui: “... nos pararon y registraron varias veces. Al día siguiente preparé el carro y en compañía de Eva partimos hacia la Capital ”.
Una vez en La Habana, Eugenio Humberto y su esposa se dirigieron a la casa de Josefina Bianchi, tía de José Antonio, en donde ya estaban sus padres, a quienes: “... las autoridades no querían entregarles el cadáver. Entonces, Niní (Antonio de Jesús Echeverría) logró que Santiago Verdeja, antiguo amigo de la familia (...), convenciera al tirano Batista para que autorizara la entrega del cadáver”. Ayudó también a Niní en estas gestiones el Dr. Emilio García Pérez, a quien el juzgado le envió con posterioridad el pasaporte del líder estudiantil.
El periódico habanero Prensa Libre publicó por esos días una nota bajo el título Pide el cadáver de su hijo, en la que se afirmaba que el padre de José Antonio se había personado en el Necrocomio del Vedado con este objetivo. Sin embargo, según esta información: “A pesar de que el ministro de Defensa doctor Santiago Verdeja, se interesó personalmente para que se entregara el cadáver de Echeverría a sus familiares, se dijo que esa diligencia estaba sujeta a una disposición del Tribunal de Urgencia, donde no se habían recibido las actuaciones de la policía”.
Según narró en 1977 Eugenio Humberto Lopategui al periodista e historiador cardenense Roberto Bueno Castán:

“Fueron innumerables las gestiones que hubo que hacer para lograr la entrega del cadáver a los familiares, para lo cual hubo que esperar al día siguiente (14 de marzo), pasada la una de la tarde. Mientras se aguardaba la autorización para su traslado a Cárdenas, centenares de personas concurrieron a la funeraria, donde también estaba expuesto Pelayo Cuervo, a pesar de que prácticamente la misma estaba tomada militarmente y se mantenía una estrecha y amenazadora vigilancia, lo que obligaba a todos a no hacer ningún tipo de comentario en voz alta”.

Finalmente, en horas de la tarde del 14 de marzo, “... cuando todo hacía presumir unas breves horas de capilla ardiente y un temprano entierro con las luces del alba del día 15 (...)” , se habló del traslado del cadáver a Cárdenas, :

“... pero - ha relatado Humberto Lopategui - no había seguridad de que concedieran el permiso. Al fin las autoridades accedieron , pero con la condición de que el cortejo partiera al anochecer, directamente hasta el cementerio cardenense, sin velorio en la casa natal”.
“... sobre las cinco y media de aquel día 14, nos proponemos acompañarlo hasta Cárdenas. En esos momentos, una provocadora comenzó a dar gritos contra el gobierno. Sobre ella los esbirros allí presentes no tomaron medidas, pues estaban atentos a la reacción de los demás. No prestamos atención a aquella provocación, de quien estamos seguros estaba allí mandada por los propios militares, pues podría ser utilizada todavía no sabemos para que propósitos”.

El féretro que contenía los restos del Gordo fue cargado en hombros por sus compañeros universitarios hasta el carro fúnebre. Las autoridades solo autorizaron a seis carros, conduciendo a familiares muy allegados, unas 15 personas, a acompañar el cortejo fúnebre hasta la Ciudad Bandera. Sin embargo, los afligidos dolientes no pudieron hacerlo desde la funeraria, como era costumbre, sino desde la carretera de Managua, a la salida de La Habana. José Antonio era temido hasta después de muerto.
En Cuatro Caminos, ha relatado Eugenio Humberto Lopategui, quien estuvo entre los que pudieron hacer el trayecto junto al coche fúnebre, el ejército detuvo la caravana:

“... después de registrar los autos nos permiten continuar. Este hecho se repitió en varias ocasiones a través del trayecto hasta Matanzas, en cuya ciudad se nos obliga a adelantarnos y esperar el carro fúnebre en Peñas Altas.
Toda la zona de la ciudad por donde pasó el carro fúnebre estaba apagada; querían evitar a toda costa que el pueblo supiera que José Antonio en esos momentos pasaba por sus calles ”.
“Ellos demoraron la entrega del cadáver para que el recorrido y la sepultura se efectuara de noche.
(...)
Nos vigilaron durante todo el camino. Por todas partes aparecían los elementos de los cuerpos represivos, detenían el cortejo, llegaban a los autos, miraban, preguntaban mucho. Ese día comprendí el miedo que le tenía la tiranía a José Antonio y a su pueblo”.

