sábado, 12 de marzo de 2011

Palabras pronunciadas por Ernesto Alvarez Blanco el 4 de marzo de 2011 en el acto por el XX Aniversario del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo.


Autoridades que nos acompañan:
Reverendo Raimundo García Franco y demás directivos del Centro:
Distinguidos invitados:

Nunca podré agradecer bastante al Lic. Lázaro Miranda Chirino, Director por entonces del museo Oscar M. de Rojas, en donde yo laboraba como museólogo, el haberme designado para que tomara parte, el sábado 5 de diciembre de 1992, del Taller “V Centenario de la presencia de España en América”. Fue así que llegué por primera vez a esta institución, a la que siempre he calificado como un reducto de educación y de cultura y cuyo aniversario numero XX conmemoramos hoy. Desde entonces, y hasta el presente, he estado muy al tanto de su actividad y he sido partícipe, en numerosas ocasiones, de incontables eventos, seminarios, talleres, publicaciones, cursos, acciones sociales y comunitarias, y sobre todo, del prestigio ganado por este Centro en el ámbito local, nacional e internacional.
Debe ser este de seguro el motivo, y no otro, por el que su director y fundador, el reverendo Raimundo García Franco - aun habiendo muchísimas más personas, incluso más facultadas que yo, deseosas de dar fe de su admiración y respeto por la labor del Centro - me invitó a dar esta mañana este breve testimonio acerca de mi percepción personal de estos 20 años de trabajo ininterrumpido de una institución, que constituye motivo de orgullo para Cárdenas y para Cuba. A ello se sumó el hecho de haber sido yo durante 8 años Historiador de esta Ciudad, a la que amo entrañablemente, lo cual me dio la oportunidad de dejar sentado en los anales locales todo cuanto el Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo ha hecho y sigue haciendo en beneficio de esta región y de sus habitantes.
Por tanto, en primer lugar, debo decir, que creo firmemente que durante estos 20 años este Centro, fiel a la máxima paulina de “Examinarlo todo y retener lo bueno”, tal como reza su lema, nos ha hecho comprender a los que hemos recibido el influjo benéfico de su actuación cotidiana, que si no somos parte de la solución, entonces somos parte del problema. En este sentido, buscando dar una respuesta acertada a los más diversos conflictos, esta institución ha diseñado y consolidado un admirable programa de trabajo que ha intentado, por todos los medios inimaginables, contribuir a la solución y a la comprensión de problemáticas tan complejas y diversas como: la contaminación de nuestra bahía, una de las más dañadas por la polución en la Isla; el correcto tratamiento de los desechos sólidos, a través de programas tan efectivos como la construcción de plantas de BIOGAS y la puesta en práctica de ECOSALUD; la violencia en sus diferentes manifestaciones, la urgencia de reforestar nuestro entorno ante el avance implacable de la desertificación; la necesidad de un turismo responsable, el cuidado y el mantenimiento ecológico de las ciudades, la contribución a la seguridad alimentaria y el fomento de una agricultura orgánica.
A todo ello se suma, el efectivo papel jugado por el Centro, junto a todo el pueblo cubano, en la lucha por la devolución al seno de su Patria del niño cardenense Elián González y en la actual batalla de ideas, así como su activa participación, a través de consultas pastorales y búsqueda de soluciones factibles, en los más importantes y difíciles momentos sociales y económicos vividos por el país en los últimos 20 años. Tampoco, podemos dejar de mencionar la preparación que ha realizado, a través de talleres y eventos de diversa índole, de líderes religiosos y comunitarios con vistas a enfrentar los conflictos variados conflictos presentes en nuestra sociedad.
Por todas estas razones, y por muchas otras que no hemos podido reseñar, para ajustarnos al tiempo que nos ha sido concedido, es que este Centro, se ha convertido, cada vez con más fuerza, como bien afirmó al dedicarlo el presbítero Carlos Emilio Han el 19 de abril de 1998: “… en un taller o laboratorio, en un punto de confluencia, en un espacio justamente para la reflexión y el dialogo, no solo entre creyentes sino entre estos y no creyentes”, unidos todos por el amor y el compromiso con nuestro pueblo.
Veinte años después de su fundación, este Centro Cristiano, sus directivos, trabajadores y colaboradores pueden examinar la obra realizada y sentirse satisfechos, pues superaron con creces todo cuanto fundadores y testigos activos de su nacimiento soñamos juntos, en un dialogo y una reflexión que no se ha interrumpido ni se interrumpirá jamás, con el propósito de lograr a cabalidad el cumplimiento de la decisión inclaudicable de esta institución – tal como quedó plasmada el 29 de febrero de 1992 en la Declaración final de la Consulta pastoral “El pueblo de Cuba hoy” – de continuar adelante con el pueblo cubano, del cual forma parte, en la búsqueda de soluciones para erradicar las dificultades y contribuir a la construcción y desarrollo de la nueva sociedad.
Solo me resta agradecer de todo corazón al reverendo Raimundo García Franco el haberme dado la oportunidad de dirigirme a Uds. esta mañana para, parafraseando al salmista, alabarte Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo, a tus fundadores, directivos y trabajadores, en nombre de todos aquellos, que nos hemos crecido y enriquecido como profesionales y como seres humanos, en los espacios que aquí se nos han brindado a lo largo del tiempo, “porque formidables, maravillosas son tus obras” (Salmos 139:14). ¡Muchas gracias!.


"De amar las glorias pasadas se sacan fuerzas para adquirir las glorias

nuevas".

José Martí



“… la HISTORIA NOS AYUDARÁ A DESCUBRIR LOS CAMINOS DE HOY Y DE MAÑANA, A MARCHAR POR ELLOS CON PASO FIRME Y CORAZON SERENO Y A MANTENER EN ALTO LA ESPERANZA (...)”.

RAMIRO GUERRA