Rigoberto Febles Varela, sepulturero del Cementerio de Cárdenas , al enterarse, alrededor de la una de la tarde del 14 de marzo, de la muerte de José Antonio, a quien conocía desde la infancia porque su hijo acostumbraba a jugar con él en el parque ubicado frente a la casa del líder estudiantil, comenzó a preparar las condiciones para inhumar su cadáver en el panteón de la familia Echeverría – Bianchi, en donde reposaban los restos de sus abuelos y de su hermano Alfredito. Dicho panteón está ubicado en la segunda manzana izquierda de la calle Primera entre B y C.
Febles confesó en 1976 al periodista Rolando Pérez Betancourt: “Un enterrador –– no puede estar con sentimentalismo, claro que no, pero aquella muerte la sentí muy duro. Mataron a José Antonio, repetía para adentro de mí. Entonces recogí los instrumentos y me fui debajo del sol, a preparar su tumba”.
Unas horas después, sobre las 3:00 p.m., el Cementerio local fue tomado militarmente, cumpliendo órdenes superiores. Febles narró que en esa ocasión había:

“Carros con soldados por todas partes, aunque eso fue un poco después, sí, porque primero llegó la gente del SIM y se colocaron en los puntos que según ellos eran estratégicos. ¿Y a ti quién te mandó a preparar la tumba?, me preguntaron. Yo les respondí que había sido iniciativa mía, porque como Echeverría era de Cárdenas ...”.
(...)
Ese día prohibieron las visitas al cementerio y hasta los ómnibus que paraban aquí enfrente tenían que seguir de largo”.
“ Esa situación se mantuvo hasta que duró el entierro. (....) ... las fuerzas del SIM: eran unos 80 0 90 hombres que enseguida se distribuyeron por todas partes.
Inmediatamente que llegaron, uno de ellos se hizo cargo del teléfono; otros, en yipis, con fusiles y granadas, se colocaron por todas partes, y el resto por la parte de afuera se encargaba de impedir el acceso al lugar ”.

Al llegar el cortejo fúnebre a la portada de la Necrópolis de Cárdenas, eran ya cerca de las ocho de la noche. Poco antes, el oficial que estaba a cargo del teléfono recibió una llamada de Matanzas diciéndole que ya habían pasado por esa ciudad, por lo que se activó aun más la vigilancia de los militares.
Los autos fueron detenidos a la entrada de la necrópolis para ser registrados. Mientras las puntas de las ametralladoras irrumpían por las ventanillas, Rigoberto Febles fue a buscar unos faroles, aunque ha apuntado que no hacían falta porque aquella noche “... la luna estaba como el día”.
Eugenio Humberto Lopategui, por su parte, contó sobre este momento que, luego de una breve espera, solo se permitió la entrada al cementerio:

“... a los familiares que acompañaban el cadáver, antes de lo cual se registraba a los autos y también a las personas, lo mismo hombres que mujeres. ¡Hasta las medias nos registraron!.”
“Dentro y fuera de la necrópolis lo que había de policías y guardias rurales era tremendo. ¡Aquello parecía un ejército en campaña!.
Al parquear el carro fúnebre, el capitán Alzugaray, autoritario y violento, ordenó: ¡Que le cojan el número a las chapas de todos los carros que estén parqueados aquí!.
Entonces, los esbirros introdujeron el cañón de sus armas por las ventanillas de los vehículos y obligaron a encender las lucecitas interiores para ver bien las caras.
Cuando el carro funerario entró en el cementerio fue que nos permitieron pasar; uno a uno, en fila india, por el escaso espacio que dejaba la verja entreabierta. No sin antes registrarnos de pies a cabeza. Cuando estábamos todos adentro, partimos en silencio, detrás del carro, hasta llegar al panteón de la familia Echeverría – Bianchi”.
“El entierro se efectuó rápidamente, con presión por parte de los gendarmes”.
“La ceremonia de enterramiento fue muy sencilla, sólo unas breves palabras después de las cuales fue sepultado . Ellos no querían que el pueblo estuviera junto a José Antonio (...)”.

El entierro de José Antonio se llevó a efecto a la luz de los faroles llevados por Rigoberto Febles y a la de los faros del coche fúnebre. Mientras tanto, iluminados por la luna, podían apreciarse, en medio del agitado servicio religioso oficiado por un sacerdote: “... los sombreros de los guardias rurales y las puntas de sus fusiles, agazapados detrás de las tumbas cercanas, en zafarrancho de combate. Lopategui (Eugenio Humberto) comentó bajito con su compañera: ¡Esta gente le tiene miedo a José Antonio hasta después de muerto!”.
Fue así, escribió el Dr. Alejandro Portell Vilá en la primera plana del periódico cardenense La Antorcha el 18 de marzo de 1957, que los restos mortales de:

“ ... José Antonio Echeverría sin un cirio de ritual como hicieron por siglos nuestros ancestros y sólo con un breve y atropellado servicio religioso descendió a su tumba poco después de las 8:30 de esa noche Y NO COMO SE ANUNCIARA en toda Cuba, en medio del tétrico silencio de un puñado de familiares y amigos, a la pálida luz de una luna piadosa y algún reflector ocasional. Siendo medularmente civil fue enterrado, por ironía del Destino, en medio de armas montadas espectacularmente”.

Desafiando las medidas tomadas y las prohibiciones impuestas por las fuerzas de la Dictadura, según un artículo publicado el 15 de marzo de 1957 en el periódico cardenense La Antorcha bajo el título Sepelio del Presidente de la F.E.U. Constituyó un duelo nacional:

“Una gran muchedumbre esperó el cadáver del infortunado joven, en nuestra necrópolis, a pesar de haberse prohibido el acceso al mismo por las autoridades.
Desde la capital, acompañaron el féretro los padres de la víctima y demás familiares cuyo dolor reflejado en el rostro impusieron un cuadro patético entre las personas allí congregadas.
La penumbra de la noche hicieron más doloroso todavía el piadoso acto. De los ojos de muchos cardenenses brotaban las lágrimas.
Cárdenas en pleno se halla de luto por la caída del estimado y querido coterráneo, que desde la Dirección estudiantil universitaria supo prestigiar a la ciudad Bandera. Las delicadas y fortuitas circunstancias de su muerte han contribuido a acentuar ese dolor, ya que la vida parecía sonreírle desde todos los aspectos”.

En esta misma edición del periódico local aparece también una nota en la que se informaba que los padres de José Antonio no recibirían durante unos días, por prescripción facultativa, la visita de amigos y familiares debido “... al estado de aflicción (...)” en que se hallaban. Una información similar se publicó en el periódico cardenense El Comercio del 15 de marzo de acompañada de una nota necrológica mediante la cual, la dirección de la publicación ofrecía su más sentido pésame a la familia Echeverría – Bianchi.
El 15 de marzo de 1957, las coronas que habían colocadas por sus familiares sobre la tumba de José Antonio, las cuales habían sido traídas por ellos desde La Habana, desaparecieron. ¿ Los culpables?, un grupo de esbirros, según le contó el sepulturero Rigoberto Febles a Mario González Cedeño , quienes saltaron de noche el muro del Cementerio y las destrozaron.
Aunque los sicarios de Batista impidieron a los cardenenses rendir a José Antonio el homenaje póstumo de sus coterráneos, por iniciativa de “... un grupo de ciudadanos de todos los matices y sectores (...)” se acordó confeccionar una lápida de mármol para ser colocada sobre su tumba. Según relató, con objeto de que lo publicara, a Enrique de la Osa, Director de la leída sección En Cuba de la revista Bohemia, Roberto Iglesias Lorenzo, dirigente nacional de la Juventud Ortodoxa, en una carta fechada en Cárdenas el 2 de junio de 1957, un original de la cual conservamos, el sábado 25 de mayo de 1957 en horas de la tarde se procedió a la colocación de la:

“lapida (sic) de malmor (sic) costeada por voluntad popular en la tumba que guarda los restos del que fuera Presidente de la FEU y cardenense muy querido y admirado JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA (...) en forma de libro con el siguiente epitafio: A JOSÉ A. ECHEVERRÍA PORQUE FUISTE JUSTO, HONESTO Y VALIENTE EN MEDIO DEL FANGO QUE NOS AHOGA, TUS IDEALES PUROS SERÁN INTERPRETADOS Y MANTENIDOS EN LA LUCHA ENTABLADA POR LA JUSTICIA Y LA LIBERTAD QUE CUBA RECIBIÓ DE SUS LIBERTADORES. TUS COTERRÁNEOS. CÁRDENAS MAYO 26 DE 1957
El domingo en horas de la mañana se llevó a efecto en la Iglesias (sic) de los Hermanos Trinitarios una misa por el alma del que fuera líder indiscutible del Pueblo de Cuba JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA la cual contó con una desorvitada (sic) custodia de paisanos militares y a ruego de la desconsolada madre de ECHEVERRÍA no se hicieron actos de calle de ninguna especie aun cuando un nutrido grupo de cardenenses colmaron de flores la tumba que guardan (sic) sus restos.
(...)
El lunes 27 se conosió (sic) la desaparición en horas de la noche anterior del cementerio local de la lapida (sic) colocada el sábado 25 en la tumba del PRESIDENTE DE LA FEU JOSÉ A. ECHEVERRÍA caso este que conmovión (sic) a toda la ciudadanía cardenense con la inevitable indignación de todo el pueblo.
El martes 28 fue presentado ante el jusgado (sic) de esta ciudad una denuncia a nombre de varios cardenenses denunciando el indigno robo y la baja profanación de la lapida (sic) y la tumba del líder estudiantil JOSÉ A. ECHEVERRÍA”.


Sobre estos acontecimientos, se han publicado varios artículos y entrevistas, pero no todas coinciden o son fieles a la verdad. Entre ellos, creemos que el testimonio que más se acerca a la verdad, pues a pesar de tener algunas imprecisiones y fechas erróneas, coincide con el relato que hace Roberto Iglesias a Enrique de la Osa, a pocos días de suceder los hechos, lo cual lo hace un testimonio bastante confiable, es el relato que ofreció Nora Abelairas al profesor Eusebio Reyes, autor del libro Un corazón de oro cargado de dinamita..
Según la citada compañera, fervorosa católica y entusiasta promotora cultural cardenense , que estuvo muy vinculada con la familia Echeverría – Bianchi, varias mujeres locales, entre las cuales se encontraba, tuvieron la iniciativa, con la aprobación de la madre de José Antonio, de colocar la lápida de mármol que nos ocupa. Para lograrlo, ella, junto a:

“... Perla Moré (Fernández) (...), Violeta García (Sendra) y (la Dra.) Eva Cruz Álvarez, con la ayuda de Clara Moré y Elsa Albelaide , se dieron a la tarea de efectuar una colecta popular para sufragar los gastos de la confección del libro que ascendieron a 75 pesos. Concluida la colecta se pusieron en contacto con Alejandro Portell Vilá (...) y este les redactó el texto para la lápida, e inmediatamente encargaron su realización a un marmolista de la ciudad que Eva Cruz conocía, pues trabajaba en una farmacia cercana a la casa del artesano. Cuando el marmolista tuvo tallado el libro le avisó a Eva Cruz para que todas lo vieran. Las cuatro compañeras estuvieron conformes con el trabajo y le pidieron lo terminara (...). Cuando salieron de casa del artesano, pensaron que habían sido descubiertas porque en la calle se encontraban varios carros patrulleros bajo las órdenes del capitán Alzugaray. Media hora después el marmolista le comunicó a Eva Cruz que la policía había estado en su casa y al ver el libro dijeron que aquello les iba a pesar.
Después que recogieron la lápida fueron a visitar a la madre de José Antonio para expresarles que el domingo (...) le darían una misa a su hijo en la Capilla de los Trinitarios de Cárdenas y colocarían el libro en la bóveda. Concepción Bianchi estuvo de acuerdo en hacer la misa, pero les planteó que la lápida sería colocada el sábado (...) porque quería evitar una provocación y nuevos derramamientos de sangre. Puestas de acuerdo trataron de encontrar un fotógrafo, pues querían dejar constancia del hecho, pero no pudieron contratar a ninguno ya que todos tenían temor.
Gracias a un compañero de apellido Álvarez , amigo de Eva Cruz, pudieron sacar fotos con una cámara que él les prestó. De igual forma que no encontraron fotógrafo tampoco encontrarían un chofer que las llevara al cementerio.
El sábado (...) las compañeras mencionadas llevaron el libro a la necrópolis en el automóvil de Enrique Saénz . Allí se reunieron con Concepción Bianchi, otros familiares de Echeverría y un reducido grupo de personas y colocaron el libro sobre la bóveda de José Antonio, respaldadas por las palabras alegóricas de Alejandro Portell Vilá .
El domingo se efectuó la misa en honor de José Antonio Echeverría, Perla Moré y Nora Albelaide (sic) repartieron recordatorios cuyo texto tenía un marcado carácter revolucionario. En los alrededores de la capilla se encontraban los policías: Pensaban que al concluir la misa irían al cementerio porque desconocían que la lápida había sido colocada el día anterior”.

La respuesta de los esbirros locales ante tamaña provocación no se hizo esperar. El propio día 26 de mayo, fueron a buscar a Rigoberto Febles a su casa y lo hicieron acompañarlos al cementerio. Una vez allí, caminaron sobre la bóveda de los Echeverría – Bianchi mientras la voz grotesca de uno de ellos retumbaba en la necrópolis: “ ¡A los muertos se les pone flores, no esto!, y dijo una palabrota, mientras lanzaba la tarja de mármol, que se hacía pedazos” , los cuales fueron desaparecidos por ellos de inmediato .
El odio de las bestias hacia José Antonio y su ejemplo seguía latente. Destruyeron la tarja, pero no pudieron eliminar el inmenso respeto y la admiración que el pueblo de Cárdenas y de toda Cuba, sentía hacia su limpia y recia figura de luchador estudiantil y revolucionario. El homenaje verdadero, definitivo e imperecedero a su vida y a su obra estaba más cerca de lo que Batista y su camarilla jamás imaginaron.

Epílogo

13 de marzo de 1957. En horas de la mañana de este día, 11 combatientes del Ejército Rebelde conducidos por Fidel Castro Ruz caminan en busca del antiguo campamento ubicado en la falda de Caracas, sitio de la Sierra Maestra en donde habían acordado esperar a Ernesto Che Guevara, quien debe llegar con el grupo de refuerzo. Poco después, pierden el rumbo y caminan extraviados durante buena parte de la mañana y la tarde, abriéndose paso, muchas veces con dificultad, por entre las tupidas malezas.
Sobre las 4:00 p.m los guerrilleros logran salir a un alto desde el cual identifican la casa de Felo Garcés, ubicada en el lugar conocido como La Gloria de Caracas. Cerca de allí, estaba el lugar en donde habían acampado hacia ya varias semanas, ocasión en que fueron sorprendidos por el bombardeo de la aviación enemiga dirigida por el traidor Eutimio Guerra. Acampan en el lugar, en el que pueden verse todavía las huellas del ataque aéreo.
Esa misma tarde, Fidel, como era su costumbre, trata de escuchar las noticias a través del pequeño radio portátil que, con grandes dificultades, transportaban con ellos. Para su sorpresa, comprueba que algunas estaciones, sobre todo Radio Reloj, cuyo extraño tic tac, mudo de palabras llamó mucho su atención, no están en el aire. Al fin, logra escuchar algunas noticias y, de repente, se incorpora y le dice a quienes le rodean: “Compañeros, algo grande está pasando en La Habana. Parece que atacaron a Palacio”.
Cuarenta y tres años después, en la madrugada del 15 de julio del 2000, a pocas horas de haberse inaugurado en Cárdenas el Museo a la Batalla de Ideas, Fidel contó en Varadero al autor de este libro, que a partir de ese momento todos siguieron con avidez las informaciones referidas a la temeraria acción realizada por el Directorio Revolucionario, cumpliendo así el compromiso contraído en México con el Movimiento 26 de Julio.
En horas de la noche del propio 13 de marzo - nos relató Fidel – se enteró a través de la radio de la muerte del destacado dirigente estudiantil José Antonio Echeverría y de un grupo de sus valiosos compañeros. Aquel, ha afirmado más de una vez el líder de la Revolución, fue: “... un momento tremendo, de gran impacto, de gran dolor para nosotros que en ese momento éramos doce hombres”.
Desde entonces se prometió, que entre las primeras cosas que haría, cuando la Revolución que lideraba triunfara, estaría la visita a la tumba del líder estudiantil y a su Casa Natal para rendirle un homenaje de admiración y respeto “... al joven lleno de vida, nobleza, desinterés, extraordinario coraje y profundos sentimientos revolucionarios” . Y lo cumplió.
El 8 de enero de 1959, a pocas horas de entrar victoriosas las fuerzas rebeldes bajo su mando a la capital del país, el Jefe de la Revolución, desviándose de la trayectoria de la Caravana de la Libertad, luego de descansar unas pocas horas en el hotel Internacional de Varadero, en donde desayunó, partió hacia Cárdenas para cumplir la palabra empeñada consigo mismo.
Durante su estancia en la Ciudad Bandera, a la cual hizo su entrada pasadas las 9:00 a.m., Fidel recibió numerosas muestras de admiración y respeto de parte del pueblo cardenense, el cual abarrotó desde horas tempranas las calles de Cárdenas y el parque Estrada Palma, hoy José A Echeverría, ubicado frente a la Casa Natal del líder estudiantil. Para la ocasión, según lo consignó el periódico habanero El Mundo, todos “... los comercios cerraron sus puertas y las casas se engalanaron con banderas cubanas”.
En las inmediaciones del Estadio Pablo Avelino, el vehículo en el que viajaba el líder de la Revolución fue contactado por el Capitán del Ejército Rebelde Edelberto González (Cente), Jefe de la Plaza de Cárdenas, el cual lo guió durante el trayecto hasta la Casa Natal de José Antonio. Durante el recorrido, los mas de 30.000 cardenenses congregados para recibir al invicto Comandante, gritaban unánimemente y con insistencia:

“... ¡Fidel!, ¡Viva Fidel!, ¡Viva la Revolución!. Al llegar a la calle Jenez los autos doblaron a la izquierda para detenerse frente a la casa de José Antonio. El parque que hoy lleva su nombre se encontraba colmado por el pueblo. Las voces delirantes de hombres, mujeres y niños aclaman al victorioso Comandante que al frente del Ejército Rebelde les había conquistado la ansiada libertad. No había sitio para la gran masa humana, y las ramas de los frondosos árboles que rodeaban el parque eran usadas a manera de atalaya por quienes no querían perderse un detalle y por los compañeros del M – 26 – 7 encargados de velar por la seguridad.
Penetra en la casa, y tras saludar a los familiares solicita ser llevado al cuarto del líder estudiantil (...) ”.

Luego de sostener una breve e íntima conversación con los padres y hermanos de José Antonio y de saludar desde la puerta a los congregados en el parque, se dirige al Cementerio local, rodeado de miles de cardenenses, combatientes del Movimiento 26 de julio y miembros del Ejército Rebelde, con objeto de depositar una ofrenda floral en la tumba del eterno Presidente de la FEU.
El momento es propicio para que, visiblemente emocionado, el líder de la Revolución pronuncie unas breves pero sentidas palabras de recordación y homenaje. A su lado se hallaban, entre otros, Celia Sánchez Manduley, el entonces Capitán William Gálvez, Jefe rebelde del regimiento Plácido de Matanzas, Juan Nuiry, el Dr. Bernabé Ordaz, dirigentes locales del Movimiento 26 de Julio, combatientes del Ejército Rebelde y numerosos cardenenses.
Dos meses más tarde, el 13 de marzo, Fidel descendía alrededor de las 11:00 a.m. de un helicóptero en las inmediaciones del cementerio de Cárdenas para rendir nuevamente tributo al líder estudiantil cardenense. De inmediato, el máximo líder de la Revolución, fue rodeado por el pueblo congregado en este lugar, el cual le demuestra de muy diversas maneras su afecto y admiración.
Este día, en que se cumplía el segundo aniversario de la muerte de José Antonio y varios de sus compañeros de luchas, se organizaron en la ciudad y en otros lugares del país numerosos actos y actividades conmemorativas de las heroicas acciones ocurridas en la Capital del país el 13 de marzo de 1957.
En el caso de Cárdenas, ciudad que se vio invadida desde horas tempranas por hermosas banderas cubanas con crespones de luto, los actos se iniciaron con una Misa de Campaña en memoria de José Antonio, la cual fue oficiada en horas de la mañana ante un altar instalado en el Parque de Colón, frente a la Iglesia Parroquial, por Monseñor Luis Centoz, Nuncio Apostólico de Cuba, con la ayuda de Alberto Villaverde, Obispo de Matanzas y del cura párroco de San Miguel de los Baños.
La ceremonia religiosa, de la cual tomaron parte unas 5000 personas, se efectuó con la presencia de los padres, hermanos y otros familiares del líder estudiantil, los Comandantes Juan Almeida Bosque, Faure Chomón y Tony Santiago García; José Puentes Blanco, Presidente de la FEU; Enrique Sáez, José Pérez y la Dra. Blanca Ojeda, Comisionados Municipales de Cárdenas; los exilados nicaragüenses Alejandro César Martínez, Guillermo Urbina Vázquez, Chezter Simpson y Guillermo Mejías, otros miembros del Gobierno Revolucionario y representantes de las distintas facultades universitarias existentes en el país.
También, estuvieron representados, además de la FEU, la Escuadra Cuarta de la Asamblea Fray Bartolomé de las Casas, la Orden Caballeros de Colón, el Colegio Católico de Cárdenas, institución religiosa a la cual pertenecía José Antonio, y sus homólogos de Las Villas, Matanzas, La Habana y otras poblaciones cubanas, el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas y otros planteles locales, etc.
Concluida la ceremonia, el pueblo de Cárdenas se dirigió, en solemne y marcial peregrinación, de la que tomaron parte unas 30.000 personas en representación de escuelas, entidades oficiales, bandas rítmicas, organizaciones, etc., hacia la necrópolis local. Se iniciaba así una tradición, la cual reeditan cada 13 de marzo miles de coterráneos del líder estudiantil, acompañados de dirigentes de la Revolución y de amigos y compañeros de luchas del Gordo.
Cerca de la 1:30 p.m., Fidel pronunció ante la tumba de José Antonio, totalmente cubierta de coronas , entre las cuales no faltaban las colocadas en su nombre y en el del Directorio Revolucionario, unas breves palabras en las que, entre otras ideas, expresó:

“... esta generación se mantendrá limpia. Podrá alguno claudicar pero será la excepción. Nadie dio buen ejemplo a esta generación: ella lo aprendió sola. Lo aprendió de los mártires revolucionarios del pasado, como Martí, Maceo, Guiteras, Mella y otros.
(...)
Podemos venir aquí a la tumba de Echeverría con la satisfacción de que tenemos moral para hacerlo”.
“... hoy podemos (...) reunirnos sin que nos amenacen o golpeen o detengan.
(...)
... espero que cada año será mayor el número de hombres y mujeres que vendrán a darles las gracias a ellos que hicieron la Revolución”.

Durante el emotivo acto, en el que estuvieron presentes además, los Comandante Camilo Cienfuegos y Faure Chomón y el Capitán William Gálvez, entre otros dirigentes de la Revolución, usaron también de la palabra el Comandante Hubert Matos , a nombre del Ejército Rebelde, José Venegas Valdespino, Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, otros miembros de la FEU y personalidades presentes.
La ocasión fue propicia para develar en la tumba del Gordo, a nombre de la FEU y del Directorio Revolucionario, una tarja de bronce con la inscripción,: Sí caemos que nuestra sangre señale el camino de la libertad, tomada de su Testamento Político.
Al concluir el acto, en el que participaron también participaron familiares de José Antonio, el líder de la Revolución avanzó, como es su costumbre, hacia la multitud que deseaba saludarlo y de la cual se despidió con un caluroso saludo.
Cuarenta y seis años más tarde, el 21 de julio del 2005, el Comandante en Jefe Fidel Castro visitó una vez más la Ciudad Bandera. Lo animaban dos nobles propósitos, reinaugurar la Casa Natal del líder estudiantil, convertida en museo desde 1973 y restaurada capitalmente gracias a los Programas de la Revolución y asistir a la graduación de sexto grado de un numeroso grupo de pioneros cardenenses, entre los cuales se encontraba Elián González Brotons.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba recorrió el inmueble, declarado Monumento Nacional en 1971, acompañado de Rosaida Mendoza, Directora de la institución, quien le explicó las características de la misma y contestó las numerosas preguntas que le formuló el líder de la Revolución. Fidel se interesó en particular por una fotografía en la que aparece junto a René Anillo y José Antonio al firmarse la Carta de México.
Poco después, visiblemente emocionado, al hacer el resumen del acto confesaba a los niños, a sus padres, maestros y demás invitados, reunidos para la ocasión en el parque José Antonio Echeverría, lo gratificante que había sido para él volver a visitar la Casa Natal del líder estudiantil cardenense y la Ciudad Bandera, reafirmando de este modo, lo que había dicho aquí mismo el 5 de diciembre del 2003: “Cárdenas ocupa un lugar destacado en el corazón del pueblo de Cuba, en el corazón de todos nosotros (...)”.
Al concluir sus palabras, Fidel expresó que tenía el privilegio de ser amigo de Elián y a muchos de los presentes nos pareció entonces, que José Antonio revivía en cualquiera de los pioneros reunidos en el parque en donde tantas veces jugó siendo niño o en los cientos de miles que estudian gratuitamente en las escuelas cubanas, para volver a subir como un sol la escalinata de cualquiera de las universidades de la Isla.

Fuentes Consultadas
I – Fuentes Bibliográficas.
 Abad, Ángel: Historia de las Parroquias de Cárdenas y Varadero, Editorial Guerrero, La Habana, 1954.
 Aldecoa Romero, Jorge: Vida y obra de José Antonio Echeverría,, inédito, Cárdenas, S/f.
 Almeida Bosque, Juan: ¡Atención!. ¡Recuento!, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995.
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II – Fuentes Periódicas.

 Boletín 13 de marzo, s/l, 1958.
 Boletín Batalla, New York, 1957.
 Boletín COR informa, Cárdenas, 1970.
 Periódico El Crisol, La Habana, 1959.
 Boletín Escalinata, Ciudad de la Habana, 2005.
 Periódico Excelsior, La Habana, 1959.
 Boletín Triunvirato, Matanzas, 1985.
 Periódico Bastión, Ciudad de La Habana, 1988.
 Periódico Girón, Matanzas, 1974 – 2006.
 Periódico Granma, Ciudad de La Habana, 1970 – 2006.
 Periódico Información, La Habana, 1959.
 Periódico Juventud Rebelde, Ciudad de La Habana, 1967 – 2006.
 Periódico La Antorcha, Cárdenas, 1932 – 1959.
 Periódico La Voz del Pueblo, Cárdenas, 1959.
 Periódico Prensa Libre, La Habana, 1957 - 1959.
 Periódico Revolución, La Habana, 1963.
 Periódico Trabajadores, Ciudad de La Habana, 1997 – 2006.
 Periódico Tribuna de La Habana, Ciudad de La Habana, 1990 – 2006.
 Revista Alma Máter, Ciudad de La Habana, 1965 – 2006.
 Revista Bohemia, Ciudad de La Habana, 1916 – 2006.
 Revista Cárdenas Social, Cárdenas, 1932 – 1957.
 Revista Espacio, La Habana, 1952.
 Revista Gordejuela, Cárdenas, 1948 - 1957.
 Revista Mujeres, Ciudad de La Habana, 1978.
 Revista Opina, Ciudad de La Habana, 1989.
 Revista Revolución y Cultura, Ciudad de La Habana, 2003.
 Revista Somos Jóvenes, Ciudad de La Habana, 1996 – 2006.
 Revista Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 1977 – 1986.
 Suplemento Combate, La Habana, s/f.

III – Fuentes Documentales.

 Archivo de la Iglesia Catedral de Santa Clara de Asís de la ciudad de Santa Clara. Libro 10 de Bautizos.
 Archivo de la Iglesia Parroquial de Cárdenas. Libros de Bautizos y de Matrimonios de Blancos.
 Archivo del Autor. Fondo: Vida y obra de José A. Echeverría (1932 - 1957), Recorteca e Historia de Cárdenas.
 Archivo del abogado cardenense Ramiro García. Documentos personales.
 Archivo del Museo Casa Natal de José A. Echeverría. Fondos: Documentos, Recorteca y Fotografías.
 Archivo del Museo “Oscar M. de Rojas”. Fondo: Documentos, Recorteca y Obras inéditas de Oscar M. de Rojas.
 Archivo del poeta, periodista e historiador cardenense Roberto Bueno Castán (en poder de su viuda e hijas). Fondos: Historia de Cárdenas, Recorteca y Cintas de Audio.
 Archivo Histórico Municipal de Cárdenas. Fondos: Actas Capitulares y Documentos.
 Archivo Histórico de la Universidad de La Habana. Fondo: Expedientes Académicos.
 Registro Civil de Cárdenas. Libro de inscripción de nacimientos (1932 - 1940).
 Registro de la Propiedad de Cárdenas. Libro 1 de Fincas Urbanas.


"De amar las glorias pasadas se sacan fuerzas para adquirir las glorias

nuevas".

José Martí



“… la HISTORIA NOS AYUDARÁ A DESCUBRIR LOS CAMINOS DE HOY Y DE MAÑANA, A MARCHAR POR ELLOS CON PASO FIRME Y CORAZON SERENO Y A MANTENER EN ALTO LA ESPERANZA (...)”.

RAMIRO GUERRA